Mente y baloncesto, lecciones de José Manuel Beirán: «La psicología deportiva debe servir para prevenir»
- Artículo originalmente publicado en la revista Gigantes número 1557 correspondiente al mes de junio y ofrecido por Afforhealth
Si la experiencia es un grado a la hora de valorar una opinión, la de José Manuel Beirán (León, 1956) sobre psicología y salud mental en el deporte tiene un valor triple: la del baloncestista de elite que tocó el cielo olímpico, la de padre de jugadores y, claro está, la de psicólogo deportivo. “Hay muchos niños con vida de profesional, con mucha presión. Cada vez somos más conscientes de que hay que prevenir, dotar de herramientas y tener un buen entorno fuera de lo deportivo”, explica.
Cuando José Manuel Beirán jugaba (entre 1974 y 1990), el concepto de psicología deportiva sonaba a ruso… o a inglés americano: estaba dando sus primeros pasos en la Unión Soviética y Estados Unidos. El medallista olímpico en Los Angeles 84 y reconocido tirador de Real Madrid, Valladolid, Cajamadrid o Tenerife nº1 compaginó esta trayectoria baloncestística con estudios de psicología clínica. “Pero no la ejercí. Al retirarme quería seguir vinculado al deporte, y estudié uno de los primeros másters en psicología deportiva. Me hubiera venido bien, seguro, que la hubiera habido en mis tiempos de jugador”.
Esa experiencia le ha sido muy útil a la hora de hacerse entender por los deportistas que han acudido a él, no solo de baloncesto. Beirán “padre” ha trabajado para el Real Madrid, especialmente en la matriz de fútbol, en federaciones de deportes como golf o tiro con arco, y como profesional independiente. Y también con categorías de formación: “he tenido a niños desde 8 años, aunque es más normal a partir de 12 o 13, que son muy destacados para su edad. Pero más que con ellos, se trabaja con su entorno, los padres”. Cuenta que es curioso que “a los niños les gusta, sienten que se ven más mayores, más maduros, por ir al psicólogo”.
Reconoce que, aunque el baloncesto en muchísimos aspectos “ha ido por delante de otros deportes, en esto no”. Muy pocos clubes europeos incluyen en su staff la figura del psicólogo deportivo, más habitual en deportes individuales al llegar al alto rendimiento y “los baloncestistas que acuden a mí lo hacen a título particular, a veces sin que lo sepan en su equipo”. Una posible causa es que “a veces no se sienten en confianza con un psicólogo del club, piensan que lo que le cuente va a trascender. Pero lo que se cuenta en la sesión queda entre deportista y psicólogo. En cualquier categoría, aunque me lo pregunten, no le puedo contar a entrenadores ni padres qué he tratado con el deportista”.
PSICOEDUCACIÓN PARA PREVENIR
Para José Manuel “con la psicoeducación buscamos la prevención, un psicólogo deportivo dentro de un equipo debe observar las señales antes de que surjan los problemas de salud mental, que requieren otro enfoque”. Explica que “en la NBA tienen un protocolo muy avanzado, contra la ansiedad o la depresión, pero solo se activa cuando ya existe el problema”.
Deportistas de equipo e individuales tienen en común que “a veces están más preparados para afrontar los problemas del deporte que los de la vida. Son personas muy perfeccionistas con un estilo de vida que es una fuente de estrés. Están en evaluación constante, del entorno y propia”. Por eso, se educa en la importancia de las rutinas, en “el trabajo personal para superar las dificultades, para saber perder. Y para plantearse objetivos adaptados a ti mismo y que, en paralelo, ayuden al equipo”.
Estos objetivos “no deben ser numéricos o de resultado, del tipo meter 20 puntos y capturar 10 rebotes, porque esto no depende de ti al 100%. Sin embargo, sí dependen de ti objetivos de realización como ir siempre al rebote, tirar cuando se debe tirar, aunque no lo cojas o no entre. Actitudes como animar en el banquillo, que es ayuda al equipo y a ti mismo, porque estás más metido en el partido”.
EL EJEMPLO EN CASA
Además de por su propia experiencia como jugador, y por lo que observa como psicólogo deportivo, José Manuel Beirán ha visto muy de cerca todo lo que rodea la formación como jugadores y personas: sus tres hijos han jugado al baloncesto. Por supuesto, Javier, campeón del mundo con España en 2019, ex Estu, Granca y Tenerife con 401 partidos acb a sus espaldas. Pero también jugaron en categorías de formación sus hermanos pequeños, Manuel y Pablo, este último llegando a la actual Tercera FEB con Real Madrid y Alcobendas.
El orgulloso padre explica que “intenté no ser pesado, no les he entrenado ni sido su psicólogo, solo su padre, estar ahí si me pedían algo”. Los tres compaginaron el deporte con los estudios, y en el caso de Javier, cuenta que “se desarrolló más lento físicamente que otros compañeros, por eso fue siempre consciente de sus limitaciones y se basó en sus fortalezas: técnica, inteligencia, lectura del juego… con mucho esfuerzo y pasando muchas etapas complicadas”.
Esto es bastante habitual en baloncesto base, jugadores que “un día van a dejar de ser los más fuertes, tienen que aprender más facetas del juego. Deben plantearse objetivos personales y es importante que lo hagan también sus entrenadores”.
El enfoque que José Manuel Beirán hace de la psicoeducación cambia si hablamos de categorías de formación o de elite, aunque a veces la frontera sea difusa. “Con los más pequeños nos reunimos menos que con los mayores. Pero siempre tenemos el objetivo de que sepan de la importancia de la psicología no solo en el deporte, sino para todo en su vida. Que aprendan a vivir con el error”.
NIÑOS CON VIDA DE PROFESIONALES
Aunque puede pasar a cualquier edad, hay peligros que se dan más cuando se está en cantera, como “el éxito temprano o inesperado”, porque “quien con 12 años destaca mucho, se verá siempre acompañado de unas expectativas que le cambian la vida, y de la presión por cumplirlas”. También advierte de que hay deportistas jóvenes que “son niños con vida de profesionales, que pueden vincular su valor como persona con el éxito deportivo”. Otro riesgo en estas edades es “la sobreprotección, quienes ganan siempre en formación, terminan no llegando lejos. Hay que prepararse también para superar lo malo, exponer las dificultades de la competición y de la vida”.
Ahí entra un concepto muy trillado y poco clínico, pero que oímos continuamente. “Tener buena cabeza”. Para Beirán esto implica “tener fortaleza mental, saber superar dificultades, saber aislarse del ruido del entorno y centrarse en cumplir sus objetivos de realización y de resultado”.
Por eso, “debemos buscar fuentes de gratificación más allá del deporte. Estudiar no es solo para tener salidas profesionales en el futuro, sino por tener más ocupaciones, curiosidad por otras cosas: es un desastre que solo haya deporte 24/7”. En ese aspecto, destaca que es crucial el apoyo de familia y amigos, que “aunque los haya dentro del equipo, por ejemplo, también deben ser de otros entornos”. Y que el deportista siempre debe ser consciente de que “la mayoría se queda por el camino a la elite” y que intentarlo tiene “un precio a pagar, implica renuncias” que, encima, no garantizan nada. “No todo depende de ese esfuerzo: por ejemplo, una lesión puede cambiarlo todo”.