Todos contra Duke y Zion Williamson en busca de la gloria universitaria

Todos contra Duke y Zion Williamson en busca de la gloria universitaria

El March Madness es un torneo tan especial que, en repetidas ocasiones, los triunfadores han sido los más inesperados

8 de abril de 2019. Una fría noche de primavera en Minneapolis. En el parquet del US Bank Stadium aún queda gran parte del confeti y algunos pequeños charcos de agua, champán y otros líquidos derramados sin preocupación alguna sobre el escenario de la noche más importante de la aún corta trayectoria de sus jóvenes protagonistas. Este maravilloso cuento mágico llamado March Madness ha nombrado nuevo rey al gran vencedor del torneo más salvaje del mundo del baloncesto. Y es que la gran gloria universitaria está a tan sólo 240 minutos para cada uno de los 64 candidatos que, desde este mismo jueves, buscarán grabar su nombre en la centenaria historia de la majestuosa NCAA.

Sin embargo, esta edición de 2019 es, indiscutiblemente, la del año de la bestia. La llegada de Zion Williamson a Duke y a la competición universitaria ha vuelto a elevar al baloncesto colegial a cotas inimaginables a nivel comercial, mediático e incluso deportivo, eclipsando cualquier otra gran trayectoria o candidatura a un título que, en realidad, está más abierto que nunca. Y es que los de Mike Krzyzewski son tan sólo la punta de un iceberg de aspirantes a la gloria preparados para suceder a Villanova y también para hacer añicos el posible final feliz del último gran elegido del baloncesto colegial.

Zion Williamson ha catapultado a Duke a ser el equipo al que todos quieren derrotar. Un físico impropio de este planeta con una insuperable ambición competitiva que ha elevado a los Blue Devils al puesto más alto del ranking en el momento más importante. Líder indiscutible para Coach K, más aún tras la intermitencia del decepcionante RJ Barrett, y de la desaparición de un Cam Reddish reducido prácticamente al rol de tirador abierto. Sin Marques Bolden disponible (el único interior puro del equipo), Duke recurrirá a un alto ritmo de juego y a rápidas transiciones como su plan inicial, incluso optando por jugar sin un hombre alto con Williamson de “falso cinco”. Y para que toda esta estrategia funcione, el capitán del barco debe aportar garantías de solidez, eficiencia y limitación de errores. Casualmente, las mayores virtudes de un Tre Jones del que nadie habla pero que es esencial en el gran campeón de la ACC.

De la misma conferencia son dos de los otros grandes aspirantes a levantar el título en el estado de Minnesota, North Carolina y Virginia. Estos últimos deben olvidarse de “déjà vus” y reflejar también en este mes de marzo la consistencia y eficacia que los ha caracterizado durante todo el curso. Los Cavaliers han vuelto a ser la mejor defensa del país pero, además, han sabido optimizar cada uno de sus acciones ofensivas, convirtiéndose en uno de los ataques más eficientes de la competición. Grandes culpables han sido tres piezas vitales como el base Ty Jerome, el escolta Kyle Guy o el omnipresente todoterreno DeAndre Hunter, pegamento prácticamente indestructible dentro del esquema de Tony Bennett. La constitución de juego de los Tar Heels es totalmente contraria a la de Virginia, con un juego rápido, atractivo y de gran talento individual en el que el triple ha vuelto a ser una arma letal. Bajo el frenético ritmo del talentoso freshman Coby White, los de Roy Williams han desplegado uno de los ataques más divertidos y alegres de todo el país, en el que la potencia de Nassir Little y la experiencia y fiabilidad de Luke Maye y Cameron Johnson son esenciales.

Lejos de la ACC y de la tensión competitiva de las grandes conferencias encontramos a un caso muy especial: Gonzaga. Campeón del torneo de Maui ante una Duke a la que sometió durante gran parte del partido y, a la vez, el cabeza de serie que más dudas ofrece. La realidad en la que han vivido los Bulldogs los últimos meses, luchando cada noche ante rivales de mucha menor entidad y calidad, es un claro condicionante a la hora de evaluar las posibilidades de éxito de los de Mark Few. Con el liderazgo del veterano Josh Perkins y del polivalente alero japonés Rui Hachimura, Gonzaga ha construido un bloque en el que la eficacia desde el perímetro acaba siendo vital. Cuando los triples de sus dos cañoneros Zach Norvell y Corey Kispert entran, aparecen espacios que son maravillosamente aprovechados tanto por Hachimura como por Brandon Clarke, una auténtica roca en el puesto de ala-pívot capaz de dominar ambos tableros con tremenda autoridad.

Y si abrimos la mirada fuera de los puestos de cabeza de serie, la variedad y las posibilidades se reducen especialmente a tres grandes nombres: Michigan, Tennessee y Florida State. Tras ser un equipo brillante en muchos momentos de la temporada, los de John Beilein parten en la región más asequible para intentar regresar a una F4 en la que ya estuvo gran fracción del bloque de esta temporada, con el poderoso alero Charles Matthews y el inconsistente talento Jordan Poole como referencias. Sin embargo, la pieza que ha hecho que todo encajara ha sido de primer año y con raíces europeas, el lituano-canadiense Ignas Brazdeikis, un escolta zurdo de acurada técnica y metódico lanzamiento. Muy distintas son las propuestas de Volunteers y Seminoles, que comparten un gusto especial por la rocosidad de sus planteamientos defensivos. Dos equipos muy físicos y con gran experiencia que han hecho del colectivo su mayor amenaza a ambos lados de la pista. Solidaridad, entrega e indiscutible esfuerzo para intentar llegar a lo más alto.

Ellos han sido algunos de los mejores equipos de este curso universitario, pero el March Madness es un torneo tan especial que, en repetidas ocasiones, los triunfadores han sido los más inesperados. Así que no hay que descartar que volvamos a tener a algún outsider en la gran cita final de Minneapolis como fue Loyola Chicago en la pasada edición de 2018. ¿Quieren mi candidato a conseguir semejante gesta? No le quiten ojo a una peligrosísima y experimentada Buffalo.