‘Las mil y una canchas’: Piti Hurtado cuenta su aventura en Jordania

Piti Hurtado

Cenar en Bagdad tras remontar 19 puntos a Iraq. Almorzar en Gilda, el restaurante de Bodiroga en Belgrado. Desayunar hummus en Ammán, a las seis de la mañana tras dirigir a Duverioglou contra Arabía Saudí. Preguntarle a Vicent Collet en Lyon, que se siente ganando dos medallas de plata olímpicas seguidas y renunciando a seguir siendo seleccionador inmediatamente. No saber en qué Hotel ni en que país acabas de despertar. Si es enero es Europa, si es febrero es Asia. Es marzo y toca asimilar.

Cáceres, Haro, Vitoria, Barcelona, Montecarlo, Lyon, Estambul, Ammán, Manama, Bagdad. Y también Alcobendas, Móstoles, Alcalá, Tres Cantos. Lo global y lo suburbano.

La llamada para ser seleccionador de Jordania no me pilló de sorpresa, estas temporadas como comentarista y llevando programas de entrevistas a entrenadores del alto nivel europeo son trabajo y en sí mismo también una preparación continua, del mejor nivel para volver a la cancha. En España el colectivo de directores deportivos me observa con una mirada entomológica de quién saluda a alguien que para ellos es un comentarista de partidos de Euroliga y que fue entrenador. No es así.  El que es entrenador nunca deja de serlo, sobre todo a nivel profesional. La mochila que contiene la pizarra, rotuladores, cuadernos (digitales o no) y el instinto está preparada al lado de la puerta. Siempre.

He disfrutado mucho del ambiente de las Ventanas FIBA, de los aficionados con ganas de ver jugar de nuevo a su equipo nacional. Jordania es un baloncesto con prestigio en Asia y que está actualmente entre las 35 mejores del ranking. Saturados de noticias de los mejores del mundo en F1, fútbol, NBA o el deporte que sea, parece que ser el 35º es poco desde la mirada occidental. Por contextualizar, Jordania en este momento está por encima de Israel, Bélgica, Senegal, Gran Bretaña o Suecia.

Tras haber entrenado en el lejano oriente, esas temporadas en Sapporo ahora me tocaba ir a Amán, la capital jordana a conocer un país muy interesante, muy particular por la paz en medio de una región desgraciadamente convulsa. Jordania paró la liga varias semanas para que su selección pudiera preparar bien los partidos de clasificación contra Arabia Saudí y contra Iraq. Estuvimos entrenando en el Pabellón “Príncipe Hamza”, sede de la Federación Nacional de Baloncesto y también de muchos partidos de la liga nacional, la mayoría de los equipos son de la capital.

A la vuelta a España todos me preguntaban por la visita a Petra y al desierto de Wadi Rum. Imposible, sobre las tres semanas que estuve en oriente medio solo tuve media mañana libre donde solo pude acercarme al lugar del bautizo de Jesús en el río Jordan. Petra a más tres horas de Amán en coche, en camello no supieron hacerme la cuenta del trayecto porque ya apenas ves esos animales y menos en entornos urbanos.

Es muy sencillo comunicarse con el cuerpo técnico y con los jugadores, con todos los trabajadores de la Federación. Porque allí el 90% de la población habla un muy buen inglés y la acogida fue muy calurosa pese al mal tiempo que he tenido tanto en Jordania como en Iraq. Al menos pudimos hacer varios días de preparación en Baréin con dos partidos contra la selección de este país y allí algo de cielo árabe si que pude ver.

Jordania tiene varios jugadores que han jugado en universidad americana o canadiense (hay cierta población jordana inmigrada a Canadá), tiene a Ahmet Duverioglou que sigue jugando a buen nivel tras sus años bajo Obradovic en Fenerbahce, ahora es uno de los jugadores del nuevo proyecto de Dubai BC que juegan en la liga adriática. Y en la selección jordana uno de las claras referencias, junto con Freddy Ibrahim, base titular, Amin Awu Abbas, escolta anotador y con Dar Tucker, jugador nacionalizado que fue en Argentina un anotador espectacular y que lleva años jugando para Jordania, sobre todo en los eventos que no es llamado el otro nacionalizado: Rondae Hollis Jefferson, el cual te sonará porque en la última Copa del Mundo se viralizó su parecido, en zurdo, con Kobe Bryant.

Pudimos ganar los 4 partidos, amistosos y los oficiales. Evolucionamos tácticamente pese a los pocos entrenamientos (mucho trabajo de vídeo individual y colectivo). Escuché con atención los testimonios de los jugadores nacidos en Palestina o hijos e palestinos (Jordania país de acogida desde mediados del siglo pasado). Atendí las peticiones de parada de entrenamiento para la oración (no todos pero había muchos miembros de la expedición que son musulmanes). Superamos las dificultades juntos y conseguimos acabar las ventanas habiendo disfrutado mucho conociéndonos. El baloncesto es un vehículo formidable.