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Ser padre o madre de un deportista en formación es… por Piti Hurtado

Ser padre o madre de un deportista en formación es… por Piti Hurtado

Ser padre o madre de deportista en formación es ACOMPAÑAR en el disfrute, progresión y consecución de pequeños logros de quién es protagonista de la actividad.

Ser madre de deportista es sentirse íntimamente orgullosa de lo que el niño hace con la convicción de que es su deporte, su equipo y sus compañeros.

Ser padre de deportista es querer que además de que lo pase bien, que esté bien atendido en entrenamientos por su club y entrenadores.

Ser padre o madre de deportista no es ser responsable de los comportamientos de otros padres o madres vociferantes, maleducados o egoístas. La mayoría de los padres no le dice nada a los árbitros, no piensa mal del entrenador ni le dice a su hijo que tire y no pase.

Ser padre de deportista en formación es no necesitar la conexión visual con su hijo mientras hace su actividad. Y menos aún, buscar en el descanso que se acerque a la grada para decirle una cosa…

Ser madre de deportista es al acabar el partido tener el mismo humor sea cual sea el resultado, sea cual sea la actuación de tu hija. Para que sientan apoyo, el agarre tiene que ser sólido, no puede temblar.

Ser padre de deportista es aprovechar cuando se montan el coche para saber callar, para saber poner música y cantar, para saber reír o para saber escuchar. No para meterles la charla.

Ser madre de deportista es pedirle al club seriedad, con la mayor educación y firmeza. Cuando su entrenador falta y son otros los entrenadores. Los clubes no pueden parchear sin comunicarse y luego esperar silencio absoluto. Si los niños no van piden información, pues igual.

Ser padre de deportista es confiar en unos docentes, pagar una cuota y pertenecer a un colectivo. Con obligaciones primero y derechos después. Y esto debe ser mirado como algo muy positivo.

Ser madre de deportista es ir a ver los partidos, pero también es no verlos y que te los cuente el deportista. Y así sentirlos a través de sus palabras. Y de su libertad haciendo su actividad libremente.

Ser padre de deportista no es ser un aficionado, aunque sean playoffs, aunque sea un partido competido. Aunque los padres ¿rivales? creas que aprietan al árbitro. Mantener la dignidad es no dar voces en un partido de alevines.

Ser padre o madre de deportista es saberse el reglamento si vas a opinar sobre las decisiones arbitrales. Y sino nos lo sabemos, no pasa nada, entonces mejor escuchar y observar.

Ser padre es pasarlo muy bien viendo un partido y las acciones bonitas del juego. Las propias, las de mi hija, la de sus compañeras y las de las rivales. Hay muchas más acciones positivas.

Ser madre es sonreír con comportamientos deportivos, con explicaciones de los árbitros a los jugadores, con la capacidad de superarse que tienen los jugadores, con los pequeños logros conseguidos aunque el marcador no tenga capacidad de iluminar cada pequeña victoria.

Ser padre es no contar garbanzos en aplicaciones móviles que solo contabilizan puntos.

Ser padre es rebajar expectativas y felicitar sin alharacas cuando las cosas han salido muy bien.

Ser padre o madre es tener la obligación de proteger la privacidad y los derechos jurídicos del menor frente a los MMCC y RRSS. Sobre todo cuando la evolución deportiva es muy buena pero sigue siendo solo deporte y personas en formación por desarrollar la personalidad.

Ser madre es tener empatía y sensibilidad con los compañeros de mi hijo, con los que juegan menos es más sencillo. Con los que juegan más y parece que rinden mejor, también.

Ser padre es tener empatía con tu propio hijo. Si no pasa o tira cuando tú crees que tiene que hacerlo es porque el que está jugando es él. Y tú, únicamente, eres su padre. Eres único y fundamental para él.

Ser padre no puede ser tensionarse cada año con el entrenador de tu hijo. Ante la creencia de que profesores y entrenadores le tienen manía que prevalezca una reflexión sobre lo importante que es no criticar a los docentes. Y menos aún en presencia de los niños. Tendrán excusa para todo, sobre todo para rendirse en cada entrenamiento o partido.

Ser padre de jugador no es apoyarle en el cambio de club cada temporada igual que no le cambian de colegio a menudo (¿o sí?). Es aconsejarle que la amistad, la lealtad y la continuidad pesan también mucho. A veces mucho más que los cantos de sirena.

Ser madre de jugador en formación es apoyarle cuando tiene un mal día y no ha metido ni un tiro libre. No siempre se puede acertar en todo. Pues igual con el árbitro.

Ser madre o padre de jugador en formación es no tener la obligación de pertenecer a ningún grupo de whattsapp. Las jugadoras se harán más responsables si se enteran de la información y la transmiten directamente. Y si alguien se lía un día, pues ya espabilará al siguiente.

Ser padre de un jugador en formación es tener una relación cordial y profesional con el entrenador y coordinador del club. Donde cada uno sepa su lugar pero que por no pedir explicaciones no signifique que no haya que darlas. No confundir discreción con dejadez.

Ser padre o madre de jugadora en formación es conseguir que mi hija esté motivada cuando la llaman a doblar pero que no la quememos entre todos. Hacer chorrocientos entrenamientos y partidos con 3 equipos y una selección en la misma temporada solo favorece al sistema, pero quema al sujeto. Mi obligación es ayudar a tomar las decisiones que la mantengan como deportista hasta ser adulta. No solo de los 11-14 años.

Ser padre o madre de jugador es formación es vivir momentos mágicos, sentir felicidad por su cara de concentración, es callar para observar mejor, es reír para dentro y para fuera.

Ser padre o madre que acompaña al jugador en formación es fundamental para que el deporte de cantera tenga sentido.

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