Zapatillas y basket: Jordan encuentra en Zion su puente al futuro, por José Ajero

Zapatillas y basket: Jordan encuentra en Zion su puente al futuro, por José Ajero

Antes era la bomba: cuando había gente. Ahora a todos nos toca mirar por la caja tonta o el móvil que nos pone la cabeza tonta. El 18 de abril, domingo en la Gran Manzana, Zion Williamson jugaba su primer partido en la Meca. ¡¡¡¡¡¡Booooooooooom!!!!

34 puntos. 9 rebotes. 13 de 23 en tiros de campo. Nos imaginábamos la nube de reporteros. Los de basket, los de la vida y los de la moda. Zion en el MSG. Grandes números y un pequeño pero… solo anota el 57% de sus tiros de campo.

Estar cerca del 60% es un arte nuevo que pone sobre la mesa un jugador especial. Rápido, letal, pesado y grande que hace los números de Shaq con las salidas de pie de Melo Anthony y la aceleración de… ¿sinceramente? Nunca nadie la tuvo.

Desde que debutara un 22 de enero, con 22 puntos en 18 minutos -nunca nadie anotó tanto en tan poco tiempo en su primer partido NBA-, su carrera ha sido un contraste de emociones. Entre el tío que revienta pantallas y el que no llama la atención más que por su tamaño.

Una fuerza explosiva que ha llevado a Jordan Brand a convertirle en el puente generacional. Es el primero que tiene su propio modelo de zapatillas desde que lo tuvieran Melo, Chris Paul o Russell Westbrook.

ALLSTAR: 29 puntos y 61%

Un puente y a la vez, una ruptura. Une las generaciones de jugones en el tiempo, pero rompe definitivamente en su legado. Zion no es Melo, no es CP3 y poco tiene que ver con ‘Russ West’.

Contra Paul, precisamente jugó su primer AllStar. Poco jugó, 14 minutos. Anotó 10 puntos y no pisó los pies a nadie. Llamativo en la pintura, desapercibido o al menos, menos llamativo fuera del parqué. Ésa es la plena esencia de un jugador del que el propio Howard White -vicepresidente de la Jordan Brand- reconoce su sorpresa: “Recuerdo hablar con Zion unos días antes el Draft y me dijo que tenía que volver al instituto. Aún le quedaban trabajos de grupo por entregar y sin él, los demás podían suspender”.

A pocas horas de cambiar tu destino, influir en millones de personas con tu juego… la gran preocupación era la de no dejar tirados a sus compañeros. Una forma de ser genuina que ha de acompañar a sus zapatillas, junto con su juego.

Todo el ruido que no hizo en el fin de semana de estrellas en Atlanta, lo empezó a hacer luego. Desde que fue uno de los mejores, ha perseguido la excelencia. 29 puntos anotando más de la mitad de los tiros que intenta. Tirando poco de tres y haciendo del área restringida que protege el aro, su zona de confort y de castigo de rivales. El 75% de sus tiros son a menos de 20 centímetro del aro…

UNA Z

La Z que lleva grabada en su sien, es la mayor salida del tiesto dentro de su sobriedad. Una raya de las de toda la vida en el pelo que ha servido de inspiración. Su inicial es la de la nueva generación de jugadores de basket y de la vida, la generación Z.

La Z además es larga… como con movimiento, como un ‘zigzag’ veloz que representa su juego. O al menos, una de sus virtudes: mover ese cuerpo a esa velocidad. De la misma manera, se convierte en el objeto de la campaña del lanzamiento de la Zion 1. Una zapatilla de basket, para jugadores especiales que están llamados a cambiar el juego y su lenguaje…

Una continuidad de Jordan hacía lo desconocido.