Por qué los Boston Celtics tiran tantos triples: Una filosofía consecuencia de la evolución del juego NBA
El presente es consecuencia de una realidad material y simbólica concreta. Un contexto que, trasladado al baloncesto, se traduce en algo crucial. El equipo que es capaz de descifrar la clave del juego en su momento es quien establecerá las armas y las reglas bajo las que se ha de jugar. Esto no es otra cosa que el patrón oro, el estándar que define a cada periodo histórico y que es fruto de la constante evolución del estilo y prácticas de este deporte. En la NBA el juego ha tomado diferentes formas a lo largo de los años y no siempre ha estado definido por quien acababa levantando el Larry O’Brien, sino más bien por pequeños experimentos alternativos en los márgenes de la liga. Esas pequeñas muestras de laboratorio, en caso de demostrarse exitosas, han acabado por extenderse al resto de la competición y convirtiéndose en la filosofía hegemónica de esa época, entonces sí asumida por los ganadores como propia. Algo así es lo que ha sucedido con los Boston Celtics de Joe Mazzulla y su alto volumen de triples intentados.
Y es que, para que existieran los Celtics actuales antes hubo que llevar el modelo a sus últimas consecuencias. Erróneamente se tiende a ver el inicio de esta tendencia en los Golden State Warriors campeones de 2015 cuando aquello no era más que un reflejo de un movimiento subyacente. Hay dos nombres que cabe mencionar como precursores reales de la coyuntura actual que atraviesa la NBA: Daryl Morey y Stan Van Gundy. El primero como un general manager adelantado a su tiempo, capaz de implementar modelos matemáticos e informatizados a la construcción de los equipos, y el segundo como un revolucionario sin reconocimiento que comprendió antes que nadie lo que tenía en sus manos en aquellos Orlando Magic. Ambos delinearon cómo sería la NBA casi 15 años después con sus distintas propuestas, donde el triple era importante, en efecto, pero no era un objetivo como tal. Más bien era fruto de un trabajo previo, de algo que por entonces apenas se mencionaba, las ventajas.
Los Boston Celtics reposan sus cimientos y su filosofía sobre la base de la búsqueda constante de ventajas en ataque. La visión de Joe Mazzulla obliga a un importante ejercicio de deconstrucción del saber baloncestístico tradicional, el cual primero piensa en los sistemas y jugadas antes que en lo que verdaderamente está sucediendo sobre la pista. Así, el tan manido juego por conceptos, donde la fuerza del grupo reposa en la libertad y en la toma de decisiones del jugador con balón, en el conjunto verde adquiere una dimensión nunca antes vista en un equipo de este calibre. Porque los Celtics leen la cancha, toman una decisión para buscar una primera ventaja y solo a partir de entonces se abre un universo infinito de posibilidades de anotar.
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— Boston Celtics (@celtics) December 15, 2024
La simplificación de cuestiones complejas tiende a la caricaturización. De igual modo que los Rockets de la santísima trinidad D’Antoni-Harden-Morey se les representaba como un aclarado sin fin, con Boston quiere instalarse la idea del anticristo del baloncesto. Nada más lejos de la realidad. Por la configuración de su plantilla, tanto a nivel físico como técnico, la propuesta de los verdes trata de ofrecer un escenario en el cual sus jugadores puedan exprimir al máximo sus cualidades. Y estas pasan necesariamente por una constante presión sobre el aro rival. ¿Cómo? A través de dividir y doblar, del drive&kick, los básicos del juego llevados al siguiente nivel.
En este punto cabe preguntarse cómo es posible que un técnico tan brillante e ingenioso como era Brad Stevens, autor de sistemas y jugadas que han trascendido a su propia carrera, o incluso el especialista defensivo Ime Udoka, no fuesen capaces de ganar un anillo de verde con planteamientos supuestamente más complejos, pero Mazzulla lo haya hecho con un libreto que muchos catalogan de simple. Además, registrando una de las fases regulares y Playoffs más aplastantes a nivel numérico de todos los tiempos.

La aparente aleatoriedad de los ataques de los Boston Celtics responde a una «locura controlada», como definió Jrue Holiday. Un escenario que obliga constantemente a replantearse dónde queda la tan repetida selección de tiro, un mantra que, en realidad, solo fue un intento de los entrenadores por poner puertas al campo, pues la libertad y la verdadera toma de decisiones reside y ha residido siempre en los jugadores. Unos protagonistas del juego que en la actualidad adquieren una posición incluso mayor que en épocas pasadas por el perfeccionamiento técnico y sobre todo físico del que hacen gala. No hay tiro malo pues detrás de cada ejecución hay miles de horas de volumen y trabajo específico, hasta llegar a un calibre inédito en la historia de la NBA, el cual da pie a coyunturas como la actual.
El énfasis conceptual de Mazzulla responde a tres parámetros: ritmo, espaciado y movimiento de balón. Lo que marca la diferencia entre la filosofía del nativo de Rhode Island y el resto de técnicos es que él sí lo lleva hasta las últimas consecuencias.
A muchos llama la atención que se ponga en la misma frase a los Celtics con el arte del dividir y doblar, pues se trata del cuarto equipo en drives por partido en esta temporada (38,6). Sin embargo, estos olvidan un aspecto esencial: la división no tiene por qué terminar en bandeja de quien lleva la bola. El drive&kick no es un sistema cerrado, más bien trata de establecer ciertos parámetros de espaciado y posicionamiento a través de los cuales posibilitar la generación de ventajas. Esa ventaja primaria es lo que posteriormente posibilitará la anotación, que puede adquirir múltiples formas: una bandeja, un tiro en media distancia, un triple o un pase en los aledaños del aro.
Boston pone toda su atención en esta disposición ofensiva, en una confianza plena en que desde los codos o 45º del campo ofensivo se puede construir un ataque imparable.
Los sistemas cerrados han definido al baloncesto profesional desde la época siempre han sufrido de predictibilidad, desde los New York Celtics de la década de 1930 con su pivot play al juego de postes de los 76ers de 1983. El factor diferencial residía en lo que el jugador estrella o sobre quien reposaba la parte organizativa sobre la cancha pudieran hacer. De Michael Jordan en el triángulo ofensivo a Kareem Abdul-Jabbar en los esquemas de Pat Riley hasta llegar a Tony Parker en los herméticos San Antonio Spurs. Sin embargo, de 2010 en adelante una nueva tendencia empezó a extenderse en la NBA y en el conjunto general del baloncesto global, fruto de la mejora física y donde la creación en llegada tras rebote defensivo abrían un abanico interminable de opciones. Poco a poco la aposicionalidad se fue abriendo paso hasta cambiar por completo de fase e instaurarse un momento como el presente, donde todo pasa por leer, entender y responder ante la defensa.
La novedad siempre genera dos reacciones: miedo y atracción. El rechazo al cambio y la fascinación por lo desconocido está en la naturaleza del ser humano. Una teme por un universo conceptual que puede quedar pronto caduco y la otra por la emoción de un mundo nuevo por descubrir. En los grises tiende a estar la clave. “Nos han hecho esa pregunta muchas veces simplemente porque era algo nuevo”, dijo Mazzulla hace un tiempo sobre sus Celtics. “Siempre que se desarrolla una nueva filosofía o estilo se necesita tiempo para comprenderlo y ejecutarlo”.

No es una locura plantear que pese a vivir un momento de eclosión ofensiva no haya una gran diferencia a nivel de estilo entre la mayor parte de equipos de la liga. Eso no quiere decir que jueguen igual o a lo mismo, sino que se vive un momento de estabilidad del modelo, donde ya no hay revolución ofensiva, sino que esto es la nueva normalidad. Lo que distingue a los Boston Celtics del resto es que no comprenden el alto volumen de triples como un fin, sino como el resultado de su propuesta. El balón acaba en un lanzamiento más allá del arco después de haber cumplido con ciertos conceptos previos y que son condición de posibilidad para tener éxito. Y eso, sin duda, remite directamente a la defensa. Pero eso es tema para otro artículo.
“Creo que todo el mundo intenta ver el juego de la misma manera, así que creo que cuanto más lo mires desde un prisma diferente, más te permitirá construir conexiones y realmente te facilitará concentrarte en dónde se ganan y se pierden los partidos”, reflexionaba el entrenador de los Celtics. “Creo que todo el mundo se da cuenta de las cosas fáciles. ¿Puedes luchar para darte cuenta de las cosas que otras personas no ven? Porque ahí es donde se gana y se pierde, en ese espacio”.
La riqueza táctica no solo descansa en un corte UCLA o un Spain pick&roll, todo lo contrario, y un alto grado de barroquismo no garantiza el éxito sobre la cancha, como tampoco lo hace desarrollar el hábito de la lectura empezando por Dostoyevski o del cine por Tarkovski.
Y si algo ha demostrado la historia del arte, del deporte y de la sociedad, es que en la aparente sencillez reside la barrera más compleja de superar y, sobre todo, de dominar hasta alcanzar cotas nunca antes imaginables.
Foto: Boston Celtics
