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La historia de Brad Stevens: Cómo el elegido acabó siendo el arquitecto del anillo de Boston Celtics

La historia de Brad Stevens: Cómo el elegido acabó siendo el arquitecto del anillo de Boston Celtics

Sentado en el despacho de Danny Ainge, Doc Rivers le dejó claro al general manager de los Boston Celtics que él no tenía el cuerpo para gestionar la guardería que se le venía encima. Los verdes venían de ser apeados por los New York Knicks en la primera ronda después de tener una fase regular tan anodina como pesada. El desgaste de gestionar una plantilla repleta de viejas glorias, los movimientos que no salieron bien, la puñada de Ray Allen y las idas y venidas de Rajon Rondo. Era demasiado.

—No sé si puedo. No quiero pasar por una reconstrucción. —Rivers respiró. —He estado ahí tres veces. Es fácil decir simplemente hazlo, pero para un entrenador es brutal. Dar la cara y que te pateen el culo.

La decisión era clara y estaba tomada. Danny Ainge debía ir en busca de un sustituto y hacerlo en Boston no significaba cualquier cosa. Más en una franquicia que sumaba solamente 16 técnicos desde su estreno en 1946, los mismos que 76ers y Knicks desde 1978. Fueron muchos los nombres que se pusieron encima de la mesa a partir del 27 de junio de 2013, momento que se supo de la no continuidad de Doc Rivers, nadie podía prever lo que iba a ocurrir apenas una semana después.

Llamar desconocido a Brad Stevens sería faltar a la verdad.

Salido de la absoluta nada, aquel licenciado en economía que trabajaba en una farmacéutica había colocado a la remota Butler entre las mejores universidades del país entre 2010 y 2011. Una cima que le valió a nombres como Gordon Hayward y Shelvin Mack un lugar en la NBA al tiempo que el programa se quedaba a las puertas del título nacional. Stevens era el secreto peor guardado de la NCAA. Todos los colleges de renombre iban a por él. UCLA estuvo cerca de hacerse con sus servicios, sin ir más lejos. Y había motivos para ello. Un técnico sumamente creativo, capaz de convertir la piedra en oro gracias a un playbook interminable y que, aún a día de hoy, se puede comprobar su influencia en las jugadas finales de partidos de todo el mundo.

Antes siquiera de que muchos le conocieran, Stevens ya se había hecho un nombre al interno en la NBA. Y es que cada vez que uno de sus jugadores tenía alguna opción de ser elegido en el Draft, este llamaba personalmente a los general managers de las franquicias para ejercer presión y dar la visión más cercana posible sobre sus pupilos. Uno de ellos sería Danny Ainge, con quien tejió una relación que tiempo después le valdría una oportunidad que solo pasa una vez en la vida.

Boston tenía una historia particular con los entrenadores venidos de la NCAA. Hay una norma no escrita al interno de la liga de que, siempre que se pueda, evitar traerse técnicos venidos de la universidad. De Rick Pitino, John Calipari a Tim Lloyd pasando por casos más reciente como John Beilein. Ainge sabía bien lo que hacía, tenía una intuición y la visión de que el técnico debutante iba a ser su hombre para la reconstrucción. Solo necesitaba un movimiento, tirar abajo la casa y empezar de cero. Y así sucedió el saqueo de rondas a los Brooklyn Nets que daría lugar a Jaylen Brown y Jayson Tatum, iniciando un frenético tramo de traspasos hasta completar, en origen, la plantilla en el verano de 2017.

La primera piedra era Brad Stevens y sobre ella Ainge construiría una dinastía. O eso creía.

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Síndrome del burnout y paso atrás

Los años comprendidos entre 2013 y 2021 fueron un ascenso constante para los verdes. Un crecimiento desde lo más abajo, en una sinergia total entre despacho, banquillo y pista que hizo del equipo un fijo en Playoffs y en las Finales de Conferencia en buena parte de esas temporadas.

Stevens era el elegido, el nombre que debía llevar a los Celtics al 18º anillo, la figura que daba sentido a la espera, que invitaba a disfrutar en el camino y a tener paciencia. Pero aspirar a ganar mientras los jóvenes con talento ganan experiencia es una receta que tiene siempre como consecuencias altibajos, picos y desplomes, con todo el riesgo que eso supone. La lesión de Hayward, la salida de Horford, la experiencia Kyrie y la pandemia hicieron mella en Brad Stevens. Quemado por la tensión y con la sensación de haber perdido el vestuario.

La temporada 2020-21 fue una que nunca olvidará Stevens. Después de quedarse a nada de entrar en las Finales en la burbuja, el precio que tuvo que pagar el equipo por aquello fue demasiado. Kemba Walker no volvería a ser el mismo, el impacto de los test continuos a la plantilla la desgastó en exceso y un grupo de jugadores demasiado jóvenes y sin experiencia impidieron al proyecto reivindicar la posición que merecían. Mientras los verdes parecían abocados a quedarse fuera de Playoffs, el entrenador vio que su tiempo se estaba agotando. Por eso mismo tomó una directriz muy clara, como fue apostar por el crecimiento de Jayson Tatum y Jaylen Brown como creadores de juego. Bien por necesidad o por visión, los Jays pasaron a ser los principales generadores ofensivos del equipo. El resultado fue mucho peor de lo que muchos recuerdan aunque sirvió de punto de partida, de primer experimento y marcó el camino a lo que sería la refundación del proyecto.

«Necesito dar un paso atrás». Estas fueron las palabras de un Brad derrotado, superado por el hecho de no haber logrado culminar el objetivo por el cual le habían traído. Quería irse, no se veía listo ni preparado para seguir en el cargo. Superado por las circunstancias, Wyc Grousbeck, dueño mayoritario, y Danny Ainge se pusieron manos a la obra.

—Brad, tienes una mente brillante para el baloncesto, has estado en la noche del Draft en los últimos siete años con Danny, has construído equipos en Butler, conoces al personal y a todo el mundo en la liga. —Wyc hizo una pausa. —¿Has pensado en ser el general manager?

Aquello eran palabras mayores, un reto aún más desconocido que el salto de la pequeña Butler a los orgullosos Celtics. Y, de paso, significaba mover de la silla a su principal valedor, un Ainge que, en honor a la verdad, había experimentado varios problemas de salud preocupantes derivados del cargo.

—Mi prioridad número uno es el bien de los Celtics. Amo a los Celtics. Quiero hacer lo mejor para los Celtics. —La respuesta del entrenador al dueño denotaba una espinita clavada.

«Cuando miré el panorama general y hablé de ello con Wyc, tenía sentido», diría Stevens en su presentación como director de operaciones. «Esta es una gran oportunidad para darnos una buena chispa cuando estamos perdiendo a uno de los mejores en su trabajo en el mundo. Esto es algo que sabemos que todos tenemos que [hacer], dar un paso adelante y afrontar el próximo desafío».

Lo que vendría después fue una total declaración de intenciones. Movimientos propios de un ejecutivo veterano pero que en un puñado de pinceladas delineó lo que iba a convertirse en un equipo candidato a todo.

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Visión y astucia desde los despachos

Entre los aficionados verdes se dice que Brad Stevens fue tan rápido en hacer tantos y tan buenos cambios en la plantilla porque nadie mejor que él sabía de qué pie cojeaba la construcción del equipo. Y es que apenas menos de 20 días después de asumir el cargo, con la temporada todavía en marcha, Stevens estrenó el puesto con un traspaso.

Al Horford retornaba a casa y lo hacía diciendo adiós a Kemba Walker el llamado a ser reemplazo de Kyrie Irving en 2019. Nadie mejor que Stevens sabía del valor del dominicano y que el hueco dejado por este nadie iba a poder ocuparlo, ni sobre la pista ni en el vestuario.

Una operación que evidenció una realidad en el caso de Stevens, que no era otra que la red de relaciones tejida a lo largo de los años. Y es que el ahora GM de los Celtics ha acostumbrado a realizar un buen número de operaciones con los ejecutivos con los que tiene un pasado común: Sam Presti en los Thunder, Zach Kleiman de los Grizzlies…

En su segunda operación, el ejecutivo eligió a Ime Udoka como su entrenador jefe, una apuesta arriesgada por lo desconocido, por lo exótico de un nombre venido desde muy abajo en términos NBA, alguien a quien dar la misma oportunidad que Ainge le concedió a él tiempo atrás.

El tiempo acabaría dándole la razón a Stevens. Y es que Udoka convertiría aquellos Celtics en una máquina defensiva, exprimiendo al máximo a Robert Williams III como un Rudy Gobert de bolsillo, haciendo de Marcus Smart el primer guard en ganar el DPOY desde Gary Payton y revirtiendo un mal inicio hasta llevar a Boston a sus primeras Finales desde 2010.

Por el camino operaciones de corte bajo, algunas centradas en lo económico, otras en buscar activos a futuro y la más crucial acabaría siendo la que llevó a Derrick White al TD Garden. Un jugador cuyo valor se multiplicaría hasta límites insospechados en un ecosistema abierto y dinámico.

En apenas un año en el cargo, Stevens mejoró la plantilla hasta el punto de llevarla hasta donde él nunca fue capaz, quedándose a dos victorias del anillo y cayendo a manos de los Golden State Warriors de manera justa.

Crisis y «traición» en el Garden

Hay pocas franquicias en la NBA que combinen tan bien el correcto funcionamiento organizativo con una afición tan visceral y pasional con sus jugadores como los Boston Celtics. Una ciudad de deportes, de constante tensión entre el amor y el odio, la cual, a la interna no da puntada sin hilo.

En esta historia hay dos protagonistas. Uno, Ime Udoka, suspendido por los Celtics por una relación inapropiada con una subordinada. El otro, Marcus Smart, el jugador que más tiempo llevaba en la plantilla, símbolo del proyecto y favorito de la grada.

A Udoka le sustituyó un entrenador que no podía ser más opuesto al descendiente nigeriano. Un joven, inexperto y opaco Joe Mazzulla, una mente intrigante y con una visión de vanguardia. «Joe es la mejor opción para desempeñar el cargo con diferencia», diría Stevens en el anuncio del cambio. Mazzulla no pudo hacer más en menos tiempo, llevando hasta el extremo el dicho de aprender sobre la marcha. Un técnico que cometió errores, pero que difícilmente pudo hacer más, quedándose a una victoria de repetir el mismo resultado que su predecesor.

Al término de aquella temporada 2022-23 Stevens tenía claro que era necesario agitar el árbol manteniendo en la medida de lo posible el núcleo duro formado por los Jays. Y el señalado fue Marcus Smart. Siempre en pos de un objetivo mayor: ganar.

En el verano de 2023 el teléfono del despacho de Stevens echaba humo. Porzingis, Grant Williams, Malcolm Brogdon, Robert Williams III, Jrue Holiday… El GM decidió jugárselo a una carta, a doblar la apuesta antes de que el nuevo CBA entrase en vigor y las reglas del juego cambiasen para siempre. Un órdago al éxito con la meta de rematar finalmente.

Con precisión de cirujano, Stevens se ha movido como muy pocos en su puesto antes que él. No ha dudado un solo instante porque siempre tuvo claras sus prioridades y lo que era necesario para ganar. La NBA actual está dominada por los aleros, pero ninguna dupla exterior llega a ningún lado sin un base organizador y una defensa interior versátil. En dos movimientos el ahora ejecutivo hizo jaque al resto de la liga, solamente les ha costado nueve meses demostrarlo al resto del mundo.

Una cima donde Stevens, de paso, ha conseguido apuntalar el proyecto a futuro, manteniendo bajo contrato a la mayor parte de sus nombres clave, mandando así un aviso a toda la NBA: hay una dinastía en formación y es verde.

Los movimientos de Brad Stevens que llevaron al anillo a Boston Celtics

  • 18 de junio de 2021: Traspasó a Kemba Walker, una primera ronda de 2021 (Alperen Sengun) y una segunda ronda de 2025 a OKC Thunder por Moses Brown, Al Horford y una segunda ronda de 2023 (Amari Bailey)
  • 29 de junio de 2021: Firmó a Ime Udoka como entrenador jefe
  • 31 de julio de 2021: Traspasó a Moses Brown por Josh Richardson, generando una trade exception
  • 13 de agosto de 2021: Firmó un contrato two-way a Sam Hauser
  • 15 de octubre de 2021: Firmó a Luke Kornet por el mínimo
  • 19 de enero de 2022: Traspasó a Juancho Hernangómez a los Spurs a cambio de Bol Bol y PJ Dozier de los Nuggets
  • 10 de febrero de 2022: Traspasó a Romeo Langford, Josh Richardson, la primera ronda de 2022 (Blake Wesley) y la primera de 2028 a los Spurs a cambio de Derrick White
  • 10 de febrero de 2022: Traspasó a Bruno Fernando, Enes Freedom y Dennis Schroder por Daniel Theis
  • 9 de julio de 2022: Traspasó a Daniel Theis, Aaron Nesmith, Nik Stauskas, Juwan Morgan, Malik Fitts y una primera ronda de 2023 (Julian Strawther) a los Pacers por Malcolm Brogdon
  • 12 de julio de 2022: Firmó un contrato multianual a Danilo Gallinari
  • 9 de febrero de 2023: Traspasó a Justin Jackson, una segunda ronda de 2023 (Keyonte Johnson) y una segunda de 2029 a los Thunder por Mike Muscala
  • 23 de junio de 2023: Traspasó a Danilo Gallinari, Mike Muscala y Julian Philips a los Wizards y a Marcus Smart a los Grizzlies por Kristaps Porzingis y una primera ronda de 2024
  • 12 de julio de 2023: Traspasó en sign&trade a Grant Williams a los Mav spor una segunda ronda de 2025 y otra de 2030
  • 1 de octubre de 2023: Traspasó a Malcolm Brogdon, Robert Williams, una primera ronda de 2024 y otra de 2029 a los Blazers por Jrue Holiday
  • 7 de febrero de 2024: Traspasó a Lamar Stevens, una segunda ronda de 2027 y otra de 2030 a los Grizzlies por Xavier Tillman

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