El mejor equipo de la NBA que nadie esperaba: Cómo los Cavs han roto todos los esquemas

Cleveland Cavaliers Donovan Mitchell

Cuando se anunció el cese de J.B Bickerstaff como entrenador jefe de los Cleveland Cavaliers el proyecto parecía pender de un hilo. La renovación de Donovan Mitchell parecía un escenario difícil de imaginar, el encaje de este con Darius Garland dejaba mucho que desear y Evan Mobley parecía haber perdido la cuerda que le iba a conducir hacia lo más alto. Todo parecían problemas para un equipo que venía de ganar su primera serie de Playoffs sin LeBron James desde finales del siglo XX y que contaba con una plantilla joven y con potencial. Pero un roster, al fin y al cabo, que había decepcionado tres años seguidos a la hora de la verdad.

El tiempo lo cura todo, o eso dicen. La gerencia dio un pequeño paso atrás para observar la imagen completa y tener perspectiva respecto de lo que estaba pasando. Las piezas eran las adecuadas, en efecto, pero el trabajo y el enfoque de Bickerstaff se quedaban cortos para lo que el grupo podía aspirar a conseguir. Un elenco con la habilidad de ser la alternativa a los Celtics en el Este y, quién sabe, si verdaderamente plantarles cara.

Hay ocasiones en este deporte donde un simple cambio de enfoque y filosofía basta para que las aguas vuelvan a su cauce. Esa nueva perspectiva la ha dado Kenny Atkinson, elegido como el entrenador jefe de unos Cavaliers que en apenas un puñado de partidos ya ha devuelto la ilusión y la vida al proyecto. 7 partidos, 7 victorias y la sensación de que, al fin, todo cobra sentido en los Cavs.

La última fruto de una remontada con victoria en los últimos instantes con un tiro de Donovan Mitchell que sirvió para ahondar en la crisis de los Milwaukee Bucks por 114 a 113:

Todo inicio de temporada conlleva picos y extremos, en positivo y negativo. Los hay que arrancan al máximo nivel para entrar después en una fase de valle o incluso de depresión de resultados. Mientras que en el otro lado del espectro sucede lo opuesto. La clave es siempre encontrar el justo equilibrio. A lo largo de las dos pasadas campañas, los Cavaliers adolecieron de esa consistencia, de esa regularidad en la proyección de los 82 partidos que les diese la tranquilidad y la sensación de calma que necesitaba el proyecto y la plantilla.

Demasiadas rachas ganadoras alternadas con periodos de bajón fruto de lesiones o falta de rendimiento que parecen formar parte del pasado.

En el transcurso de estos 7 partidos a lo largo de los cuales los Cavs se han mantenido invictos el equipo ha demostrado no solo haber dejado atrás los fantasmas del pasado, también estar en disposición de ofrecer una cara nueva, un potencial todavía por descubrir incluso. Un ascenso cimentado, principalmente, por un ataque que, de una vez, exprima por completo las virtudes de sus nombres principales y no se convierta en una suma de agregados.

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Bajo la dirección de Kenny Atkinson el término adecuado para definir a la ofensiva de los Cavaliers ha sido cooperación. Las piezas tienen sentido una junto a la otra porque el encaje es natural y, al mismo tiempo, les pone en una situación en la que deban dar un paso adelante. La bola se reparte equitativamente en tiempo entre Garland y Mitchell, alternando ambos el rol de ejecutor o distribuidor según sea necesario, amplificando el alcance de un ataque afectado del virus del turnismo hasta el pasado año.

Eso ha permitido poder encontrar el espacio y la función en la que mejor encaja Evan Mobley, la x por despejar en Cleveland desde 2022. Un Mobley que está finalmente ascendiendo y consiguiendo recuperar el tiempo perdido sin dejar que su defensa se resienta.

Toda racha ganadora conlleva unas estadísticas brillantes, unas métricas que dan la sensación de dominio. En el caso de los Cavs esto se traduce en contar con el segundo mejor ataque en términos de eficiencia (121,9) y la cuarta mejor defensa de toda la NBA (107,7). En ese sentido, hay que romper una lanza a favor de un Kenny Atkinson que cimentó su fama en la liga como uno de los mayores expertos en el bloqueo directo de la competición. Una reputación que justificó en Brooklyn Nets y ahora en Cleveland se está repitiendo.

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Si el pasado curso los Cavaliers ocuparon el percentil 34 en eficiencia al bloqueo directo (0,88 puntos por posesión) en este inicio de temporada están en el 96 (1,12), siendo el 2º mejor equipo de toda la NBA. Un repunte que explica en gran medida el gran rendimiento de nombres como Mitchell, Garland o incluso Caris LeVert, siempre impredecible.

El tiempo pondrá a los Cavs en su lugar. Sin embargo, por el momento las sensaciones son positivas, la química al fin parece ser positiva y el equipo goza de una identidad que les permite ganar de manera fiable. Prácticamente nadie esperaba un rendimiento semejante por parte de la franquicia de Ohio, la cual cuenta con el mejor balance de toda la competición, está al frente de la Conferencia Este y afronta una semana que será clave para establecer cuáles pueden ser los objetivos realistas del equipo.

Unos Cavaliers que han empezado 7-0 por primera vez desde la temporada 1976-77, un grupo memorable que no terminó de rematar la faena pero marcó las bases de lo que sería la franquicia en adelante.