Cuando intentaron atracar a Lou Williams… y él acabó invitando a cenar al atracador

Cuando intentaron atracar a Lou Williams… y él acabó invitando a cenar al atracador

En diciembre de 2011, la NBA aguardaba impaciente el final del lockout. Un día antes del inicio de aquel curso (que arrancó el día de Navidad, con cinco partidos), sucedió uno de esos hechos que pueden marcar una carrera. En el peor de los casos, acabar con ella. En el mejor, servir como una impresionante anécdota. Para el protagonista, Lou Williams, el escenario fue ese último.

Williams, entonces jugador de los Sixers, sufrió un intento de robo aquel día. Y quedó en intento… porque el atracador le reconoció. La historia es la siguiente, la contó el propio jugador en su momento, a la periodista Taylor Rooks. Y la recogieron Gonzalo Vázquez y Andrés Monje como parte del capítulo que dedicaron al jugador de los Clippers.

«Fui a cortarme el pelo por la tarde, estaba mi escolta conmigo. Pero cuando nos fuimos de la barbería, ya había anochecido, él me dijo si estaba todo correcto y le dije que sí, que no se preocupase que iba para casa. Me subí a mi coche, le ví coger el suyo y girar la calle. Yo iba para casa, en un momento, parado en un semáforo, cogí el móvil y estuve mirando unas cosas, con la cabeza hacia abajo mirando el teléfono. Lo siguiente que noté fue que alguien golpeaba la ventanilla. Miré y vi a un tipo apuntándome con una pistola. Me dijo que saliera del coche. No sé, sinceramente, por qué no salí del coche, pero el instinto me hizo quedarme dentro y bajar la ventanilla. Entonces fue cuando ese tipo me miró… y me reconoció. ‘Joder, Lou, no puedo hacerte esto’, me dijo eso.

‘Con todo lo que haces por esta ciudad, por la comunidad, por el barrio, no puedo hacerlo’, me dijo también. Ese tipo era de nuestra comunidad en Philadelphia, me dijo que acababa de salir de la cárcel, se sentía mal y tenía mucha hambre, que todo lo que tenía era esa pistola. Así que le miré y le dije ‘tío, vamos a ir juntos allí, a ese McDonald’s de ahí y te compraré lo que quieras para comer’. Y eso es lo que hicimos. Fuimos juntos, en mi coche, a aquel sitio, como si nada, y estuvimos comiendo algo, charlando. Me dijo que estaba deprimido y yo le escuchaba, pero le dije que esa no era la forma de salir de aquel mal momento».

Una anécdota bestial para un jugador que, ya en aquel momento, era un auténtico icono en Philadelphia por sus servicios a la comunidad y su trato con la gente humilde. Un personaje, Williams, siempre enormemente carismático y particular.