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Nuestra crítica del documental de Jordan y los Bulls: así los hemos visto (ep. 5 y 6)

Nuestra crítica del documental de Jordan y los Bulls: así los hemos visto (ep. 5 y 6)

Analizamos los episodios 5 y 6 de ‘The Last Dance’, el documental sobre la última temporada de Michael Jordan en los Bulls

Si ha habido un jugador al que podamos considerar parecido a Michael Jordan en su estilo de juego y su forma de querer actuar fuera de la pista, ese era Kobe Bryant. En The Last Dance aprovechan las imágenes del All-Star Game de 1998 (a partir de aquí empezamos a ver más imágenes inéditas de esa temporada) para rendir un homenaje al que fue el primer heredero de Jordan en la pista y en el poderío económico de las marcas deportivas. No parece real que Kobe ya no esté entre nosotros. Es imposible.

Viajamos al pasado para recordar algo que quizás sorprenda a mucha gente: Michael Jordan no quería fichar por Nike. Casi siempre había llevado Converse, la marca de moda en la NBA en aquel momento, pero en realidad lo que a él le gustaba era Adidas. Sin embargo, Nike estaba empezando a hacer un esfuerzo por ganar territorio en la NBA, y convenció a su agente, David Falk, para que le llevarse a una presentación. Él no quería, y fueron sus padres quienes lograron convencerle de que, al menos, dejara a la marca presentar su propuesta. Rob Strasser, el director de marketing de Nike, hizo una presentación que dejó boquiabiertos a Falk y a sus padres, pero no tanto a Jordan.

En cuanto salieron de la reunión la expresión de Jordan cambió de repente a una gran sonrisa, y le dijo a Falk que cerrase el acuerdo con Nike. Cuando éste se sorprendió por el giro y comentó que no le había visto sonreír en un solo momento durante la presentación, Jordan respondió que “tenía puesta mi cara de hacer negocios.” Sus primeras zapatillas originales fueron las Air Jordan con las que se despidió esa temporada del Madison Square Garden.

La temporada 1991-92 la ventilamos rápidamente con unos cuantos highlights. Michael Wilbon dice en The Last Dance que, para él, aquel era el mejor equipo de la historia. Ya podrían haber puesto los highlights de los Minnesota Timberwolves, el peor equipo de la NBA esa temporada con solo 15 victorias, que con The Choice Is Yours de Black Sheep de fondo habrían parecido también el mejor equipo de la historia.

Los Bulls de 1992 eran, como mínimo, los mejores de aquella temporada, y así lo demostraron en la final contra los Blazers. En aquellos momentos la estrella de los Blazers era Clyde Drexler, quien algunos consideraban que estaba al mismo nivel de Jordan, pero que no se le publicitaba tanto porque jugaba en Portland. Se destacaba especialmente que Drexler era mejor reboteador y triplista que Jordan. De hecho, si los Blazers no seleccionaron a Michael en el Draft de 1984 fue en buena parte porque ya tenían a Drexler. Jordan metió 6 triples en 10 intentos en aquel partido, empatando el récord de las Finales de aciertos y estableciendo un nuevo máximo de intentos. Recordemos que aquel año los Bulls promediaron 5.5 triples intentados por partido. El equipo que más lanzaba de lejos eran los Milwaukee Bucks con 12.3. Eso es un poco más que lo que promediaron los Houston Rockets en la 2019-20… en cada cuarto.

Entrevistan a Krause. “A ver qué dices esta vez para cagarla, Krause,” pensamos todos. El general manager pasa a hacer un alegato muy acertado de que el éxito es de toda la organización, aunque ahora ya sabemos en realidad a qué se refería. “Jordan solo no gana campeonatos, yo también merezco crédito” quería decir. Después vemos a Krause pedirle un puro de la victoria a Michael. “No puedes fumarlo, dejarías de crecer,” responde Jordan. Esas imágenes no corresponden a la temporada 97-98, pero se rumorea que, de las 10.000 horas de vídeo que se grabaron, unas 5.000 se reparten entre insultos a Jerry Krause e intentos de este de que le reconozcan sus méritos públicamente.

Después de celebrar el anillo de 1992 llegan los Juegos Olímpicos. Jerry Krause no quería que Jordan y Pippen acudiesen a la cita, así que ambos fueron, claro. Pero la gran cuestión que rodeó al Dream Team es la que nos muestran en The Last Dance: ¿vetó Michael Jordan la presencia de Isiah Thomas en ese equipo? Él asegura que no. Probablemente así fuese, porque no le haría falta vetarlo como tal. Por talento y nivel el base merecía estar en ese equipo sin duda alguna, pero Thomas había tenido enfrentamientos con media plantilla de aquel Team USA. Rod Thorn y el resto del comité que hizo la selección lo sabían. Si invitaban a Isiah, Jordan diría que no. Así que no le invitaron, y si alguno se quiere tomar esto como un veto de Jordan, que así sea, porque lo habría hecho en caso de que Isiah tuviese invitación. Habría sido un “o él o yo.”

Quizás todo hubiera sido diferente entre Thomas y el resto luchando por un mismo objetivo, pero simplemente el hecho de intentarlo ya conllevaba un riesgo. Y aquel equipo no necesitaba riesgos para arrasar. Porque… ¿qué es lo que dice Jordan que aprecia más de aquel equipo? “La camaradería.” Recordad esto, el partido de golf entre Jordan y Ainge en mitad de unos playoffs, etc. cuando se hable de que hoy en día las estrellas no deberían ser amigas.

Aquí se nos vuelve a introducir el “espíritu competitivo” de Jordan. Las partidas de cartas de Jordan y Magic hasta las tantas de la mañana. El partido de Montecarlo. Se les escapan otras dos historias interesantes, así que las contaremos rápido: la primera, durante la preparación en La Joya, California. Hacía solo unas semanas que Chicago había ganado a Portland en las Finales, pero ahora Jordan y Drexler eran compañeros. Aunque no lo parecía. Michael no paraba de picar a Drexler con lo que había sucedido, y hubo un día en el que el jugador de los Blazers se presentó con dos zapatillas del pie izquierdo. Negándose a admitir su error y pedir prestada una zapatilla derecha, Drexler jugó con una zapatilla izquierda en el pie derecho. El trash-talk de Jordan con Drexler llegó hasta el punto de que el mismo Charles Barkley tuvo que pedirle que, por favor, rebajara un poco el tono, que estaban allí para ser compañeros.

La otra es la historia del partido de golf con Chuck Daly. La afición de Jordan por el golf es más que conocida, lo mismo que su afición por no perder ni a las chapas. El caso es que Chuck Daly y Jordan se fueron a jugar unos cuantos hoyos, y fue el entrenador quien ganó. Varios compañeros aseguraron que Michael apenas pudo dormir esa noche. A las 8 de la mañana siguiente estaba en la puerta de la habitación de Daly para pedir la revancha, y no le dejó en paz hasta que se la concedió. Jordan ganó esa segunda vez, claro, y supongo que Chuck Daly no volvería a jugar nunca más contra él.

De repente… ¿es ese Kukoc? ¿Toni Kukoc?

En el draft de 1990 los Chicago Bulls habían elegido a Toni Kukoc en segunda ronda. Jerry Krause estaba enamorado de su juego. En cuanto pudo viajó a Croacia para reunirse con él y hacérselo saber. Kukoc decidió quedarse unos años más en Europa, pero este interés de Krause por él no hizo ninguna gracia a Jordan y Pippen. En The Last Dance vemos lo que sucede: Kukoc no tiene idea de aquello, y los dos estadounidenses se ceban con él, porque era su manera de cebarse con Krause.

No puede ser casualidad que un episodio que empieza con una buena cuota de protagonismo de Kobe Bryant enlace de nuevo con la parte comercial de Jordan y con el famoso “Be Like Mike”. Con la polémica porque los jugadores no querían lucir el logo de Reebok (“tengo dos millones de razones para no llevar ese logo,” dijo Charles Barkley) volvemos a enlazar con el aspecto comercial y su marca. Y eso nos lleva a otro de los aspectos más polémicos: Michael Jordan no se metía en política. No fueron pocos los líderes políticos negros que solicitaron su apoyo, pero él prefirió no hacerlo, al menos públicamente. Prefirió ser equidistante, esa palabra tanto se usaba últimamente, porque lo suyo era ganar partidos de baloncesto y millones en contratos publicitarios. Y para eso daban igual republicanos o demócratas. Finalmente, el mismo Jordan confirma que sí que dijo la famosa frase “los republicanos también compran zapatillas,” una cita que siempre se le atribuyó, pero nunca se le escuchó decir.

Michael Jordan solía decirle a Jim Riswold, el responsable artístico de los anuncios de Nike, que le hiciera “quedar bien” en aquellas campañas. Un día, Riswold le respondió lo siguiente: “Michael, podríamos grabarte empujando a una niña contra un coche en movimiento o arrojando cachorros en agua hirviendo y, aun así, quedarías bien.” Tantos años después, parece que sigue siendo así.

Arrancamos con el capítulo 6, sobrepasando ya el ecuador de The Last Dance. Nos comienzan a introducir de nuevo el tema de la “competitividad” de Jordan y el juego, algo que habíamos intuido en el episodio anterior. Es solo una pequeña introducción para lo que vendrá después.

El apartado relacionado con el libro The Jordan Rules es una de las partes que me han parecido más interesantes hasta el momento en The Last Dance. Era la primera vez que se sacaban realmente lo que se podrían considerar trapos sucios sobre Michael Jordan. Esta fue una de las veces en las que Jordan y Jerry Krause estuvieron de acuerdo: los dos odiaban el libro. Jordan, por todo lo que se decía sobre él. Al principio negó que ese fuera su comportamiento, pero con el tiempo se aceptó que así era él. Krause, porque suponía una violación de la intimidad de la franquicia y porque al final, en el apartado de agradecimientos, se decía algo bueno de casi todos los miembros de aquellos Bulls. Menos de él.

Unas semanas después de la publicación se acercó furioso al autor, Sam Smith, y le dio por escrito una lista con 183 errores que había encontrado en el libro. Una de las anotaciones era que Smith había descrito su forma de vestir como “descuidada.” Al lado, Krause escribía: “esto es una puta mentira.” Los miembros de los Bulls cuentan que Krause iba como un loco por los pasillos con esa misma lista confrontando a todo el mundo. “¿Es verdad que has dicho esto?”.

Horace Grant, por lo que sabemos de la época, también contribuyó. Todo el que estaba alrededor de aquel equipo percibía que tenía envidia del éxito de Jordan y de los privilegios que tenían Pippen y él. En The Last Dance lo dejan en el aire, pero el mismo Sam Smith confirmó que había tenido numerosas fuentes, entre ellas Phil Jackson y varios jugadores. “No había fuentes secretas. Todos eran la fuente,” escribía Smith cundo se volvió a editar el libro. “La NBA es como un pueblo pequeño. No hay secretos. Todos hablan sobre todos. Unos jugadores hablan sobre otros. Los agentes cuentan secretos para conseguir más clientes. Clavar puñales por la espalda es un hobbie. Yo preguntaba a Phil continuamente por sus teorías sobre el baloncesto y la vida. Toda la información sobre lo que ocurría tras las bambalinas vino de entrevistas con gente que estuvo allí y lo compartió conmigo. Y no hubo nadie en la organización, incluido Jordan, que no colaborara.”

Vamos a los Playoffs de 1993 con la serie contra los New York Knicks y, ya sí, es inevitable entrar en la afición de Michael Jordan por las apuestas. Su escapada al casino de Atlantic City fue la primera vez en la que se puso realmente la lupa sobre el asunto. El tema de las apuestas volverá en el siguiente episodio, pues todo el asunto y sus ramificaciones bien podrían tener su propio documental de una hora. “No tengo un problema de apuestas. Tengo un problema de competitividad,” dice Jordan, y ese podría ser un buen resumen.

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Hay numerosas historias y anécdotas al respecto de la afición de Jordan por hacer apuestas hasta en las cuestiones más banales del día a día. Una de mis favoritas es la del día en el que los jugadores de los Bulls estaban esperando a que salieran sus maletas en la cinta transportadora del aeropuerto de Portland. Jordan dijo entonces que se apostaba una cantidad no determinada de dinero (unos miles de dólares) a que su maleta sería la primera en salir. Dado que tenían que salir las maletas de todos los jugadores y miembros del cuerpo técnico, más los ejecutivos que les acompañaban, las probabilidades eran bajas, así que fueron unos cuantos quienes aceptaron la apuesta. Cuando empezaron a salir las maletas, la de Michael Jordan era la primera.

Con una amplia sonrisa, Jordan empezó a recoger el dinero de aquellos que habían apostado contra él. Lo que el resto no sabía es que la estrella de los Bulls había sobornado previamente a uno de los encargados de transportar las maletas para que la suya fuese la primera. Así se sacó unos pocos cientos de dólares. No los necesitaba, tenía millones en el banco. Pero eso era lo de menos. Podríamos decir que era algo patológico.

Al igual que a Jordan le gustaba quitarles unos pocos dólares a sus compañeros, lo siguiente que vemos es cómo le quitaba a su amigo Charles Barkley su mejor oportunidad de lograr un anillo. O, mejor dicho, cómo lo hacía John Paxson, con su triple crucial. Una lástima que lo hecho en los últimos años en las oficinas haya tenido un impacto tan negativo en su reputación.

“Es la primera vez que pensé que había un jugador de baloncesto mejor que yo,” dice Barkley. Estábamos en 1993, Jordan ya había ganado dos anillos y 3 MVP antes de esas Finales, y hasta entonces Barkley aún se pensaba que era mejor que él.

Empiezan a aparecer los primeros síntomas de agotamiento real en Michael Jordan, no solo físico, también psicológico. Acababan de ganar su tercer anillo consecutivo, en mitad de todo había disputado unos Juegos Olímpicos, y, por primera vez, empezaba a recibir serias críticas desde la prensa y parte de la afición por motivos extradeportivos. Esto era un precedente para lo que sucedería más adelante en aquel mismo 1993.

Otros apuntes de los episodios 5 y 6 de The Last Dance (El Último Baile):

  • Es inevitable que las ventas de The Jordan Rules hayan repuntado en las últimas semanas. Quienes hayan leído ese libro y/o Playing for Keeps de David Halberstam o El Rey del Juego de Máximo José Tobías, por ejemplo, aprenderán pocas cosas nuevas aquí. Aun así, le veo un valor añadido a que sean los protagonistas quienes lo cuenten, siempre sabiendo que cada uno tiene sus intereses detrás.
  • Una de mis historias favoritas de The Jordan Rules es la noche en la que Jordan se encuentra a Gary Payton en una discoteca. Payton, entonces rookie de los Sonics, le dice que no se creyera tan importante, que él también tenía sus millones y se compraba ya sus “Ferraris” y sus “Testarossas”. “No hay problema,” respondió Jordan, “a mí me los regalan.”
  • ¿Habéis escuchado a Jordan decir “shiiiit”? Ya sabemos en quién se inspiró el personaje de The Wire.
  • Otra polémica de aquel Dream Team de 1992 es la inclusión de Christian Laettner. Se quería incluir a un jugador universitario, y en el último corte quedaron Laettner y un tal Shaquille O’Neal. La exitosa carrera del jugador de Duke, con dos campeonatos de la NCAA (estuvo sus cuatro años universitarios en la Final Four), y seguramente que diese más “el perfil,” hizo que se decantaran por él.
  • ¿Se le puede achacar solo a Jordan la ausencia de Isiah Thomas en el Dream Team? No. Según reconoció en el libro Cuando éramos los mejores, Magic Johnson hizo todo lo posible para que Thomas no estuviera en aquel equipo. Estaba seguro de que él había ayudado a difundir los rumores sobre su sexualidad cuando fue diagnosticado con el VIH. “Isiah hundió sus propias opciones de ir a los Juegos. Nadie quería jugar con él. Ni Jordan, ni Pippen, ni Bird, ni Malone. Nadie,” decía Magic en el libro.
  • Aparición estelar de Justin Timberlake, dueño minoritario en la actualidad de los Memphis Grizzlies. También le gusta cantar en sus ratos libres, tengo entendido.
  • Que me perdone el protagonista, pero entre todo lo leído y escuchado en estas dos semanas sobre el documental se me ha ido la fuente. Pero era uno de los periodistas que más había cubierto a Jordan en la televisión local de Chicago. El caso es que lo que comentaba en este podcast es que no le llegaron a entrevistar para el documental. Había una cita concertada, pero los productores tuvieron que cancelarla porque habían conseguido a “J.T.” y necesitaba hacerlo justo en ese mismo día. El periodista se pasó un buen tiempo pensando qué jugador podría ser ese “J.T.” No fue hasta unas semanas antes del estreno cuando lo descubrió: J.T. = Justin Timberlake.

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