NBAEstás viendo//Entendiendo al prodigio: fondo y formas en Luka Doncic, por Andrés Monje
Entendiendo al prodigio: fondo y formas en Luka Doncic, por Andrés Monje

Entendiendo al prodigio: fondo y formas en Luka Doncic, por Andrés Monje

Fuera de la cancha aparentaba ser normal. En ella, sin embargo, el aroma de savant pareció perseguir siempre a Luka Doncic (Ljubljana, 1999). El baloncesto le abrazó pronto, casi al mismo tiempo sirviéndole el don de transmitir asombro generalizado por lo que hacía y por el cómo.

La lista de muestras, incluso a la tierna edad de 20 años, es ya obscena. Aunque seguramente una de esas primeras escenas siga definiendo mejor que cualquier otra lo que representa.

Su primer contacto con el baloncesto organizado llegó a los siete años en el club de su colegio, Mirana Jarca en Ljubljana. Solo unos meses después, con motivo de la llegada de su padre, Sasa (entonces jugador profesional), al Union Olimpija, fue invitado por Grega Brezovec, técnico de cantera del club, para realizar una prueba allí. Aquello duraría un pestañeo.

Apenas un cuarto de hora después del inicio de la misma, los técnicos detuvieron atónitos la sesión, obligando a Doncic a ir al otro lado de la pista. Ese otro lado era donde entrenaban los chicos de la generación de 1996. Es decir, de tres años más que él. Y el motivo de la decisión era muy simple: su nivel era ya un abuso, Luka era demasiado bueno para su edad. No tenía sentido aburrirle ni un minuto más.

Al término de aquella práctica, ya con los mayores, Luka fue reclutado de inmediato por el Olimpija, donde pasaría los años siguientes desarrollando su talento, a todas luces ya especial, junto a niños que le sacaban tres y cuatro años.

Con 12 años, Alberto Angulo, responsable de cantera del Real Madrid, le invitó a participar en la Minicopa (2012, en Barcelona) con el club blanco, un torneo en el que dejaría una fantástica impresión, anotando 20 puntos en la final y en el que competía, de nuevo, siendo menor que los demás. Poco importó que no hubiera jugado antes con sus compañeros o que no conociese prácticamente nada de aquel nuevo entorno, ni siquiera el idioma. Su baloncesto era lengua universal y estaba por encima de todo.

En abril de aquel mismo año, se fue a 54 puntos en la final del torneo de Roma, registrando un triple-doble y comenzando a ruborizar a los allí presentes, a los que inevitablemente les acudían recuerdos del malogrado Petrovic, otro genio precoz que marcó a toda una generación. Su desempeño en pista era por completo anormal.

El director de cantera del Union Olimpija, Lojze Sisko, además técnico de Luka durante su tramo final en Eslovenia, afirmaba sin pudor que casi todo con él iba de serie, que su catálogo de recursos era innato. “Hay cosas que no se pueden aprender, no hay forma de trasladar a los jugadores esa clase de conocimientos tan pronto. Es imposible”. El instinto del chico en pista era algo casi absurdo para su edad, su aniñado rostro mentía. Luka jugaba con la maestría del que conoce ya todos los trucos.

La firma por el Real Madrid (septiembre de 2012) fue el inicio del despegue. A pesar de lo complejo de la adaptación, al final el desafío de una vida radicalmente diferente para un niño -de inicio además sin sus padres junto a él-, Doncic quemó etapas a una velocidad de vértigo.

Con 16 años y dos meses debutó en la ACB (2015), convirtiéndose en el jugador más joven de la historia del Real Madrid en hacerlo. El primer balón que tocó, en la esquina derecha a pase de Sergio Rodríguez, lo transformó en un triple. Fue un movimiento automático. Las señales de grandeza eran constantes, daba igual el escenario. Parecía tocado por los dioses.

Como adolescente, Doncic adquirió dinámica de primer equipo en un club obligado a competir por cada título a nivel nacional e internacional. Lo hizo con insultante facilidad, llegando a tomar mando ofensivo fruto de una transición magistralmente llevada por el cuerpo técnico que encabezaba Pablo Laso, consciente en todo momento de qué tipo de perfil tenía a su disposición.

Laso entregó progresivamente peso con balón a Doncic, dando vuelo a sus capacidades organizativas y de distribución, a su control de tiempos en la lectura de partido y a su desequilibrio desde el bote. No dudó en darle responsabilidades de base, una posición de muy compleja adaptación a la élite, sabiendo que el test alimentaría su progresión. La decisión fue valiente, no era sencillo dar autoridad creativa a un menor de edad en un club candidato a todo. Pero el talento de Doncic lo justificaba todo.

Salió más que bien. El chico era un portento de mentalidad caníbal.

Con 19 años Doncic ya lo había ganado todo en Europa y había llevado a su selección (Eslovenia) a un éxito sin precedentes en su historia. Su dominio durante el último curso que estuvo en Europa (2017-18) resultó por momentos increíble. No es que ganase, sino que hacía a su equipo ganar. Por lo que no es que la NBA fuese el siguiente paso, sino que iba a tomarlo con avales y ambición.

Del impacto inmediato al salto cualitativo

Donnie Nelson, General Manager de los Dallas Mavericks, se lanzó a por él en el Draft de 2018 viendo que estaba disponible, que Phoenix y Sacramento optaron por opciones de tamaño (Ayton y Bagley). Y así aseguró su llegada a Texas en el número 3 a través de un intercambio con Atlanta, a la que entregó una Primera Ronda del siguiente año (más la quinta de ese mismo sorteo, Trae Young) para hacerse con Doncic. De modo casi poético, en el que sería el último curso como profesional de Dirk Nowitzki, Dallas había apuntado su mirada hacia la obtención del heredero.

La condición de novato de Doncic fue en la práctica irreal, considerando su bagaje previo. Ningún jugador universitario tenía su experiencia al máximo nivel, esos hábitos de dominio. Además la presión, como él mismo siempre ha reconocido, era ya para Doncic un ingrediente más de su carrera, uno ya de sobra conocido. Y algo que le convertía en un valor seguro.

Y así toda duda con él, especialmente centrada en el apartado físico y que más tarde abordaremos, fue disipada casi de inmediato. El esloveno tuvo además pleno mando, puesto que Rick Carlisle, técnico de los Mavs, entendió bien pronto que la coexistencia con Dennis Smith Jr era un plan mucho menos interesante que darle directamente todos los galones a Doncic. A decir verdad Smith no tuvo demasiada culpa en esa conclusión, fue simplemente testigo directo de la historia de casi siempre con Luka: era demasiado bueno con respecto a los demás.

Su campaña de estreno fue estadísticamente histórica (único debutante, junto a Oscar Robertson, que registra promedios de al menos 21 puntos, 7 rebotes y 6 asistencias) y visualmente aún mejor. La aclimatación a un nuevo entorno (normativo y físico, además del cambio de tipo de vida) había vuelto a ser natural para un perfil especializado en reducir al mínimo los períodos de adaptación, cuando no directamente en borrarlos.

La segunda, acercándose a su ecuador, ha descubierto un salto –otro más- monstruoso. El esloveno promedia más de 29 puntos, 9 rebotes y 9 asistencias por encuentro, cifras con solo dos precedentes históricos (Russell Westbrook y, de nuevo, Oscar Robertson). Ninguno de ellos a esa edad.

Qué está haciendo y cómo

Ofensivamente Doncic representa un caso evidente de dominio a través de la triple amenaza (pase, bote, tiro), lo que unido a su perfil físico (2.01 de altura) deriva en un generador con balón que tiende a provocar –y castigar- cada mismatch con el rival. Ese mismatch, la búsqueda del desequilibrio en una asignación ataque-defensa, ya sea por cuestión física y/o técnica, es el Dorado del baloncesto moderno. El fruto más preciado con el que comenzar a rajar sistemas defensivos.

Y en el caso de Doncic es algo prácticamente automático: su manejo de balón y visión de pista es lo suficientemente potente para reducir marcas agresivas de jugadores más pequeños, a los que puede castigar por tamaño; y su velocidad (más tarde ahondaremos en ella) y repertorio técnico lo suficientemente resolutivos para acabar, lejos del aro, con interiores más grandes pero menos móviles.

Se requiere por tanto un molde poderoso de alero, el defensor más versátil posible, para contener el uno contra uno del esloveno, algo no siempre sencillo en un juego también marcado -además de por esa búsqueda permanente del desajuste- por el pick&roll y el espacio ofensivo que puede servir el ataque al hombre con balón, a través de poblar de tiradores la cancha.

En ese sentido, el desarrollo y abuso del tiro de tres tras bote de Doncic está encaminado directamente a estirar la atención defensiva lo más lejos posible del aro, con el fin de crear espacios intermedios que después él mismo pueda castigar. No es por tanto su abuso algo estrictamente ligado a lo que produce (32% de acierto en triples después de bote, con 7.3 intentos por partido), sino a la combinación de esa producción con cómo aprovecha el espacio restante que libera esa marca defensiva. No se entiende ese recurso exterior sin su consecuencia.

Doncic es uno de los mejores de la Liga anotando el (seguramente) tiro más complejo que existe, el triple sobre bote. Pero lleva ese recurso al abuso, incluso a costa de bajar porcentajes, por lo que gana después en los espacios que esa misma atracción genera.

  • Tiros de tres anotados tras bote – Top 5 NBA en volumen:

Fuente: NBA Stats

La relación entre amenaza exterior y efectividad en la zona es de interés, sobre todo cuando se alcanza el alto nivel en ambos aspectos. Y es que hacer la cancha amplia para un equipo es decisivo de verdad cuando se consiguen maximizar las dos áreas más productivas (zona restringida y tiro de tres). Y del mismo modo sucede individualmente, porque es entonces cuando la defensa queda realmente en jaque: el atacante no puede ni ser mínimamente flotado (anota el triple) ni excesivamente presionado (ataca el aro).

El propio diseño ofensivo de Dallas defiende ese deseo de generar un enorme espacio en la zona, con multitud de formatos abiertos, plagados de amenazas en el tiro exterior y en los que los interiores son capaces de amenazar igualmente desde el triple (Porzingis y Kleber) o como especialistas en continuaciones al aro (Powell). El frenético inicio ofensivo de los Mavs (mejor ataque de la NBA, con 115.3 puntos anotados por 100 posesiones) se construye a través de la optimización de su ataque y el gestor adecuado en pista para dirigir la nave. Lo primero parte de un sistema ofensivo polarizado (el 71% de sus tiros de campo llegan desde el triple o a menos de un metro del aro), al molde Rockets (78%, liderando la NBA). Lo segundo se deja en manos de su genio esloveno.

Doncic es efectivamente uno de los mayores (en volumen) anotadores de tres tras bote en la NBA, un arma que exige atención lejos del aro, pero donde resulta verdaderamente diferencial es atacando la canasta. Así, en las acciones denominadas como ‘drives’ (penetraciones), aquellas en las que el jugador tiene el balón a al menos seis metros del aro y bota hasta llegar a menos de tres del mismo, el esloveno lidera la NBA en acierto mientras integra el top 10 de intentos (es el séptimo que más ejecuta esas jugadas).

  • Penetraciones a canasta – Top 10 NBA en efectividad:

Fuente: NBA Stats (filtros: mínimo 10 drives/partido y 15 partidos jugados)

El cóctel tiro de tres+penetración se complementa con otros dos registros, claves para completar ese póker ofensivo que marca tendencia en el juego actual: la gestión del pick&roll y la efectividad en situaciones marcadas de uno contra uno. En la primera, Doncic vuelve a conjugar volumen (tercera mayor cifra de acciones por encuentro) con acierto (iguala el tercer mejor dato). Su control del timing y lectura del juego de bloqueos, tanto a la hora de alimentar al interior con su pase, encontrar tiradores en el lado débil o ser agresivo hacia buscar él mismo la situación para ejecutar, es excepcional.

  • Situaciones de pick&roll para el manejador de balón – Top 5 NBA en efectividad:

Fuente: NBA Stats (filtros: mínimo 7 acciones/partido y 15 partidos jugados)

De igual modo sucede con el aclarado, una acción que ejecuta con alta frecuencia -séptimo mayor uso NBA- y en la que marca diferencias con datos por encima del punto producido por posesión. Es decir, nuevamente logrando lo más complejo, unir cantidad con calidad.

  • Situaciones de aclarado – Top 5 NBA en efectividad

Fuente: NBA Stats (filtros: 3 aclarados/partido y 15 partidos jugados)

Consigue ese gran rendimiento en uno contra uno a pesar de, en teoría, no tener excelentes porcentajes exteriores ni un fantástico primer paso. Una circunstancia esta última, su aparente falta de explosividad, que nos lleva a preguntarnos cómo lo consigue exactamente. Y en cuya respuesta se encuentra uno de los puntos diferenciales en su caso.

Decelerar como arte

Cuando se apunta al posible hándicap físico de Doncic en la NBA se pondera sobre todo su déficit de potencia en la arrancada, sin embargo se obvian otros aspectos también esenciales que sí hacen de Doncic un perfil físico muy potente. Uno es su equilibrio corporal sobre el bote teniendo en cuenta su tamaño, que le permite ser capaz de cambiar de velocidad y dirección constantemente sin perder efectividad. Y el otro, relacionado con el anterior y aún más decisivo, es su capacidad de decelerar.

En el baloncesto (al igual que en otros deportes) tener un mortífero primer paso puede ser determinante a la hora de ganar una ventaja con respecto al defensor. Es cierto. Pero puede resultar igualmente fundamental tener la habilidad de frenar y orientar adecuada y automáticamente el cuerpo, algo valioso para aquellos jugadores acostumbrados al manejo de balón y recibir una significativa presión defensiva como consecuencia de ello. Jugadores para los que el cambio de ritmo cobra gran utilidad.

Eric Leidersdorf, director de biomecánica en el P3 Sport Science, enfatizaba en este asunto: acelerar es importante, frenar también. “Luka posee una habilidad de élite para reducir su velocidad, tiene la capacidad de crear una enorme cantidad de fuerza en la fase de deceleración o al realizar movimientos consecutivos. Y es una cualidad vital para los cambios de dirección”.

Eso altera notablemente el concepto de falta de despliegue atlético, en el sentido de que descubre virtudes alternativas y alejadas de la aceleración, la fuerza o el salto, factores comunes en esas consideraciones habituales para ver si un jugador es muy atlético o no. Es decir, cambia la concepción de atleticismo a la que estamos acostumbrados. El fundador y director del P3, Marcus Elliot, lo abordaba. “Él es uno de esos jugadores cuyas virtudes no son las que tradicionalmente han definido el poder atlético en un jugador de baloncesto. Eso lleva a que haya equipos que puedan confundirse en torno a ese potencial atlético que sí posee”, explicaba.

Doncic es un perfil excepcional a la hora de controlar su cadera y su tronco durante la fase de frenada en sus acciones, lo que le permite mantener el correcto equilibrio e iniciar nuevos movimientos o cambios de dirección mucho antes y de forma más eficiente. Dicho de otro modo, si su primer paso hace difícil que castigue al rival en su arranque… su capacidad de decelerar hace complejo que no lo logre durante los siguientes. Es decir, no es en la arrancada cuando desequilibra sino en lo que sucede a partir de esa arrancada.

Esa cantidad (y calidad) de micromovimientos una vez arranca, unido a su dominio de la triple amenaza y las cuatro áreas clave del juego moderno (triple tras bote, penetración, pick&roll, uno contra uno), es lo que convierte a Doncic en una pesadilla para cualquier defensa. El uso que hace de su cuerpo en todas ellas es simplemente magistral, generalmente a través de fintas o recursos técnicos que le llevan a su principal objetivo: manipular el equilibrio de la marca que tiene enfrente. Es ahí donde Doncic resulta imparable. Busca y encuentra el modo de que su equilibrio sea mayor que el del rival. Y a partir de ahí, lo sobrepasa. Porque al registro físico ha de sumarse, además, su altísima inteligencia en pista, que tiende a tomar decisiones correctas de forma natural.

Esa citada capacidad de frenada, una cualidad sepultada pero decisiva en el juego, llega al límite en el caso de James Harden, el mejor caso conocido en ese arte. Según el archivo del P3 Sport Science, el jugador de los Rockets muestra datos inigualables (99 percentil) en una métrica llamada ‘fuerza excéntrica’, destinada a ver cómo de rápido decelera un jugador. Es poco menos que un superhéroe en ese tipo de escenarios. No obstante, Doncic no está lejos en ese mismo índice (92 percentil), lo que permite entender la forma en la que ambos condicionan a sus rivales de forma aparentemente sencilla, como si jugasen andando y sin tener habitualmente movimientos felinos en su arranque.

Fuente: p3 Sport Science

Esa virtud en lo físico, que les define en su forma de desequilibrar el juego ofensivo y potencia ciertas acciones de su repertorio (la más evidente, el step-back, la suspensión tras paso atrás), marca una gigantesca diferencia con el jugador medio. Como se percibe en la siguiente tabla, Harden y Doncic son talentos fuera de lo común en áreas que a simple vista son mucho más difíciles de cuantificar. Pero que en la práctica resultan decisivas.

Fuente: p3 Sport Science

La ‘Hardenización’ de Doncic, en las formas, es fruto no solo del dominio técnico –que también- sino de un don físico especial y compartido. Porque en baloncesto frenar muy rápido puede ser tan importante como acelerar muy rápido. Y si bien Harden representa el ejemplo analítico llevado al extremo (el 78% de sus intentos en tiros de campo llegan desde el triple o a menos de un metro del aro, con 12 tiros libres de media por duelo), el caso del esloveno circula en la misma dirección (el 62% de sus intentos de campo son triples o tiros a menos de un metro, con 9 tiros libres por partido). De un año para otro, además, Doncic ha reducido a la mitad sus lanzamientos desde la media distancia, un camino que ya tomó ‘La Barba’ hace cuatro años.

Con Harden comparte movimiento fetiche. El step-back de ambos es, seguramente, el más temible en la Liga:

El ahora jugador de los Mavs comenzó a acudir al P3, en Santa Bárbara (California) en el año 2015, cuando aún era miembro del Real Madrid… y menor de edad. Su objetivo entonces ya estaba claro, conocer y potenciar su cuerpo en un contexto de máxima vanguardia para lograrlo. Las medidas biomecánicas obtenidas y el nivel de detalle del grupo de trabajo de Elliot han hecho que el esloveno repita varios veranos más, en los cuales el procedimiento se repite: una serie de pruebas físicas que determinen su estado, marquen riesgos de lesiones y ofrezcan sus hábitos de movimiento, seguidos del pormenorizado análisis para evolucionar en todos ellos. La información es poder. Y en el caso de los genios, casi sinónimo de dominio.

Es precisamente allí, al calor de la vanguardia analítica, donde mejor entendió que físicamente -el aspecto que más recelo podía generar con su traslación al universo NBA- tenía otra llave para extender su dominio. Una que le ayudase a la hora de maximizar sus cualidades técnicas, creativas y de lectura del juego, ya sobresalientes. El modo en el que Doncic está condicionando rivales a la hora de encarar el aro es una de las grandes claves para entender de dónde viene su casi inmediato asentamiento en la superélite. Uno que, sabiendo los pilares con los que cuenta (el control de las cuatro acciones clave del generador moderno), no solo no apunta a circunstancial sino que insinúa no tener caducidad.

Su cerebro va más rápido que el de los demás e igualmente su cuerpo frena y se reorienta a un nivel casi inalcanzable para ellos. Una mezcla explosiva que le convierte, ya con 20 años y un largo camino por delante a la hora de matizar y mejorar detalles de su repertorio, en uno de los jugadores más desequilibrantes del baloncesto mundial.

Su fondo, ese irresistible aroma a prodigio que desprendió además desde el inicio, resulta fascinante. Pero no menos que las formas a través de las cuales está llevando a cabo su primer gran salto cualitativo en la NBA. Que, para colmo, apunta a no ser el último.

Como si pisar la luna supiese a poco, pudiendo llegar a marte.

Cargando el siguiente contenidoEspera un momento por favor :)