El All Star de la NBA: ¿un problema o una oportunidad?

Pasado el fin de semana del All Star es momento de plantearse la gran duda: ¿tiene solución? ¿La están buscando?

NBA All-Star Game

Se acabó el fin de semana del All Star en la NBA. Mientras el viejo continente celebraba copas nacionales, la mejor liga del planeta paraba por una semana para juntar a las mejores estrellas del país en Indianápolis. Tres días de fiesta, espectáculo, eventos y muy poca competitividad, especialmente en el partido del domingo. Uno que acabó con casi 400 puntos entre ambos equipos, tres faltas personales y 168 triples intentados, en lo que pareció cualquier cosa menos un partido de baloncesto entre los mejores jugadores del mundo. Sin defensa, sin intensidad, y cerrando un fin de semana que solo Steph Curry y Sabrina Ionescu han salvado del olvido eterno.

En verano se publicaba que Adam Silver y la liga habían hablado con los jugadores para mostrar una preocupación por la dirección que el All Star estaba tomando, preocupación que compartían los jugadores. Por meses se habló de recuperar un evento que por años fue la cúspide del baloncesto, con estrellas jugando por orgullo, ego o simplemente por esa necesidad de nunca perder. Incluso el propio Silver, la noche anterior, aseguró que se esperaba un buen partido. Apenas 24 horas después, ninguno de los jugadores involucrados puso esfuerzo mínimo para evitar un espectáculo digno del Circo del Sol y muy lejano al deporte como se conoce. La entrega del premio es un resumen de cómo Silver se sintió al acabar el partido. “Al Este, vosotros habéis metido más puntos. Bueno… felicidades”. Entregó el premio con la resignación de haber perdido esta batalla.

Y los jugadores son conscientes de que hace años que el All Star es más teatro que deporte. “Tenemos que hacer algo” decía LeBron James, quien apenas jugó 14 minutos. “Para los jugadores es divertido correr, pero somos demasiado competitivos para disfrutar un baloncesto así”. Sorprenden las declaraciones cuando Damian Lillard, MVP del partido, confesó que el plan de la conferencia Este al descanso era intentar anotar 200 puntos. Algo impensable en un partido de temporada regular y que ni se plantearía en playoff. Por muchos cambios que la liga implemente en el formato, va a depender siempre de la mentalidad de los jugadores en pista. Y algunos jóvenes, como Anthony Edwards, son realistas. “Nunca lo veré como algo competitivo. Lo vemos como un descanso, nadie quiere venir y competir” explicaba la estrella de los Timberwolves.

Porque mientras las estrellas de la liga son premiadas con un fin de semana de entrevistas, focos y un partido en una ciudad con pabellón NBA, los jugadores de rol tienen la oportunidad de irse de vacaciones una semana entero. El único descanso en temporada regular. Y es que otro punto importante es la salud de los jugadores. Varios nombres, especialmente los más veteranos, hablaron de la importancia de salir del fin de semana del All Star sin lesiones. “Los fans y la liga quieren que sea competitivo, pero como jugador tienes que pensar en no lesionarte” explicaba Anthony Davis. Por suerte, todavía no se ha llegado al punto de la NHL cuando los jugadores se borran por supuestas lesiones o la NFL, que se celebra la semana antes de la gran final y los participantes en el Super Bowl nunca acuden.

¿Tiene el All Star solución?

Se ha hablado de posibles premios para los jugadores, siendo el más habitual, el factor pista en unas finales para la conferencia que gane el All Star, algo que podría ser excesivo e incluso injusto. La lista de posibles premios o castigos para los involucrados va desde reducir el suelo hasta dejar de elegir a los jugadores que no se toman el partido en serio. Ninguna es realista y perdería la esencia de ser un honor para los mejores. ¿Hay una solución real al problema?

En las horas posteriores al partido, además de ofrecer mil alternativas al duelo entre Este y Oeste, con el clásico USA contra el resto del mundo como más popular, han salido sugerencias. En The Athletic, Sam Amick hablaba sobre la opción de pagarle al ganador. En el formato actual, un jugador elegido para el All Star se lleva $100,000 dólares si su equipo gana y $25,000 si pierde, cifra que no parece suficiente para forzar el interés. La mayoría de los invitados son estrellas cuyos salarios superan con facilidad los 20 o 30 millones, salvo jugadores en contrato rookie. Pero sirvió para incitar a los equipos a competir por el In-Season Tournament, con medio millón de premio para los ganadores. ¿Podría ser el dinero una solución?

Uno de los dichos más famosos en el vocabulario español declara que el dinero no compra la felicidad, y probablemente tampoco la intensidad. Porque si ni siquiera Nikola Jokic y Luka Doncic, dos de las personas con mayor gen competitivo, ven el All Star como un partido de baloncesto, nadie podrá cambiarlo. Eliminar el Elam Ending, el draft y volver al formato Este contra Oeste no evitará que siga siendo un concurso de triples sin defensa alguna. Y seguirá siendo lo que lleva transmitiendo durante la última década, el espectáculo prima al deporte, aunque eso no tiene por qué ser algo malo. “La sensación era que nos habíamos dejado llevar demasiado por el entretenimiento y tenemos que volver al baloncesto. Esto es sobre baloncesto” decía Silver. Pero en realidad no tanto.

La prueba más clara fue el sábado. El duelo entre Sabrina Ionescu y Steph Curry fue el evento más visto, por la expectación y las narrativas rodeando al concurso. Uno que se inventaron desde las oficinas de marketing de la liga con el único objetivo de vender el producto y que ha sido un éxito tan grande que será una sorpresa mayúscula que no se repita, incluso con más nombres. Más gente vio a Curry batir a Sabrina que el concurso de mates, triples o habilidades. 800,000 personas más para ser exactos, según cifras de TNT. O dos millones más que el año anterior, pese a que el concurso de mates de 2023 fue muchísimo mejor que el de esta temporada. ¿Por qué? Porque supieron vender el espectáculo, y por Steph Curry.

Es cierto que las audiencias del All Star Game en Estados Unidos en lo que va de siglo se han hundido, pasando de 10,8 millones en 2003 a menos de 4,7 millones el año pasado (a la espera de cifras oficiales de esta temporada), pero el producto que siguen vendiendo crece. Redes sociales, canales oficiales de la liga o incluso las televisiones con derechos oficiales de la liga pueden vender el All Star con jugadas espectaculares y al mismo tiempo generar horas de debate hablando sobre lo que estamos analizando ahora mismo. Prima el espectáculo por encima del deporte, pero la NBA sigue vendiendo el producto. Y sí, es un partido de baloncesto horrible para el espectador habitual de la liga, pero para ellos son los otros 82 y los playoffs. Para ellos es el deporte, no el espectáculo.