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El primer jugador con unas zapatillas con su nombre. La historia de Walt Frazier, por José Ajero

El primer jugador con unas zapatillas con su nombre. La historia de Walt Frazier, por José Ajero

75 años cumplió el pasado domingo la leyenda de la Gran Manzana, Walt Frazier. Un jugador único y singular. El primer gran atleta que dio el salto del parqué a las aceras. Sacando provecho de su pasión por la ropa y las manos rápidas que dirigieron los Knicks a su primer campeonato en 1970

Séptimo partido de las Finales de la NBA, Jerry West bota la pelota vestido del oro y púrpura angelino. Trata de pasar la bola de cancha, cuando aparece un cohete, de 25 años con el 10 a la espalda que le atosiga, hasta que el Logo pierde la bola y ‘The Clyde’ se la limpia. Corre solo hacia el aro de los Lakers… oh, fucking yeah, los Knicks iban a ser campeones por primera vez. Walt Frazier obró uno de los muchos milagros de esos días. No era aún el jugador franquicia, pero era uno de los favoritos de la grada y más, joder, después del último séptimo partido: “Willis Reed fue la inspiración, pero yo fui la devastación”.

‘The Clyde’, la puñetera leyenda de un tío que se ganó el respeto con sombreros y zapatillas. Le robaba la bola a West, el niño bueno blanco, imagen y semejanza de las dudas Superstar. Una zapatilla que cumple 30 años y que sí, también empezó siendo una zapa de basket. De hecho, la SuperStar y las Puma Suede -posteriormente las Clyde, también-, acabaron por dominar unas calles y una cultura neoyorquina que estalló allende los mares.

Pero vayamos por partes. El HipHop estaba naciendo como movimiento en las aceras de los barrios que dotan de identidad a la Gran Manzana. Una gran cultura atada al hormigón de las calles y que hizo relevante el medio urbano de vida. Los cantantes, MCs, DJs, los que hacían las bases con la boca, los que improvisaban; los que se retorcían con Break Dance y los que se bajaban a las cocheras a pintar vagones de metro iban en zapatillas.

Y las zapatillas ya no podían ser cualquier cosa. No. Empieza a sentirse un gusto por innovar y fardar. Por ser el primero y el más original. Se buscaban. Puma había llevado ventaja a muchos competidores. En un mundo dominado por las Converse Chuck Taylor fueron una colorida alternativa que se dejó ver al principio de los 70 por el Rucker Park.

Si las zapas fueron HipHop, en la misma media lo fue el basket. Los componentes urbanos se atraían y formaban parte de una subcultura negra, abierta para todos, y que se nutría de asfalto y bajos fondos. Las canchas callejeras eran el edén de la cultura.

Y también, los referentes negros. Joder, Frazier ya había sido campeón de los Knicks y se paseaba con el sombrero y abrigo de piel por las aceras de Manhattan. Reventaba portadas, telediarios… prensa de la Gran Manzana. Era la primera gran estrella que había saltado del parqué.

Puma lo vio rápido en dos años después de robarle las bolas de las manos a los Lakers, firmaba con la marca alemana algo jamás visto. Se iba a convertir en el primer jugador con unas zapas con su nombre. Sí, sí… de cualquiera. Antes que las Jordan, en las que detenemos nuestra cabeza y pensamos que son el año ‘Cero’ del calzado estuvieron las Puma Clyde, las Puma de Frazier.

Fue un baño de ego… y lo sigue siendo”, dice Frazier. Antes que MJ cambiara el juego; antes de los Bird y Magic partiendo piñas en French Lick… antes de que cualquier otro deporte aún supiera cuál era el cazado correcto, Frazier ya tenía zapas con su nombre.

Ese mismo año, los Knicks ganaban su segundo campeonato, en 1973, también a los Lakers de Wilt Chamberlain y de los angelinos forrados de Adidas. Puma dominaba, su jugador estrella, crecía y se ponía más historia a los pasos conjuntos de una ciudad, una cultura y un nombre.

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