La conquista del Reino del Medio: La historia de cómo la NBA entró en China
Esta es la historia de cómo la NBA llegó a uno de los mercados más grandes del mundo, China.
Era un 4 de octubre de 2019 y los dedos de Daryl Morey iban a incendiar la NBA, generando un conflicto internacional sin precedentes en sus más de 60 años de historia. En la era de las redes sociales, de la interconectividad global y de las reacciones, el por entonces general manager de los Houston Rockets haría despertar al dragón rojo a golpe de tweet. Aquel gesto evidenció que la libertad de expresión de todo miembro de la liga, desde un jugador hasta un ejecutivo, terminaba allí donde existía negocio. Y China era una auténtica veta de dinero, audiencia e ingresos para la competición comandada por Adam Silver.
Una asociación entre la NBA y China que despegó como un cohete a comienzos del siglo XXI con la venida del interminable gigante Ming Yao (en China el apellido va delante del nombre), quien convertiría la votación para el All-Star en una cuestión de Estado mientras sus rodillas se lo permitieron. La presencia de un jugador nacional de gran nivel en la competición de las tres siglas sirvió para completar un largo proceso de acercamiento entre las dos partes, iniciado una década atrás y que fue el gran sueño del desaparecido David Stern. Algo que haría pasar de 2.600 millones de dólares de beneficio en el año previo al desembarco de Yao a 3.600 millones en su última campaña de corto.
Todo ello para tocar techo con una audiencia alrededor de los 500 millones de televidentes en 2019 en el país asiático.
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Si bien el mítico Comisionado siempre anheló la expansión al otro lado del Atlántico y así conquistar el Viejo Continente, Dave era un político pragmático, de paso corto y mirada larga. De ahí que en cuanto le fue posible la NBA empezó a estrechar lazos con China.
La relación entre la competición y la República Popular de China se remonta a finales de la década 1979. Por medio de Deng Xiaoping, Líder Supremo del país, los Washington Bullets recibieron una invitación para acudir al país asiático a disputar una serie de partidos contra la selección nacional y los Bayi Rockets. Una interacción cultural sin precedentes en la NBA y que se daba en un contexto muy concreto de la Guerra Fría. No obstante, desde la Administración Ford se habían dado importantes pasos en la normalización de las relaciones entre Estados Unidos y China, mejorando notablemente durante el mandato de Jimmy Carter que incluyó una visita del propio Deng a Washington.
La llegada de los Bullets a China en 1979 fue todo un acontecimiento en el país, siendo tratados como auténticas estrellas en la segunda salida de una franquicia NBA fuera de Norte América tras el viaje a Tel Aviv del conjunto capitalino. Paralelamente, el agente y miembro clave del sindicato de jugadores, Larry Fleisher, había organizado viajes y exhibiciones con ciertos jugadores en Asia para incrementar los ingresos de sus representados y para la NBPA. Había relaciones, había interés de un país gigante, pero nada en firme.
No sería hasta 1984, con Stern en el trono, cuando se establecería un plan de expansión internacional como tal. En ocasiones de manera casi accidental, en otras, como fue el caso del gigante asiático, con una estrategia definida y pensando a futuro. Pese a esto, la decisión de salir de las propias fronteras estadounidenses fue más una respuesta a la profunda crisis de imagen, económica y de audiencia que experimentaba la NBA a comienzos de la década de 1980 más que el deseo de un grupo de ejecutivos. Si el mercado nacional estaba capitalizado por el football y el béisbol la clave pasaba por romper el tablero. “Puede que fuéramos la capital del universo del baloncesto, pero no éramos el centro”, reconocería Stern. “Me di cuenta de que la combinación del atractivo global de nuestro juego y el crecimiento de los mercados televisivos en todo el mundo significaba que los partidos de la NBA se iban a ver en todas partes”.
Así se llegó al vital año 1985. En medio de la gala anual del Hall Of Fame de Springfield Stern se reunió con un grupo de dignatarios chinos de la Federación china. El artífice de ese encuentro no era otro que Mou Zuoyun conocido como el padrino del baloncesto chino. Mou había formado parte de una de las múltiples comitivas organizadas por las YMCA en la primera mitad del siglo XX, acudiendo junto a otros estudiantes como Dong Shouyi, o Song Junfu para aprender el novedoso juego del baloncesto. Allí, Mou se convertiría en un académico del deporte, transportándolo a su país y formando parte de su selección en los Juegos Olímpicos de 1936 así como su entrenador durante múltiples años.
En aquella reunión con Mou Zouyun al frente, que Stern vio en principio como un trámite, este les hizo una invitación cortés que los chinos se tomaron al pie de la letra: «Espero algún día recibir a la Selección nacional china como invitados». Dicho y hecho. En apenas una semana el Gobierno chino ya había aceptado la invitación y se habían puesto manos a la obra. La liga sirvió de puente para conectar a los asiáticos con seis franquicias diferentes, entre ellas los Chicago Bulls de un joven Michael Jordan.
Bajo el patrocinio de Kaliber nacería el NBA-China Friendship Tour que incluiría una serie de entrenamientos, partidos e interacción cultural. Los 20.000 dólares que aquella bebida sin alcohol invirtió en ese pequeño tour podrían considerarse como una de las mejores apuestas de negocio de la historia de la liga.
Nadie, ni siquiera el propio Stern, era consciente de que ese pequeño gesto inocente convertiría años más tarde a su organización en un negocio de miles de millones.
El desembarco

El 24 de septiembre la comitiva china aterrizaba en Nueva York dirigiéndose directamente al día siguiente al gimnasio del Queens College. Allí les esperaba un intensivo training camp dirigido por Ed Badger y Bill Blair, técnicos con amplia experiencia que serían los responsables en el día a día. Mientras, al frente del programa la NBA puso a dos maestros como Red Auerbach y Pete Newell, que darían incluso algunos clínics. Si se iban a asentar las bases de una expansión a oriente, mejor hacerlo con caras reconocibles. El plan a seguir era muy sencillo. Los jugadores chinos entrenarían bajo la supervisión de una serie de técnicos de calibre NBA, visitarían los training camps de seis franquicias y disputarían finalmente un partido ante los Cleveland Cavaliers.
Badger, por entonces asistente en los Celtics, sería uno de los principales puntos de fricción por el lado estadounidense. De hecho, el técnico rechazó el encargo directo de la liga en primera instancia, algo que obligó a Stern a levantar el teléfono para que Auerbach interviniese. «Ni siquiera me gusta la comida china. Pero no puedes rechazar a Red», diría años después el protagonista.
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Como era de esperar, en el transcurso del viaje surgirían diferentes problemas, especialmente en aquellos relativos a la comunicación sobre la pista, suponiendo un quebradero de cabeza para Badger y algo menos para Blair por su experiencia en Austria. Finalmente terminarían por dar con su propio sistema a la hora de entenderse los unos a los otros, aprendiendo los jugadores de un baloncesto desconocido a todas luces para ellos, en especial en el caso de los más bajitos, en particular Lu Jinquing. Esa comitiva china incluiría a un altísimo interior de 2,18 de estatura que parecía haber llegado ahí por generación espontánea. Ni se movía bien ni tampoco entendía qué sucedía alrededor suyo. No hubo que esperar muchos años para que China fuese capaz de producir a Wang Zhizhi, su primera gran estrella en la liga.
El combinado chino jugó en los siguientes días contra Cavaliers, Knicks, Nets, Pacers, Bullets, 76ers y Bulls. No hubo marcador oficial pero la victoria cayó del lado de Chicago con un Jordan que tuvo las palabras adecuadas para ese momento.
“He jugado contra equipos de todo el mundo y nadie mueve el balón mejor que los chinos”, aseguró MJ. “Jugué contra ellos en los Juegos Olímpicos [1984] y puedo ver cuánto han mejorado desde entonces. Somos más habilidosos, pero ellos son menos egoístas”.
Más allá de la benevolencia del mito, probablemente la última vez que lo fue ante un rival inferior, la realidad es que el combinado chino estaba muy lejos del estándar NBA. “Probablemente eran un equipo decente de División I [NCAA], nada mejor que eso”, aseguraría Bill Blair. “Simplemente el nivel no era tan importante para ellos en ese momento. Nadie había ido a su país a enseñarles cómo era el baloncesto estadounidense”.
Las diferencias entre ambos mundos eran tan grandes que Badger tuvo que pedirle a George Karl, entrenador de los Cavs, que su equipo fuese clemente con ellos. Sin ir más lejos, en algunos partidos, Badger confeccionó dos equipos que jugaban de manera simultánea contra el rival. De tal modo que unos solo atacaban y otros solo defendían, limitando las opciones de ser avergonzados en cancha.
Finalmente la comitiva china emprendió su viaje de vuelta a casa, con la maleta llena de nuevas herramientas en lo técnico y táctico, alguna que otra factura de 200 dólares en McDonald’s y un buen sabor de boca para lo que estaba por venir.
La conquista de China
Era 1990 cuando David Stern asignó al primer trabajador de la NBA la tarea de poner rumbo a Asia con el objetivo de expandir la marca en el continente. Su nombre era Rob Levine y se estableció en un apartamento alquilado en Hong Kong, lugar que se convertiría en el centro de operaciones de la liga y desde donde esperaban poder dar el salto a la incipiente Japón, pero sobre todo a la República Popular de China. En muy poco tiempo dicha división crecería hasta partirse en función del mercado, dando lugar a NBA China, la cual menos de 20 años después ya contaba con más de 100 empleados.
El momento no fue casualidad. En noviembre de aquel año, tras décadas cerradas y previo proceso de reactivación, las bolsas de Shanghai y Shenzhen abrieron sus puertas. Una situación que facilitó la entrada de capital extranjero, sobre todo tras las reformas de Deng Xiaoping en 1992.
Para introducirse en el país asiático, el cual estaba empezando a crecer velozmente en su particular proceso de acumulación capitalista tras la dirección de Deng Xiaoping y el cambio a Jiang Zemin, la NBA replicó su modelo de éxito. En lugar de solo venderles los derechos televisivos, la liga replicó el programa Inside Stuff que sería presentado por David Wu, celebridad hongkonesa del momento. En origen, este fue un producto de élites, no de masas como terminaría siendo. Un factor importante a tener en cuenta dada la complejidad y heterogeneidad del país, pero que rápidamente evolucionaría conforme toda China aceleró social y económicamente hablando.
Levine afirmó que el factor más importante para lograr este éxito fue permitir que los aficionados chinos conocieran a los jugadores. Ayudó a crear un programa similar a «NBA Inside Stuff», el programa que presenta a los jugadores fuera de la cancha. Fue producido y presentado localmente por David Wu, reconocido por su participación en MTV Asia.
Un día de noviembre de 1990 un Mercedes azul aparcó en los aledaños de la sede de la CCTV, la cadena de televisión pública del país asiático. Flanqueado por soldados acostumbrados a recibir a mandatarios y figuras de gran entidad, de aquel sedán bajaría David Stern. ¿Su objetivo? Cerrar el acuerdo televisivo más importante de la historia de la NBA a nivel internacional.
Hasta ese momento, la NBA había penetrado en China a través de programas de highlights y, sobre todo, gracias al “contrabando” de cintas de vídeo de grandes partidos. Un hecho que había permitido la creación subterránea de una gran masa de aficionados de la cual la NBA, como reconocería Stern años después, no tenía constancia alguna.
En aquella reunión con los funcionarios de la CCTV, el ex comisionado de la liga ofreció un paquete de partidos a cambio de prácticamente nada, solo con el objetivo de poner el pie en un mercado con una masa inagotable de fans como era China.
Los viajes de Stern a China serían cada vez más habituales en la década de 1990, reuniéndose con altos funcionarios del PCCh para acercar posturas y llegar a acuerdos que allanarían el camino para la siguiente década.
La explosión de Michael Jordan y de los “Bueyes rojos”, como conocían en el país a los Bulls, ayudó a conformar una primera generación de aficionados. Caldo de cultivo ideal para la siguiente fase.
El fenómeno Yao
El Draft de 1987 vio en su tercera ronda cómo los Atlanta Hawks elegían al primer jugador nacido en China de toda la historia. Si bien Song Tao nunca llegaría siquiera a presentarse al training camp por una serie de graves lesiones, aquello fue una prueba tangible de que la NBA estaba mirando a Asia cada vez más de cerca.
Años más tarde, en 1994, gracias a los esfuerzos continuados de la NBA y Stern por asentarse en el país, las Finales se emitirían en directo. Un momento fundacional para dos de los jugadores que romperían definitivamente la barrera no mucho tiempo después: Wang Zhizhi y Ming Yao. En el ascenso de dos figuras tan cruciales tuvo mucho que ver la creación de la CBA, que echó a andar en el curso 1995-96, sirviendo como la principal y más exitosa liga doméstica hasta el momento en China. Un hecho fundamental que permitió abandonar el estado semiprofesional y que se encuadra dentro del contexto del VIII Plan Quinquenal (1991-1995), el cual puso el foco en el comercio exterior y la reforma de la estructura económica.
Wang sería la primera superestrella china, a la cual Nike daría un contrato en 1997, rompiendo completamente con lo establecido. Y es que hasta ese momento, la glorificación individual era considerada como contrarrevolucionaria en el país asiático. Dicha marca también sería la primera en echarle el lazo a Ming gracias a un giro del destino. Uno de los ejecutivos de la marca era su vecino y su padre había entrenado a la madre de Yao.
Ming llegó a odiar el baloncesto en edad adolescente. La razón no residía en que hubiera sido obligado a jugar por su altura, sino por los constantes dolores que sufría a consecuencia de su tamaño. Un caso más de un gigante cuya cabeza iba más rápido de lo que su cuerpo le permitía. Su educación le hizo ver el juego más como un trabajo que como un deporte, algo muy raro a esa edad en Occidente y no tanto en Oriente.
Poco a poco su nombre empezó a sonar con más fuerza al otro lado del Pacífico. Los viajes de Yao impulsados por Nike despertaron el interés de muchas franquicias, como los Blazers o los Rockets. Eso hizo que aumentase la presión para que el gigante se presentase al Draft de 1999 en unas negociaciones lideradas por Michael Coyne, abogado de una gran agencia de representación.
Es en este punto donde el caso Yao empezó a ser casi una cuestión de Estado. Ante el incipiente poder de Nike sobre su entorno, los cantos de sirena desde Estados Unidos y el propio auge interno del jugador hicieron que las estructuras institucionales empezaran a controlar y vigilar la situación. Fueron muchos los viajes que Bill Duffy, mítico agente e incansable perseguidor de Ming, tuvo que hacer a China para convencer a oficiales, funcionarios, entorno y familia para que el pívot incluyese su nombre en el Draft lo antes posible.
Sin embargo, hay una razón que explica la gran demora en la llegada de Ming Yao a la NBA: la candidatura de Pekín a los Juegos Olímpicos de 2008. Una vez que les fue garantizado el evento, el PCCh vio como una oportunidad de maximizar el alcance de dicho evento. Y ahí, el pívot tendría mucho que ver.
Finalmente entraría en el Draft de 2002, siendo elegido en el pick 1, consagrándose como el primer jugador no formado en Estados Unidos en ostentar dicho honor. Luego vendrían Andrea Bargnani, Victor Wembanyama y Zaccharie Risacher.
Pero su llegada sería incluso más compleja y es que como contrapartida, Ming tuvo que aceptar una serie de directrices de la Federación que incluían la prohibición de decir nada que pudiera dañar la dignidad de China, la obligación de contratar un agente chino que pasase un test y la cesión del 50% de sus ganancias al gobierno chino (30% a la Federación, 10% a la provincia de Shanghai y otro 10% al ministerio de deportes). Todo esto incumplía el convenio colectivo de la NBA y se desconoce si finalmente se produjo o no.
Del avance a la crisis geopolítica
“La situación en China me preocupa. Y una voz en casa [su mujer] me lo recuerda constantemente. Pero al fin y al cabo, tengo la responsabilidad ante los dueños de ganar dinero. Nunca lo olvidaré, independientemente de mis sentimientos personales”. Estas palabras, recogidas en un viaje a Europa en 2006 por Jack McCallum en Sports Illustrated reflejaba la dualidad existente al interno de la NBA en ese momento.
La liga, gracias a los acuerdos televisivos y al efecto de Ming Yao, estaba ingresando más dinero del que podían contar. La curva no avistaba su final. Pero el contraste entre la visión neoliberal estadounidense centrada en las libertades individuales y el foco en lo colectivo de la cultura china y su particular desarrollo del socialismo generaba una serie de contradicciones para la NBA difíciles de gestionar.
Tal era el desarrollo económico y las buenas relaciones con el “Reino del Medio” que en 2006 Stern dejó caer que estaba en desarrollo una nueva liga bajo el amparo de la NBA. Algo de lo que nunca más se supo pese a los esfuerzos por llevarla a cabo y el enorme potencial económico que tenía dicha empresa. Resistencias en la estructura política y una errónea creencia estadounidense de que por mera fuerza económica China se abriría al control extranjero de una liga doméstica pueden servir como explicación para que el proyecto no prosperase.
Las relaciones entre Pekín y Nueva York se mantuvieron en una senda continuista pero positiva en los años posteriores a los Juegos Olímpicos de 2008. La retirada de Yao no vino aparejada de una desaparición de su audiencia, pues emergieron figuras internas como Kobe, LeBron, Wade así como especialmente el fenómeno Jeremy Lin. El auge de los Rockets de Harden llevó al país a una nueva etapa que puso fin el fatídico tweet de Daryl Morey.
Aquel mensaje del GM de los Rockets desató una crisis geopolítica entre Estados Unidos y China a consecuencia de las tensiones en Hong Kong. Como relataría Gonzalo Vázquez en una pieza dedicada al suceso, las consecuencias de aquello puso a prueba la tan aclamada libertad de expresión estadounidense y la posición liberal de la liga a ese respecto.
China congeló las relaciones con la NBA durante años, asestando un severo golpe a las arcas de la competición que se juntaría además con la pausa por la crisis sanitaria de 2020. Un coste estimado de 400 millones de dólares por un tweet.
Tuvieron que pasar cinco años para que la liga retornase a China tras aquel olvidado Lakers contra Nets. Ocurriría el 11 de octubre de 2025, aterrizando en la ex colonia portuguesa de Macao entre Brooklyn y Phoenix.
Cuarenta años después del primer acercamiento real entre China y la NBA se ponía fin a una especie de guerra fría entre una de las mayores potencias económicas del mundo y la liga doméstica más global.
Una relación compleja, con momentos de acercamientos y distanciamientos, y que sirve para entender no sólo cómo ha evolucionado el negocio del deporte en casi medio siglo, sino también la complejidad cultural de una civilización como la china.
Spanish NCAA: Una nueva realidad (Nº 1.565 Enero 2026)
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