Por qué los Houston Rockets están desafiando a la NBA moderna: un ataque con un estilo que parecía olvidado
Un plan del pasado para construir uno de los mejores ataques de la NBA. Te explicamos cómo los Rockets desafían la NBA moderna
La mañana del 22 de junio no era una cualquiera. El mundo entero despertaba sabiendo que esa noche, en Oklahoma, se decidiría el campeón de la NBA del curso 2025. Que Thunder y Pacers se jugaban el primer título de su historia en un partido, el séptimo, que pondría el broche de oro a una temporada para el recuerdo. El planeta al completo tenía los ojos puestos en el Paycom Arena, el pabellón que iba a servir de campo de batalla una última vez. Todos menos Rafael Stone, general manager de los Houston Rockets. Mientras la NBA buscaba campeón para esta temporada, Stone miraba como ganar las siguientes.
Artículo publicado originalmente en la revista de diciembre de 2025 que puedes conseguir aquí
La mañana del 22 de junio, horas antes de ese séptimo partido, se filtraba en redes sociales el traspaso de Kevin Durant a Houston a cambio de Jalen Green, Dillon Brooks y varias rondas de draft. El movimiento, que se hizo oficial la primera semana de julio y que en su versión final involucró a siete franquicias, añadía a los Rockets la pieza definitiva. Uno de los mejores y más prolíferos anotadores de la historia del baloncesto. El arma faltante que podía convertir a un equipo élite en defensa pero modesto en ataque en una máquina perfecta en ambos lados de la pista. La misma noche que los Thunder soñaban con empezar su dinastía, Houston amenazaba con romperla.
De junio a diciembre. Se cumple un mes de temporada y Houston tiene el mejor ataque de la liga, por encima de los 122 puntos por 100 posesiones. Mientras Oklahoma brilla por su defensa, histórica a niveles nunca vistos desde la fusión entre ABA y NBA, los Rockets han apostado por dominar en el otro aro, con el balón en las manos. Pero en la era del triple, del spacing y los cinco hombres abiertos, en la era del small ball y tener cinco jugadores capaces de lanzar de tres, Houston ha decidido viajar al pasado con un plan tan sencillo como innovador en la actualidad. Uno primitivo, simplista, quizás hasta caduco con los playoffs en el horizonte: demoler al rival al rebote ofensivo.

La receta es fácil, si fallas, vuelve a intentarlo. Si tiras más que el rival, es muy probable que acabes ganando. De cada cinco tiros que Houston falla, dos acaban en manos de jugadores de rojo, la cifra más alta desde que la NBA calcula esa métrica. Ese 40.9 en el porcentaje de rebote ofensivo no es solo el registro más alto, es que ningún equipo de este siglo superaba el 35.3% de los Warriors de 2002 (algo que Portland también está haciendo este año). Son más altos, más fuertes y casi siempre tienen dos jugadores interiores puros en pista, pero hay intención detrás. Llegan a diciembre con siete jugadores promediando al menos uno por partido y cuatro de ellos por encima de los dos por noche. A otro nivel reside Steven Adams que baja más de cinco, liderando la liga con diferencia.
Hay más páginas en el plan ofensivo de Ime Udoka que han sido copiadas de décadas anteriores, no solo el jugar con dos interiores. Los Rockets son, otra vez, el equipo que menos tira desde el triple, pero con una anomalía: son el sorprendente líder en eficiencia en la larga distancia, con un 42%. Solo Amen Thompson, entre los jugadores con minutos asegurados, está por debajo del 36% con Tari Eason siendo el más efectivo de toda la NBA antes de caer lesionado. Su 50.9% es casi quince puntos porcentuales mejor que su máximo de carrera. No es el único que ha dado un paso adelante, con Reed Sheppard, Alperen Sengun, Josh Okogie, Aaron Holiday y Jabari Smith Jr. también en la cifra más alta de su vida deportiva.
Que sea o no sostenible es una de las incógnitas alrededor de estos Rockets, que el año pasado fueron uno de los diez peores equipos desde el triple. Lo sabían, eran conscientes de las limitaciones y por eso lo usan con moderación, pero mientras el triple siga entrando, bienvenidos será. Pero el plan, como a principios de los 2000, no llega tan lejos como el triple. Se queda un par de metros más cerca del aro.

Porque viven en la media distancia. En parte por la llegada de Kevin Durant, que altera la dieta de tiro de cualquier proyecto pese a estar teniendo su peor registro de lanzamiento efectivo desde 2011. Ha habido un proceso de adaptación en KD, que además ha tenido que ver como Udoka suspendía la propuesta de Thompson como base a las pocas semanas de arrancar el año, complicando todavía más el ajuste. Las llaves se las ha dado al verdadero generador de la plantilla, el turco Sengun. Con él en pista, un point center que genera mejor de espaldas al aro, descubrimos otro capítulo importante del libro ofensivo de los Rockets: el juego al poste. Otro esquema de partido donde Houston abusa, el segundo equipo que más veces postea, y el noveno que menos anota por posesión.
Y es ahí cuando uno entiende el plan. El rebote ofensivo no es una herramienta más, en todo caso no en primera instancia, sino una necesidad para remediar un ataque espeso, limitado. Un imperativo para eliminar las carencias que el ojo puede ver a simple vista y la analítica confirma.
Son el segundo equipo que más aclarados juega, pero el séptimo que menos puntos genera en ellos. El ataque, más allá de las segundas oportunidades y los triples, ni fluye ni arranca. Han eliminado el bloqueo y continuación, hasta cierto punto por la lesión de Fred VanVleet, pero también por la ausencia de capacidad para producir con ello. No hay dinamismo, no hay movimiento de balón. Son últimos en la competición en porcentaje de asistencias y uno de los cinco que menor cantidad de pases da por partido. Cada vez que un jugador de los Rockets recibe, amasa el balón más que cualquier otra franquicia y son el ataque que más tarda en lanzar a canasta en estático, casi 23 segundos.
¿Cómo pueden ser entonces la mejor ofensiva de la NBA? Primero, porque la fórmula del ratio ofensivo que elaboró Dean Oliver en 2004 beneficia a los equipos con altos porcentajes de rebote en ataque. Sucede con muchas herramientas matemáticas, que favorecen el juego interior. Y segundo, porque han trabajado muchos años en desarrollar una manera de hacer saltar la banca usando su afiliado de la G-League, los Rio Grande Valley Vipers. La liga de desarrollo no sirve únicamente para mejorar jugadores, impulsar entrenadores e implementar nuevas normas, sino también para probar sistemas de juego. Lo hizo Sergi Oliva en el conjunto de Portland el curso pasado, y Houston lleva un tiempo a la cabeza.
Por el banquillo, cuatro veces campeón y otras tres finalistas desde 2010, han pasado Nick Nurse o Chris Finch. Cuando Daryl Morey era jefe en Texas, RGVV fue el primer equipo en probar la fórmula de tirar únicamente triples y lanzamientos situados debajo del aro, conocido en el presente como Moreyball. Esa fórmula que tantos han replicado hasta llevar al éxito. En los últimos años, desde que Stone llegó a los despachos de Houston, lo que más han trabajado es en una idea de juego transferible a la NBA, al plan de Ime Udoka. Probar la factibilidad de un concepto, plantar la semilla de algo que acabarían replicando en el escenario más grande del planeta años más tarde.
El problema radica en la viabilidad del proyecto pensando en playoffs, si este sistema ofensivo puede permitir ganar partidos e incluso eliminatorias en mayo. Una vez se acaba la fase regular, las defensas ajustan y los puntos fáciles se acaban, tanto en transición como el rebote ofensivo, dos fuentes de anotación vitales para estos Rockets. Si bien durante la temporada regular los números deberían normalizarse, sobre todo el porcentaje en el triple, la lógica dicta que para playoffs la caída sea importante. Y un equipo con la plantilla que dispone Ime Udoka no se le valorará por el récord en abril, sino por devolver a Houston a unas finales, al menos, de conferencia.
La buena noticia es que sin haber una jugada ofensiva en estático en la que los Rockets tengan impacto positivo en primera instancia, siguen siendo elite en ataque. Que Kevin Durant parece humano pese promediar cerca de 25 puntos, y que solo puede ir a hacia arriba. Que todavía falta Dorian Finney-Smith por debutar esta temporada, y tienen varios lesionados. Que a la que mejore ligeramente el juego colectivo, el movimiento de balón, el ataque de Houston podrá brillar sin tener sacar del cajón y desempolvar el libreto ofensivo de Gregg Popovich de principio de siglo y volver a 2025. Aunque no es un mal espejo para Ime Udoka, alumno aventajado de los Spurs.
Fotografía: Getty Images/ Diseño Gigantes