El papel de John Paxson como sostén de Michael Jordan

El papel de John Paxson como sostén de Michael Jordan

Uno de los tiradores fiables en los que Jordan puso su confianza para establecer una dinastía con los Bulls fue Paxson

En la carrera de Michael Jordan, como se comprobó en el documental The Last Dance, hay muchos más jugadores que Scottie Pippen, a quien se reconoce como su segunda espada y uno de los artífices de su éxito, que ejercieron un poder e influencia en el neoyorquino para convertirse en el mejor del mundo. Uno de ellos fue John Paxson.

En los 80 Jordan ya era un jugador dominador. Después de algunos intentos en la Conferencia Este, que controlaban los Celtics y los Pistons hasta que M.J. cambió físicamente para adaptarse a la dureza con la que le trataban (sobre todo, los de Detroit), pudo ganar la NBA e incluso establecer una dinastía. Dos tripletes en los Bulls de los que John Paxson, y no sólo en el primero, fue una clave importante. Jordan supo conceder más protagonismo a algunos de sus compañeros, siendo John Paxson uno de ellos, y respondieron de tal forma que ensalzaron todavía más el papel de superestrella de ‘Air’, que se alzó con seis campeonatos en unos años 90 donde casi sólo existió él.

Paxson es dos años mayor que Jordan y entró sólo uno antes que él a la mejor liga del mundo. Paxson, que incluso superó estadísticamente a Jordan en la universidad en la temporada 1981/82 (aunque el ’23’ ganó la NCAA justo ese año), llegó a la NBA en 1983; Jordan, en 1984. El base de Dayton entró gracias a San Antonio Spurs, en la era pre-Popovich, pero sólo estuvo dos años. Desde 1985, en los Bulls. Pudo participar del movimiento de moldeamiento de la mayor estrella de la historia del básquet.

Tras un buen comienzo, durante dos temporadas tuvo que pelear mucho el puesto con Sam Vincent. Pero cuando mejor empezaron a jugar los Bulls fue con él en el puesto de mando y Jordan empezando a jugar más colectivamente, apoyándose en las virtudes de sus compañeros para derribar a sus rivales. La de Paxson era, como luego ocurriría con otro perfil parecido como el de Steve Kerr, el tiro exterior. Para todo lo que manejaba Jordan el balón lo que necesitaba de un base era corrección, sobre todo cuando él no estaba en la cancha, y buen tiro desde fuera del arco para resolver los embrollos en los que toda megaestrella se mete alguna vez en algún partido.

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En los tres años del primer three-peat, 1991, 1992 y 1993, se notó la presencia de Paxson como generador de puntos gracias al triple para descongestionar los ataques, que ya de por sí en aquella época no eran ni mucho menos tan alegres como los que se ven tras la revolución -valga la redundancia- del triple. Si en el primero de esos años su relevancia fue poca porque se centró en otras tareas (metió 8,2 puntos de media, la mejor para él en aquellos tiempos), en los dos siguientes fue totalmente imprescindible: 44,4% de acierto en 1992 y 62,5% de acierto en 1993. Su volumen de tiros fue en aumento conforme se veía acertado y Jordan, entre otros compañeros, confiaba en él para jugarse los balones importantes. Tanto fue así que su tiro más icónico, el triple para ganar a los Suns el sexto partido del 93, entró en la historia como uno de los lanzamientos en caliente más importantes de la NBA.

La carrera de Paxson como jugador se acabó en 1994, con Jordan retirado por primera vez para intentarlo en el béisbol. Ambos construyeron una gran amistad. Prueba de ello fue lo que ocurrió cuando Jordan volvió tras su segunda retirada: se lo quiso llevar a los Wizards como entrenador-jefe, un ofrecimiento que Paxson declinó porque se sentía mucho más a gusto en su posición de comentarista de los encuentros de los Bulls.

Ahora ejerce de consultor de la franquicia tras una etapa ruinosa primero como mánager general y luego como vicepresidente de operaciones de baloncesto. Su dúo con Gar Forman ha sido uno de los más nocivos en cualquier oficina de la NBA, pero ya ha abandonado su posición de poder para simplemente centrarse en aconsejar.