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Kemba Walker, la leyenda del caballero oscuro de Charlotte

Kemba Walker, la leyenda del caballero oscuro de Charlotte

El base de los Hornets es uno de los jugadores de moda en la NBA, algo que se ha ganado tras ocho temporadas llamando a la puerta de los mejores con insistencia

“Porque es el héroe que Charlotte se merece, pero no el que necesita ahora. Así que lo perseguiremos porque él puede resistirlo. Porque no es un héroe. Es un guardián silencioso, un protector vigilante. Un caballero oscuro. El caballero de la noche” (La vida de Kemba versión El Caballero Oscuro)

La misma sonrisa sincera, la misma hambre y el mismo saber estar de siempre. Del Bronx a la NBA sin perderse por el camino. Siempre ha sido Kemba, nada más. Un chico de barrio con la cabeza amueblada gracias a unos padres que le inculcaron los valores que le acompañan en cada viaje de avión, en cada contrato, en cada autógrafo, en cada instante de fama. Kemba Walker es él mismo.

Su biografía la pueden encontrar en Wikipedia, pues se ha ganado el derecho a estar presente en la madre de todas las fuentes, así que vamos con un repaso rápido por sus momentos más importantes antes del salto a la NBA. Intentaré no contar nada que puedan averiguar con un simple click de su ratón. Por lo menos que sean dos.

El Bronx no es un barrio más. Polémico, complicado y con carácter, el Bronx se ha ganado cierto prestigio en Nueva York, Estados Unidos e, incluso, en todo el planeta Tierra. Millones de personas conocen de su existencia y de su fama, pero son solo unos pocos los que pasan su infancia correteando por esas calles viejas y marcadas con grafitis. Kemba fue uno de ellos.

Sus padres vivían en una pequeña casa del Bronx cuando Kemba vino al mundo, y en ese rincón de la ciudad que nunca duerme, el pequeño base comenzó a dominar la pelota naranja con la misma destreza con la que un herrero maneja la fragua. En las pistas situadas detrás del edificio en que vivía (Sack-Wern), Kemba aprendió a ganar.

Kemba Walker dejando una bandeja ante Butler en la final de la NCAA 2011

Su habilidad era popular en algunas de las canchas más emblemáticas del barrio, y su nombre, poco a poco, dejó de ser una incógnita. Muchos de sus vecinos ya sabían de su existencia, o al menos tenían vagas referencias. Kemba se estaba ganando una reputación, y años más tarde conseguiría demostrar a todos que no sería un chico más que juega, vive y muere en la calle, Kemba sería una estrella de la NBA.

Lo primero para Kemba, antes de dar el salto a la mejor liga del mundo, era acabar sus estudios tal y como prometió a sus padres. La carrera de Sociología y la gloria eterna de los Huskies en tres años. Productividad al máximo en su etapa en la universidad de UConn. Un campeonato de la NCAA y a vivir del baloncesto en la mejor liga del mundo. Número 9 del Draft en 2011. El fin de un cuento, el principio de una leyenda.

Kemba Walker, visiblemente emocionado, tras ser elegido en el Draft de la NBA 2011

“Michael Jordan me ha brindado una gran oportunidad, así que solo voy a entrar con una gran actitud, respetar a todos y tratar de hacer todo lo posible para que este equipo llegue a los playoffs”, decía Kemba tras conocer que su destino sería Charlotte. Se vestiría con la camiseta de los Hornets, la franquicia propiedad del 23. Apenas presión tener al más grande pagando tus facturas, revisando cada movimiento de tus zapatillas dentro y fuera de la cancha.

Desde aquel momento, el exterior de 185 centímetros criado en Soundview se propuso seguir sin pausa, sin dejar de entrenar y mejorar cada día. Sacar su mejor versión y demostrar a todos que, callado y entre las sombras, su presencia en la NBA cambiaría el juego de los suyos, cambiaría la vida en Charlotte.

Adaptarse a una nueva ciudad, a un nuevo entorno, nunca es fácil, y más cuando la situación del mismo no es la perfecta para un ilusionado joven neoyorquino. Los Hornets habían apostado fuerte por Kemba. Querían un Mesías, un Moisés que les sacase del desierto y les llevase a la tierra prometida, algo que Kemba ha luchado por conseguir desde su llegada.

Kemba Walker en la presentación de un partido

Temporada tras temporada, Kemba ha ido caminando en la oscuridad, sin hacer ruido ni pretender salir en las portadas, pero mejorando y salvando a su equipo de la barbarie. Charlotte vive tiempos complicados, tiempos de profundo abismo que ven cierta luz gracias al director de su orquesta. Kemba les cuida y les salva de la nada. Se sacrifica por ellos, sin pedir nada a cambio, sin obtener recompensa. No tienen ni han tenido equipo para pelear por un anillo, pero al menos tienen a Kemba, lo que pasa es que no es lo que necesitan. No, no necesitan a un jugador llamado a ganar la NBA en este momento de su historia, y es que lo de Walker es un caso aparte.

Infravalorado toda su carrera, ha conseguido poner a los de Charlotte en el mapa con sus números e, incluso, en la presente campaña, hacerse un hueco entre los mejores jugadores de la NBA con sus actuaciones extraordinarias. 60 puntos fue capaz de anotar ante los 76ers de Philadelphia, una anotación a la altura de nombres como LeBron James, Kobe Bryant, Shaquille O’Neal, Tracy McGrady o Allen Iverson (el único jugador, junto a Kemba, que ha llegado a esta cifra con 185 centímetros o menos de estatura). Por si fuera poco, dos días después, se fue hasta los 43 puntos ante los Boston Celtics. Desencadenado, como Django.

Con todo ello, Mr. Underdog, como le bautizó mi compañero Antonio Gil en la revista del mes de diciembre, no ha podido evitar que se le reconozca todo el talento que posee. 26 puntos, 6.1 asistencias, 4.3 rebotes y 1.3 robos por partido en los 24 que ha disputado hasta la fecha esta temporada, demuestran con datos su momento de forma, un momento de forma que vive su pico en la estadística, pero no en su juego, pues sus habilidades siempre estuvieron ahí aunque fueran sigilosas como el mejor de los ladrones. Las críticas le han caído de golpe en ciertos momentos de su carrera, pero él, en silencio y con la mente en el baloncesto, aguantó el chaparrón para no ceder ante los haters.

Charlotte le ha retenido en su plantilla desde su llegada, y ya hace 7 años de aquello, pero no han sabido ver en Kemba al jugador que es. Muchos de los suyos no han sabido ver la suerte que tienen al tenerle cerca velando por sus victorias. El mismo Michael Jordan no le ha dado el trato que merece, llegando a considerar su traspaso hace apenas 10 meses.

Además, Kemba es solo el sexto mejor pagado de la franquicia, algo incomprensible, y es que si haces algo bien, nunca lo hagas ‘gratis’. Teniendo en cuenta que es agente libre al final de la temporada, Kemba podría reclamar un contrato de 9 cifras a Charlotte o a cualquier ciudad que quiera todo su talento. Pretendientes no le faltarán, empezando por su ciudad (Nueva York), pero Kemba lo tiene claro, quiere ser un Hornet por siempre. “No puedo verme con una camiseta de los Knicks, quiero ganar con los Hornets”, decía el pequeño base en este pasado verano a Don Amore (Hartford Courant).

Kemba Walker

Kemba no es la estrella que todos los niños sueñan con conocer, ni tampoco el jugador franquicia que atrae cientos de millones en publicidad, pero lo que sí es, aunque algunos hayan tardado 8 temporadas en darse cuenta, es un base preparado para competir contra cualquiera y salir vencedor. El rey de un mundo oscuro, el caballero de las sombras y de la noche, el héroe que merece Charlotte cuando pueda aspirar a ganar un anillo, algo que todavía no entra en sus posibilidades.

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