Mike Conley saca partido a su lujosa cancha y se lleva el torneo de H.O.R.S.E.

Mike Conley saca partido a su lujosa cancha y se lleva el torneo de H.O.R.S.E.

Zach LaVine no pudo derrotarle en la final de un torneo de H.O.R.S.E. con el que la NBA ha querido entretener a los fans durante el confinamiento

Siempre hubo clases y el privilegio de tener una cancha cubierta en casa fue la clave de la victoria de Mike Conley sobre Zach LaVine en la primera edición del torneo de H.O.R.S.E. que la NBA ha organizado con motivo del confinamiento que se vive en Estados Unidos por culpa de la pandemia mundial de coronavirus. El base derrotó en cuartos a Tamika Catchings, ex jugadora de la WNBA, en semifinales a Chauncey Billups, y posteriormente se acabó coronando en un campeonato con mucha desigualdad en instalaciones.

Zach LaVine no pudo sacar todo su arsenal de trucos en el duelo por el título contra Mike Conley debido a la inoportuna aparición de la lluvia en su casa, afectando seriamente al agarre de la cancha al aire libre en la que jugaba el escolta de los Chicago Bulls. Aunque las normas de este torneo de H.O.R.S.E. prohibían la ejecución de mates, LaVine tiró de potencia física para imponerse a Alli Quigley, jugadora de la WNBA de los Chicago Sky, con todo un repertorio de movimientos que rozaban la legalidad, pero en los que nunca se colgaba del aro. El ejemplo más claro fue la acción con la que derrotó definitivamente a su rival, lanzando el balón contra el tablero, recogiéndolo en el aire a una mano, pasándolo entre las piernas y lanzando antes de tocar el suelo.

La cancha cubierta que tiene Mike Conley en su residencia de Ohio acabó siendo su mejor aliado contra el poderío físico de una Zach LaVine que se interesó más por su integridad física que por el título. Además, Conley mostró al mundo que tiene un doctorado en lanzamientos a canasta con dos manos y una imaginación que hacen pensar que no era la primera vez que se tomaba en serio una competición de este estilo, con la que la NBA y el canal ESPN han entretenido a los fans durante un extraño periodo sin baloncesto.