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‘No eres tú, soy yo, Carmelo’, por Jose Ajero

‘No eres tú, soy yo, Carmelo’, por Jose Ajero

Frase de posteridad. De broma o en serio. Adiós, buena suerte. Good Luck, Good bye. La madurez de una fase, un algo que click, o una repentina sensación de pérdida de tiempo inevitable.

Ahora, los mensajes complicados para el alma aparecen en el whatsapp, entre vídeos de hostias y pornografía. Pero siempre hay alguien con corazón de algodón de azúcar que trastoca tu flujo continuo de barbaridad en el grupo de colegas.

El último que vagamente recuerdo hablaba de la necesidad de vivir cada día como el último. Más no. Una reflexión vital, recurrente y evidente que solo hacen los valientes referentes del celuloide, o Netflix.

Así veo la opción y momento en New York. Melo ya no vale. De verdad. Mi jugador, mi defensa a muerte en 140 caracteres. Vuestro caprichito cuando le veíais en 40 minutos y solo tres pasos. Una oda de talento que se resbaló en la transición a la ciudad que no duerme.

Atraído por las mismas cosas que sus notables colegas, Wade, LeBron y Chris Paul, trató de buscar su hueco. Los anillos fueron para los dos primeros y para el último, Hollywood. Entendió que en el basket no iba a ser trascendente sin joyería y su vida no es para estar tras la cortina.

Se hizo experto en sombreros e invirtió una pasta en tiendas y diseñadores. Un emprendedor, loco por meter sus dólares con cabeza en algún proyecto. Abrió su despacho en el SoHo, sin saber para qué o para quién. Vacío sin actividad, daba vueltas a su papel lejos del parqué. Y ahí, se fugó el amor por el basket. Con el calzador de los malos resultados y las malas decisiones por encima de su cabeza.

Phil Jackson vino para reconstruir en él y por el camino, ha de ser su liquidador. En serio. El vestuario crece alrededor del unicornio con acento andaluz, Kristaps Porzingis. Llegan sus colegas, forma un bloque y ocupa el Garden, ante la salida paulatina de Carmelo de la vida de líder.

Knicks y Melo han llegado a su fin. Ninguno le beneficia al otro. Ni la clase de uno, ni el hastío de perder. Anthony sigue siendo estrella, porque los tipos a los que pagas por ver, en tiempo o en dinero, lo son. Y es uno de mis amores, como Marbury, Randolph, Crawford. Amores de primavera, que salieron porque la Gran Manzana tiene los poderes de Elsa en Frozen, y si te toca la patata, mueres.

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