¿Por dónde pasa el futuro de los Mavs? Contexto, análisis y alternativas, por Andrés Monje

¿Por dónde pasa el futuro de los Mavs? Contexto, análisis y alternativas, por Andrés Monje

Por segundo año consecutivo, los Mavs han caído eliminados a las primeras de cambio en los Playoffs. Ambas ocasiones, además, ante Los Angeles Clippers, a los que llevaron a seis partidos en 2020 y a siete en 2021.

Luka Doncic ha acabado promediando 35.7 puntos, 7.9 rebotes y 10.3 asistencias en la eliminatoria, con porcentajes del 49% en tiros de campo y del 40.8% en triples (anotando 4.4 tiros de tres por duelo). Sin embargo, la monstruosa serie del esloveno no ha sido suficiente para unos Mavs que afrontan un verano de decisiones vitales para el proyecto.

¿Doncic? Sí, gracias

Antes de arrancar, se acompaña la imagen de las cuentas salariales de los Mavs. Tanto las de este curso como las de los dos siguientes. Será de utilidad tenerlas en cuenta:

Fuente: Basketball Insiders

  • Salario garantizado
  • Opción de contrato a ejecutar por el jugador
  • Opción de contrato a ejecutar por la franquicia
  • Contrato pendiente de ser garantizado

Dicho eso. Hay una decisión que es solo cuestión de tiempo: la extensión de Doncic. Una de las grandes ventajas del proyecto es, por supuesto, contar con él, ya superestrella en la Liga. Lo más difícil para una franquicia es encontrar un jugador de superélite, más aún si apunta a generacional. Dallas lo tiene. Y, además, su contrato de cara a las nóminas computa aún en su ciclo de novato. Doncic apenas rebasará los 10 millones de dólares de salario el próximo curso cuando, a todas luces, su valor deportivo ya está más de tres veces por encima del mismo.

Pero eso acabará pronto. El periodista Bobby Marks recordaba, certero, que Dallas podrá ofrecer una extensión de cinco años al esloveno, que cumplirá los criterios deportivos necesarios para firmar un contrato máximo que ascienda al 30% del volumen del límite salarial. Esa extensión (que rebasaría los 200 millones totales) comenzaría a computar a partir de la campaña 2022-23 (es decir, no la que viene… sino la siguiente) y elevaría el salario del esloveno por encima de los 34 millones ya para ese curso… pero es una decisión irrenunciable para Dallas. Y tiene como consecuencia que esa ventana de espacio salarial que permite tener a Doncic con un contrato por debajo de su valor… presenta próxima caducidad.

¿Espacio salarial de Mavs? El dilema Hardaway

Tim Hardaway Jr llegó a Dallas como parte del traspaso que acabó con Kristaps Porzingis –después se hablará de él- en Texas pero su rendimiento ha terminado provocando que haya sido él quien, en buena medida, ha ejercido como principal escudero de Dallas en el sistema. Hardaway, que ha percibido 19 millones esta campaña, es agente libre en verano y su futuro condiciona enormemente el espacio salarial disponible para poder firmar otros agentes libres en el mercado. La duda es, de hecho, más que razonable: ¿puede Dallas firmar un secundario en este mercado que ofrezca más de lo que ya ha estado demostrando Hardaway?

El exterior, que ha promediado más de 16 puntos por partido con un 39% de acierto en triples en fase regular y se quedó en 17 tantos por noche en la fase final (con un 40% en tiros de tres), aspira a un contrato multianual de unas cifras similares a las actuales. Pero el dilema para Dallas es significativo.

Los Mavs podrían crear un máximo de 35 millones de dólares en espacio salarial, con el que podrían firmar agentes libres, pero para ello deberían renunciar a Hardaway, la ‘opción de equipo’ de Willie Cauley-Stein y esperar que Josh Richardson rechazase su opción para continuar un año más por 11 millones (si la ejecutase, para crear ese espacio tendrían que traspasarle). A la franquicia no le faltará capacidad de atracción estando Doncic a bordo, pero no está del todo claro que esa otra estrella que parecen necesitar pueda recalar este verano.

De hecho puede ser difícil que Dallas renuncie a Hardaway… y un contrato en cifras de 20 millones anuales para él limitaría mucho las operaciones, sobre todo porque hay otros compromisos a afrontar. Pero existe la posibilidad y, desde luego, de afrontar un movimiento agresivo en la Gerencia, el verano apropiado es este. Recordemos que la extensión de Doncic comenzaría a contar el próximo verano.

Los casos de Brunson y Finney-Smith

El de Jalen Brunson es un contrato muy por debajo de su valor deportivo. Pero por poco tiempo. Dallas confirmará su contrato (inferior a 2 millones) para el próximo año, pero en caso de no acordar una extensión el jugador podría salir libre el siguiente verano (2022). Esto hace que los Mavs necesiten estudiar su situación. Podrían ofrecerle un máximo de 55 millones en 4 años, en extensión de contrato que comenzase a computar el curso posterior (a partir de 2022-23). Viendo su rendimiento, progresión y necesidades colectivas (después hablaremos de ellas), Brunson es una pieza muy valiosa como complemento.

En situación similar se encuentra Dorian Finney-Smith, uno de los secundarios que más equilibrio da a la estructura. No solo por su valor defensivo, versatilidad y ayuda en el rebote, sino porque año a año ha ido mejorando su consistencia en el tiro exterior. Su 39% de acierto al triple esta campaña es un gran dato, conociendo su rendimiento en otras áreas. Finney-Smith percibirá 4 millones la próxima campaña pero quedaría libre la siguiente (verano de 2022). Dallas necesita igualmente analizar su extensión de contrato.

Ambos son jugadores infrapagados en Dallas. Y sus casos pueden marcar las cuentas.

¿Y Porzingis?

Reconócelo, estabas deseando llegar a este nombre. Pero era necesario aclarar cierto contexto antes. Porzingis es el punto más indescifrable del futuro de los Mavs. El letón llegó a Dallas para ser el colíder del proyecto junto a Doncic pero la realidad ha cambiado cruelmente el escenario. Mientras el esloveno ha ido muy por encima de la velocidad del proyecto, Porzingis ha agudizado ciertas dudas que marcan el futuro.

Porzingis ha jugado solo 43 partidos este curso (sobre 72 posibles) y, pese a que sus números en fase regular han sido buenos (20 puntos y 9 rebotes de media, con 37% de acierto en triples), la fase final ha hecho descender su rol, quedando señalado.

Su historial de lesiones es preocupante y su techo deportivo poco común, solo alcanzado puntualmente. La química en pista con Doncic ha vivido épocas mejores -digámoslo así- y aunque su papel como interior que abre la pista (y por tanto genera ventajas con esa amenaza de tiro) es valioso, no está a la altura de los 100 millones de dólares que le restan por cobrar en los próximos tres años (el último de ellos, en el verano de 2023, podría renunciar a 36 millones para ser agente libre).

Porzingis fue una gran apuesta (deportiva y económica) de Dallas y, como tal, las opciones son básicamente dos:

  • Seguir apostando por él y tratar de encontrar su rendimiento pleno en la estructura, dado que su potencial, con 25 años, sigue siendo potente. Necesita consistencia y un papel adecuado en el que pueda explotar sus cualidades.
  • Buscarle una salida a cambio de otros jugadores -posiblemente un pack de complementos- cuyo rol pueda ser mejor aprovechado, desde un punto de vista salario-rendimiento.

Traspasar a Porzingis no es sencillo. Primero porque mover contratos de tanto volumen suele requerir otros grandes contratos a cambio (y cada uno tiene su letra pequeña) y segundo porque el punto actual del letón no favorece el escenario. Su valor deportivo puede interesar a diversas franquicias pero su salario y el historial médico llevarían a hacerlo con el freno de mano echado. Dallas puede aspirar a encontrar un pack con varios complementos que poder aprovechar por él, pero no está claro que pueda producirse.

La situación también depende, lógicamente, del interés de Porzingis. El letón ya quiso en su día salir de Nueva York, descontento con su situación. Está por ver si desea continuar en Dallas y bajo qué contexto deportivo. Porque aunque haya aceptado un rol muy menor en Playoffs, a medio plazo es más que posible que no mantuviese esa posición y quiera más protagonismo. Ambas partes posiblemente deban sentarse y llegar a una solución.

¿Y en cancha, qué necesitan los Mavs?

Pese a que el ascenso a la superélite de Doncic haya sido casi inmediato, el proyecto de los Mavs no ha transcurrido a esa velocidad. Eso ha provocado, en realidad, un escenario cruel para ambas partes: Doncic ha ido muy delante del momento competitivo de lo que le rodeaba y, a la vez, los Mavs han podido sentir frustración por tener éxito en fase regular pero comprobar que se han quedado cortos en la fase final.

En el fondo es normal, Doncic ha llegado a ser demasiado bueno… demasiado pronto. Y Dallas, a nivel de recursos, ha tenido un techo de cristal llegados los Playoffs, mucho más jugando ante una plantilla mucho más armada como la de los Clippers. Un dato muy revelador de la eliminatoria entre ambos ha sido que, con Kawhi Leonard y Luka Doncic en cancha, Dallas ha ganado los parciales. Pero cuando Doncic no ha estado y Leonard sí, el atropello ha sido absoluto. Dallas ha sido un buen equipo de fase regular comandado por un monstruo ofensivo capaz de absorber un volumen elevadísimo de juego y resolverlo con enorme productividad, pero a nivel de piezas y recursos, era un equipo en estos momentos muy limitado como para aspirar a algo más.

Es por ello que la situación del técnico Rick Carlisle, ya de hecho defendido por Mark Cuban al término de la serie, parece no estar en problemas. No es ya que Carlisle sea un icono en la franquicia sino que en realidad, más allá de aspectos mejorables a cualquier nivel (siempre los hay), Dallas no era un equipo diseñado para vencer en una serie a siete partidos a un conjunto como los Clippers. Por ello no puede hablarse ni mucho menos de fracaso.

Eso sí, desde un punto de vista deportivo Dallas, como equipo construido alrededor del esloveno, tiene varias necesidades.

Una de ellas, quizás la esencial, es la presencia de un segundo generador de juego que pueda absorber volumen ofensivo, descargar a Doncic y a la vez coexistir con él. Doncic ha solido llegar fundido a finales de partido, un escenario que deja una lectura individual (debe mejorar su forma física para corregirlo) y otra colectiva (ha tenido muy poca ayuda a la hora de crear ventajas a media pista).

En el baloncesto actual es imprescindible contar con varios jugadores capaces de tomar decisiones desde el bote y Dallas, exceptuando tramos de curso de Brunson, no los ha tenido. Eso ha dejado todo el pastel en manos del esloveno. Y por muy bueno que este haya sido (que lo ha sido), ante la máxima élite resulta insuficiente. La fórmula Brunson-Doncic funcionó bien en fase regular (+7 de net rating para Dallas con ambos en cancha), pero ha sido empleada solo 59 minutos en la eliminatoria ante los Clippers y con resultados muy pobres (-15 de net rating). En el escenario actual, Brunson es la única salida de contar con dos manejadores. Pero Dallas puede requerir de otro de más entidad para acompañar a Doncic.

Una segunda necesidad es la presencia de tiradores que contribuyan a crear un espacio ofensivo mucho mejor. Dallas ha sido el sexto equipo que más volumen de triples ha intentado este curso en la NBA, pero ha estado por debajo de la media en acierto. Pese a que las cifras en Playoffs de los secundarios han sido buenas (Hardaway, Finney-Smith, Brunson y Kleber han alcanzado o superado el 40%), los Mavs necesitan más especialistas que castiguen la ayuda ante Doncic. Abrir la pista es un imperativo cuando tienes un jugador que gana tan fácilmente la pintura como el esloveno.

Otro aspecto importante se encuentra en la pintura. En un contexto ideal, Porzingis sería el cinco de los Mavs, facilitando un excelente espacio ofensivo y una muy buena protección de aro. En el actual, Porzingis ha necesitado cierta protección defensiva en la zona (jugar junto a otro pívot que hiciese más trabajo sucio) y no puede garantizar en solitario el rebote defensivo. Maxi Kleber es un recurso útil, con un contrato aceptable (8 millones al año), pero el Dwight Powell post-lesión ha perdido efectividad. Su potencia en el juego 2×2 ha disminuido y, puesto que nunca ha sido un gran defensor interior, su contrato (11 millones anuales) pesa más de la cuenta.

Dallas necesita un especialista defensivo y en el rebote que pueda ser móvil –o medianamente móvil, al menos-. Un jugador de un perfil más rocoso, físico y que pueda producir ventajas en bloqueos, una herramienta que un genio del juego 2×2 y la penetración como Doncic podría derivar en enormes réditos.

Un cuarto escenario clave se presenta en la rotación. De nuevo, lo ideal es contar con alternativas en la creación ofensiva desde el bote, una circunstancia que te permita mantener al menos dos jugadores en pista que puedan generar ventajas por sí mismos y para el resto. Josh Richardson, que bien podría haber sido generador secundario, ha tenido un curso decepcionante; y Trey Burke no ha alcanzado consistencia como microondas que cambiase el ritmo de los partidos. Los Mavs necesitan ese elemento desde el banco o, en caso de que pudiera ser Brunson, la necesaria alternativa en el cinco inicial.

Muchas situaciones por resolver dentro de un curso convulso en Dallas, marcado por los problemas de disponibilidad de jugadores en un tramo de la campaña, la alternancia de noticias positivas (Hardaway, Brunson) con decepciones (Richardson, el Porzingis de Playoffs) y, sobre todo, el afianzamiento de Doncic como uno de los jugadores más importantes de esta era.

Ese es, en el fondo, el punto más importante sobre el que construir. Y desde luego el más ilusionante. Pero Dallas afronta, sin poder mirar hacia otro sitio, un verano plagado de decisiones importantes que pueden marcar su medio plazo.

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