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Redemption Song, por Jose Ajero

Redemption Song, por Jose Ajero

El himno de Bob Marley. Universal. Una canción protesta contra el peso de nuestras cabezas. No el físico, el otro. El que pone piedras, las quitas y las vuelve a colocar para tropezar.

‘Solo nosotros podemos liberarnos’, canta Marley en la parte caliente de su himno. Hace tiempo que la USA Basketball ideó un principio de acuerdo con LeBron James, Carmelo Anthony, Dwyane Wade y Chris Paul un esqueleto de redención contra las caídas en los eventos internacionales. Bryan Colangelo y Coach K eran los ideólogos, y el nuevo grupo de estrellas, los redentores.

La primera aventura se llamo eso, ‘Redeem Team’. Desde el 1992 hasta el 2008, ningún otro equipo impactó tanto. Cambio de turno para restablecer el servicio entre los creadores del basket y su cima.

Desde entonces, el núcleo acudió o gestionó visitas, dependiendo de las competiciones. Volvieron a los Juegos en 2012 y desde entonces han ido hilando fino hasta Río.

Del eje central, queda para agosto Carmelo Anthony. De los cuatro, es el que más redención necesita y el que más vacaciones tiene. Melo es el único link con el Redeem Team, precisamente porque necesita redimirse.

Fácil de entender. Ni ha ganado, ni ha sido capaz de poner a sus equipos en esa posición. Mientras los años caen, le sube la fama de incapaz de generar y triunfar. Así que no va a dejar escapar esa opción de sumar. Puede hacer algo mágico y extraño, tres Oros Olímpicos en el basket, seguidos. Una bonita leyenda para un tipo relajado en las reglas FIBA.

Melo busca redimirse, y es la historia más necesaria, pero no la única. DeMarcus Cousins tiene la mala fama y la poca disciplina; Paul George casi se deja la carrera en una base de canasta en Las Vegas; DeAndre Jordan ha de llevar sus tiros libres a un evento mundial…

Y luego, están los Warriors. Klay Thompson y Draymond Green han mostrado un compromiso sólido e ineludible. Vamos, era de locos pensar que por nada del mundo no iban a ser de la partida. Bla, bla, bla… con un segundo anillo al dedo, su historia sería la de LeBron James, descansar para volver con más fuerza. No les podríamos decir nada, ni media.

Sin embargo, quieren redimir su primavera con otro verano de basket. No van a limpiar la conciencia, pero sí hacer lo que mejor saben para no pensar demasiado. El baloncesto es como ése mal amigo de grandes noches que dicen que la resaca se pasa con otra cerveza.

Y entre redimirse y flagelarse, hay otra buena historia. Kyrie Irving quiere estar al servicio de su entrenador. Apenas jugó 13 partidos para Krzyzewsky en la universidad; fue el mejor del mundo y líder de su grupo en Madrid en 2014. Y ahora, con un pie izquierdo fastidiado, y el dedo gordo de la mano derecha envuelto como los de Pacquiao, podría ser uno de esos extraños seres en ganar uno anillo de NBA y unos JJOO en el mismo año con su Rey –LBJ- y los reyes de los demás, -Jordan y Pippen-.

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