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Stephen Curry: Querido Oakland. Por José Ajero

Stephen Curry: Querido Oakland. Por José Ajero

Los Warriors cambian Oakland por San Francisco, y Stephen Curry se despide con un homenaje en sus pies.

La NBA ha sacado mucho provecho de cuatro años seguidos de Finales en San Francisco. A Oakland vas en autobús, a los partidos y a los entrenos. Después todo lo haces en la capital del mundo 2.0. Silicon Valley lo puede todo. Tiene tanto dinero que se ha comprado el espíritu revoltoso de San Francisco. Algo impensable, porque de hecho iba de todo lo contrario. Una rebelión contra la máquina. Lo que pasa es que la máquina tiene dinero y los que la hacen moverse, son los hijos de los de la revolución. Mismo espíritu, pero una cantidad impensable de dólares nacidos de las nuevas tecnologías. Donde antes se realizaban sentadas contra la guerra, asambleas contra la policía y orgías por una vida mejor, ahora se gestiona Linkedin, Air BnB, Google y todas las empresas que tomaron nuestra día a día por asalto.

Vivir en San Francisco es capricho de semidioses tecnológicos, que pagan 20 veces los precios de antes y van y vienen en servicios de lanzadera VIP de Silicon Valley. Sus deseos de vivir en la revoltosa city, han sacado a los que la hicieron. Muchos ni quieren, ni se los quiere. Y se van allá donde pueden, por ejemplo al otro lado del puente, a Oakland. Con el paso de los años, y sin que sea definitivo, el aumento de la delincuencia ha sido notable. Es un lugar donde las calles vacías, con tremendos graffitis, se unen a la advertencia de no ir, no hay nada que hacer. Lejos de su muelle y sus zona de restaurantes, lo demás es como todo lo que no cabe en San Francisco.

Allí están los Golden State Warriors. En una ciudad que se les ha quedado pequeña. Una ciudad que no albergará una cancha de cristal y en la que no estará Stephen Curry, la gran cara aún de la zona. Digo de la zona, por hablar de todo el estado dorado y no solo las dos ciudades en cuestión. Su última campaña de marketing habla del legado y de su legado en La Ciudad, ‘The Town’, como se conoce a Oakland y como rezan las dos camisetas especiales que Nike le ha hecho esta temporada: Statement y Earned.

La vida de Steph poco tiene que ver con la de Oakland. Él es de otra pasta diferente de la de los jugones de Mosswood Park –Payton, Kidd, Hook Mitchell…-. Se crió a las faldas de la profesionalidad de su padre. Con las ventajas del dinero y de la familia hecha -un privilegio para la mayoría de los All-Star de la NBA-. Aunque con vida de feriante, siguiendo a su padre de una ciudad a otra.

Ahora, con Under Armour lanzó su sexta zapatilla, la Curry 6, bajo el lema ‘10 in The Town’, 10 en la ciudad, que son los años que lleva jugando en Oakland. Los colores de la zapatilla no son los de los Warriors, al menos el original, sino los del teatro Fox, el lugar emblemático de la ciudad. Sea por marketing, sea por amor a las calles a las que más puede llamar casa, Curry se aferra a Oakland en sus últimos coletazos, antes que los de Silicon Valley se la lleven a los muelles. Puede ser que ellos sean los que más compren sus zapatillas. Quizás trate de endurecer su imagen de vida sencilla… lo que sea, pero tampoco pasa nada por alguien, alguna vez, se acuerde de los que no cuentan.

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