La guía definitiva para entender ‘The Last Dance’, el documental de Michael Jordan:

La guía definitiva para entender ‘The Last Dance’, el documental de Michael Jordan:

The Last Dance. Documental Michael Jordan. Tres palabras juntas que han significado un antes y un después en el mundo del baloncesto y, en especial, en esta etapa en la que nos ha tocado vivir un momento insólito como es el de una pandemia debido al Covid-19. Durante 10 capítulos y un mes los lunes se convirtieron en el mejor día de la semana gracias a Michael. Durante todas esas semanas en Gigantes hemos realizado una crítica para entender y situar al lector sobre lo ocurrido en cada episodio. Lo ha realizado el periodista Enrique García y por ello hemos decidido compartirlo, como una guía definitiva para/por si quieres volver a verlo y para entender todo lo que rodea a este documental que nos ha enganchado a todos.

Dos cosas antes de empezar a leer: La serie, ‘The Last Dance’ se puede ver en Netflix en España, Europa y Latinoamérica. En ESPN en EEUU. En este artículo no incluiremos imágenes o vídeos de la serie para no hacerte spoiler. Eso sí, recomendamos que lo leas después de cada capítulo.

Episodios 1 y 2 de The Last Dance

Antes de la temporada 1997-98, el equipo de producciones audiovisuales de la NBA le hizo una propuesta arriesgada a los Chicago Bulls: que les dejaran grabar absolutamente todo lo que sucediera en la siguiente temporada, incluido lo que ocurría en los vestuarios y en las oficinas. En la gerencia de los Bulls sabían que ese iba a ser el último año de ese proyecto (más sobre esto más adelante), y que era una oportunidad de marketing inmejorable de cara al futuro. Cuando se lo propusieron a Phil Jackson también aceptó sorprendentemente rápido. Pero quedaba la persona más importante para dar el OK: Michael Jordan.

Fue el mismo Adam Silver, por aquel entonces uno de los responsables del área audiovisual de la NBA, quien se reunió con Jordan. Y le propuso tener control de todo. Ellos permitirían a las cámaras todo el acceso necesario, salvo en contadas ocasiones en las que Jackson pidió algo de intimidad, pero nadie podría hacer uso de aquellas imágenes si Jordan no estaba de acuerdo. Y lo grabado, más de 10.000 horas en cintas, en formato físico, se pasó 20 años en un almacén. Por el camino fueron muchos quienes intentaron revivir el proyecto. Spike Lee, Danny DeVito… Hasta que el equipo de producción de ESPN le hizo una nueva propuesta a Jordan hace unos años, y este aceptó.

¿Por qué ahora? Desde un punto de vista técnico, es fácil reconocer que las series documentales están en su punto más alto en estos momentos. Los éxitos de Making a Murderer, The Jinx o la serie de O.J. Simpson han dado pie a una edad de oro de las series documentales. Y dada la magnitud del proyecto, habría sido muy complicado comprimirlo todo en un producto de dos horas. En 10 horas se pueden contar muchas cosas más y tratar esta historia como se merece. ¿Desde el punto de vista de Jordan? No está muy claro y no lo ha explicado, pero probablemente sienta que este es un buen momento para recordar su legado. Para recordar por qué es el mejor de todos los tiempos para la mayoría de los aficionados al baloncesto.

Aunque el mismo Michael Jordan ha declarado que la gente le «va a odiar» después de ver esta serie, y seguramente lleguemos a eso, el primer capítulo se centra en sus orígenes y su éxito, en la parte amable. De momento, nadie va a odiar al joven universitario que le pide a su madre en una carta que le envíe sellos. O que rescata a una franquicia como los Chicago Bulls, que se encontraba en una decadencia que no parecía tener fondo.

El documental se presenta ya con Jerry Reinsdorf, el dueño de los Chicago Bulls, diciendo que sentían que aquel iba a ser el último año. De ahí lo de ‘The Last Dance’. Según el dueño, aquellos jugadores estaban en las últimas desde un punto de vista competitivo, y a lo mejor había llegado el momento de «no intentar ganar el campeonato» y reconstruir. Estas eran las edades del bloque importante:

· Dennis Rodman: 36 años.

· Michael Jordan, Ron Harper y Bill Wennington: 34 años. 

· Scottie Pippen: 32 años. 

· Toni Kukoc y Luc Longley: 29 años.

¿Daba para uno o dos años más? Quizás. Pero aquello sonaba en realidad a «Michael va a terminar la temporada con 35 años. No creemos que vaya a durar mucho más tiempo a este nivel». Y el contrato de Pippen, motivo de grandes polémicas, terminaba al siguiente verano.

El interés en el deporte ya no solo está en lo que sucede dentro de la pista. A los aficionados cada vez les gusta más ver lo que sucede entre bambalinas. Porque lo que pasa en la pista lo vemos, pero las maquinaciones en las oficinas no. Y eso nos puede. Por eso, que buena parte de los dos primeros episodios gire entorno a los movimientos de los Bulls en los despachos, las negociaciones, las relaciones con sus jugadores, pero también en asuntos como los contratos, es una gozada para el espectador. Es como ver un episodio de Ballers o la película Draft Day. Pero real.

Uno de los puntos que puede sorprender más es cómo Jordan habla abiertamente de que casi todo su equipo de los Bulls cuando era rookie consumía cocaína. Esa habitación con muchos jugadores, cocaína, marihuana, prostitutas… el ‘Bulls Traveling Cocaine Circus’. En esta época la NBA luchaba contra un grave problema de drogas, no solo en la liga, en la sociedad estadounidense en general. Poco después se produciría el fallecimiento por sobredosis de Len Bias. Y hubo numerosos casos de sanciones por consumo de drogas, como con Roy Tarpley.

Pero el peor parado del primer episodio es, sin duda, Jerry Krause. Estas son algunas de las cosas que se dicen del que era el mánager general del equipo: repelía a la gente; tenía complejo de niño bajito gordo; tenía envidia del crédito que recibían el resto; fue el culpable de la ruptura del equipo, una decisión que ya estaba tomada desde antes de la temporada con el beneplácito del dueño; y el público le abuchea cuando recibe su anillo de campeón… Entre otros muchos detalles de los que seguro que os habéis percatado.

Han cambiado mucho las cosas en estos últimos 24 años. Si hoy en día Michael Jordan fuese jugador y dijera públicamente las cosas que decía en su época, especialmente sobre el general manager Jerry Krause, tendríamos escándalos continuos. Ahora, seguramente hoy en día ningún general manager diría públicamente antes de la temporada que «esta es la última temporada de Phil Jackson como entrenador del equipo» y que al año siguiente mirarían «al futuro».

La primera parte del segundo episodio trata sobre Scottie Pippen, su grandeza como jugador, y su infravaloración a nivel económico en aquellos Bulls. ¿Hasta qué nivel llegaba su confianza? «Voy a ser mejor que Michael Jordan», dijo en su año rookie con los Bulls. Lo siguiente que vemos es a Charles Oakley burlándose del novato y dándole un tortazo. Bullying del clásico con los rookiesPara qué hacerle llevar una mochila de Hello Kitty cuando puedes darle una buena colleja, ¿verdad Oak? 

Su contrato ocupa buena parte de los minutos siguientes. «No recuerdo los detalles del contrato», decía Jerry Reinsdorf, «pero sí que recuerdo que era mucho más largo de lo que era recomendable para él». Y ellos se aprovecharon, por supuesto. En aquella NBA aún no se habían introducido los máximos de años y las reglas salariales de hoy en día, y muchas franquicias lo aprovechaban. Scottie Pippen firmó en 1991 un contrato de siete años por 18 millones de dólares. Mientras los Bulls ganaban seis anillos, lo máximo que se embolsó él en un año fueron 3.425.000 $. No es de extrañar que Reinsdorf hable desde una habitación oscura, de la que no se pueden sacar detalles de su ubicación. El FBI debe estar buscándole aún por llevar a cabo una de las mayores estafas de la historia.

Para colmo de males, Pippen después invirtió 17,5 millones de dólares en un montón de negocios cuestionables que no dieron más que pérdidas. Pippen ganó posteriormente un juicio por el cual el inversor debía pagarle 11,8 millones de vuelta, pero este se declaró en bancarrota y el jugador no vio un penique. Al menos en los años en los que no jugó en los Bulls pudo acumular bastante dinero en los Houston Rockets y los Portland Trail Blazers. Estas fueron sus ganancias (previo a impuestos):

· Primeros 10 años en Chicago: 21,3 millones.

· Un año en Houston Rockets: 11 millones.

· Tres años en Portland Trail Blazers: 66 millones.

· Últimos dos años con Chicago: 10,3 millones.

Pippen se perdió casi 40 partidos en esa última temporada de su primera etapa en los Bulls mientras se recuperaba de una lesión. Lo hizo a posta: pudo haberse operado del tobillo al finalizar la temporada anterior, pero esperó para hacerlo hasta el último momento por su descontento con su contrato. Eso no parecía preocupar ni molestar a Phil Jackson, más bien todo lo contrario: si aquello molestaba a la gerencia (y lo hacía), a Phil le hacía feliz. Su final en los Knicks fue un desastre, pero se echa de menos la personalidad de Phil Jackson en la NBA actual.

La ausencia de Pippen debilitó a los Bulls. Les costó arrancar aquella temporada. Empezaron con un balance 8-7, bastante por debajo de lo esperado para los campeones. Aquí empezamos a ver la otra cara de Jordan, la del jugador que no hacía concesiones ni con sus compañeros. «Toni [Kukoc], te voy a estar gritando durante todo el día». De ahí nos llevan a la infancia de Michael. Su familia, su competición con su hermano. Su deseo desesperado por tener la aprobación de su padre. La devastación cuando no entró en el equipo de baloncesto del instituto. «Si quieres sacar lo mejor de Michael, dile que no es capaz de hacerlo. Lo hará para demostrarte que te equivocas», decía en una vieja entrevista James Jordan, su padre.

De los recuerdos familiares se pasa a la lesión de su temporada sophomore. Se rompió un hueso del pie y se perdió 64 partidos. Y rompió también la confianza en los Bulls, al saltarse las recomendaciones de la franquicia para su rehabilitación, jugando al baloncesto en North Carolina sin que ellos lo supieran. Ahí se produjo el primer desencuentro. Jordan quería jugar, pero los Bulls querían tener un buen pick del draft en una temporada que ya estaba perdida, según ellos. Los mejores jugadores del siguiente draft eran Len Bias, Brad Daugherty, Roy Tarpley, Ron Harper, Arvydas Sabonis, Mark Price, Dennis Rodman, Kevin Duckworth, Jeff Hornacek o Drazen Petrovic.

Él no lo entendía. Le parecía una actitud perdedora. Le dejaron jugar, pero con una restricción de minutos. Igualmente, llegaron a los playoffs, para perder en primera ronda contra los Boston Celtics a pesar de sus heroicidades. Jordan no estaba contento. Krause no estaba contento. Aquí se nos identifica la primera disputa. La relación no volvió a ser la misma.

Termina el flashback. Solo hemos tenido un breve aperitivo de la parte ‘mala’ de Jordan prometida. Se nos deja intuir otro descontento con el traspaso de Charles Oakley, amigo y escolta de Jordan dentro de la pista, a cambio de Bill Cartwright. Quizás próximamente nos cuenten cómo al principio Michael lanzaba los pases extrafuertes a Cartwright en los entrenamientos para que se le cayese el balón al suelo y hacerle quedar mal. Al menos hasta que empezó a caerle bien. Cerramos con más palos para Krause y con los insultos de Pippen. «Se merece mucho crédito», dice Steve Kerr, pero siempre hay un pero. «Pero complicaba las cosas innecesariamente»… Scottie Pippen pide el traspaso. Si no supiéramos lo que pasó después, sería el cliffhanger perfecto. Incluso sabiéndolo, las ganas de ponerte otro capítulo son enormes.

El nivel de detalle demostrado y los vívidos recuerdos de los entrevistados hacen que realmente viajemos en el tiempo. Aún quedan muchas cosas por contar de ese equipo y de esa temporada, pero la entrada el universo Chicago Bulls de Jordan ya es total.

En 10 horas se pueden contar muchas cosas. Y, sin embargo, ya lo puedo presentir: se nos van a quedar cortas.

Otros apuntes de los dos primeros episodios de The Last Dance (El Último Baile): 

· Jordan no entendía cómo funcionaba el tanking. Eso explica mucho sobre los últimos años de los Charlotte Bobcats/Hornets.

· Decíamos que Jerry Krause es el gran perdedor de estos episodios (y seguramente de la serie), pero el cameo de Rick Carlisle es digno de hacerle la competencia. En las imágenes de la serie entre Bulls y Celtics vemos una acción en la que Carlisle defiende a Jordan. Se ve venir la tragedia. Es como ver a un cervatillo cojo cruzar una carretera. Cuando sucede lo inevitable, el comentarista suelta un «Rick Carlisle solo quiere irse con su mamá». Que haya logrado labrarse una carrera tan buena después de esa lapidación es un milagro.

· Tampoco está mal la aparición de Danny Ainge como el Matthew Dellavedova de su época.

· En el McDonald’s Championship disputado en Paris que vemos en el primer capítulo, los Bulls ganaron al Olympiacos en la final. En ese equipo jugaban Arturas Karnisovas, Johnny Rogers, Milan Tomic o Dusan Vukcevic, y estaban entrenados por Dusan Ivkovic.

· Si os fijáis en las imágenes de la finalización del partido en Paris, hay un montón de jugadores que corren a saludar a Michael Jordan. No sé quién es quien le roba la muñequera con la técnica del tirón, pero si os fijáis en la izquierda de la pantalla en ese momento aparece un Reyes. Es Alfonso Reyes, quien en esa temporada jugó en el PSG Racing francés, el equipo que quedó cuarto en aquel torneo.

· Larga vida a David Stern y a su bigote.

Episodios 3 y 4 de The Last Dance

“Yo cree este monstruo.” 

Así empieza Dennis Rodman el tercer capítulo de El Último Baile (The Last Dance). Los primeros minutos de este episodio están destinados a presentarnos a otra de las figuras clave de los Chicago Bulls de los 90, pero también de los Detroit Pistons, de los Bad Boys. Quizás sea algo evidente, pero para llegar a ser Dennis Rodman no basta con teñirse el pelo de colores, tatuarse todo el cuerpo y ponerse aros en todos los sitios que pilles. Ser Dennis Rodman le llevó mucho trabajo, y aquí lo vemos. Lo primero, en su físico. Basta con ver sus imágenes como adolescente o como miembro de los Pistons y compararlas con sus años en Chicago para ver la diferencia.

Pero Rodman, cuando estaba centrado, también era alguien obsesionado con la preparación y el estudio del juego. Para ser uno de los mejores reboteadores de la historia (probablemente el mejor) no basta con tener un gran instinto para ello, que lo tenía, también debes ser un estudioso. Para ello Rodman entrenaba cada día cientos de rebotes. Había una persona específica en sus entrenamientos que se dedicaba a fallar lanzamientos y otra para que tratase de competir con él por el rebote. De esta manera se terminó aprendiendo la trayectoria que iba a tener cada rechace dependiendo del ángulo en el que impactase o la zona de la pista desde donde se lanzase. Cabe recordar que Rodman mide 2.01 metros, es más un alero que un interior, y a pesar de ello promedió 13.1 rebotes por partido en su carrera. Estos son algunos jugadores actuales que miden lo mismo que él según NBA.com: 

  • Gordon Hayward
  • Kawhi Leonard
  • Andrew Wiggins
  • Luka Doncic
  • Jimmy Butler
  • Evan Fournier
  • Robert Covington

Esto es teniendo en cuenta que la NBA actualmente mide a sus jugadores sin zapatillas, y en su día lo hacía con ellas puestas, con lo cual probablemente Rodman sea más bajo que todos ellos. Eso lo compensó con trabajo, sesiones de vídeo y memorizándose los informes de los ojeadores. Y con una voracidad tremenda, claro.

Pero había veces que Rodman necesitaba motivarse. Especialmente si tenemos en cuenta que estaba jugando en enero y diciembre de una temporada regular insulsa después de haber ganado cuatro anillos ya entre Detroit y Chicago. Así que Phil Jackson y Michael Jordan le permitieron irse de fiesta a Las Vegas para “centrarse” junto a Carmen Electra. Lo que no se cuenta en el documental es que esa era la segunda salida que habían permitido a Rodman ya esa misma temporada a Las Vegas. La anterior había sido en el 24 de noviembre, cuando se llevó a Eddie Vedder, cantante de Pearl Jam, a ver un concierto de Jane’s Addiction en la ciudad del pecado. Esa vez no tuvieron que ir a buscarle. Al día siguiente estaba capturando 17 rebotes.

Que el principio de la temporada 1997-98 iba a ser complicado era algo que ya esperaban los Bulls. Con la lesión de Pippen, la edad de Jordan y el bajo momento de forma en el que llegaba Dennis Rodman, la planificación también había sido calculada para que el comienzo fuese flojo, pero que eso les ayudase a alcanzar el pico de forma más tarde. La idea era que así fuera más fácil mantenerlo hasta los playoffs. Jackson, Jordan y Pippen así lo acordaron en una reunión antes del comienzo del training camp. En el documental se le añade un punto de dramatismo normal para una producción de este tipo, pero Chicago solo estuvo en negativo con el 0-1 inicial, y su peor balance posteriormente fue 8-7. Y estaba diseñado todo para que así pasase. En la pretemporada, por ejemplo, solo tuvieron una sesión de entrenamiento por día, en vez de las dos que eran habituales.

Después de ese 8-7 los Bulls despegaron. Según el relato, todo fue gracias al toque de atención que dio Jordan a Rodman y que hizo que se centrase. ¿Alguien ha oído hablar alguna vez de Toni Kukoc (de momento poco en The Last Dance)? Evidentemente el rol de Rodman fue muy importante, promediando 18.4 rebotes por encuentro en los siguientes 18 partidos. En esa racha Chicago tuvo un balance 15-3 y la temporada se enderezó. ¿Saben quién promedió 16 puntos, 5.6 asistencias y 4.3 rebotes en ese mismo periodo de tiempo? El croata. Kukoc por ahora brilla por su ausencia, y seguramente sea el gran ausente hasta el momento. Debemos esperar que, al igual que han unido la historia de Rodman con los Bad Boys de Detroit, Kukoc entre cuando se hable del Dream Team de 1992 y cómo se cebaron con él (y con Jerry Krause de paso) Pippen y Jordan en la final.

Seamos sinceros, cada uno ve este documental de una forma personal. Para muchos fans europeos, Kukoc era el punto de unión entre ellos y ese equipo. De momento no se le ha visto. Respiremos, quedan seis episodios.

Pasamos a ver cómo Michael Jordan destroza a otro equipo prometedor: los Cleveland Cavaliers de Brad Daugherty, Mark Price, Larry Nance, Ron Harper y Craig Ehlo. No se entra mucho a valorar a ese equipo, pero aquellos Cavs entrenados por Lenny Wilkens fueron uno de los equipos más vistosos de la época. Su mala suerte fue encontrarse en la era de Michael Jordan. En 1989 ganaron 57 partidos, solo para ver cómo Jordan les eliminaba sobre la bocina en la famosa canasta sobre Ehlo. Tardaron dos años en recuperarse. En 1992 volvieron a ganar 57 partidos: los Chicago Bulls les eliminaron en finales de conferencia. En 1993 ganaron 54 partidos: los Chicago Bulls les eliminaron en segunda ronda. En 1994 ya se quedaron en 47 partidos: los Chicago Bulls les eliminaron en primera ronda. Adiós al proyecto. Habría estado justificado que pidiesen una orden de alejamiento contra Jordan y compañía.

Si el “malo” de la primera tanda de episodios era Jerry Krause, esta vez le toca el turno a los Detroit Pistons. Antes del capítulo había algunos privilegiados que ya lo habían visto y que decían a los fans de Detroit que se preparasen para “defender a los Bad Boys” ante lo que estaba a punto de emitirse. Pero creo que no hace falta defensa alguna. Esos eran los Bad Boys. ¿Es polémico que se marchasen sin saludar al rival? Lo es, pero es una anécdota de la historia. Nada más. En cuanto a su estilo físico y sobrepasando lo permitido, nada nuevo. La diferencia de talento que podía haber con otros equipos la compensaban con otras artes que también formaban parte de aquel baloncesto, que era muy diferente del actual. Hoy no se podría hacer lo mismo que hacían ellos, y eso es bueno. Pero Detroit ganó dos anillos con sus “Jordan Rules.” No hace falta defender a los Pistons, ya se defienden ellos solos.

El caso es que ya hemos establecido al villano al que había que superar en el cuarto capítulo. ¿Cómo iban a ganar a los Pistons? No con el conservador Doug Collins, pensó Jerry Krause. Aquí es donde entra la historia de Phil Jackson. 

La percepción de Jackson en la NBA era la de que era alguien contracultural, un hippie, y por ello muchas franquicias conservadoras le dieron la espalda. No Jerry Krause. No solo es que le rescatase de dar tumbos entra la liga de Puerto Rico y la CBA, es que ya le había echado mucho antes el ojo, antes incluso de que fuese jugador de la NBA. Cuando se nos introduce la etapa universitaria de Phil Jackson en North Dakota se pasa rápidamente a su llegada a los Knicks. Pero fueron dos las franquicias que fueron a visitarle y ojearle en la universidad: los New York Knicks, y los Baltimore Bullets. Los Bullets planeaban seleccionarle con su pick 20, pero los Knicks se llevaron a Jackson en el 17. ¿Quién era el ojeador de los Bullets que le había visitado y había pedido a su franquicia que le eligiera en el draft? Jerry Krause.

Jackson era alguien privilegiado para entender el baloncesto, y fue capaz de entender que el triángulo ofensivo de Tex Winter, otro de los asistentes de los Bulls, podía llevar a aquel equipo a un nuevo nivel. De nuevo, fue Krause quien le colocó en esa posición, porque antes de que Jackson se convenciese de todo eso, era el general manager el que lo había planificado. Casi se puede oler un poco de redención después de lo que se vio en los dos primeros episodios. El aroma no durará mucho. 

Lo más importante era que Jackson fue capaz de convencer a Michael Jordan de que merecía la pena cambiar de estilo de juego, y que Jordan, ya el mejor jugador del mundo, estuvo dispuesto a cambiar. Es posible que otro entrenador no hubiera podido convencerle, pero ese era uno de los puntos fuertes de Jackson, la gestión de los egos. Lo que sucede es que, para gestionar egos, es inevitable ser un buen manipulador. Y por algún lado tiene que salir un efecto negativo en The Last Dance.

Aún no hemos llegado a completar el primer three-peat en el repaso histórico, pero estaría bien ver si nos van a contar cómo Jackson consiguió que despidieran a uno de sus asistentes, Johnny Bach, manipulando a Krause para que lo hiciera. Phil no tenía especial consideración por Bach, y cuando salió el libro The Jordan Rules, que incluía citas textuales de conversaciones privadas de vestuario, Jackson convenció a Krause de que las fuentes habían sido Bach y Horace Grant. Ambos salieron del equipo en 1994. El primero de ellos, Bach, despedido. Años después el autor reveló que una de sus fuentes principales había sido el mismo Phil Jackson.

De cualquier manera. Los Bulls instauraron a Jackson como entrenador, el triángulo ofensivo como sistema, y estaban listos para luchar contra los Detroit Pistons. Esta vez les vencieron. En las finales se encontraron con Los Angeles Lakers, a quienes vencieron gracias a que Pippen defendió en toda la pista a Magic Johnson. Tal y como nos habían contado la fuerte migraña que sufría Scottie Pippen en el game 7 de 1990 contra los Pistons, aquí seremos nosotros quienes apuntaremos que en 1991 los Pistons también tenían sus problemas de lesiones, especialmente Isiah Thomas, al igual que los Lakers, que vieron como James Worthy y Byron Scott jugaban seriamente mermados y perdiéndose cada uno un partido de aquellas Finales. Por otra parte, Chicago barrió a Detroit (4-0) y casi hizo lo mismo con los Lakers (4-1), así que tampoco se puede debatir su dominio.

Ahí estaba, el primero de Jordan. A veces parece que empezó a ganar anillos desde que llegó a la NBA, pero tuvo que esperar a su séptima temporada y a tener 28 años para ganar su primer anillo. Aquí tenemos la mítica imagen del mejor jugador de la historia abrazando al trofeo de campeón entre lágrimas. Esto era solo el comienzo. 

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El segundo episodio va llegando a su fin. Por fin habían superado a su  némesis. Pero volvemos a la “actualidad”. Y Krause la vuelve a cagar hablando con los medios. ¿Es que no puede estarse callado? Lo que había hecho era volver a insistir en que aquella temporada iba a ser la última de Jackson, y si eso significaba el final de Jordan, que así fuera. Una decisión horrorosa, claro. Vista desde el punto de vista actual, pero también en la misma época.  

Como nota aparte, fue ahí mismo, en 1998 y poco antes de esas declaraciones, cuando se enteró de que Phil Jackson le había mentido sobre Johnny Bach. Lo descubrió a través del dueño, Jerry Reinsdorf, quien lo supo de boca del mismo autor del libro. Del papel de Reinsdorf en todo esto hablaremos de nuevo en el futuro, estoy seguro. Esas declaraciones de Krause, de alguna manera, hacen que los Bulls pierdan el siguiente partido contra Utah. Se van al parón del All Star con derrota y polémica en los medios. 

En los siguientes episodios es donde se va a poner a prueba de verdad el “acceso como nunca antes” que tuvieron las cámaras. Según todas las indicaciones de los productores, fue en los últimos meses, a partir del All Star, cuando Phil Jackson se abrió más para las cámaras y estas pudieron grabar el material más privado. Lo veremos.

Mientras tanto… ¿alguien ha visto a Toni Kukoc en The Last Dance? 

Otras notas sobre los episodios 3 y 4 de The Last Dance:

  • El cameo del día: Joey Crawford. Podemos escuchar al árbitro charlando con Dennis Rodman. Al menos a este no le expulsó por reírse en el banquillo, como hizo con Tim Duncan, pero ya era el mismo personaje hace tanto tiempo.
  • ¿Quién iba a decir que fue Dennis Rodman quien inventó el load management? 
  • Michael Jordan fue a buscar a Rodman a Las Vegas y lo sacó de la habitación en la que estaba durmiendo con Carmen Electra. En algún lugar hay alguien preparando una nueva edición de Resacón en Las Vegas con Jordan buscando a Rodman.
  • ¿Michael Jordan no hizo pesas hasta los 27 años? Eso sí que es algo que desconocía, y que hoy en día no habría tenido un pase.
  • Después del episodio 2 y el descontento de Scottie Pippen, se conoció que los Bulls estuvieron cerca de traspasar al alero por el pick que se convertiría en Tracy McGrady. Michael Jordan fue quien echó atrás ese traspaso. Pero hubo otros intentos antes. Uno de ellos con el beneplácito de Jordan mientras estaba retirado. Habría llevado a Pippen a Seattle y a Shawn Kemp y Ricky Pierce a Chicago. Había acuerdo, pero el dueño de los Sonics se echó atrás. Krause enfureció. Era la noche del draft de 1994.
  • El otro casi-traspaso de Pippen también casi-sucedió en la noche del draft de 1997, la misma de McGrady. Antes de que Jordan echase atrás ese movimiento, Krause tenía un principio de acuerdo con Boston y Denver. Como parte del movimiento, Pippen iría a los Celtics, y el pick 5 de los Nuggets sería para los Bulls. Krause quería a Keith Van Horn. Pero cuando los Nets se adelantaron, se hicieron con el pick 2, y seleccionaron a Van Horn, el traspaso se deshizo.
  • Puedo imaginarme a Scott Burrell mensajeando esta mañana a todos sus conocidos. “Jordan estaba bromeando. No era alcohólico. Creedme.”
  • Un momento precioso: Horace Grant llamando “bitches” a los Detroit Pistons mientras lleva puesta una camiseta de NBA Cares.
  • Craig Sager dándole 20 dólares a Dennis Rodman para ayudarle a pagar una multa. Casi se me cae una lagrimilla viendo The Last Dance.

Episodios 5 y 6 de The Last Dance

Si ha habido un jugador al que podamos considerar parecido a Michael Jordan en su estilo de juego y su forma de querer actuar fuera de la pista, ese era Kobe Bryant. En The Last Dance aprovechan las imágenes del All-Star Game de 1998 (a partir de aquí empezamos a ver más imágenes inéditas de esa temporada) para rendir un homenaje al que fue el primer heredero de Jordan en la pista y en el poderío económico de las marcas deportivas. No parece real que Kobe ya no esté entre nosotros. Es imposible.

Viajamos al pasado para recordar algo que quizás sorprenda a mucha gente: Michael Jordan no quería fichar por Nike. Casi siempre había llevado Converse, la marca de moda en la NBA en aquel momento, pero en realidad lo que a él le gustaba era Adidas. Sin embargo, Nike estaba empezando a hacer un esfuerzo por ganar territorio en la NBA, y convenció a su agente, David Falk, para que le llevarse a una presentación. Él no quería, y fueron sus padres quienes lograron convencerle de que, al menos, dejara a la marca presentar su propuesta. Rob Strasser, el director de marketing de Nike, hizo una presentación que dejó boquiabiertos a Falk y a sus padres, pero no tanto a Jordan.

En cuanto salieron de la reunión la expresión de Jordan cambió de repente a una gran sonrisa, y le dijo a Falk que cerrase el acuerdo con Nike. Cuando éste se sorprendió por el giro y comentó que no le había visto sonreír en un solo momento durante la presentación, Jordan respondió que “tenía puesta mi cara de hacer negocios.” Sus primeras zapatillas originales fueron las Air Jordan con las que se despidió esa temporada del Madison Square Garden.

La temporada 1991-92 la ventilamos rápidamente con unos cuantos highlights. Michael Wilbon dice en The Last Dance que, para él, aquel era el mejor equipo de la historia. Ya podrían haber puesto los highlights de los Minnesota Timberwolves, el peor equipo de la NBA esa temporada con solo 15 victorias, que con The Choice Is Yours de Black Sheep de fondo habrían parecido también el mejor equipo de la historia.

Los Bulls de 1992 eran, como mínimo, los mejores de aquella temporada, y así lo demostraron en la final contra los Blazers. En aquellos momentos la estrella de los Blazers era Clyde Drexler, quien algunos consideraban que estaba al mismo nivel de Jordan, pero que no se le publicitaba tanto porque jugaba en Portland. Se destacaba especialmente que Drexler era mejor reboteador y triplista que Jordan. De hecho, si los Blazers no seleccionaron a Michael en el Draft de 1984 fue en buena parte porque ya tenían a Drexler. Jordan metió 6 triples en 10 intentos en aquel partido, empatando el récord de las Finales de aciertos y estableciendo un nuevo máximo de intentos. Recordemos que aquel año los Bulls promediaron 5.5 triples intentados por partido. El equipo que más lanzaba de lejos eran los Milwaukee Bucks con 12.3. Eso es un poco más que lo que promediaron los Houston Rockets en la 2019-20… en cada cuarto.

Entrevistan a Krause“A ver qué dices esta vez para cagarla, Krause,” pensamos todos. El general manager pasa a hacer un alegato muy acertado de que el éxito es de toda la organización, aunque ahora ya sabemos en realidad a qué se refería. “Jordan solo no gana campeonatos, yo también merezco crédito” quería decir. Después vemos a Krause pedirle un puro de la victoria a Michael. “No puedes fumarlo, dejarías de crecer,” responde Jordan. Esas imágenes no corresponden a la temporada 97-98, pero se rumorea que, de las 10.000 horas de vídeo que se grabaron, unas 5.000 se reparten entre insultos a Jerry Krause e intentos de este de que le reconozcan sus méritos públicamente.

Después de celebrar el anillo de 1992 llegan los Juegos Olímpicos. Jerry Krause no quería que Jordan y Pippen acudiesen a la cita, así que ambos fueron, claro. Pero la gran cuestión que rodeó al Dream Team es la que nos muestran en The Last Dance¿vetó Michael Jordan la presencia de Isiah Thomas en ese equipo? Él asegura que no. Probablemente así fuese, porque no le haría falta vetarlo como tal. Por talento y nivel el base merecía estar en ese equipo sin duda alguna, pero Thomas había tenido enfrentamientos con media plantilla de aquel Team USA. Rod Thorn y el resto del comité que hizo la selección lo sabían. Si invitaban a Isiah, Jordan diría que no. Así que no le invitaron, y si alguno se quiere tomar esto como un veto de Jordan, que así sea, porque lo habría hecho en caso de que Isiah tuviese invitación. Habría sido un “o él o yo.”

Quizás todo hubiera sido diferente entre Thomas y el resto luchando por un mismo objetivo, pero simplemente el hecho de intentarlo ya conllevaba un riesgo. Y aquel equipo no necesitaba riesgos para arrasar. Porque… ¿qué es lo que dice Jordan que aprecia más de aquel equipo? “La camaradería.” Recordad esto, el partido de golf entre Jordan y Ainge en mitad de unos playoffs, etc. cuando se hable de que hoy en día las estrellas no deberían ser amigas.

Aquí se nos vuelve a introducir el “espíritu competitivo” de Jordan. Las partidas de cartas de Jordan y Magic hasta las tantas de la mañana. El partido de Montecarlo. Se les escapan otras dos historias interesantes, así que las contaremos rápido: la primera, durante la preparación en La Joya, California. Hacía solo unas semanas que Chicago había ganado a Portland en las Finales, pero ahora Jordan y Drexler eran compañeros. Aunque no lo parecía. Michael no paraba de picar a Drexler con lo que había sucedido, y hubo un día en el que el jugador de los Blazers se presentó con dos zapatillas del pie izquierdo. Negándose a admitir su error y pedir prestada una zapatilla derecha, Drexler jugó con una zapatilla izquierda en el pie derecho. El trash-talk de Jordan con Drexler llegó hasta el punto de que el mismo Charles Barkley tuvo que pedirle que, por favor, rebajara un poco el tono, que estaban allí para ser compañeros.

La otra es la historia del partido de golf con Chuck Daly. La afición de Jordan por el golf es más que conocida, lo mismo que su afición por no perder ni a las chapas. El caso es que Chuck Daly y Jordan se fueron a jugar unos cuantos hoyos, y fue el entrenador quien ganó. Varios compañeros aseguraron que Michael apenas pudo dormir esa noche. A las 8 de la mañana siguiente estaba en la puerta de la habitación de Daly para pedir la revancha, y no le dejó en paz hasta que se la concedió. Jordan ganó esa segunda vez, claro, y supongo que Chuck Daly no volvería a jugar nunca más contra él.

De repente… ¿es ese Kukoc? ¿Toni Kukoc?

En el draft de 1990 los Chicago Bulls habían elegido a Toni Kukoc en segunda ronda. Jerry Krause estaba enamorado de su juego. En cuanto pudo viajó a Croacia para reunirse con él y hacérselo saber. Kukoc decidió quedarse unos años más en Europa, pero este interés de Krause por él no hizo ninguna gracia a Jordan y Pippen. En The Last Dance vemos lo que sucede: Kukoc no tiene idea de aquello, y los dos estadounidenses se ceban con él, porque era su manera de cebarse con Krause.

No puede ser casualidad que un episodio que empieza con una buena cuota de protagonismo de Kobe Bryant enlace de nuevo con la parte comercial de Jordan y con el famoso “Be Like Mike”. Con la polémica porque los jugadores no querían lucir el logo de Reebok (“tengo dos millones de razones para no llevar ese logo,” dijo Charles Barkley) volvemos a enlazar con el aspecto comercial y su marca. Y eso nos lleva a otro de los aspectos más polémicos: Michael Jordan no se metía en política. No fueron pocos los líderes políticos negros que solicitaron su apoyo, pero él prefirió no hacerlo, al menos públicamente. Prefirió ser equidistante, esa palabra tanto se usaba últimamente, porque lo suyo era ganar partidos de baloncesto y millones en contratos publicitarios. Y para eso daban igual republicanos o demócratas. Finalmente, el mismo Jordan confirma que sí que dijo la famosa frase “los republicanos también compran zapatillas,” una cita que siempre se le atribuyó, pero nunca se le escuchó decir.

Michael Jordan solía decirle a Jim Riswold, el responsable artístico de los anuncios de Nike, que le hiciera “quedar bien” en aquellas campañas. Un día, Riswold le respondió lo siguiente: “Michael, podríamos grabarte empujando a una niña contra un coche en movimiento o arrojando cachorros en agua hirviendo y, aun así, quedarías bien.” Tantos años después, parece que sigue siendo así.

Arrancamos con el capítulo 6, sobrepasando ya el ecuador de The Last Dance. Nos comienzan a introducir de nuevo el tema de la “competitividad” de Jordan y el juego, algo que habíamos intuido en el episodio anterior. Es solo una pequeña introducción para lo que vendrá después.

El apartado relacionado con el libro The Jordan Rules es una de las partes que me han parecido más interesantes hasta el momento en The Last Dance. Era la primera vez que se sacaban realmente lo que se podrían considerar trapos sucios sobre Michael Jordan. Esta fue una de las veces en las que Jordan y Jerry Krause estuvieron de acuerdo: los dos odiaban el libro. Jordan, por todo lo que se decía sobre él. Al principio negó que ese fuera su comportamiento, pero con el tiempo se aceptó que así era él. Krause, porque suponía una violación de la intimidad de la franquicia y porque al final, en el apartado de agradecimientos, se decía algo bueno de casi todos los miembros de aquellos Bulls. Menos de él.

Unas semanas después de la publicación se acercó furioso al autor, Sam Smith, y le dio por escrito una lista con 183 errores que había encontrado en el libro. Una de las anotaciones era que Smith había descrito su forma de vestir como “descuidada.” Al lado, Krause escribía: “esto es una puta mentira.” Los miembros de los Bulls cuentan que Krause iba como un loco por los pasillos con esa misma lista confrontando a todo el mundo. “¿Es verdad que has dicho esto?”.

Horace Grant, por lo que sabemos de la época, también contribuyó. Todo el que estaba alrededor de aquel equipo percibía que tenía envidia del éxito de Jordan y de los privilegios que tenían Pippen y él. En The Last Dance lo dejan en el aire, pero el mismo Sam Smith confirmó que había tenido numerosas fuentes, entre ellas Phil Jackson y varios jugadores. “No había fuentes secretas. Todos eran la fuente,” escribía Smith cundo se volvió a editar el libro. “La NBA es como un pueblo pequeño. No hay secretos. Todos hablan sobre todos. Unos jugadores hablan sobre otros. Los agentes cuentan secretos para conseguir más clientes. Clavar puñales por la espalda es un hobbie. Yo preguntaba a Phil continuamente por sus teorías sobre el baloncesto y la vida. Toda la información sobre lo que ocurría tras las bambalinas vino de entrevistas con gente que estuvo allí y lo compartió conmigo. Y no hubo nadie en la organización, incluido Jordan, que no colaborara.”

Vamos a los Playoffs de 1993 con la serie contra los New York Knicks y, ya sí, es inevitable entrar en la afición de Michael Jordan por las apuestas. Su escapada al casino de Atlantic City fue la primera vez en la que se puso realmente la lupa sobre el asunto. El tema de las apuestas volverá en el siguiente episodio, pues todo el asunto y sus ramificaciones bien podrían tener su propio documental de una hora. “No tengo un problema de apuestas. Tengo un problema de competitividad,” dice Jordan, y ese podría ser un buen resumen.

Hay numerosas historias y anécdotas al respecto de la afición de Jordan por hacer apuestas hasta en las cuestiones más banales del día a día. Una de mis favoritas es la del día en el que los jugadores de los Bulls estaban esperando a que salieran sus maletas en la cinta transportadora del aeropuerto de Portland. Jordan dijo entonces que se apostaba una cantidad no determinada de dinero (unos miles de dólares) a que su maleta sería la primera en salir. Dado que tenían que salir las maletas de todos los jugadores y miembros del cuerpo técnico, más los ejecutivos que les acompañaban, las probabilidades eran bajas, así que fueron unos cuantos quienes aceptaron la apuesta. Cuando empezaron a salir las maletas, la de Michael Jordan era la primera.

Con una amplia sonrisa, Jordan empezó a recoger el dinero de aquellos que habían apostado contra él. Lo que el resto no sabía es que la estrella de los Bulls había sobornado previamente a uno de los encargados de transportar las maletas para que la suya fuese la primera. Así se sacó unos pocos cientos de dólares. No los necesitaba, tenía millones en el banco. Pero eso era lo de menos. Podríamos decir que era algo patológico.

Al igual que a Jordan le gustaba quitarles unos pocos dólares a sus compañeros, lo siguiente que vemos es cómo le quitaba a su amigo Charles Barkley su mejor oportunidad de lograr un anillo. O, mejor dicho, cómo lo hacía John Paxson, con su triple crucial. Una lástima que lo hecho en los últimos años en las oficinas haya tenido un impacto tan negativo en su reputación.

“Es la primera vez que pensé que había un jugador de baloncesto mejor que yo,” dice Barkley. Estábamos en 1993, Jordan ya había ganado dos anillos y 3 MVP antes de esas Finales, y hasta entonces Barkley aún se pensaba que era mejor que él.

Empiezan a aparecer los primeros síntomas de agotamiento real en Michael Jordan, no solo físico, también psicológico. Acababan de ganar su tercer anillo consecutivo, en mitad de todo había disputado unos Juegos Olímpicos, y, por primera vez, empezaba a recibir serias críticas desde la prensa y parte de la afición por motivos extradeportivos. Esto era un precedente para lo que sucedería más adelante en aquel mismo 1993.

Otros apuntes de los episodios 5 y 6 de The Last Dance (El Último Baile):

  • Es inevitable que las ventas de The Jordan Rules hayan repuntado en las últimas semanas. Quienes hayan leído ese libro y/o Playing for Keeps de David Halberstam o El Rey del Juego de Máximo José Tobías, por ejemplo, aprenderán pocas cosas nuevas aquí. Aun así, le veo un valor añadido a que sean los protagonistas quienes lo cuenten, siempre sabiendo que cada uno tiene sus intereses detrás.
  • Una de mis historias favoritas de The Jordan Rules es la noche en la que Jordan se encuentra a Gary Payton en una discoteca. Payton, entonces rookie de los Sonics, le dice que no se creyera tan importante, que él también tenía sus millones y se compraba ya sus “Ferraris” y sus “Testarossas”. “No hay problema,” respondió Jordan, “a mí me los regalan.”
  • ¿Habéis escuchado a Jordan decir “shiiiit”? Ya sabemos en quién se inspiró el personaje de The Wire.
  • Otra polémica de aquel Dream Team de 1992 es la inclusión de Christian Laettner. Se quería incluir a un jugador universitario, y en el último corte quedaron Laettner y un tal Shaquille O’Neal. La exitosa carrera del jugador de Duke, con dos campeonatos de la NCAA (estuvo sus cuatro años universitarios en la Final Four), y seguramente que diese más “el perfil,” hizo que se decantaran por él.-
  • ¿Se le puede achacar solo a Jordan la ausencia de Isiah Thomas en el Dream Team? No. Según reconoció en el libro Cuando éramos los mejores, Magic Johnson hizo todo lo posible para que Thomas no estuviera en aquel equipo. Estaba seguro de que él había ayudado a difundir los rumores sobre su sexualidad cuando fue diagnosticado con el VIH. “Isiah hundió sus propias opciones de ir a los Juegos. Nadie quería jugar con él. Ni Jordan, ni Pippen, ni Bird, ni Malone. Nadie,” decía Magic en el libro.
  • Aparición estelar de Justin Timberlake, dueño minoritario en la actualidad de los Memphis Grizzlies. También le gusta cantar en sus ratos libres, tengo entendido.
  • Que me perdone el protagonista, pero entre todo lo leído y escuchado en estas dos semanas sobre el documental se me ha ido la fuente. Pero era uno de los periodistas que más había cubierto a Jordan en la televisión local de Chicago. El caso es que lo que comentaba en este podcast es que no le llegaron a entrevistar para el documental. Había una cita concertada, pero los productores tuvieron que cancelarla porque habían conseguido a “J.T.” y necesitaba hacerlo justo en ese mismo día. El periodista se pasó un buen tiempo pensando qué jugador podría ser ese “J.T.” No fue hasta unas semanas antes del estreno cuando lo descubrió: J.T. = Justin Timberlake.

Episodios 7 y 8 de The Last Dance

En 1998 los Chicago Bulls terminaron con 62 victorias y se encontraron en la primera ronda de los playoffs con los New Jersey Nets. El líder anotador del equipo era Keith Van Horn, el mismo jugador por el cual Jerry Krause había estado a punto de traspasar a Scottie Pippen en la noche del draft anterior. Sam Cassell era su base titular, y Kerry Kittles su escolta y estrella del equipo.

Kittles apuntaba a que podía ser uno de los nombres más importantes de la liga en el futuro. Había sido elegido por delante de Kobe Bryant en el draft de 1996. Los Nets iban, de hecho, a seleccionar a Kobe, pero el mismo Bryant había llamado a su entrenador, John Calipari, para amenazar con irse a jugar a Italia si le seleccionaban. El caso es que terminaron cediendo a sus presiones y seleccionando a Kittles, un gran talento que más tarde se perdería por las lesiones, y que tenía la misión de complicar las cosas a los Chicago Bulls en aquel 1998.

Pero el grueso de los primeros minutos es para el asesinato del padre de Michael Jordan, James, las especulaciones posteriores y la primera retirada de Jordan. La idolatración de Jordan por su padre llegaba hasta el punto de copiarle involuntariamente su gesto característico, sacar la lengua, algo que James Jordan hacía mientras arreglaba coches y que su hijo trasladó a la pista de baloncesto. Para los que no lo vivimos de manera consciente en el momento es imposible saber la sensación generalizada de incertidumbre que debió acompañar a ese momento. ¿El mejor jugador de todos los tiempos, que acaba de ganar tres anillos seguidos, podía retirarse así, de repente? ¿A los 30 años? ¿Por qué? Tenía que haber algo más. Era imposible de entender, incluso con la muerte de su padre. Y ahí surge la relación con sus supuestos problemas con el juego.
Hubo más elementos que contribuyeron a alimentar la teoría de la conspiración de los que se cuentan en The Last Dance.

La NBA estaba investigando los supuestos problemas de Jordan, con testimonios que aseguraban que también había apostado en partidos de la NCAA, algo que él siempre negó y no se demostró. Los investigadores no llegaron a entrevistarse con Jordan porque la investigación se cerró en cuanto el jugador anunció su retirada. En la rueda de prensa, Jordan dijo lo siguiente: “Dentro de cinco años, si vuelvo a tener ganas, si los Bulls me quieren, y si David Stern me deja, puede que vuelva.” Esa referencia a Stern, esa broma, también hizo que la teoría de la conspiración ganase adeptos. De la misma manera, cuando Jordan se retiró por segunda vez en 1999, dio las gracias a Stern por haberle dado “la oportunidad” de jugar. La versión alternativa ya estaba montada: David Stern le había obligado a retirarse temporalmente, como sanción encubierta, y para que un hubiese problemas los Bulls le pagarían su salario completo durante ese tiempo.

La parte de la historia del Jordan jugador de baseball es otro giro inesperado que dio su historia. Empezó haciéndolo medianamente bien en las ligas menores, pero las expectativas para él siempre iban a ser demasiado altas. En The Last Dance se nos cuenta cómo terminó siendo algo positivo para él, y quizás lo fuera en el terreno psicológico, pero deportivamente la gente en general lo vio como un fracaso. Porque la expectativa era que Michael Jordan, el mejor jugador de baloncesto del planeta, debía triunfar en cualquier deporte que se propusiera. Probablemente muy pocos jugadores podrían haber cambiado así de deporte y haber hecho lo mismo que él, pero así no es como se medía a Michael Jordan. Tan solo su figura podía hacer que aquello quedase como una pequeña manchita en su historia. El regreso triunfal posterior contribuyó. Pero viendo estas imágenes solo esperaba que apareciese de una vez Bugs Bunny para llevarse de nuevo a Michael a una cancha de baloncesto.

Volvemos a 1998. Vemos a Jordan cebarse con Scott Burrell en los entrenamientos. Seguramente sea lo más cercano que veamos a una recreación de aquel día en el que Jimmy Butler abusó de Andrew Wiggins cuando compartían equipo en los Wolves. Me asalta una duda: ¿habrá flashforwards en la serie? ¿Nos sorprenderán, a lo Lost, con algo que parece que es un flashback pero en realidad sucede en el futuro? En definitiva, ¿nos enseñarán cómo Michael Jordan destrozó la moral y la confianza de Kwame Brown en los Washington Wizards haciéndole llorar delante de sus compañeros? (Para que conste, Brown negó esa historia. Jordan no).

Scott Burrell tenía 27 años en esa temporada. Con 25 había empezado a despuntar en los Charlotte Hornets, promediando 13.2 puntos por partido después de ganar el premio al jugador más mejorado, pero las lesiones se cebaron con él en esos años. Aun así, era un chico talentoso. No en vano había sido el primer atleta en ser elegido en primera ronda de la MLB (Toronto Blue Jays) y la NBA (Charlotte Hornets). Burrell insistía en competir con Jordan, pero nunca respondía a sus ataques. “Te acabo de ganar, ¿quieres echar otro uno contra uno?” le dijo en una ocasión. “Claro, quieres decirles algún día a tus nietos que ganaste a Michael Jordan. Pero qué les diré yo a los míos, ¿que gané a Scott Burrell?”

El mismo Jordan lo dice. Siempre estaba buscando pelea. Si le respondías, te defendías, y estabas a la altura, te ganabas su respeto. Eso es lo que hizo Bill Wennington. El pívot hacía su labor, pero no era precisamente un mago del baloncesto. Cuando jugaba en la Virtus de Bolonia compartía equipo con Micheal Ray Richardson y este no paraba de decirle al entrenador, Ettore Messina, que “Wennington no es un jugador de baloncesto… ¡es un leñador!” El caso es que Jordan le llamaba “manos de trampolín,” porque decía que siempre que le llegaba el balón inmediatamente tiraba a canasta. Un día el pique fue a más, y aunque Wennington quería dejarlo, Jordan insistía e insistía.

“Michael Jordan, como sigas así cuando vengas mañana te vas a encontrar con una serpiente de dos metros dentro de tu taquilla, te lo juro,” dijo Wennington. “Si haces eso te mato,” respondió Jordan. “Vale, entonces yo seré hombre muerto. Pero tú serás el gilipollas con una serpiente de dos metros dentro de su taquilla.”

Cuando Jordan se retiró en 1993, los Bulls se reforzaron con Toni Kukoc (¡Kukoc!) mientras Scottie Pippen asumía el rol de líder del equipo. Como macho alfa de aquel vestuario, Pippen se ofendió tremendamente cuando Phil Jackson puso en manos de Kukoc el balón decisivo del game 3 de semifinales de conferencia. Decidió no salir a la pista. Seguramente Phil tuvo en cuenta dos factores. El primero, que se comenta en The Last Dance, que Kukoc ya había metido varias canastas ganadoras esa misma temporada. El segundo, que no se llega a ver, que Pippen ya había tenido el balón en sus manos en la acción anterior en un aclarado, y no fue capaz de lanzar a la canasta antes de que se acabara el reloj de posesión. Él consideraba que el croata no había hecho bien el aclarado y eso le había perjudicado. Pero Kukoc la metió. Si el cabreo el arrepentimiento de Pippen tuvieron como resultado el gran mate que nos regaló sobre Pat Ewing más adelante en esas series, que sea bienvenido. De cualquier manera, los Knicks ganaron a Chicago y se demostró una vez más que, mientras Jordan canalizaba su carácter en el juego y era un as de la manipulación, Pippen era mucho más volátil, capaz de explotar en cualquier momento, y menos sutil en otras artes.

El final del séptimo episodio vemos por qué se había tratado de inflar un poco de más la amenaza que fueron realmente los New Jersey Nets en la primera ronda de 1998: es Scott Burrell, el “maltratado” anteriormente por Jordan, quien aparece como el héroe del game 3 que cierra la barrida. Burrell termina con 23 puntos ese partido, 11 de ellos en el tercer cuarto, que es cuando se rompió el encuentro. Michael Jordan podía ser muy duro con sus compañeros, pero mirad lo que conseguía. Si a los dos minutos finales (se me han puesto un poco los pelos de punta, lo reconozco) le añades un logo de Nike al final, tienes un anuncio brutal. No me gustaría ser compañero de Jimmy Butler cuando vuelva a los entrenamientos después de haber visto The Last Dance.
Llegamos al episodio 8, ya solo nos quedan tres para el final.

Los Bulls ganan el primer partido de la segunda ronda de 1998 contra los Charlotte Hornets. Pero, cuidado, BJ Armstrong estaba ahora en los Hornets, y nos asegura que “yo conocía su sistema mejor que nadie, yo sabía cómo ganarles.” Y, efectivamente, los Hornets ganaron el segundo partido de aquella serie. Nos dan la sensación de que Armstrong metió 40 puntos aquella noche, pero hizo 10 puntos y 2 asistencias. Lo que sí que metió el base con eterna cara de niño fue la canasta que sentenciaba el partido. “¡Esto es una reivindicación para Armstrong!” dijo el comentarista sobre el jugador, que en su día había sido importante en Chicago, pero ahora promediaba 4 puntos por partido en Charlotte. Razón no le faltaba, BJ Armstrong sabía cómo ganar a los Bulls. Un partido, al menos, que fue lo que ganaron los Hornets (4-1). Con esto nos intentan ilustrar cómo Jordan encontraba también una motivación extra ofendiéndose con sus rivales por nimiedades.

En 1994 los jugadores de la MLB, la liga de baseball, convocaron una huelga para tratar de mejorar sus condiciones. Ese año no hubo campeón, y la huelga llegó a amenazar seriamente también a la temporada de 1995. Una de las últimas medidas que propuso la liga fue jugar con jugadores de repuesto procedentes de las ligas menores. ¿Os imagináis a la NBA proponiendo que jueguen los jugadores de la G-League? Pues algo parecido. Como jugador de ligas menores Jordan se negó, y poco a poco fue acercándose de nuevo al baloncesto. Eso nos lleva a su famosísimo fax: “I’m back”.

Los Bulls apenas estaban por encima del 50% de victorias en aquel momento. Horace Grant, a quien habían acusado de ser el chivato del vestuario, se sorprendió cuando Jerry Reinsdorf le dijo que no querían que siguiera, pero firmó un jugoso contrato de 50 millones de dólares por 5 años con Orlando. Fueron precisamente los Magic quienes eliminaron a Chicago en segunda ronda. Jordan solo había jugado 17 partidos de temporada regular y otros cuatro de playoffs hasta ese momento y no estaba en su mejor estado de forma. Pero aquellos Magic se emparejaban muy bien con unos Bulls que aún no contaban con Dennis Rodman. Con Penny Hardaway y Nick Anderson en las alas, Dennis Scott desde el banquillo y un monstruo de 22 años llamado Shaquille O’Neal, solo dos leyendas ultra inspiradas como Hakeem Olajuwon y Clyde Drexler, acompañados en Houston de los mejores Robert Horry y Sam Cassell, pudieron apartarles del anillo.

No hubo quien frenase a Chicago en las tres siguientes temporadas. Pero antes había que grabar Space Jam. Me parecen muy interesantes las pachangas que echaban algunos de los mejores jugadores de la liga en aquel momento (evitaré comentarios sobre “hoy en día los jugadores son demasiado amigos, entrenan juntos, etc.” porque ya los hice antes). BJ Armstrong asegura que aprovecharon para hacer scouting de aquellos jugadores: Reggie Miller, Patrick Ewing… por lo visto, los Chicago Bulls no debían tener ojeadores, ni realizar informes sobre otros equipos y jugadores. Al menos esos informes no le debían llegar a Armstrong, que llevaba 6 años ya en la NBA, pero tuvo que entrenar con esas estrellas para conocerlas. Empiezo a pensar que el bueno de BJ está en The Last Dance para aportar un punto cómico involuntario.

Steve Kerr, por su parte, está en este documental para hablar de dos cosas principalmente: su canasta ganadora, y el puñetazo que le dio Michael Jordan. También para atraer a una audiencia más joven en la campaña promocional, aunque ese es otro tema. Pero ahora le toca hablar del segundo de esos dos puntos principales. Es lo que decíamos antes: si eras fuerte y te defendías, te ganabas el respeto de Jordan. Aunque eso supusiera recibir un puñetazo suyo. Casi cualquier otro jugador habría sido despedido, claro, pero era otra época y era Michael Jordan quien lo hizo. No es comparable.

En 1996 los Chicago Bulls ganaron 72 partidos. Si durante aquella temporada alguien les hubiera dicho que unos cuantos años después otro equipo llegaría hasta los 73, probablemente habrían ganado 75. Porque la sensación que daba aquel equipo era de absoluta imbatibilidad. Sus tres últimas derrotas, contra Toronto, Charlotte e Indiana, fueron por un único punto. En aquellos playoffs solo perdieron 3 partidos, pero lo mejor de todo es ver a Jordan riéndose de la insinuación de Payton de que aquellas finales contra los Sonics habrían sido muy diferentes si él le hubiera defendido todo el rato.

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Ya solo nos quedan dos episodios para terminar The Last Dance. Hasta ahora mis episodios favoritos han sido el 4 y el 6. Coincidencia o no (no), en los que menos viajes en el tiempo se realizan. Por suerte, las líneas temporales ya están coincidiendo y llegarán a tocarse en los dos últimos episodios. El final ya conocemos cuál es. Nos falta saber cómo terminan de contarnos el camino.

Otras notas sobre los episodios 7 y 8 de The Last Dance:

  • Mientras vemos The Last Dance no podemos olvidar que es un trabajo inacabado hasta este punto. El director, Jason Hehir, aún estaba entrevistando a gente hasta el momento en el que comenzó el confinamiento. La idea era que se estrenase en verano, pero la situación actual ha hecho que todo se adelantase. Y eso, inevitablemente, puede afectar al producto. Tomar decisiones más fáciles. Profundizar menos en algunas cosas complicadas y meter algún montaje más sencillo. El episodio 9 no se terminó de montar hasta el 1 de mayo, y la fecha estimada para terminar el 10 era ayer, 10 de mayo. Hehir probablemente no lo dirá, pues debe vender su producto, pero quizás estemos viendo algo diferente a lo que tenía en mente en un principio.
  • Relacionado (quizás) con el punto anterior: la semana pasada comentaba que habían cancelado una entrevista con un importante periodista para poder grabar a Justin Timberlake, pero no recordaba el nombre. Esta semana pasada ha estado con Zach Lowe: era el grandísimo Jack McCallum, autor de muchos libres entre los que destacan “The Dream Team” o “07 segundos o menos.” Una enorme pérdida para el documental, y quiero pensar que tenían pensado entrevistarle ahora, pero la pandemia lo impidió, no que preferían tener a Justin Timberlake antes que a uno de los periodistas que mejor conocen los entresijos de la NBA.
  • “¡Vamos, Scott Burrell!” ¿Jordan siempre llama a sus compañeros por su nombre y apellido?
  • 8 episodios han pasado, nos quedan solo dos… ¿alguien ha visto, aunque sea de refilón, a la mujer de Jordan? ¿O a sus hijos?
  • Bill Wennington cuenta la historia mencionada de la serpiente y unas cuantas más en uno de los últimos episodios del podcast de Howard Beck.
  • Durante mucho tiempo hubo gente que seguía dudando de la salud económica de Michael Jordan, achacando sus posibles problemas financieros a su afición por las apuestas. Pero cualquier duda que hubiese al respecto debería quedar disipada en 2010 cuando se le realizó una auditoría externa a sus cuentas para aprobar la compra de los Charlotte Bobcats.No es menos cierto, sin embargo, que la compra de los Bobcats, valorada en 275 millones de dólares en su día, a él solo le costó 30 millones de dólares en efectivo. El resto fue asunción de deuda del dueño anterior. Y tuvo mucha ayuda de la NBA para realizar la adquisición, pues la liga estaba muy interesada en que su mayor icono siguiera involucrado. En cualquier caso, es evidente que, si en algún momento llegó a tener algún problema económico, que no lo creo, ahora ya no es así. Los Charlotte Hornets están valorados actualmente en 1.500 millones de dólares, y en septiembre de 2019 vendió una parte minoritaria que seguramente le permitió recibir más valor que los 30 millones que pagó en un primer momento.
  • El “Way to go, Craig” del principio es mortal. Un minuto de episodio y ya me han sacado una carcajada.
    Michael Jordan fumaba puros entre partido y partido de playoffs. No tengo más que añadir.

Episodios 9 y 10 de The Last Dance

Los Indiana Pacers fueron un rival durísimo para los Chicago Bulls en 1998, como nos enseñan en el episodio nueve de The Last Dance. Cuando Reggie Miller decía aquello de “voy a retirar a Michael Jordan,” al final del episodio 8, no era algo exagerado pensar que esa fuera su visión en 1998. Los Bulls habían mostrado grietas esa temporada, y los Pacers eran un equipo duro, con muy buenos jugadores de rotación, una gran estrella en Miller y una leyenda como Larry Bird en el banquillo.

Cuando Bird tomó las riendas de aquellos Pacers solo quiso tener a dos entrenadores asistentes junto a él. Donnie Walsh le ofreció un tercer puesto, y básicamente todo el mundo en la NBA tenía entre tres y cuatro asistentes. “¿Para qué quiero un tercer asistente?,” contestó Bird. “Ya casi no tengo trabajo que hacer teniendo a dos.” Se trataba de Rick Carlisle, su mano derecha en ataque, y de Dick Harter, su mano izquierda en defensa. Uno de los puntos fuertes de aquellos Pacers era su tridente de entrenadores y su capacidad para realizar ajustes entre partido y partido para tapar las carencias de la plantilla.

Chicago ganó los dos primeros partidos con la defensa como arma principal. Destacaba especialmente la labor de Scottie Pippen sobre Mark Jackson, cortando por completo la creación de los Pacers. Cuando la prensa preguntó a Bird sobre la defensa de Pippen después del segundo partido, su respuesta fue irónica.

Me gustaría ver a Scottie Pippen defendiendo a Michael Jordan a toda la pista como lo está haciendo en esta serie. A ver cuántas faltas le pitarían.” En el tercer partido de la serie Pippen veía cómo le pitaban dos faltas rápidas y debía irse al banco.

Bird trató de aprovechar su mayor profundidad de plantilla y la mayor juventud de sus jugadores al máximo. Hacía cambios constantemente para mantener a sus jugadores frescos, contrastando con el juego cada vez más pesado y cansado de los veteranos Bulls. Indiana igualó la serie a dos (no recordaba que el último lanzamiento de Jordan en el game 4 estuviese tan cerca de entrar, la verdad). Chicago respondió con una enrabietada paliza en el game 5. Los Pacers volvieron a conectarse en el sexto. Su defensa parecía seguir las Jordan Rules, contactos continuos, cansando a un MJ que ya no tenía 26 años como cuando se medía a los Bad Boys. Su mayor profundidad (25 puntos de su banquillo por 8 de los Bulls en el Game 6) y el entendimiento total de cada jugador de su rol les puso en posición de poder tumbar a la dinastía de los Bulls.

No lo llegaron a lograr. Probablemente fueron quienes más complicado se lo pusieron a los Bulls de Jordan desde que ganaron su primer anillo, pero se quedaron a las puertas a pesar de comenzar el game 7 con una ventaja de 20-8. Una de las claves para que Chicago sobreviviera fue el gran nivel de Toni Kukoc, quien pasó a ser titular en cuatro partidos de la serie. Un Jordan visiblemente agotado sacó fuerzas de donde no las había para llegar hasta la canasta o sacar tiros libres.

Después de haberse medido con los defensores jóvenes, rápidos y atléticos de los Indiana Pacers, para Jordan pasar a tener delante a John Stockton, Jeff Hornacek o incluso Bryon Russell fue un alivio. Pero eso será en el siguiente episodio. Nos queda por cerrar una historia aún de 1997, las Finales también contra los Jazz. Karl Malone había sido el MVP, y Michael Jordan usó eso para motivarse. Alguien hace algo, como toser, o respirar, o existir, y Michael Jordan se lo toma como motivación. La historia interminable.

Por fin, la historia de la pizza. Ya sabíamos también desde hace tiempo la historia de la pizza, después de años de especulación de que podría tratarse de una fuerte resaca, pero no había alcanzado la popularidad que tendrá ahora que se ha contado en The Last Dance. Quizás se cambie el nombre de aquel partido para siempre, pasando de ser “the flu game” a “the pizzagate game.”

Reconozco que desconocía por completo la historia del padre de Steve Kerr. Me ha emocionado mucho. No sé si añade demasiado a la historia de los Bulls del 98, pero me alegro de que hayan decidido contarlo. La semana pasada dije que Kerr estaba en el documental para contar dos historias, la del puñetazo y la de la canasta, pero me equivocaba. Su discurso explicando su versión de lo que pasó en el tiempo muerto es mítico.

Los Pacers estuvieron realmente cerca de cambiar esta historia. El mismo Jordan lo resume al final del episodio 9: “no habíamos tenido que trabajar tan duro en 13 años.”

En el décimo y último episodio aparecen por primera vez los hijos de Michael Jordan, para presentarnos la ruidosa atmósfera de la cancha de Utah. El año anterior muchos periodistas habían dicho que creían que el resultado de las Finales podría haber sido muy diferente si Utah hubiera tenido el factor cancha a favor, como era el caso en 1998. Pero los Bulls robaron esa ventaja en el segundo partido de la serie. Empezamos a escuchar “Right Here, Right Now, de Fatboy Slim. Vivimos la paliza de los Bulls a los Jazz en el game 3. Y uno de los mejores momentos de la serie, firmado por Jerry Sloan: “¿es este el resultado final? ¿De verdad?”.

No podía ser todo tan fácil, tenía que haber más drama. Dennis Rodman tomándose un respiro en plenas finales para participar en la WWE, lo que nos lleva a Rodman escapando del vestuario por la puerta de atrás mientras alguien le esperaba con su coche arrancado para salir pitando como si de un atraco se tratase.

Los Jazz pelearon, y se ganaron la oportunidad jugar los dos posibles últimos partidos de la serie en Salt Lake City. Pippen, quien había sacado tres faltas en ataque y había topado con el suelo en múltiples ocasiones en el partido anterior, tenía la espalda destrozada. Hasta ese momento había voces que defendían públicamente que Pippen estaba siendo el MVP de aquellas Finales gracias a su defensa, como por ejemplo Sam Smith. Pero nadie pensaría aquello después de lo que iba a suceder en el sexto partido.

La estrategia era más clara aún con la lesión de Pippen. Había que aguantar cerca en el marcador como fuese, y ponerse en manos de Michael Jordan al final. Bob Costas tiene razón. La secuencia del robo de Jordan y The Last Shot es una de las más épicas de la historia del deporte. A la altura del famoso gol de Maradona y de las acciones más grandes que se puedan mencionar. Y Dios se volvió a vestir de jugador de baloncesto. Era el final perfecto para su carrera.

(¿Wizards? ¿De qué etapa de los Wizards me hablas?).

El próximo mes de octubre quién sabe dónde estaremos,” dice Michael Jordan ante la afición. Después, Jerry Reinsdorf explica que no quiso renovar aquel equipo por una cuestión de dinero, aunque da un ligero rodeo para no decirlo con esas palabras. Jordan asegura que él habría vuelto con un contrato de un año, y que cree que el resto del equipo también, incluido Phil Jackson, aunque el mismo entrenador dice que no. Pippen era ya otra historia. “Habría que haber hecho mucho trabajo para convencerle,” dice Jordan. Yo creo que es evidente que Pippen ya había decidido. ¿Habrían logrado el séptimo renovando a todos menos a Pippen?

Pero aquí nos falta un poco más de contexto. No solo es que se dijese antes de la temporada que aquel iba a ser el último año, que Krause quisiera dejar marchar a Phil Jackson por su amor a Tim Floyd, o que Pippen quisiera marcharse y hacer caja. En The Last Shot en ningún momento se menciona que justo en ese momento se produjo un Lockout. La temporada estuvo a punto de cancelarse por completo, y no se salvó hasta el último momento, en enero de 1999. La incertidumbre sobre lo que iba a pasar era total.

Y otro punto que es casi delito pasar por alto sin mencionar siquiera es que Michael Jordan sufrió una importante lesión en el dedo índice de su mano derecha al tener un accidente mientras cortaba un puro estando de vacaciones en las Bahamas en el verano de 1998. Jordan se seccionó un tendón, tuvo que operarse y se habría perdido casi con total seguridad la mayor parte de la temporada siguiente. Cuando anunció su retirada en enero de 1999 Jordan era consciente de esto. Aún en el año 2000 sufría las secuelas de la lesión. “Puedo lanzar a canasta, pero no puedo coger el balón por completo,” le dijo al Chicago Sun-Times. “Me cuesta mucho coger el balón después de driblar como solía hacerlo antes.” La decisión estaba tomada, así que puede verse como algo secundario, pero es un contexto necesario, en mi opinión.

Creo firmemente que Jerry Krause se merecía una redención en The Last Dance, más allá de que Scottie Pippen salga diciendo que era el mejor general manager por pura educación. O, al menos, que alguien participara defendiendo su punto de vista. En mi opinión, las declaraciones grabadas de la época no cumplen lo suficiente con esa labor, y no habría llevado más de 10 minutos añadir un punto de vista diferente. Quizás el director pensase que ya es bastante evidente que Krause hizo una buena labor, aunque luego lo tirase por la borda, teniendo en cuenta que el equipo que montó ganó 6 anillos, pero no me parece así.

Alguna gente está malinterpretando y pensando que le estamos ridiculizando,” decía hace una semana el director, Jason Hehir. “En cualquier caso, es lo contrario. Lo que quiero demostrar a la gente es por lo que pasaba este hombre a diario.”

Quien debería haber ofrecido el punto de vista de Krause en esta historia era el dueño de la franquicia, Jerry Reinsdorf. No lo hizo. ¿Por qué? Porque Krause siempre fue su chaleco antibalas. Jerry Reinsdorf hizo su fortuna con bienes raíces. En ese mundo, cuanto más duro negociases los precios de las parcelas o los materiales, más beneficios sacabas. Así estaba acostumbrado él a proceder, negociando al máximo, exprimiendo hasta el último centavo. Su reputación en el mundillo inmobiliario era la de alguien terroríficamente duro en las negociaciones.

Pero Jerry Reinsdorf sabía que las relaciones personales pueden terminar siendo muy importantes en el mundo de los deportes, así que él decidió ser el “poli bueno.” Krause hacía el trabajo sucio para Reinsdorf en las negociaciones. La estrategia era clara: Krause era quien empezaba las negociaciones, con la indicación de que hiciera ofertas bajas, que fuese duro, que frustrase a la otra parte y que, para ello, llegase incluso al desprecio. Es cierto que Krause tenía problemas de trato con la gente justo porque no se cortaba a la hora de menospreciar su valor, y Reinsdorf le utilizaba justamente para eso. Porque, después de alargar todo y de frustrar a la otra parte, el dueño de la franquicia aparecía, se hacía cargo de las negociaciones y cerraba el acuerdo, habiendo cedido ya la otra parte a una buena parte de sus pretensiones en la fase de negociación con Krause. Esta forma de actuar está más que documentada, y por ello los agentes odiaban trabajar con los Chicago Bulls.

Jordan era diferente, claro. Tanto él como David Falk se habían dado cuenta rápidamente de la jugada después de la firma de su primera renovación, y a partir de ese momento comunicaron a Jerry Reinsdorf que solo negociarían directamente con él. Esto molestó a Krause, por supuesto, al ser evidente que Jordan estaba por encima de él. Pero esa no fue la única manera que tuvo la estrella de la franquicia de hacer “justicia.” En alguna negociación que se estancaba más de la cuenta por la forma de negociación de los Bulls, Falk llegaba para interceder. En el caso de la negociación de la renovación de John Paxon, por ejemplo, Jordan le pidió a Falk que le consiguiese una oferta competitiva de otra franquicia para mejorar su posición negociadora. No logró una renovación al alza hasta que demostró que tenía una oferta de los San Antonio Spurs.

Es evidente que la necesidad de ser reconocido de Krause dificultó mucho las cosas. Para él no había nada peor que sentir que no se le daba la importancia suficiente. Por eso siempre buscó el protagonismo. Y por eso estaba convencido de que debía reconstruir aquellos Bulls. Si lograba ganar un anillo con un equipo sin Jordan, habría demostrado que él era el genio responsable de los éxitos. Esa fue su perdición. Pero Reinsdorf estaba también detrás de todo, las decisiones se tomaban con su aprobación, y su estilo de negociación contribuyó al grave deterioro de las relaciones en la franquicia. No es justo que salga de rositas de The Last Dance mientras se distancia de Krause. Más de dos décadas después, sigue usándole como escudo.

Llegando a la recta final, analizando todo como un conjunto, y con todo lo bueno que tiene, no creo que podamos decir que The Last Dance sea un gran trabajo periodístico. Por varias razones:

  • Aporta mucho contexto general a la historia, lo cual es un buen valor periodístico, pero no da ninguna información nueva o ningún punto de vista novedoso. En algunos casos se queda corto.
  • En los asuntos más complicados se pasa de puntillas. Dennis Rodman quedándose dormido con un arma en su coche… Michael Jordan y sus apuestas… Y esto nos lleva al siguiente punto.
  • Desde el momento en el que Michael Jordan tiene que dar el ok a lo que se va a emitir; desde el momento en el que la misma NBA es productora del show; y desde el mismo momento en el que ESPN es el gran socio de la NBA, la integridad total del documental queda comprometida.
  • El gran director y productor de documentales Ken Burns lo expresaba así: “si el protagonista tiene tal influencia hasta el punto en el que el mero hecho de que se llegue a realizar el documental depende de él, eso significa que habrá determinados aspectos en los que no se va a entrar en profundidad. Y así no es como se hace el buen periodismo.”

Eso sí, no se puede negar que The Last Dance es un grandísimo espectáculo televisivo. Tiene mucho mérito montar un episodio como el 10 por completo en mitad de una pandemia. Quizás en ocasiones los continuos saltos en el tiempo podían confundir un poco, pero en general es un producto espectacular, a la altura del mejor entretenimiento. Yo, personalmente, lo he disfrutado mucho. Suena Pearl Jam. Llegamos al final. Fundido a negro.

Ahora queda esperar que aquellos que también han disfrutado al máximo de The Last Dance no se queden en su superficie. Que vayan más allá, quieran saber más, busquen otros buenos documentales históricos de baloncesto, lean libros, que vayan a las fuentes de la época. Si The Last Dance consigue eso, habrá hecho un gran bien al mundo del baloncesto.

Y, aunque no sea así, habrá trascendido como el producto televisivo más exitoso de la historia de la NBA.

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Otras notas sobre los episodios 9 y 10 de The Last Dance:

  • Michael Jordan dio su aprobación definitiva a la realización de The Last Dance el día en el que los Cavaliers y LeBron James celebraban su anillo de 2016 en las calles de Cleveland. Como me imagino que diría el propio Michael Jordan, “estaban celebrando el anillo. Eso es todo lo que necesitaba para motivarme. Aquel día acabé con la conversación sobre el mejor jugador de la historia de una vez por todas.”
  • Phil Jackson comparte con Scottie Pippen el honor de ser el segundo personaje mejor parado del documental, detrás de Jordan. Después de lo sucedido en su última etapa en los New York Knicks, lo necesitaba. Jackson aparece en momentos muy puntuales después de habernos contado ya su historia, pero en general es una gran victoria para él.
  • Viendo las imágenes del título de 1997 reparo en un jugador de fondo de armario de los Bulls llamado Brian Williams, quien se había incorporado un par de meses atrás por motivo de una lesión de Bill Wennington. Después se cambiaría el nombre a Bison Dele. Gonzalo Vázquez y Andrés Monje relatan esta historia tan loca en El Reverso 
  • Los Chicago Bulls terminaron la temporada 1997-98 con un balance 62-20, empatados con los Utah Jazz como el mejor récord de la NBA. Phil Jackson tenía una cláusula en su contrato por la cual recibiría 50.000 dólares si el récord del equipo era el mejor de la liga. (Dicha cláusula estaba en su contrato por error. A la hora de redactar el contrato final los Bulls dejaron un bonus que se encontraba en el contrato anterior). Jerry Reindsorf, sin embargo, dijo que no habían logrado el mejor balance de la NBA, ya que los Utah Jazz tenían de su parte el desempate (y el factor cancha en las Finales). Al final, llegaron a un acuerdo por la mitad, 25.000 dólares. Phil Jackson cobraba 6 millones en esa temporada, pero no había victoria pequeña contra la front office de los Bulls.
  • Del game 6 de 1998 en Utah todos recordamos The Last Shot. No es para menos. Pero también fue muy importante la bandeja anterior de Jordan. La situación no se ve bien en The Last Dance, pero en el tiempo muerto Tex Winter dibujó una variación de una jugada que había “cogido prestada” a los New York Knicks de la época de Phil Jackson. Todo el movimiento estaba destinado a dejar a Jordan en un aclarado con Russell en el lado derecho. Los Jazz no tuvieron la oportunidad de enviar un dos contra uno a Jordan, y este metió la bandeja. ¿El nombre de la jugada original? “Whatthefuck.”
  • John Stockton ya parecía un hombre de 60 años cuando jugaba, así que ahora que casi los tiene no parece que los años pasen por él.
  • Muchos me habéis hablado de la baja calidad de la traducción, tanto en el doblaje como en los subtítulos. Personalmente no puedo hablar sobre ello al haberlo visto en versión original. No soy fan de los doblajes, pero romperé una lanza a favor en este caso diciendo que, en la situación actual, ya es bastante que se haya ofrecido una versión doblada. Aunque podría haberlo traducido alguien que supiese un poco más de baloncesto.
  • En los Indiana Pacers de 1998 nos encontramos al gran Mark Pope. Quizás a muchos no les suene su nombre, pero nos dejó algunas de las grandes perlas de la historia de la NBA. Frases como “con lo malo que soy es un orgullo ser el 12º jugador del equipo,” o “cada vez que me ficha una franquicia, hay una franquicia más que se da cuenta de que no valgo para esta liga.”
  • ¿Cuáles fueron las primeras declaraciones de Jerry Krause tras acabar el sexto partido en Utah? “¡Lo hemos logrado!,” dijo Krause, según recogía Phil Rosenthal, del Chicago Sun-Times. “¡Jerry Reindsdorf y yo lo hemos logrado seis veces!”