Y la NBA llegó a España. Memorias con Ramón Trecet, por Gonzalo Vázquez

Y la NBA llegó a España. Memorias con Ramón Trecet, por Gonzalo Vázquez

Artículo publicado en el número 1.508 de la revista, en abril de 2021,que puedes conseguir aquí

Si algún fenómeno sacudió con fuerza a la juventud española en los años ochenta sin duda fue la NBA.

A finales de 1987 la mejor liga de baloncesto del mundo comenzó a emitirse en Televisión Española. Si bien desde unos años antes el ente público se había animado a la emisión de algunos partidos, ocultos en la programación de entonces, la NBA se instaló semanalmente en nuestras vidas a través del programa Cerca de las Estrellas, cuyo enorme éxito supuso un auténtico fenómeno social entre los más jóvenes, que descubrían así aquel baloncesto de otro mundo. Igual que el programa, su artífice y presentador, el veterano periodista Ramón Trecet, pasaría a convertirse en un rostro célebre de la pequeña pantalla y un icono de aquellos felices años ochenta. Desde Gigantes hemos tenido el placer de charlar con él y recordar la gestación del programa y la fiebre del baloncesto americano que invadió a la juventud de aquellos días.

Tiempo antes de empezar el programa, contigo trabajando en TVE, tiene que haber un momento que actuara como principio, como el detonante de lo que estaba por llegar. ¿Dónde o cuándo lo situarías?

Ramón Trecet: Para mí arranca con un viaje a Los Ángeles por una entrevista para Radio 3 con Leonard Cohen. Allí me tropiezo ya con una NBA que yo conocía desde años antes en la que acababan de entrar Magic Johnson y Larry Bird, cuya final universitaria había roto todos los esquemas. Entonces no lo sabíamos, pero ambos iban a inaugurar la contemporaneidad de la NBA y un salto que la iba a situar en el frontispicio del deporte americano, un plano impensable para el baloncesto profesional. Justo después disfruté de una estancia de casi un año en Nueva York, a caballo entre el Lincoln Center por la música y el Madison, donde pude ver a unos Knicks terribles. A mi regreso, charlando con Josean Gasca, me dijo que había comido con un matrimonio, Eduardo Portela y María Planas. Puede que esto no tuviera importancia si no fuera porque allí se estaba gestando el nacimiento de la ACB. Eran tiempos de cambio y el baloncesto estaba viviendo el suyo. Según transcurría la década conseguimos algunos partidos de la NBA que emitíamos en verano. La selección española vivía momentos de esplendor y la plata en Los Ángeles estimuló aún más el crecimiento y la afición por el baloncesto. Había un interés en TVE por dar un paso más en el mundo de la canasta pero aún no había una idea clara de cómo hacerlo.

Hasta que la hubo. ¿Cómo nace el programa?

Ramón Trecet: Un día José Luis Rubio, que era el productor ejecutivo de deportes, me arroja la idea en la sexta planta del Pirulí, donde aún estaban poniendo puertas. Me dice: “Oye, que estamos buscando un perro verde con pintas rojas, y tú sabes inglés, has hecho baloncesto y sabes de la NBA. ¿Qué te parece?”. Y qué le iba a decir yo, a mí me parecía maravilloso. Tuve que presentar un proyecto con lo que podíamos hacer, y cuando pensaba que sería el típico asunto que madurar uno o dos años resulta que dos días después lo aprueban para empezar cuanto antes, en apenas dos semanas. Alguien tuvo que ir a Nueva York a hablar con aquel conglomerado para saber cómo hacer las cosas y, mientras, se montó el set en el estudio cinco de Prado del Rey. Coincidían muchas cosas entonces y casi todas buenas. Eran años buenos en Televisión Española, que dirigía Pilar Miró, a la que conocía desde los setenta. Era una tele valiente y creativa, con un gran equipo de profesionales en general y de deportes en particular. El equipo de redacción y realización que dirigía Luis Enciso era fantástico. Y así empezamos el programa y la temporada con un partido entre Celtics y Bucks. Me dijeron si quería un comentarista fijo y yo dije que no, que prefería invitados, uno por cada programa, gente del baloncesto que tuviera cosas que contar. Y así pasó un montón de gente por allí. Los llamaba Manuel Carballés. Funcionó tan bien que a partir de la tercera semana quería venir todo el mundo. El único que dijo no fue Fernando Martín, que acababa de volver de la NBA, como si no quisiera saber nada más de aquello. Estaba muy dolido por cómo le habían tratado.

El título del programa sigue siendo inolvidable.

Ramón Trecet: Lo curioso es cómo dimos con su nombre. Faltaban unos diez días para empezar y aún no teníamos muy claro cómo llamarlo. Era algo que llevaba NBA por medio pero nada original o llamativo. En esto que el jefe de programas musicales, Ángel Luis Ramírez, me presenta una mañana un cartel de una película, uno de aquellos carteles que pegaba a la entrada de los cines para presentar la cinta. Y resulta que el título de aquella película era “Cerca de las Estrellas”. Era una película española del 62. Me pidió opinión y le dije que aquel nombre era perfecto. Vaya si lo era.

Como el programa en sí y la entrada de la NBA en nuestras vidas. Hay muchos recuerdos de aquel primer año, pero pocos igualan a la noche del All Star en Chicago.

Ramón Trecet: Ese fue el primer directo de un partido NBA en España. Hacerlo costaba un ojo de la cara, pero todos teníamos claro que o lo hacíamos bien o no iba a tener la repercusión que aquello podía tener. Mandamos allí a Pedro Barthe. Desde el primer momento pedí que fuera él porque se lo merecía, y nos quedamos en el estudio Vicente Salaner, Esteban Gómez, Wayne Brabender y yo. Recuerdo que Pedro nos llamó al día siguiente del concurso de mates diciendo que no podíamos haber tenido más suerte porque fue sensacional. Y el partido también, con un Jordan inconmensurable y una generación de estrellas que encarnaba aquella época.

Empapelamos nuestras carpetas del colegio con todo aquello. Solías repetir en las retransmisiones que por fin podíamos verlo sin cortapisas, un espectáculo que en Europa no terminábamos de comprender.

Ramón Trecet: Aquí no estábamos acostumbrados a ese nivel de baloncesto. Aquello era grandioso, otro mundo. Chavales entre los doce y los veinte años alucinaban con todo aquello. Creo que allí gestamos un amor por el baloncesto que iba más allá de la ola que invadía el país por las canastas

Fue el núcleo vital de toda una generación. Esperábamos el programa toda la semana, y mientras tanto nos poníamos a hacer locuras en los recreos y los patios.

Ramón Trecet: Antes del partido sabes que dábamos el resumen, que entonces era el NBA Today. Nos mandaban los highlights y aquello era lo mejor. Nos podían mandar veinte jugadas y cada semana cinco o seis eran de Jordan, casi siempre las mejores. El día que vino Iturriaga al programa, como se había enfrentado a él en los Juegos de Los Ángeles, yo le dije que cómo era eso de marcar a Jordan, y él lo resumía con gracia: “No, marcar no, yo me ponía allí y él pasaba como le daba la gana”. Yo pedía al productor partidos de Jordan y aquel año y los siguientes pudimos ver unos cuantos. De Jordan, de Wilkins, de Magic y de todos, en fin, que nos hacían alucinar.

Fue un tiempo feliz, y la NBA nuestro mejor juguete. ¿Y para ti, que mezclabas entonces varias tareas profesionales a la vez?

Ramón Trecet: Por supuesto para mí también. Cerca de las Estrellas me ha dado cosas que nunca pensé que podría darme. Aún hoy. Yo tengo que reconocer que mis dos vocaciones profundas, mis dos grandes pasiones, música y baloncesto, me han recompensado con creces, pero el baloncesto de una manera que solo puedo calificar como emocionante. No tengo palabras para describir lo maravillosamente bien que el baloncesto se ha portado conmigo.

 Cómo han cambiado las cosas, Ramón. No sé si convendría explicar a un millenial lo que era la vía satélite para poder ver un solo directo. Y si el del All Star fue una maravilla, emitir luego las finales fue un sueño hecho realidad. Las primeras que pudimos ver íntegramente en España. Como enviado especial ¿qué recuerdos tienes?

Ramón Trecet:No es que hayan cambiado las cosas, es que lo de hoy ni lo imaginábamos. Entonces todo era de una complejidad enorme. Primero tuve que presentarme en la oficina de Nueva York, y allí en la Olympic Tower me explican el plan de viajes y todas las cuestiones técnicas que imagines, puntos para enganchar, detalles de imagen y sonido y todas esas cosas de cuando las líneas telefónicas de cuatro hilos. Vamos, otro mundo. Y entonces hablo por primera vez con David Stern, que estaba rodeado de su personal ejecutivo. Aún recuerdo la impresión que me causó ver por primera vez un teléfono móvil. Lo tenía su jefe de prensa, Brian McIntyre, y aquel cacharro era casi más grande que él. Lo llevaba en una especie de bolsa maleta que era enorme. El caso es que allí me dicen que cuando llegara al hotel en Los Ángeles me explicarían todo con pelos y señales. Solo podíamos emitir reportajes fuera del Forum, y lo hacíamos vía satélite, que costaba un ojo de la cara. Allí conocí a Chick Hearn, el legendario locutor, que se maravilló al saber que yo venía de España. Luego John Black, que ya entonces llevaba la comunicación de los Lakers, me presentó a Jerry West en su despacho, un despacho inmenso, decorado con mil glorias angelinas con los palos de golf descansando en un rincón. West era educadísimo y vestía un traje impecable. Tenía auxiliares para cualquier cosa. Impresionaba todo al más puro estilo Hollywood.

Y sí, también tuvimos suerte con la serie entre Lakers y Pistons. Fueron unas finales espléndidas. Siete partidos y los dos últimos emocionantísimos, sobre todo el sexto, el de aquel cuarto maravilloso de Isiah Thomas con el tobillo hinchado como una bota. No podíamos pedir más. Todo salió tan bien el primer año que me propusieron para el siguiente adecentar el estudio. Pusieron a mi disposición al jefe de decorados en TVE, Rafael Palmero, que había jugado en el Real Madrid, dándome vía libre para lo que yo quisiera, y yo le pedí un salón como el que aparecía en “Nueve semanas y media”, aquella película de la época que era un producto para yuppies. Quedó espectacular, pero tenía tantos detalles que había que montarlo los jueves por la mañana. La verdad es que fue un año trepidante. Porque ese verano también estuvimos en Seúl, donde los americanos se la pegaron con los soviéticos en semifinales. Aquello fue también un momentazo de la década, mucho más importante de lo que imaginamos entonces. Porque quiero recordar que dos años después, durante el Mundial de Argentina, cuando volvieron a perder, el seleccionador Mike Krzyzewski dijo aquello de “no podemos seguir mandando niños contra hombres”. Dos años después ya vimos el resultado. No habría vuelta atrás.

Y entonces llegaron los Celtics a Madrid, la mejor forma de rematar el estreno del programa y todo el fenómeno social que supuso la NBA en España.

Ramón Trecet: Fue todo un acontecimiento porque además vinieron todos. Fíjate si pasaron cosas, y sin embargo una de las escenas que más recuerdo la tuve con el mítico Red Auerbach. Estando con él en el interior del Palacio de los Deportes me fijé que llevaba dos anillos de campeón, uno en cada mano. Y le pedí que por favor se quitara uno y lo pusiera encima de una mesa. Obviamente me miró extrañado diciendo que para qué. Yo solo quería que nuestro cámara hiciera un primer plano de aquella maravilla y abriera después el encuadre hasta enfocar su cara. Cuando se lo dije me contestó: “No me gusta… pero me gusta la idea”. Y lo hicimos. Los Celtics no podían lucir mejor jefe que Auerbach. Desprendía orgullo y grandeza a partes iguales.

La único que lamentabas, recuerdo, era no haber podido hacer coincidir el programa con Julius Erving y el esplendor de Abdul-Jabbar.

Ramón Trecet: Es que habría sido maravilloso capturar la grandeza de Dr. J, un auténtico icono de aquel baloncesto con el que aquí ni soñábamos. Con él ocurrió que justo empezamos al año siguiente de retirarse. Con Kareem fue algo distinto. Aunque los dos años que pudimos verlo todavía en activo los Lakers aún eran muy grandes, él ya estaba muy lejos del jugador dominante que había sido. No puedo olvidar su imponente personalidad. Kareem tenía una cualidad muy peculiar, era una persona distante. Había líneas rojas que no podías traspasar. Era cortés, te saludaba educadamente pero hasta ahí. Apenas hablaba con periodistas y si coincidías con él en el avión preservaba un espacio que no podías cruzar. El incendio en su casa de Bel Air, en el que se perdió una de las mejores colecciones de jazz que había en el mundo, le afectó mucho. No voy a decir que lo cambiara, pero era como si su carácter recordara desde entonces aquella tragedia.

Es imposible señalar a un solo jugador como el gran símbolo de los ochenta. Pero es inevitable recaer en la santísima trinidad: Magic Johnson, Larry Bird y Michael Jordan. ¿Qué es lo primero que te acude con ellos al recordarlos en aquel entonces?

Ramón Trecet: Con Magic es muy difícil describir en justicia lo que transmitía porque iba más allá del baloncesto. Es el jugador más carismático que he visto en mi vida. Era un embajador perfecto del baloncesto, y no hablo solo de NBA. Lo era de un deporte en el que demostraba ser un genio. Su sonrisa eterna era la forma en la que lo interpretaba. Larry era tan genio como él, pero en apariencia no podía ser más distinto. Derramaba orgullo y una fría sensación de ‘cuidado conmigo’. Sentía un desprecio absoluto por aquel que no se tomara en serio el baloncesto. El baloncesto para él era un catecismo. Con Michael teníamos otras sensaciones, yo diría que más indescriptibles. Fueron años en los que aún no ganaba como lo haría después, pero cada vez que recibía el balón tenías la sensación de que podía pasar cualquier cosa. Eso era lo más importante con él. Algo va a pasar ahora. Desde el principio Jordan era la viva imagen de la NBA y la colosal fuerza de atracción que aquel mundo tenía sobre todos nosotros.

Y tus narraciones. Es curioso lo ocurrido con ellas. Toda tu terminología era muy novedosa, incluso transgresora. Recuerdo muchas críticas por ello y resulta que años después aquel estilo se iba a extender hasta imponerse hoy por todas partes.

Ramón Trecet: Es normal que hubiera críticas. Aún pesaban mucho las formas narrativas clásicas en televisión. Pero yo solo sentía amor por el juego, auténtico amor por lo que hacía y así me salía retransmitirlo. Yo me lo pasaba pipa haciendo los partidos. Cada vez que hacía uno me preguntaba cómo era posible que tuviera tanta suerte de hacer lo que más me gustaba. Era la misma sensación que viví al ponerme por primera vez frente a una cámara de televisión en noviembre del 74. No era nada preparado. Todo era improvisación y además me parecía la forma, no sé si correcta, pero sí la ideal para transmitir toda aquella magia del juego. Déjame terminar diciendo que yo no tenía fronteras y que sentía plena libertad en lo que hacía. A mí jamás nadie me metió en un despacho a decirme que no dijera algo. Fui libre para desarrollar mi actividad. Y en honor a la verdad creo que también aquel fue el espíritu de los años ochenta.

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