Apuntes Pitipédicos: ¿Quién fue Bobby Knight?, por Piti Hurtado
La muerte de “El general” no suaviza la visión sobre su carrera, sobre su temperamento, sobre sus luces, sobre sus sombras. El que lo conoció y le amaba, ya lo hacía con exceso recíproco. El que no lo soportaba, si piensa en la parte oscura, seguirá pensando igual.
El Siglo XXI ya se encargó de dejar bien claro que la parte abusiva de su carácter pesaba mucho más que la brillantez de sus títulos pasados o los potenciales. En el año 2000 salió de la Universidad de Indiana tras 29 temporadas descarnadas en las múltiples victorias y sobre todo en las derrotas.
Bobby Knight nació en el año 40, miembro de esa generación que creció mirando la herida emocional de las guerras mundiales, luciendo el orgullo del imperialismo americano y reverenciando al ejército.
Jugó para Ohio State como reserva de mitos como Jerry Lucas y John Havlicek, ganó un campeonato NCAA y se licenció en Historia y Gobierno. El Bobby Knight jugador llevaba fatal estar en el banquillo, hubiera peleado continuamente con el Bobby Knight entrenador. Como no podía ser de otra forma.
Se alistó como reservista, sirvió al ejercito de los estados Unidos como soldado en cuartel y sin quitarse el caqui, pasó a ser ayudante del equipo universitario de US Army y fue nombrado entrenador jefe a los 24 años. West Point marcó su carácter, lo que él ya traía y esos seis años en una institución fuertemente jerarquizada donde a ningún subordinado se le ocurría discutir privada o públicamente una decisión de un superior. Códigos del campo de batalla trasplantados a los pabellones de baloncesto. Allí entrenó a Mike Krzyzewski al que colocó acertadamente como ayudante tras acabar su periplo universitario. Referentes en la profesión de entrenador en nuestro deporte.
En Indiana University fue por momentos algo más elevado que Dios. Los mejores resultados deportivos, un férreo control de la asistencia a clases y observación exhaustiva de las normas NCAA sobre el amateurismo de los jugadores. Esto último limitó el nivel de reclutamiento, pero eso le hizo más mítico. Peores jugadores que otras universidades, menos jugadores estrella que llegarían pronto a NBA pero grandes temporadas de títulos y reconstrucción desde la nada. Eso le hizo rico, sueldo de la Universidad, cantidades del contrato de la marca deportiva, show de radio y show de televisión propios, más la tarifa más alta en las conferencias y clínics. Fue un gran orador: mordaz, ocurrente, directo, encantador cuando quiso.
Los años 70 le hicieron crecer, ganando el título de 1976. En Puerto Rico, ya como seleccionador estadounidense tuvo un incidente grave que puso en peligro su condición de líder de USA para el que fue su mayor éxito internacional, el Oro en los JJOO de Los Ángeles. Subido en un andamio en las pruebas decidió que al lado de “Air” debía ser seleccionado “su” Steve Alford y otros jugadores que no fueron grandes figuras, así como descartar a mitos posteriores como Charles Barkley, Karl Malone o John Stockton. Los tres serían miembros 8 años después del mejor equipo de la historia. A Knight le encargaron construir el conjunto más eficaz para ganar al ogro soviético en casa. Lo hizo con brillantez pero con el pesar de que la URSS no asistió a esa comparecencia. El boicot le molestó al General. Quería toda la gloria para su país y para él.
En los 80 fue el entrenador del mundo más famoso y reputado junto con Pat Riley y quizás Dean Smith. Todo gracias al advenimiento de Michael Jordan o de Magic Johnson en el caso del entrenador angelino. En 1984 el vórtice fue el Forum de Inglewood, con España en el papel de estatua de sal en aquella final.
Pero los incidentes se sucedían y amontonaban, jugadores reprendidos con violencia verbal y física, árbitros como objeto de su ira, sillas lanzadas a la pista, blandir un zapato contra la mesa de anotadores en un amistoso de su Universidad de Indiana contra la URSS, a lo Nikita Jruschov en la ONU. Siempre arrepentido casi enseguida, casi siempre pidiendo disculpas, consciente y atormentado por su carácter indomable. Continuas broncas grupales que le hacían contradecirse continuamente, todos a vestuario, todos a la pista, todos a la sala de vídeo. Entrenadores ayudantes en constante tensión, agradecidos igualmente porque si estabas con él, “El General” se desvivía por ti en presente y en futuro. Pero a cambio, la lealtad absoluta por encima de cualquier cosa que tuvieras la oportunidad de ver y escuchar. Demasiado precio. Tras el famoso libro “Una temporada en el alambre” donde se glosaron miserias y glorias de una personalidad excesiva, aún ganó algún gran baile más pero los 90 le trataron con una ceja arqueada ante todo lo que se sabía y la luz y taquígrafos que la modernidad imponía. La información no iba a golpe de teletipo, fax, leyendas urbanas contadas telefónicas y reporteros de prensa escrita con el espacio limitado en el diario del día siguiente.
Bobby Knight fue expulsado de la Universidad de Indiana no por un incidente concreto en el año 2000, el cual dicen que fue una trampa tendida por un estudiante hijastro de un periodista resentido. Centenares de estudiantes se manifestaron a favor del mito. Pero lo que le sacaba de la casa de los Hoosiers fueron 29 años de gritos, autoritarismo y voluntades doblegadas más por el miedo que por el convencimiento racional.
Esas casi tres décadas, Bobby Knight consiguió cambiar aspectos del baloncesto, construyeron bajo la influencia de Pete Newell, uno de sus maestros, una tendencia por cambiar el balón de lado, por usar el tiempo adecuado en el posicionamiento de los bloqueos, una defensa individual muy dura, muy responsable. Durante 15 años despreció la defensa zonal, pero posteriormente fue otra herramienta a usar por Indiana.
La prórroga de su carrera, la hizo en Texas Tech, hizo las maletas hacia el estado conservador y sureño. Les hizo competir y jugar el torneo final, pero ya tocado por la vida, su hijo ejercía más que él. Posteriormente comentarista en televisión nacional puntualmente y apoyo a la campaña y la carrera política de Donald Trump, ninguna sorpresa.