El mejor Aday Mara (26p) desata la tormenta perfecta y jugará la final de la NCAA

Récord personal en la NCAA con 26 puntos. 8 rebotes. Y 2 tapones. Aday Mara se viste de MVP para llevar a Michigan a la gran final de la NCAA, atropellando a una Arizona que nunca tuvo opciones.

Un español en la final de la NCAA. Aday Mara volvió a ser la pieza imprescindible en el éxito de una Michigan que, en el partido más exigente de todo el curso, sacó su versión más arrolladora para aplastar a toda una Arizona (91-73). El maño apagó todas y cada una de las ideas ofensivas de los Wildcats y se convirtió, además, en el socio perfecto para los ataques de unos Wolverines guiados por el dominio de Aday. 26 puntos (mejor marca de toda su carrera en la NCAA), 9 rebotes y 2 tapones (y pudieron apuntarle alguno más). Una actuación antológica para plantarse en la gran final por la puerta grande, asustando a una UConn que jugará su tercera final en cuatro años tras superar a Illinois en la semifinal (62-71).

Michigan (#1) 91 – Arizona (#1) 73

El partido más esperado. El más deseado. La batalla definitiva entre los dos mejores equipos del curso. La Michigan de Aday Mara, con Yaxel Lendeborg optando al premio de mejor jugador del país. Y una Arizona arrolladora, con un súpertalento como Brayden Burries, la energía de Koa Peat y elementos de gran calidad como Jaden Bradley o Ivan Kharchenkov. Todo estaba preparado para vivir una noche épica. Igualada. Tensa. Hasta que llegó la tormenta perfecta.

El resultado final es hasta corto para una Michigan que aplastó, arrasó y aniquiló a su rival. Y lo hizo desde el primer segundo, con un primer parcial de 11-2 que era toda una declaración de intenciones. Aday Mara era una gigante incontenible en ataque y la mayor de las sombras y amenazas en defensa. Koa Peat (16p-11r) y Krivas chocaban constantemente con el maño y los Wolverines empezaban ya a encontrar otros nombres menos habituales en la primera mitad. Los puntos de Burnett, Gayle o McKenney empezaban a hacer daño a una Arizona que ya iba completamente a remolque. Y ni la lesión de Yaxel Lendeborg o el horrible día en el tiro de Elliot Cadeau (2/14 al descanso) cambiaban el marcador. 48-32. Dieciseis.

16 que fueron 18. Y 24. Y hasta un máximo de 30 puntos de ventaja en una segunda mitad atronadora de los Wolverines. 6/8 en triples, con McKenney desatado (16p) y un Lendeborg que, incluso medio cojo, lucía su brillante muñeca (3/3 T3). Aday Mara seguía siendo el muro insuperable que frenaba cada una de las opciones de Arizona. Y el partido, a más de diez minutos para el final, estaba más que sentenciado. La tormenta perfecta. El huracán más temible y despiadado. No hubo semifinal. Michigan no quiso ni permitió que la hubiera. Y los Wolverines partirán como la clarísima favorita en la batalla por el título. Y con un español como candidato al MVP de la Final Four. Aday Mara sigue escribiendo páginas doradas. Y el capítulo final de su historia en la NCAA puede acabar con el sabor más dulce: cortando las redes en Indianapolis. Madrugada del lunes al martes a las 02:50. Una cita con la historia.

Illinois (#3) 62 – UConn (#2) 71

UConn vuelve a hacerlo. No arrasa, no domina con la autoridad aplastante de sus dos últimos campeonatos… pero no falla. Y eso, llegado este punto, tiene un valor incalculable. Los Huskies han aprendido a ganar de todas las formas posibles, también cuando el partido se enreda, cuando el acierto desaparece y cuando toca resistir más que brillar. Sin necesidad de exhibiciones, con oficio, carácter y una fe inquebrantable en su manera de competir, vuelven a plantarse en la final. Otro paso más en una dinastía que ya no necesita demostrar nada… pero que sigue haciéndolo igualmente.

El inicio de la semifinal dejó un guión trabado, con ambos equipos buscando ritmo sin encontrarlo, hasta que un triple de Braylon Mullins abrió el marcador para UConn, un guiño del destino tras protagonizar la heroica clasificación ante Duke con una jugada similar. Illinois tardó en asentarse, incómodo en ataque y sin lograr imponer su teórica superioridad física, mientras Tarris Reed empezó a marcar diferencias en la pintura, sosteniendo a unos Huskies que llegaron a manejar ventajas cercanas a los diez puntos. La reacción de los Illini llegó tras un tiempo muerto, apretando en defensa y encontrando un parcial que les permitió tomar la delantera, pero UConn volvió a ajustar y recuperó el control del partido con Reed como referencia. Mullins, además, se convirtió en el principal foco ofensivo con tres triples y 12 puntos al descanso. El choque llega a su intermedio con ventaja para una UConn (37-29) sin una sola pérdida de balón. Aun así, el encuentro estaba completamente abierto, con la sensación de que ninguno de los dos equipos había mostrado todavía su mejor versión, solo destellos puntuales en un duelo que aún tenía mucho por ofrecer.

La segunda mitad se convirtió en una batalla de nervios, de contactos y de posesiones que pesan el doble. UConn empezó con una marcha más en defensa, endureciendo cada acción y marcando el tono, mientras Illinois sobrevivía como podía, con Keaton Wagler como principal respuesta en medio del atasco ofensivo. Los Illini intentaban subir el ritmo, buscando transiciones para romper el guion pero los Huskies fueron capaces de seguir imponiendo su propio tempo, hasta abrir una ventaja que alcanzó los 14 puntos. Illinois supo apretar en el momento más difícil, reduciendo la diferencia a seis a falta de siete minutos, aunque sin terminar de encontrar continuidad. UConn parecía tener el partido bajo control, hasta que varios errores y un acierto de Keaton Wagler dejó el margen en tan solo cuatro puntos a falta de minuto y medio.

La presión a toda pista de Illinois elevó aún más la tensión, convirtiendo cada saque en un desafío y cada posesión en un examen. Y entonces aparecieron los dos más jovenes. Braylon Mullins, con un triple a falta de 50 segundos que parece definitivo… y Wagler respondiendo al instante para mantener con vida a los suyos. Los últimos segundos son los más vibrantes, los más intensos, los que justifican todo lo anterior. Ambos jóvenes firmaron un hito histórico, convirtiéndose en la primera pareja de freshman en superar los 15 puntos en una Final Four desde Michael Jordan y Patrick Ewing en 1982. Y una vez más, el desenlace cayó del lado de UConn, que supo resistir para sellar su pase a la final (71-62) en un partido más de emoción que de acierto, pero de los que dejan huella.

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