Así es Macedonia
“Esta mañana, cuando iba caminando por la calle, todo el mundo me decía que no teníamos ninguna opción. Pues mira…” Pocos minutos después de conseguir la mayor machada que se recuerda en el baloncesto europeo Bo McCalebb nos soltaba en la zona mixta lo que le llevaba quemando todo el día. Es peligroso cabrear a este pequeño gran hombre, ídolo urbano en Nueva Orleans y ahora también en Skopje.
El base del Montepaschi Siena sostuvo a su selección durante los cuarenta minutos de un partido a priori claramente desnivelado con una serie de canastas increíbles, dignas de un superhombre que no llega al 1.78 que figura en su ficha como medición oficial. “Bo juega bien cuando más le hace falta al equipo; cuando nadie más juega bien”, explicaba su entrenador –sin equipo para la próxima temporada– Marin Dokuzovski.
Pero los 23 puntos de McCalebb, quien aporta casi la tercera parte de la anotación macedonia en este Eurobasket, no explican del todo por qué Lituania, nación de tres millones de fanáticos por el basket, viste luto ahora por otra cuya población es solo de dos. “Es el mayor éxito conseguido nunca por el deporte de nuestro país”, añadió Dukozuvski por medio de su jefe de prensa, porque, oh sorpresa, el técnico no habla inglés. ¿Cómo se comunica entonces con Bo? Pues a través de sus asistentes y sobre todo de Vlado Ilievski, que hace de traductor en los tiempos muertos y la transmite las órdenes sobre la pista.
Esta es solo una de las particularidades que convierten a Macedonia (Antigua República Yugoslava de Macedonia, siendo correctos) en la HISTORIA de este Campeonato de Europa, donde, como mínimo, ya han conseguido un billete al Preolímpico que no tienen Alemania, Turquía, Italia o Croacia. Y más vale que la selección española les tome en serio –no me cabe ninguna duda de que lo harán–, porque los chicos con la bandera de los ocho rayos dorados han dejado el camino hasta Kaunas repleto de cadáveres.
Su estilo de juego puede parecer rácano, pero es el que mejor se ajusta a las armas que tienen. En ataque, si Bo McCalebb no tiene opción de correr, la consigna de consumir gran parte de la posesión se cumple a rajatabla. Normalmente hasta el segundo 15 no empiezan a mirar aro, y la mayoría de las veces terminan lanzando un tiro abierto –las esquinas siempre están ocupadas por algún jugador–. Macedonia es la selección que más triples intenta de las que quedan en competición (25.3 por partido) anotando solo un 30%. El bajo acierto es normal, dado que muchos de sus tiros son en malas posiciones, bien defendidos y/o casi sobre la bocina de posesión. Valga el dato de que contra Lituania solo consiguieron 16 puntos en la pintura (por 48 de los anfitriones); la mayor parte de ellos en penetraciones de Bo McCalebb.
Si bien el dato de tiro es bastante negativo, hay otros que les sitúan entre los mejores. Macedonia es junto a España la selección que más balones roba (8.6) y de las que más puntos consigue tras recuperación gracias a ese “Speedy Gonzalez” (así he rebautizado Pero Antic a McCalebb) que castiga cada error con su velocidad supersónica. Pero hay más cosas que la selección balcánica hace muy bien: el control de las pérdidas (solo 10.6; no arriesgan con los pases), el balance defensivo (prioridad absoluta; por eso optan por concluir las posesiones poco claras con un triple lejano, para poder replegarse más rápido) y la pelea por los balones sueltos y el rebote defensivo (fundamental dada su escasez de pivots y centímetros).
Tienen una rotación corta –de siete u ocho–, con Ilievski, McCalebb y Antic yéndose muy por encima de los treinta minutos por partido. Han demostrado que el cansancio no es un factor, aunque sí las personales. El medio centenar de compatriotas que les ha acompañado a Kaunas -número que aumentará mañana- actúa de combustible extra. Queda probado también que se manejan bien en finales apretados, habiendo ganado así a Croacia, Finlandia, Georgia y Lituania, y perdido solo ante Rusia por aquel afortunado triple a tablero de Monya.
“Para nosotros lo que hemos conseguido no es una sorpresa porque sabemos el trabajo que hemos puesto en este campeonato”, explicaba Pedrag Samardziski anoche. Pero para el resto del globo, sí. “Hemos demostrado que merecíamos estar aquí”, rubricaba Marin Dokuzovski. Así que más respeto y cuidado que nunca en las semifinales.



























