Campeonato de España Infantil Masculino

Magia verdinegra. El Joventut realizó una gran competición en Guadalajara del 16 al 21 de junio y venció en la final al FC Barcelona por 69-84.
[Por Paco Torres y Carlos Velasco
Fotos: Javier López
Enviados especiales a Guadalajara]

El Joventut ha refrendado en el Campeonato de España Infantil de Guadalajara todo lo bueno que venía apuntando durante la temporada. Ya ganó en febrero la Minicopa y hace unas semanas el campeonato de Cataluña ante el mismo rival, el F.C. Barcelona, al que se enfrentó en la final del domingo 21. Hace cuatro meses, en el Magariños de Madrid, el equipo de Paco Redondo se adjudicó la Minicopa -Torneo paralelo a la Copa del Rey- pero éste, además de ser la máxima competición oficial, tiene el valor de haber sido logrado con la misma solvencia que la Micicopa pero sin contar con Agustí Sans, invitado de la Penya entonces y a la postre MVP de aquel Torneo.

Demuestra esto que el Joventut es un equipo muy bien trabajado, compensado en todas sus líneas y que no muestra fisura alguna en ninguno de sus posibles cincos. Ya sabe el aficionado que el Reglamento Pasarela con que se rige esta categoría obliga a que todos los jugadores participen al menos en un cuarto completo (salvo lesión o acumulación de faltas), que ninguno puede jugar más de tres cuartos, que tampoco puede jugar tres seguidos y que sólo se pueden hacer cambios en el último, algo que resultó determinante en el desarrollo de la final. Por ello la elección de los jugadores para cada periodo es fundamental y por ello quizá se decanten muchos encuentros. Jugar con 10 le vino muy bien a la Penya, que en dos cuartos ya había cumplido con la normativa.

La zona press 1-2-1-1, con dos contra unos constantes fue la llave maestra que abrió a los de Badalona las puertas de cada uno de los partidos. Desde los relativamente fáciles del grupo (contra el Covadonga y contra El Palo), el de cuartos ante el Cajasol, la semifinal ante el Pamesa y en la final contra el Barcelona. A estos dos últimos rivales les ganó por 14 y por 15 puntos respectivamente. Asunto zanjado en cuanto al merecimiento del título.

Joventut y Barça, viejos conocidos
Imaginen que uno de los jugadores más importantes de una plantilla comete la quinta personal en el minuto 8 en una final. ¿El entrenador no quiso cambiarle? Seguro que deseó haberlo hecho en el minuto 4 cuando se cargó con la tercera, pero tuvo que dejarlo en la pista obligatoriamente por el excesivo reglamento Pasarela. Una lástima. Carlos Vivas, que venía de anotar 23 puntos en 20 minutos en la semifinal ante el Unicaja, se fue al banco frustrado, y frustrado se quedó el equipo azulgrana que vio como la Penya, con Pol Bassas, Xavier García, Sergi Colomé, Alejandro Antunes y Ferran Ventura en pista, le pasaba por encima. La rotación del equipo blaugrana en el segundo cuarto (Aleix Martínez, Didac Cusó, Sergio Martín, Adrián Martínez y Pere Rodríguez) devolvió el golpe inicial a la Penya. La presión del FC Barcelona provocó indecisiones en el ataque verdinegro y un contraataque de Sergio Martín puso el 27-28 a 3 minutos del descanso. Los pupilos de Francesc Redondo aguantaron el tipo y se marcharon con 31-32 al vestuario (sólo 8 puntos anotados en este intervalo).

En la reanudación, dos triples seguidos de García y de Antunes junto con una canasta de Bassas colocaron el 31-40 sólo un minuto después de comenzar el tercer cuarto). A partir de ahí la distancia no hizo más que aumentar hasta un triple de Antunes (36-55). Entonces, Carlos Barrera (el año pasado también participó en el campeonato) y Camarasa se conjuraron para que la diferencia no se volviese escandalosa y penetraron de forma agresiva hacia el aro. Sin embargo, el 46-60 del minuto 30 fue una losa muy pesada para que el Barcelona pudiese remontar (ni siquiera cambiando defensas). El 69-84 hizo justicia a un equipo fantástico con jugadores muy intensos en todo momento.

El Joventut se basa en la complementariedad: dirección inteligente que se reparten entre Bassas, Xavi Assalit y David Jofresa, cada uno con un estilo distinto, pero los tres letales; la intensidad ofensiva en las alas la ponen Antunes, Gerard Gomila, Sergi Colomé, Álvaro López y Ferran Ventura con cualidades magníficas en las finalizaciones; bajo tableros, la aportación incansable de Xavier García (19 puntos y 16 rebotes en la final) se completa con Alex de la Iglesia, con un magnífico juego de pies de espaldas a tablero.

El FC Barcelona de Rubén Muñoz cuenta con Carlos Barrera (que no estuvo acertado en la final aunque se fue con 13 puntos), con Carlos Vivas (un alero hiperactivo de 1.91 m.), con Bernat Camarasa (un buen penetrador que asiste), con Adrián Martínez (del 96 muy completo y valiente bajo ambos tableros) y con Didac Cusó (17 tantos y 9 rechaces en el último encuentro), como armazón . Hasta la final, sólo el Cajasol le puso en apuros (79-77 en el primer partido) y en las semifinales se escaparon del Unicaja en el tercer cuarto.

Pamesa y Unicaja,
dos equipos muy distintos

El Pamesa, que entrena Pedro Marhuenda, arrolló a un Unicaja falto de chispa en el partido por la tercera plaza . La primera parte tuvo dos momentos muy dispares: los primeros 12 minutos (26-26) y los otros 8 (vendaval taronja a base de una presión y de tres triples seguidos de Adrià Duch que protagonizaron un parcial de 0-15 para dejar el 31-50 en el minuto 19).

El Unicaja de Manuel Bazán intentó reaccionar gracias a sus seguidores (52-71 en el minuto 27) y a que Jesús Marfil se echó el equipo a sus espaldas en ataque. Sin embargo, fue un espejismo. La diferencia subió hasta los 30 puntos fácilmente y el Pamesa quedó tercero (71-103).

En los valencianos, un equipo muy alto y con un físico considerable también en cuanto a piernas, llevó el timón Adrià Buch (botes intensos, facilidad para encestar de tres y con peso en el campo), Destaca por encima de todos Jordi Llopis (27 puntos, 12 capturas y 39 de valoración en la lucha por el tercer puesto), quizá es el jugador más determinante hoy por hoy de la categoría. Junto a ellos, dos jugadores de gran proyección del 96: Matías Boho (diesel con buena mano en la posición de ‘cuatro’) y Francisco Franco (buen bote, parada y tiro a 5 metros).

En el Unicaja, al que le faltan centímetros por dentro, varios apuntes: la diferenciada dirección de Álvaro Rodrigo y Rubén Gutiérrez, los buenos fundamentos de Samuel Montoro de cara al aro (que ha tenido que jugar más cerca del aro por la ausencia de compañeros altos) y la progresión de Domantas Sabonis (de primer año), así como la actividad y eficacia de Pedro Pérez y buen tiro de Juan Enrique Domínguez.

Sólo cedieron ante los más fuertes
El Cajasol acabó en quinta posición después de hacer bien casi todo lo que tenía que hacer. Hizo más incluso: comenzó dando un soberano susto al Barcelona, ante el que cedió por tan sólo 2 puntos después de jugar los de Carlos Romero unos excelentes tercer y último cuartos. Agarrados al empuje de Antonio Newman, un poderoso ala-pívot de 1.92 que juega muy bien cerca de los aros (29 puntos, 72% en tiros de dos y 14 rebotes), el Cajasol puso en muchos apuros a un Barça que quizá no esperaba la contundente respuesta sevillana. El partido en el que se les torció todo fue en cuartos de final. El cruce fue ante el Joventut y en él los sevillanos se vieron desbordados de principio a fin. Tras haber estado a punto de ganar al Barcelona y de ganar sin problemas al Criptana, quizá esperaran más que el duro 97 a 60 que se encontraron. Lo difícil es recuperarse en esas situaciones y los sevillanos lo hicieron al derrotar contundentemente al Roser y al La Salle en los partidos que le llevaron a ser quintos. El base Adrián Camino y los aleros Carlos García (1.96) y Guillermo Cano brillaron junto a Newman.

El La Salle–La Herba de Mallorca es un equipo que hace del contraataque su razón de ser y emplea este arma una y otra vez da igual quién esté enfrente. Es valiente el equipo de Antonio Ramis y lo fue también ante el roqueño Pamesa en su grupo y luego ante el Unicaja en el cruce de cuartos. Ganó a El Palo en un vibrante y buenísimo partido (85 a 82) para ver quien luchaba por el quinto puesto, destacando el base Marcos Ruiz, jugador en el que empiezan y acaban muchos ataques de los isleños, y el pívot Daniel Calvo, que tiene un excelente complemento en David Iriarte, un pívot de 1.96, con alma de alero, que tiene una excelente mano y mucha movilidad desde más allá de la línea de 6.25.

El Roser tiene el gran mérito de haberse metido como tercer equipo de la zona Este tras el Joventut y el Barcelona. El equipo de Dolors Sánchez tiene otro mérito añadido para llegar hasta Guadalajara y quedar séptimo: sus jugadores más altos, Adrià Mallada y Víctor Ibáñez y Serafín Roca, no llegan al 1.90. Dio mucha guerra al Unicaja y se exhibió ante el Fuenlabrada (107 a 91) con una espectacular actuación de Ibáñez, que llegó a los 54 puntos de valoración tras anotar 32 puntos, capturar 11 rebotes y robar 9 balones. No pudieron con la altura del Pamesa en cuartos y acabaron ganando por uno -que es una buena forma de acabar- al El Palo, con una buena actuación de Roca, que también destacó en el penúltimo partido ante el Cajasol.

El Palo tampoco es un equipo alto. Los malagueños, entrenados por Carlos Gil, ganaron el partido que tenían que ganar al Grupo Covadonga, con Víctor Ruiz de Carranza en plan superstar (27 puntos, 11 rebotes, 6 robos y 4 asistencias para 43 de valoración) aguantaron como pudieron al Joventut y capearon el vendaval del Barça en cuartos con el base Pablo Imbroda como jugador más destacado. Javier Durán y Víctor Ruiz brillaron en los últimos partidos.

Competir para crecer
De los equipos que no pudieron clasificarse para cuartos, sin duda el Fuenlabrada era el más fuerte. Los jugadores de Armando Polo arrollaron al Grupo Covadonga y al Juventud El Círculo después de haber estado a tan sólo dos puntos (Unicaja, 84 –Fuenlabrada, 82) de meterse entre los ocho mejores. El Fuenlabrada hace un juego directo, rápido y sin especulación alguna; igual que pudo vencer a los malagueños (con actuaciones destacadas de Sebastián Bacale y Sergio García-Maroto) se vio arrollado por la vorágine anotadora de La Salle. Jorge Feito y Marcos Martínez fueron muy incisivos en los dos últimos encuentros.

Para el Juventud del Círculo, de Burgos, entrenados por Juan José Horta, haber pasado por encima de otros equipos de más renombre en su región y en su sector para estar en Guadalajara ya es un premio. Pamesa y La Salle tienen mucho más poderío físico y se estrenaron ante el Criptana para ceder ante el Fuenla en la lucha por el noveno puesto. El escolta Alejandro Heras tiene muy buenas maneras y ante La Salle lo bordó: 37 puntos y 15 personales sacadas. Gorka Collazos (17 rebotes en el triunfo ante el Criptana) le ayuda bajo los aros.

El Grupo Covadonga está trabajando muy bien la base y si ya el equipo cadete estuvo en Utebo, el infantil estuvo en Zaragoza. Tiene hechuras el equipo de Gonzalo de Castro como demostró peleando mucho ante El Palo (47-58). Benjamín Fernández y Jorge Torres fueron los mejores de un equipo en crecimiento.

El Criptana, equipo anfitrión, dirigido por Agustín Olivares, disfrutó de la experiencia por encima de resultados. Los habitantes de la población de Ciudad Real, comparados con cualquiera de los otros equipos participantes, habla de lo complicado que es reclutar a doce jugadores y la extraordinaria labor para ser campeón de Castilla-La Mancha. Destacan Antonio Lara, Javier Jiménez y Eduardo Manjavacas en un equipo que peleó hasta el final el partido ante el Juventud del Círculo que llevaba al ganador a pelear por el noveno puesto.