Cómo te echo de menos: Granollers, la morada de ‘Chichi’ y los reyes de los concursos
“Obviamente a los jóvenes les cuesta recordar, pero raro es el sábado que no viene alguien a la cafetería y me dice que se acuerda de aquellos años o del concurso de triples. Y a mí me hace feliz para unos cuantos días”.
Quien habla es Óscar Cervantes, una de las mejores muñecas del baloncesto nacional a finales de los 80 y primeros de los 90, tan arraigado hoy como entonces a Granollers y su baloncesto. La capital del Vallés Oriental, a apenas 35 kilómetros de la Ciudad Condal, es una ciudad de solo 60.000 habitantes pero con el gen de la pasión por el deporte grabado a fuego. Y allí, en una de las grandes capitales del balonmano nacional, vive hoy todavía el Granollers Esportiu Básquet, creado en 1932 y fundador de una ACB en la que se mantuvo una década, hasta 1993, cuando las penurias económicas hicieron que el sueño de la elite de la canasta se volviera imposible. Es en ‘Can Cervant3’, el bar que Cervantes y su familia regentan en Granollers desde 2014 frente al pabellón del club, donde se guarda, aunque sea simbólicamente, parte del legado más brillante del baloncesto granollerense.
El primer equipo, cuya filosofía se reformuló hace un lustro, está ahora de enhorabuena: acaba de ascender a una Liga EBA a la que tuvo que renunciar en 2015. “Cambiamos el modelo, lo que nos estábamos gastando en tener equipos fuertes en EBA y aspirando a ascender lo invertimos en entrenadores y en fidelizar las categorías de base para intentar generar jugadores”, cuenta Toni Jané, director deportivo. La apuesta empieza a dar resultados. “Este año tenemos 55 entrenadores titulados y hemos logrado tres ascensos: en el equipo que ha subido a EBA el 60% son jugadores de casa, en el femenino que lo ha hecho a Copa Catalunya (equivalente a 1º Nacional) el 90% se han formado aquí y el senior B también ha ascendido a 1ª catalana solo con jugadores nuestros”, presume. 420 jugadores, 36 equipos. Premiado el año pasado por la federación catalana como el club autonómico con más equipos federados. Y el único capaz de tener tres combinados preferentes masculinos aparte de Barça, Joventut y Manresa. Efectivamente, “aunque hemos perdido el foco del profesionalismo”, cuenta Jané, Granollers vuelve a sacar músculo en el baloncesto. Pese a que la competencia es extrema, al existir en el Vallés y a buen nivel voleibol, bádminton, fútbol y desde luego balonmano (con la que es seguramente la mejor cantera de España), es el baloncesto quien más equipos tiene en la ciudad. Incluso hay sección en silla de ruedas, auspiciada en su día por el propio Óscar Cervantes, miembro de la estructura técnica blanquiazul.
Sin embargo, el baloncesto un día lució de amarillo en Granollers. Cómo sería de relevante aquel Cacaolat que el primer presidente de la ACB fue el suyo: Antonio Novoa, allá por 1983. Antes ya había pasado un torbellino por ‘El parquet’, el histórico pabellón municipal: Essie Hollis, uno de esos tipos que a los ojos del español medio tras la transición parecían auténticos marcianos. Un revolucionario del baloncesto por estos lares. El equipo aún era el Areslux y jugaba en la llamada Primera División. “Nos marcó mucho a todos, era un jugador maravilloso, de los que no había”, relata Jané, miembro de una familia puramente baloncestística y socio en su día de aquel rutilante Granollers de elite.
En 1984 comienza la década ACB, con un nombre por encima del resto. Recordado por su gesta inigualable en Manresa, la morada original de Joan ‘Chichi’ Creus fue Granollers: allí estuvo entre 1977 y 1993, exceptuando su paso por el Barça (1980-1982). “Aguantó hasta el final mientras hubo baloncesto profesional, aunque sufrió mucho los últimos años porque ya económicamente costaba, pero ahí estuvo. No le recuerdo perderse ni un partido, era un auténtico toro y ser su suplente debía ser muy duro porque no se lesionaba y era buenísimo… Manresa fue una recompensa merecida para él, pero creo que por su perfil tan discreto no se le ha valorado lo suficiente”, asegurá Jané. “Es al compañero al que más he admirado en mi carrera. Era 100% baloncesto, se preocupaba por el equipo, era serio, te ayudaba… Y un tipo excelente. En cuatro años creo que se perdió medio entreno por un corte en la ceja y nunca faltó a un partido”, continúa Cervantes. Hollis y Creus aparte, hay más nombres que vienen al recuerdo: Wayne Robinson, ‘Slab’ Jones, Charly Bradley, Mike Davis, Claude Riley o Javi Mendiburu entre los principales. Diez años dieron para mucho. Aunque en el banquillo apenas hubo tres inquilinos: Chus Codina, Manel Comas y Josep María Oleart. Señal de estabilidad y éxito de un equipo que entre 1984 y 1990 no bajó de la octava plaza en la ACB.
James Worthy en Granollers
Y eso que hubo tiempos de cambio. Se modificó el pabellón, el patrocinador y hasta se trasladó el histórico Espanyol a la ciudad en 1989, mientras la plaza de original Granollers se iba hasta Girona. Un lío jurídico y con cierto cambalache entre sedes, aunque el espíritu del club seguía siendo el mismo. Así se llega a la etapa del Grupo IFA, cuando desembarca en el club Óscar Cervantes, perteneciente hasta entonces a los pericos, como Manel Bosch y Claude Riley. “El baloncesto era importante y aquello tuvo mérito, porque esta es tierra de balonmano. Cierto es que hubo gran sintonía entre ambos, pero el basket era la alternativa. Fue aire fresco, pero en la periferia de Barcelona no es fácil encontrar patrocinadores, siempre es más fácil irse con el Barça o el Joventut, así que creo que por eso la gente valoraba el baloncesto como algo exclusivo”, cuenta el alero. Como Grupo IFA se siguió soñando alto: en septiembre de 1989 James Worthy jugó el Torneo ‘Ciutat de Granollers’ ante el Iraklis de Salónica vestido de amarillo, por mor de un acto a consecuencia del patrocinio de New Balance.
Sin embargo, poco a poco todo empezó a languidecer. Todavía en 1990 el equipo alcanza la octava plaza, pero ya en 1991 se salva en los ‘play offs’ por la permanencia, justo antes de que se produzca el gran punto de inflexión: la marcha de Unipublic y el patrocinio de Grupo IFA. Para muchos el principio del fin del proyecto en la ciudad. Quedaría un último intento bajo el control de la familia Camp, famosa en la época por el detergente Colón (¿recuerdan aquello de ‘Busque, compare y si encuentra algo mejor, ¡Cómprelo!’? Lo idearon ellos) y el equipo jugando con el original blanquiazul otra vez. No duró demasiado, aunque empezó de la forma más brillante posible: con dos jugadores del equipo ganando los concursos de triples y mates de la ACB de 1991. El primero fue precisamente Óscar Cervantes, que llevaba dos subcampeonatos consecutivos, en Logroño y Zaragoza, y fue a ganar en Madrid. El segundo, el espectacular Kenny ‘Sky’ Walker, que ya había ganado el mismo evento en la NBA dos años antes como jugador de los Knicks y que puso la capital a sus pies con sus descomunales vuelos y ese ‘look’ tan particular con una cadena metálica al cuello. “Casi se me recuerda más por ganar los triples que por los diez años en ACB”, admite hoy el tirador, que recuerda la sorpresa generada por la llegada de ‘Sky’ Walker a Granollers: “Antes de un entrenamiento nos dijeron que venía. Pensamos que era un mote de algún jugador copiando al de la NBA. Y realmente nos sorprendió que fuera él. Tenía ese modo de vestir, esos peinados, lo que quieras, pero era un tío encantador. Además estuve un tiempo llevándole a su casa porque pillaba de camino a la mía y realmente era un tío excepcional”.
Poco tardaría la ACB en esfumarse definitivamente. En 1993 la entidad tuvo que renunciar definitivamente al primer nivel. Eso sí, nunca descendió en la cancha. De hecho, su último partido, tras ser 14º en la liga regular, es uno de los ‘play offs’ por el título, que entonces jugaban 16 equipos. Agónica victoria del Barça (73-74), como dificultosas estaban ya las arcas granollerenses. Hoy en la sede del club luce una foto de aquel último baile en la máxima categoría nacional, el 4 de abril de 1993. No fue fácil renunciar a lo que no se había perdido en la cancha, pero no quedaba otra. “Cuando la familia Camp lo dejó se acabó, aunque ya ibas viendo que se acercaba el final. No lo pasé bien porque mi plan desde que vine del Espanyol era retirarme aquí. Me hubiera quedado toda la vida, pero no pudo ser”, lamenta Cervantes, quien vio esfumarse el que pretendía que fuera para siempre su lugar pese a contar con apenas 24 años. Luego pasaría por Lugo, Andorra, Portugal y Tarragona antes de volver a Granollers a retirarse en 2002, ya en Liga EBA, dejando claro además que era el final. “Cuando me cambiaron en el último partido me quité las zapatillas, salí descalzo del campo y luego las dejé en el vestuario colgadas. Imagino que alguien se las llevaría… Estaba claro que el tema se había acabado”, explica entre risas.
El cambio de mentalidad da resultados
Han pasado más de 27 años de ese último partido ante el Barça y hoy todo reverbera lejano, aunque quede una herencia indiscutible. “Los forofos lo recordamos pero es pasado. Eso sí, nos ha permitido tener un pabellón propio, puesto que el nuestro pertenece al club, lo cual es algo excepcional porque la mayoría son municipales. Aquí solo se hace baloncesto y aun así no nos da suficiente por tener tantos equipos, pero desde luego es una suerte por no tener que estar pendientes de otros clubes ni nada”, aclara Toni Jané. Tras la pérdida de la ACB hubo años en los que la cicatriz fue demasiado grande, aunque la entidad reflotó en 2001 para hacerse muy competitiva en EBA, antes del giro de timón de hace cinco años. Y en todo ese proceso, Óscar Cervantes ha sido pieza importante. “Es un emblema para nosotros, por lo que hizo en la cancha y lo que está haciendo ahora. Ha llevado muchos equipos y es un referente para todos”, asegura el director deportivo. “Desde que empecé en 2002 llevando el primer equipo, he entrenado en casi todas las categorías, desde preminibasket hasta el silla de ruedas. Eso me hace sentir orgulloso y me ha servido mucho para ampliar conocimientos”, ratifica Cervantes, esta temporada al cargo del cadete femenino de primer año.
Ahora, con el pasado grabado a fuego y el regreso a EBA un lustro después se hace imperativo preguntar hasta dónde puede brillar el futuro. “La salud del club es muy buena, pero la junta directiva tiene claro que hay que ir paso a paso, así que de momento no contemplamos entrar en las categorías LEB. El dinero público en Cataluña no corre mucho y mantener un equipo profesional lo vemos complicado, de momento estamos muy contentos de estar en EBA con jugadores de la casa”, asegura Jané. Cervantes, por su parte, mantiene la cordura pero sí vuela un poco más alto, aunque sea con la imaginación. “Quizá un pasito más arriba sí se podría estar. El mundo ACB es muy complicado y ahora toca consolidarse en EBA pero llegar algún día a LEB Plata sería una gran experiencia porque la cantera viene con mucha fuerza. Estamos muy orgullosos de cómo estamos porque hace un par de años no había nada y este año hemos tenido tres ascensos y un montón de equipos en preferente”, ratifica. Eso sí, para él la clave para no perder el norte está en los cimientos. “La escuela es básica, los chavales que empiezan con 5 o 6 años. A partir de ahí si van subiendo y viendo que hay un proyecto, ¿por qué no?”, sueña el histórico alero y actual entrenador.
Casi tres décadas después, poco queda en Granollers del club que un día sacó los codos ante los mejores. Eso sí, los recuerdos siempre estarán ahí. La contundencia de Riley, los vuelos de Hollis, la maestría de Creus, la muñeca de Cervantes. Worthy en el Grupo IFA, ver para crecer. Para eso está el pabellón y, cruzando el Carrer de Girona, ‘Can Cervant3’. La cafetería entre cuyas paredes se sostiene el legado de una década imborrable.
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