El final más ingrato

La historia del Valencia Basket en esta Eurocup no podía terminar de peor modo. Una temporada europea intachable, solventando cada obstáculo con holgura, fabricando confianza, estabilizando a un equipo que andaba con cabeza gacha en la Liga Endesa. Todo con el objetivo vital de poder ganar el título europeo, que hubiera sido ya el tercero, y acceder a la siguiente Euroliga. Este hubiera sido el final perfecto a su cultura del esfuerzo, demostrada durante todo el año. Pero se lo modificaron.

El Valencia viajó a Moscú cargado de las mejores intenciones y acompañado de doscientos fieles –el club subvencionó parte del viaje–; cauto, porque había buenas plantillas enfrente, pero seguro de sí mismo. Sabedor de lo que era necesario para ganar; de lo que les llevó al triunfo, sin ir más lejos, en 2010. Su presentación, en la semifinal ante el Lietuvos Rytas (80-70), fue inmejorable. Gran esfuerzo coral y férrea defensa, minimizando el impacto de la inspiración puntual y las virtudes del adversario (dejaron a Valanciunas a la altura del betún). Reduciendo las opciones de fracaso. Fue el Valencia de las últimas semanas, en Liga Endesa y fuera. Lamentablemente, en el siguiente partido frente al Khimki, que organizaba la Final a Cuatro, la cara fue distinta.

Un equipo inseguro (22 pérdidas), sin equilibrio dentro-fuera (50 puntos de los pivots, 18 de los exteriores)…

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