El oro más brillante

El elogio debilita, la crítica motiva y la dificultad une. Podría definirse la trayectoria de esta gloriosa selección con esa breve frase. El oro que más brilla ya está en España. Por fin.
[Por Fernando Martín
Fotos: Javier López]

Poco después de las 9 de la mañana del lunes 21 de septiembre aterrizaba en Barajas el avión con los primeros campeones de Europa senior del basket español. Las caras de cansancio por una noche ajetreada y un vuelo de más de tres horas eran evidentes, pero cambiaron en cuanto abandonaron el aparato y vieron el recibimiento que se les había preparado. Sin tiempo para descansar, apenas, cumplieron todos los compromisos oficiales. Al final del día, baño en la Cibeles. Simbólico, no físico. Cuando concluyó, cada miembro del equipo se despidió del resto con un emotivo abrazo, a los ojos de todos, escenificando la unión que les ha llevado al oro. «Se han formado lazos muy solidos», nos explica Scariolo en la entrevista de unas páginas más adelante. Sabíamos que la cohesión era uno de los fuertes de este grupo; después de lo de Polonia se ha elevado a la categoría de granítica.

El calvario de la primera fase fue verdadero –y tanto–, aunque, después del triunfo final, la niebla del tiempo se lo terminará tragando. Los obstáculos pusieron en duda muchas cosas que todos daban (dábamos) por hecho. Luego, la reacción fue tan furibunda que aterrorizó. España consiguió, entre cuartos de final, semifinales y final, la diferencia acumulada más alta (+60) de los Europeos del último cuarto de siglo. Además, desde 1985 no se vivía una final con tanta diferencia. Nunca jamás un primer tiempo registró un +23 para un equipo. Y desde 1998 nadie llegaba a cuatro finales consecutivas. Records devorados.
«El sueño para mí se ha completado. He vivido una temporada de ensueño, conseguir el oro tras el anillo de la NBA… No se puede pedir más», explicaba el MVP Pau Gasol a su regreso. Él ha sido el pilar maestro, como en tantas ocasiones, progresando como uno de los jugadores más determinantes de la historia de las competiciones FIBA. Y nosotros, cómo somos, seguiremos esperando cosas de él. «Ojalá la salud y las lesiones me sigan respetando para estar a este nivel y año tras año iremos viendo los objetivos que nos marcamos», agregó, apuntando que «estaré en el Mundial sea como sea». En la función que sea, quiso decir. «Jugar allí será más complicado que el Europeo». Pero eso ya llegará. Toca disfrutar.

El sufrimiento
Los tres equipos que avanzaron de ronda en el grupo de la primera fase de España llegaron a las semifinales. Prueba de que el suyo era el calendario más complicado. Se comprobó que esos momentos selectivos llegaron demasiado pronto, tras una preparación alterada por las lesiones y golpes. Pau y Mumbrú no se reincorporaron hasta el mismo Eurobasket, donde Garbajosa y Rudy se perdieron algún partido. Marc, Navarro o Felipe tampoco se libraron de los problemas físicos. Sergio Scariolo agradeció públicamente con especial énfasis, y en varias ocasiones, la labor de sus fisios Kiko Lacomba y Paco Fernández, que no dieron abasto para remediar los dolores de la mayoría de jugadores, excepción hecha con los más jóvenes. Su trabajo, cuentos de hadas narrados a las articulaciones y músculos, merece reconocimiento.

La rabia y el orgullo
Tras pasar con apuros la ronda inicial, el punto de inflexión se establece entre la derrota ante Turquía y la victoria ante Lituania. Los turcos fueron un rival de bastante nivel, pero después de un partido con ventajas que no superaron los 7 puntos, todo se decidió en la jugada de Llull. ¿Tenía que jugarse él ese balón? Es otro debate, pero la elección de la jugada en sí fue buena.

Si alguno de los árbitros hubiera señalado la personal, que fue, la polémica no hubiera existido. Seguro que no. Nuestra foto exclusiva demostró la infracción, después de que ninguna imagen televisiva aclarara la situación. «Es una foto muy significativa. Si la hubiésemos podido ver en seguida todo hubiese sido más claro y más tranquilo», explica Scariolo. «También es una foto que se queda ahí; en el sentido de cómo es el deporte. Tú haces una jugada, pitan falta, un buen tirador como Llull tiene dos tiros libres… y las cosas podían haber cambiado. Eso demuestra que no se puede escribir una enciclopedia de una derrota de un punto o de una victoria de un punto. Esa foto es la demostración más clara de que muchas veces hay factores que se escapan bastante a nuestro control y que son parte del juego», sigue el técnico. Lo que la imagen demuestra, además, es que España también estaba perdiendo el respeto arbitral.

Camino encontrado
Tras caer los acontecimientos se desencadenaron, teniendo una importancia capital en la consecución del oro. En la reunión posterior al encuentro, según relata el seleccionador, se ponen los asuntos claves sobre la mesa. Los jugadores reconocen la falta de intensidad y agresividad en defensa como gran causa de sus problemas. Además, se ataja rápido el asunto de Marc Gasol. Scariolo no se da por aludido y Llull, compañero de habitación del ‘grizzly’, tampoco. «Cambiamos más nosotros. Sergio se mantuvo regular durante todo el campeonato. Nos intentaba ayudar, pero la reunión abierta que tuvimos todos los jugadores cambió cosas», señalaba Pau la semana pasada. Lo cierto es que, además del nivel de intensidad, que aumentó radicalmente, el equipo jugó de manera distinta. No se volvió a utilizar la defensa en zona, cuando contra Turquía incluso se probó una 1-3-1. Tampoco el carretón. Además, se prescindió de la fórmula Pau-Marc en cancha –salvo cuatro minutos contra Francia y un par en la final–, optando por tener siempre a Felipe o Garbajosa en juego, y se recuperó la figura del alero.

Los jugadores, por su parte, se tomaron muy en serio todo lo que les llegaba de España. Duelen «las mentiras», no las críticas, aseguran. Entonces, el equipo se une y se conjura para «callar ciertas bocas», Navarro dixit. Defienden como se ha visto pocas veces y arrasan en sus siguientes cinco partidos, jugando rápidos, sueltos, con una confianza que les permitía hacer cualquier cosa. Durante esos cinco encuentros llegan a ganar a Lituania por 23, a Polonia por 28, a Francia por 24, a Grecia por 23 y a Serbia, en la final, por 29 puntos. Terminan con un balance 7-2, igual que hace dos años, pero con un sabor de boca opuesto. Campeones por aplastamiento. Oro memorable para una generación histórica.