El éxtasis de Pau
Felicidad plena, absoluta. Confesamos que es precioso ver a alguien desbordado por las emociones, abrazando un sueño con forma de trofeo dorado, el de los máximos campeones. Lo vivido en el vestuario visitante del Amway Arena y más tarde en las calles de Los Ángeles es ya historia viva del deporte español. El mejor jugador español de todos los tiempos disfrutó su gran fiesta. Pau Gasol es un mito completamente feliz.
[Por David Carro
Fotos: Getty Images]
Bueno chicos ¡Campeones!», gritaba Gasol a los miembros de la prensa española presentes en el vestuario angelino, todos felices y sacando vídeos con los móviles sin parar. La cara del genio, empapado en alegría y champán, con la gorra de los campeones NBA y aferrado al trofeo Larry O’Brien, forma parte de la historia más grande del deporte de este país. Nos atendió a todos con cariño, con mucha educación. Pau también podía ver la ilusión en nuestras caras. El momento soñado había llegado y allí todos éramos compañeros, unidos por la felicidad de un momento inolvidable. Pau empezó a chocarnos la mano a todos, extasiado, con sus padres y su hermano Adrià sacando fotos y degustando el momento de la coronación. El orgullo de tener un hijo (y un hermano) convertido en leyenda se nos antoja incalculable. Lo más grande.
Natural, genial
Todos los enviados especiales seguimos la celebración del genio de Sant Boi por la cancha, los pasillos, el vestuario y la sala de prensa. Iba y venía, se hacía fotos oficiales para la NBA con Kobe y le título, atendía a los medios internacionales, hablaba por teléfono con Marc… Todo con una sonrisa de oreja a oreja. No podía parar de sonreír, con los ojos iluminados, inundados en el brillo del que sueña despierto. Como colofón, se hizo una foto con la prensa española que había viajado desde la otra punta del mundo para apoyarle, para cubrir sus hazañas. Es el detalle que define a un tipo en la cima del mundo, pero que a la vez conserva la naturalidad de siempre. Un Pau de chapeau.
Reflexiones eternas
«Esto es un sueño hecho realidad, la consecución de un objetivo. Me hace sentir increíble. Es un éxito tan, tan grande para mí y para tanta gente que me hace sentir muy orgulloso. Emocionalmente es lo máximo, se lo dedico a toda mi familia, amigos y a la gente que me quiere y que me ha apoyado. Esto es un logro único e histórico, espero que la gente en España lo aprecie, lo adore y lo disfrute». Palabras que quedarán para la eternidad. ¿De verdad alguien podía imaginar que el delgado chiquillo aquél que despuntaba por momentos en la Copa del Rey celebrada en Vitoria en el año 2000 iba a lograr todo esto? «El viaje es lo que lo hace tan bonito y especial. Siendo un crío empecé trabajando mucho en España, debido sólo al amor por el baloncesto. Entonces ni siquiera pensaba en ser profesional. Luego, una vez en la NBA, las derrotas en Memphis fueron muy duras, me afectaron incluso a nivel personal. El día de mi traspaso no podía creerlo, fue un día genial para mí. Desde ese momento todo ha sido impresionante». Tanto que todavía uno se pellizca para poder asimilarlo.
El hambre, siempre el hambre
«Estad preparados para más, porque estamos hambrientos, queremos más e iremos a por más. Tras lo que hemos experimentado aquí, con esta fiesta y con vosotros, no nos detendremos». Micro en mano, gorrada virada hacia atrás, camiseta conmemorativa al campeón y más de 150,000 seguidores a sus pies. Así vivió Pau la fiesta que le llevó en el bus descapotado de los Lakers desde el Staples Center al Memorial Coliseum de Los Angeles. Una cabalgata bañada en púrpura y oro a lo largo de la cual podían leerse pancartas que rezaban ‘No más diesel, vamos con Gasolina’. Un carburante que va como un tiro, que no se detiene aquí. «Tenemos potencial para ganar el título de nuevo, si conservamos a las piezas claves. Tenemos un grupo increíble e iremos a por ello otra vez». Rookie del Año 2002, 2 veces All Star, campeón y MVP del Mundial 2006, plata olímpica, título de la NBA… ¿Qué límite tiene este pedazo de crack? Según sus propios compañeros, ninguno.
Valorado, adorado
«Pau es lo que nos ha llevado a este nivel, sobretodo por lo que ha mejorado a nivel defensivo. Ha hecho un trabajo tremendo en defensa toda la temporada y en especial durante las Finales. Ofensivamente su capacidad es ilimitada. Es un jugador dominante al poste, extremadamente versátil, toma muy buenas decisiones y hacernos con él nos llevó a otro nivel». Es el resumen del ‘dios Bryant’, sabedor de que, sin Gasol, no tendría cuatro anillos. Su compañero de fatigas en la zona, Lamar Odom, va un paso más allá. «Está ahí con los mejores jugadores al poste de la historia». Y el que piense que exagera, puede repasar de nuevo su palmarés. Uno que piensa extender, faltaría más. «Yo voy año a año, pero quiero conseguir una medalla de oro en un Europeo, es un objetivo mío (mientras se escribían estas líneas surgió la noticia, no confirmada oficialmente por el jugador, aunque todo indica que así es, de que estará con la española en Polonia). Quiero aprovechar la oportunidad que tenemos en este equipo para seguir ganando anillos, porque nunca sabes cuando lo vas a poder repetir. Luego, más adelante en mi carrera, cuando vuelva a España a jugar, me gustaría ganar una Euroliga. Como competidor lo que debes hacer es seguir trabajando y romper todas las barreras». Ganador nato, lo dijimos y lo repetimos: un cumplidor de sueños instalado en la cumbre del mundo.