La Canadá de Jordi Fernández: Los motivos detrás del fiasco olímpico

Canadá cayó en cuartos ante Francia en un partido donde siempre estuvieron a remolque y no supieron responder.

PARIS, FRANCE - AUGUST 06: Head Coach Jordi Fernandez (L) of Canada gives instructions to Shai Gilgeous-Alexander and Jamal Murray (R) of Canada during the quarter final between France and Canada on day eleven of the Olympic Games Paris 2024 at Bercy Arena on August 06, 2024 in Paris, France. (Photo by Marvin Ibo Guengoer - GES Sportfoto/Getty Images)

Canadá se va de los Juegos Olímpicos sin medallas en baloncesto, a donde llegaba como favorito y de donde sale con una lección aprendida y el rabo entre las piernas. Juntar a la mayor cantidad de estrellas posibles no siempre funciona. Si eres Estados Unidos y consigues traer a LeBron James, Kevin Durant y Steph Curry, entre otros, es probable que consigas el oro, pero para el resto de países es inviable. La Federación Canadiense, con Rowan Barrett y Jordi Fernández a la cabeza, lo han descubierto rápido; a la primera de cambios, en el primer cruce, se han ido eliminados y muy superados. De nada ha servido barrer el maldito grupo de la muerte, que se ha quedado sin representantes en la lucha por las medallas.

Ha habido varios motivos para llegar a la debacle canadiense, que tras el bronce de Manila en 2023, soñaba con volver a subir al podio, y han estado repartidos por toda la pista. Porque hubo lagunas en la pintura, que se sabían desde que se hizo oficial la lista de Jordi Fernández, ha faltado un segundo generador y han tenido una altísima dependencia de dos perfiles ultra-defensivos que no han sabido responder en ataque. Y con el final de los JJOO se abre otra duda, ¿qué pasa con Jordi Fernández? Porque el badalonés acaba contrato con Canadá, de la que ha dicho sentirse orgulloso, pero empieza la gran aventura de su carrera con los Brooklyn Nets y las prioridades cambian. Nick Nurse ya dejó el cargo por algo similar al mudarse a Philadelphia.

Un tema de tamaño

De la primera lista de Canadá, con 20 nombres, fueron cayendo poco a poco hasta quedarse con 12. Pero una de las grandes sorpresas entre los descartes fue Zach Edey, el gigante de Purdue, que decidió no participar en los juegos para poder concentrarse en la pretemporada con Memphis Grizzlies. Edey formó parte del equipo que ganó en Filipinas el bronce. Edey forma parte del grupo de 14 que aseguró un compromiso hasta París 2024, pero al salir elegido tan alto, prefirió la Summer League. Y sin sus 224 centímetros, Canadá quedó huérfano en la pintura, dependiendo de Dwight Powell, Khem Birch y Kelly Olynyk, tres de los cuatro jugadores más veteranos del equipo junto con Melvin Ejim. Y sin él, sin su capacidad para proteger el aro, hubo estragos en defensa.

Giannis les metió 34 puntos (11/16 en la pintura), Landale 16 (7/9) con 12 rebotes y hasta contra España. Willy Hernangómez pudo tirar a placer desde cerca del aro (5/6) con Santi Aldama bajando 11 rebotes mientras nadie en Canadá superó los 4. Acabó pesando ante Francia, que si bien pudo frenar a Wembanyama (7 puntos, 2/10 en tiros, pero con 12 rebotes), fue obra de Dillon Brooks. Al contrario, entre Yabusele y Lessort anotaron 35 puntos, imparables en la pintura y generando 23 tiros libres. Ni Powell, ni Olynyk ni Birch pudieron frenar a los interiores franceses, cuesta imaginar lo que habrían hecho ante Nikola Jokic o el trío estadounidense formado por Davis, Embiid y Adebayo.

El problema es que de la lista de 20, Edey al margen, no había un nombre para cubrir esos problemas. El otro interior grande, Mfiondu Kabengele, no mejora lo hecho por el equipo canadiense en París y por detrás no vienen jóvenes interiores. Solo Brandon Clarke, lesionado en Memphis, puede ser una alternativa a corto plazo, pero el principal problema seguirá ahí.

Alternativas con el balón: el caso Jamal Murray con Canadá

Tener una estrella de la talla de Shai Gilgeous-Alexander es generalmente algo positivo, pero por momentos puede ser un problema. El equipo de Jordi Fernández se sintió muy cómo dejando al base de los Thunder generar, y lo hizo como lo que es, una estrella mundial. Pero cuando descansó, o cuando las piernas dijeron basta, como sucedió al final del partido ante Francia, no hubo alternativa real. Una eficiente al menos. Lo intentó Dillon Brooks, que quedó en evidencia ante Wembanyama, y por momentos Jamal Murray. Y la que era la gran esperanza de Canadá para dar un paso adelante resultó ser la cruz del equipo. Porque salió horrible.

Porque los Juegos Olímpicos de Jamal Murray han sido decepcionantes. A la espera de que confirmen o no si había una lesión, el jugador de los Nuggets ha estado a años luz de su nivel desde el banquillo. Promediando seis puntos con un 2/14 en triples, la única jugada que era capaz de construir, perdiendo nueve balones en apenas 82 minutos. Con Murray en pista, Canadá ha sido 23 puntos peor que el rival (+34 sin él), una cifra que va el línea con el banquillo y los números de Nickeil Alexander-Walker (-18) o Andrew Nembhard (-28). El de los Pacers apareció contra España como microondas, pero tampoco ha estado a su mejor nivel. Y eso ha acabado siendo la muerte de Canadá.

RJ Barrett ha cumplido, pero como ejecutor, rol similar al que ha tenido en los Raptors con Scottie Barnes e Immanuel Quickley, y el resto han sido irregulares. Aquí si hay alternativas a medio plazo: Bennedict Mathurin, Shaedon Sharpe y Leonard Miller estuvieron en el training camp pensando en el futuro, y llegará pronto a la NBA Will Riley, proyectado pick de lotería para 2026. Porque ante Francia, ante el juego físico que exigió Nicolas Batum y la defensa gala todo el partido,quedó claro que Shai no lo puede hacer todo.

Demasiada apuesta por la defensa

Desde su llegada a Toronto, Jordi Fernández intentó implantar una identidad. Y en su juego, tanto en 2023 como 2024, se ha visto como la defensa y un estilo rápido eran dos pilares en su credo. Tener a Dillon Brooks y Lu Dort juntos, combinando la posición de tres y cuatro, da garantías de poder jugar al estilo que Jordi ha querido, pero tiene consecuencias. Y se notó ante Francia: los aleros que podían defender no pudieron anotar (10 puntos, 4/15 en tiros y 1/7 en triples), una lista en la que se puede añadir a Nickeil; y los que sí pueden anotar, o potencialmente, no tenían la envergadura para frenar a los rivales franceses. RJ Barrett metió 16, pero Cordinier 20. Una de las dos cosas se esperaba, la otra no.

La falta de alternativas, volviendo al punto anterior, forzó a Jordi a jugar con Dort y Brooks juntos de inicio en lugar de poder usar a Nembhard o Murray. Y a la hora de mover el banquillo, unido a los constantes problemas de faltas, le tocó rotar a ambos al mismo tiempo. No tuvo el lujo de poder mantener siempre al menos uno en cancha, por momentos incluso sin Shai (Murray, Nembhard, Barrett y doble interior). Y en esos quintetos Canadá ha perdido su idea, su identidad y por momentos, el parcial que les ha costado el partido, o acabar sufriendo. Les afectó contra Grecia y España, sobre todo, y lo pagaron en los momentos críticos ante Francia. Porque incómodos en defensa, no supieron hacer la transición de su juego al ataque más allá de Shai.

¿Y qué pasa con Jordi y Canadá?

Su contrato era hasta el final de los Juegos Olímpicos, cerrando el ciclo Mundial-JJ. OO. Lo hace habiendo logrado un bronce histórico, la primera en una cita internacional desde los JJ. OO. de 1936, pero caer en cuartos ante Francia no es el broche soñado. Y empezando ahora su carrera como entrenador en jefe en Brooklyn, una franquicia NBA, tiene sentido que deje el cargo. En la rueda de prensa en español de presentación con los Nets se deshizo en halagos sobre la federación canadiense, pero sus palabras sobre el futuro sonaron demasiado vagas como para imaginar un nuevo contrato para seguir, y más sabiendo que no hay Mundial o Juegos hasta 2027 (Catar) y 2028 (Los Angeles) respectivamente.

Si finalmente decide irse, habrá dejado las bases para un proyecto que tiene fundamentos para competir a largo plazo. Ha creado un grupo, replicando conceptos del baloncesto FIBA que potencias de principio de siglo como España, Argentina o Francia llevaban a cabo y que parecía incongruente con el sistema canadiense. Se lo lleva puesto en el currículum, siendo sus segundos olímpicos y su tercera experiencia nacional, tras ser asistente en España y Nigeria antes de empezar la mayor aventura de su carrera, todavía joven. Si decide volver, o si Canadá le ofrece una renovación, hay talento suficiente con soñar a lo grande a partir del próximo verano — porque 2024 ha salido cruz, pero la selección americana ha empezado una obra que llega un cuarto de siglo tarde, pero que llega para quedarse.