Los triunfos se trasladan a L.A.

La mudanza de Minneapolis a Los Ángeles supuso el comienzo de una nueva etapa para los Lakers, en la que luchar por el anillo se convirtió en norma, pero conseguirlo en un suplicio que costó varias temporadas.
[Por Antonio Gil
Fotos: Getty Images]

Tras los éxitos cosechados por la franquicia durante su estancia en Minneapolis, los Lakers se trasladaron a Los Ángeles en 1960 y comenzaron una nueva etapa en la NBA. Sin embargo, el cambio no supuso el esperado impacto inminente en la Liga, sino que el equipo vio como el número de espectadores por partido descendió escandalosamente, a pesar de la llegada a los Lakers de toda una estrella NCAA, y posteriormente un astro en la NBA, como Jerry West. Aún había mucho por hacer…
Con todo y con eso, la competitividad de la plantilla de los Lakers les llevó en repetidas ocasiones a las Finales durante esa década, pero siempre encontraron un verdugo esperándoles. Los dinásticos Boston Celtics de Bill ‘El señor de los anillos’ Russell y el recientemente malogrado Red Auerbach fueron un muro infranqueable para los Lakers en 1962, 1963, 1965, 1966, 1968 y 1969. Pese al duro varapalo sufrido año tras año de manos de los ‘Orgullosos Verdes’, los chicos de L.A. no se vinieron abajo y lo siguieron intentando en años posteriores, aunque con la misma suerte. En 1970, los New York Knicks de Walt Fraizer y Willis Reed les arrebataron el anillo en el séptimo partido de las Finales, dándose el dato curioso de que un tal Phil Jackson, el mismo que en la actualidad ha dado bastantes alegrías a los Lakers desde el banquillo, lucía el número 18 en aquella plantilla de Nueva York. Eran ya muchos intentos fallidos y en Los Ángeles querían degustar finalmente la miel que siempre se les quedaba en los labios y no cesaban en su obsesión por el anillo…

Primer anillo en L.A.
… Y fue en la temporada 1971-72 cuando por fin se alcanzó la gloria en Los Ángeles. Con un equipo veterano, en el que Wilt Chamberlain y Jerry West ejercían como estrellas, y la incorporación de Bill Sharman como técnico, los Lakers se cobraron su particular vendetta de lo sucedido dos años antes. En semifinales pasaron por encima de Milwaukee y Chamberlain derrotó a Abdul-Jabbar en su duelo particular, mientras que en las Finales se impusieron a los Knicks y les devolvieron el revés de 1970.

Sin Willis Reed, el equipo de New York quedó en manos de unos Lakers que les arroyaron con un autoritario 4-1 en el computó final. Pero además, aquel campeonato supuso mucho más que el anillo. Supuso el golpe sobre la mesa de L.A., que dominó en la regular season y estableció records que han perdurado durante años en la NBA, tales como las 33 victorias consecutivas logradas entre el 5 de noviembre del 71 y el 7 de enero del 72 o el de mejor balance con 69 victorias y 13 derrotas (superado bastantes años después por los Bulls de un tal Michael Jordan, que sumaron 72-10 en la temporada 95-96).

Bill Sharman, que ya sabía lo que era ganar un anillo de sus tiempos como jugador en los Boston Celtics, cumplió con creces su misión de exprimir las posibilidades de todos y cada uno de sus jugadores, independientemente del rol que representasen en la plantilla. Su pizarra surtió especial efecto en la figura de Wilt Chamberlain, que acabó por convertirse en el jugador dominante en la pintura que estaba llamado a ser. El pívot dio un paso adelante en funciones defensivas y se erigió como un intimidador nato cerca de su aro, siendo incluido en el mejor quinteto defensivo de la NBA por primera vez desde que desembarcó en la Liga. Además, el gran logro de Sharman estuvo en mantener los egos individuales de cada jugador apaciguados, de modo que tanto West como Chamberlain cedieron protagonismo anotador a Gail Goodrich (25.9 puntos por partido) con tal de conseguir el ansiado anillo. Por todo esto, el recién llegado técnico se alzó con el galardón de Entrenador del Año, mientras que Jerry West aparecía en el Mejor Quinteto, repetía en el Mejor Quinteto Defensivo de la competición y firmaba la mejor marca de asistencias por partido de la liga (9.7). Después de 12 años de su llegada a California, los Lakers volvían levantar el trofeo de campeones de la NBA.

Showtime a golpe de barita mágica
Al año siguiente de su primer anillo afincados en L.A., en 1973, los Lakers se volvieron a enfrentar a los New York Knicks en unas finales, pero esta vez los de la Gran Manzana se cobraron su venganza. En Los Ángeles quedaron muy diezmados y tuvieron que esperar hasta 1980 para volver a saborear el triunfo, gracias al ingreso en la Liga de una de las mayores estrellas de la historia en el universo de NBA: Earvin Magic Johnson.

La temporada 1979-80 supuso la entrada en vigor de la línea de tres puntos (importada de la ABA), la mudanza de los Jazz de New Orleans a Utah y la alteración del calendario para que hubiera más enfrentamientos entre equipos de la misma división a lo largo de la campaña. Mientras tanto hubo varios jugadores que acapararon el protagonismo y, al tiempo que la llegada de dos rookies como Magic Johnson y Larry Bird revolucionaba la Liga, Julius Erving hacía la guerra por su cuenta y llevaba a los Philadelphia 76ers a ganar 59 partidos y meterse en las Finales, para enfrentarlos a los Lakers de Kareem, Magic, Cooper y compañía. La presencia de Magic en Los Ángeles sirvió para que Abdul-Jabbar estuviese más motivado que nunca, siéndole otorgado el premio de MVP de la temporada, y L.A. alcanzó las 60 victorias en aquella temporada. La sonrisa del 32 de los Lakers y su juego de fantasía había dado a luz al inolvidable showtime de los Lakers de los 80.

Las Finales entre Philadelphia y L.A. pasaron a la historia del baloncesto profesional americano por varios hechos que quedaron en la retina de todo aficionado a la NBA. Por un lado, en el cuarto partido de la serie, el ‘Dr. J’ llevó a cabo esa canasta a aro pasado desde detrás del tablero, agarrando el balón con una sola mano, que se ha convertido en todo un clásico presente en cualquier recopilación de imágenes y jugadas de la historia de la Liga. Por otro lado, Magic demostró su capacidad de todoterreno sobre una cancha de basket y sustituyó a un lesionado Kareem Abdul-Jabbar en el sexto y definitivo partido, jugando como pívot y ejecutando una de las actuaciones más legendarias de la mejor liga del mundo (ver apoyo).

Al final, los Lakers terminaron ganando en seis partidos (4-2) a los Sixers, en lo que fue el comienzo de una dorada década para Los Ángeles, con el baloncesto espectáculo por montera y redimensionando el impacto mundial de la NBA. El showtime había hablado.