Richardson

[Por Antonio Gil
Fotos: Getty Images]
Dos meses y cuatro equipos diferentes. Sí, han leído bien. El bueno de Quentin Richardson ha estado deambulando de un sitio para otro, a lo largo y ancho de la geografía norteamericana, durante los dos últimos meses, hasta que por fin (aunque no hay que cantar victoria porque la temporada es muy larga y nunca se sabe) ha caído en una franquicia que de verdad quiere hacerse con sus servicios. De New York a Memphis en la noche del draft, de la ciudad de Elvis a Los Angeles Clippers, de California a Minnesota y, finalmente, del frío de Minneapolis a la soleada Miami.

Los Heat, que tienen encima de la mesa el órdago de Dwyane Wade diciendo que el verano que viene saldrá al mercado de agentes libres si no hay un equipo competitivo a sus espaldas, han confiado en Richardson para subir un escalón más en la calidad del equipo. Por si el ‘experimento’ no saliese bien, en la franquicia de Florida no se pillan los dedos y aprovechan la situación de que el jugador sólo tenga un año más de contrato. En los papeles y en teoría todo encaja para que Richardson pueda empezar a buscar una casa en Miami.

Cuestión de números
Quentin Richardson es el mejor caso posible en los últimos tiempos para ejemplificar el hecho de que los jugadores puedan ser tratados como mera mercancía o moneda de cambio para cuadrar salarios en la NBA. Los poco más de 9.3 millones que cobrará este año han sido su mayor lastre a la hora de encontrar acomodo, pero la posibilidad de liberar todo ese dinero de cara al límite salarial del próximo año, cuando acabe contrato, se ha convertido en una suculenta oferta. De no continuar ‘Q’ en el equipo la temporada 2010-11, los Heat contarían con un buen puñado de verdes para ofrecer a Wade fichajes de renombre que le hicieran pensarse dos veces hacer las maletas y dejar Miami en busca de nuevos aires.

De todas formas, la mentalidad de Richardson para esta temporada venidera debería ser la de centrarse en su juego y firmar la temporada de su vida, que le de luz verde a su último gran contrato. A sus 29 años, y después de 601 partidos como profesional (11.5 puntos por partido de media), ‘Q-Rich’ tiene que volver a sus orígenes en la NBA y recuperar la esencia de aquel joven que revolucionó la Liga junto a Darius Miles en los Clippers, aquel tirador infalible capaz de dar la vuelta a un partido. Jugar junto a Wade, O’Neal y Beasley (que este año debería acabar de madurar y ser titular) será todo un empujón para destacar en unos Heat con marcado aroma a play offs.
«Estamos muy ilusionados por contar con Quentin Richardson en nuestro equipo. A lo largo de su carrera en la NBA, ha demostrado que es un gran competidor, un buen compañero en el vestuario y un magnífico lanzador de tres, posiblemente de los mejores de la Liga. Estamos seguros que puede competir con la élite de los anotadores de la NBA». Así se manifiesta Pat Riley, presidente de los Miami Heat, cuando se le pregunta por la incorporación de ‘Q’ al equipo. Todo un derroche de elogios y buenas palabras sobre un jugador que parece haber dado con el sitio adecuando para su año decisivo. El jugador responde: «Estaré cómodo haciendo cualquier cosa que sea lo mejor para el equipo». De primeras, todos contentos.

Haciendo millas… desde el sofá
Un país en la mochila

«Creo que es bastante irónico. Si te fijas en el principio del verano, yo no tenía pensado ser traspasado tantas veces», bromeó Richardson al conocer que tenía un nuevo destino en la ciudad de Miami. «Sobre el papel es todo una auténtica locura, pero en realidad yo no he estado haciendo todos esos viajes. Simplemente me voy a mudar de New York a Miami, y ya está». Visto así, la situación del jugador en los últimos tiempos es mucho menos alarmante de lo que podría parecer en un principio, sobre todo a tenor de lo que sus derechos han ido viajando de un lado a otro.

Cuando la noche del 26 de junio Quentin Richardson fue traspasado de New York a Memphis, pocos se imaginaron que ese era el comienzo de un larguísimo periplo por varias franquicias de la NBA. Sin embargo, a los seis días de su desembarco en la tierra de los ‘oseznos’, ‘Q-Rich’ era mandado a Los Angeles Clippers a cambio de Zach Randolph. Todo apuntaba a que Richardson volvía a la ciudad que le vio nacer en la Liga, pero a la semana siguiente el jugador salió rumbo a Minnesota, a cambio de Sebastian Telfair, Craig Smith y Mark Madsen. Sólo habían pasado 25 días desde su salida de la Gran Manzana y ‘Q’ ya había pasado por otras tres ciudades… hasta que el jueves día 13 de agosto, una nueva llamada de teléfono obligaba a Quentin a cambiar de planes y poner su residencia en Miami, al ser traspasado por Mark Blount. ¿Imaginan haber tenido que ir con las maletas o el hatillo a cuestas tantos kilómetros?

Conexión de Chicago
«¿Quién iba a pensar que jugaríamos juntos? ¡Vamos a hacerlo!». Con esta frase, y haciendo uso del ya mediático Twitter, Dwyane Wade daba la bienvenida a Quentin Richardson a Miami. Ambos jugadores son viejos amigos desde la juventud en su natal Chicago y ahora el destino les ha llevado a tener que compartir equipo, después de haberse enfrentado infinidad de ocasiones en la cancha, tanto en partidos oficiales, como en entrenamientos y pachangas. «Siempre habíamos jugado uno contra otro, incluso antes de que Dwyane comenzase a ser tan bueno», comentó Richardson al ser preguntado por su reencuentro con su amigo de la infancia. Ahora, juntos en Miami, podrían ser una sociedad letal, sobre todo si ‘Flash’ penetra y, ante las adversidades, dobla el balón a un ‘Q’ que estará abierto, sin marca y dispuesto para el tiro.

Ambos jugadores llevan años juntándose en verano para entrenar juntos y mantenerse en forma de cara a cada nueva temporada. Se conocen más que de sobra y tienen esa conexión especial que implica pasar horas y horas compartiendo work-outs. Si son capaces de sacar a relucir esa química en la NBA y contagiar a sus compañeros de ella, las derrotas no serán la tónica general en Miami, como sí lo han sido en años anteriores. Ojo, que estos Heat prometen… al menos mientras Quentin Richardson no tenga que volver a empaquetar sus cosas.