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Deliciosa charla: Quique Peinado entrevista a José Manuel Calderón

Deliciosa charla: Quique Peinado entrevista a José Manuel Calderón

No deja enemigos. Como epitafio es inmejorable y en el caso de José Manuel Calderón lo define en su retirada. Quizá el mejor base español de todos los tiempos, puede que uno de los mejores jugadores no drafteados de la historia de la NBA. Seguro, un tipo y un profesional como no hay tantos.

Hasta hace dos años, José Manuel Calderón no tenía coche propio en Estados Unidos. Cada temporada, a cambio de una pequeña acción promocional, las marcas (principalmente Kia, con la que ha mantenido años de relación) le iban dejando uno que estaba lo suficientemente bien como para que no viera la necesidad de comprarse un carro.

Hace un par de temporadas se dio cuenta de que prefería tener para él el tiempo que le llevaba ‘ganarse’ su coche y decidió hacerse con uno. Tras 14 temporadas en la NBA y unos 75 millones de dólares brutos ganados por jugar al baloncesto, encontró la razón para comprárselo.

Nunca tuvo necesidad de vacilar de un último modelo. De hecho, se recuerda a sí mismo poniendo la mano encima del hombro de algún rookie y diciéndole: “No necesitas tener más de un coche. Es más, tío, ¿para qué te compras un descapotable si estamos en Toronto y lo vas a poder usar dos días al año?”.

Detalle a detalle, año a año, el base español fue construyéndose en la NBA la reputación de jugador y persona fiable. Y la de uno de los mejores bases de la NBA.

Gigantes: En 2008 y 2009 pudiste ser All-Star perfectamente. Estuviste ahí. ¿Te perjudicó no ser egoísta?

José Manuel Calderón: Puede que si en esa época me hubiera jugado dos o tres tiritos más por partido lo hubiera conseguido, pero no soy de los que le dan vueltas a qué hubiera pasado si… Pero también tengo claro que si esa hubiera sido mi mentalidad, mi carrera en la NBA hubiera sido mucho más corta. Nunca fui una superestrella, un All-Star. No me vi a ese nivel, aunque, claro, pudo haberse dado.

G: En la temporada 08/09, además, lograste un 98,1% en tiros libres, que es récord histórico de la NBA. Metiste 87 seguidos, la segunda mejor racha de todos los tiempos. Eras una de las atracciones de la Liga…

J.M.C.: Fue muy divertido. En Sacramento el speaker decía por megafonía cuántos llevaba seguidos para que me abuchease la gente; recuerdo a Nate Robinson gritándome “¡He apostado mil dólares a que pasas de los 100! ¡No me decepciones!”. Yo intentaba no pensarlo, pero era imposible porque se hablaba mucho de eso. Y al final ya casi que estaba deseando fallar uno, para que se acabara el jaleo.

Tras 16 temporadas en la NBA (Toronto, Dallas, Nueva York, Lakers, Atlanta, Cleveland y Detroit, en dos etapas), siendo uno de los baluartes de la mejor Selección española de siempre, habiendo compartido camiseta con gente como LeBron James, Dirk Nowitzki, Dwyane Wade, Vince Carter o Shawn Marion, deja un legado importantísimo y, sobre todo, una sensación común.

La forma de ser de José Manuel Calderón: «Tranquilo pero no necesariamente políticamente correcto»

G: No parece que tengas enemigos, Jose.

J.M.C.: Así lo siento yo, sí. Y me gusta sobre todo porque siempre he sido honesto y siempre he sido yo. Si he tenido que decirle algo a alguien, se lo he dicho a la cara, pero con respeto. Soy una persona tranquila pero no necesariamente políticamente correcto.

G: No has cambiado mucho, ¿no?

J.M.C.: Estoy orgulloso de ser un chico de pueblo que jugó en la NBA y ahora vive en Nueva York. Cuando vuelvo a Villanueva de la Serena, me sigo juntando con la misma gente. Eran mis amigos cuando me fui y lo siguen siendo ahora.

Tras anunciar su retirada, José Manuel Calderón planea trabajar en la Asociación de Jugadores uno o dos años y luego ya verá. Vive en la Gran Manzana con su mujer Ana (llevan 16 años casados), sus tres hijos (Manuel de 9 años, Jaime de 7 y Gonzalo de 5) y un galgo. Coge el metro, lleva a los críos al colegio y va al gimnasio. “Allí me busco actividades y ejercicios en los que tenga que competir, porque eso sí lo echo de menos. El gusanillo del baloncesto, al final, lo puedes matar jugando pachangas. Pero la competición…”, dice. Le gusta su trabajo, estar en una oficina, viajar poco y volver a disfrutar de los niños, de la familia.

G: ¿Tus hijos saben bien quién eres en el baloncesto?

J.M.C.: No mucho, son pequeños. Manuel ya viene conmigo a algunos partidos y el año pasado, cuando fuimos a ver un Toronto-Philadelphia de la semifinal de conferencia, que me sacaron en el videomarcador y todo el mundo me ovacionó, se dio cuenta de que yo había sido bueno. “Pero papá, ¿cómo de bueno eras? ¿Cómo Curry o como quién?”, me dijo. En Nueva York, cuando me paran por la calle, alguna vez me han preguntado: “Papá, ¿eres un VIP?”.

G: Incluso algunos de tus compañeros en los últimos años tampoco tenían claro quién habías sido…

J.M.C.: Claro. Son novatos y te ven como ‘el veterano ese’. Luego te vas ganando su respeto cuando, primero, comprueban que todavía juegas al baloncesto; y segundo, los vas tratando. Terminan entendiendo que lo que les dices no es porque quieras quitarles el puesto, sino para ayudarles. Y luego investigan un poco y ven que cuál ha sido tu carrera. Siempre me ha gustado ayudar a los jóvenes dentro y fuera de la cancha. Otra cosa es cuántos me hayan hecho caso.

G: ¿De qué novato guardas un mejor recuerdo?

J.M.C.: DeMar DeRozan. Creo que siempre me escuchó y sé que me lo agradece. Es un gran jugador y muy buen tío.

Kyrie Irving declaró que siempre salía extramotivado cuando jugaba contra el extremeño porque fue el primero que le pasó por encima en la NBA. Ahora, con 38 años recién cumplidos, Calde abandona lo que ha hecho toda su vida para, de repente, tener un trabajo de 9 a 5. Un paso que no debe ser fácil para nadie. Sin embargo, parece que a él no le ha dado tiempo a pensar demasiado en el día después. No es de los que se ha sentado a rememorar batallitas.

G: Ha sido un viaje increíble, ¿no?

J.M.C.: Mucho. He disfrutado una barbaridad, me lo he pasado muy bien. He tenido una vida que no hubiera podido imaginar. Yo me vine a la NBA pensando: “Si te va mal, el año que viene estás otra vez en la ACB”, y mira. Y tuve esa mentalidad hasta el final: que todo se podía acabar.

G: Y ahora, ¿qué quieres hacer?

J.M.C.: De momento, trabajar en la Asociación y seguir viviendo en Nueva York un tiempo. Quiero que mi hijo pequeño, tenga la misma oportunidad de aprender bien el idioma y haber tenido una infancia aquí como han tenido sus hermanos mayores. Y que tengan los dos pasaportes. Posiblemente, si no hubiera tenido hijos hubiera jugado un año más en la NBA con lo que me ofrecían o hubiera fichado por algún club europeo. Pero ahora mis prioridades están claras.

Se va en paz José Manuel Calderón. Para él ha sido un viaje increíble y para los que lo hemos podido seguir, también. Se va el mejor base español de todos los tiempos. Y eso no hay perfil bajo ni falta de egoísmo que lo pueda atenuar.

  • Y por si aún no lo has visto…

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