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Entrevista a Ricardo, hermano de Fernando Martín: «Era tímido, pero se ponía una coraza de duro»

Entrevista a Ricardo, hermano de Fernando Martín: «Era tímido, pero se ponía una coraza de duro»

Desde que preparaba mi libro Fernando Martín. Instinto Ganador, que fue publicado el verano pasado, tenía la ilusión de poder contactar con una de las personas que mejor conocieron a Fernando Martín: su hermano mayor, Ricardo. Finalmente, después de mucho indagar, he logrado localizar al mayor de los Martín Espina, que actualmente trabaja en una cadena de restaurantes en Marbella. Esta es la primera vez que habla sobre su hermano Fernando para un medio de comunicación, coincidiendo con el 30º aniversario del fallecimiento del mito.

Gigantes: Ricardo, siendo cinco años mayor que Fernando, seguro que recuerdas muchos momentos de la niñez de tu hermano.
Ricardo Martín: Sí, me acuerdo de algunas travesuras. Fernando era bastante inquieto y bastante terremoto. Por ejemplo, una vez en una casa de campo que teníamos donde cazábamos y cogió una escopeta pequeñita para matar en plan de broma a un mosquito que había en el techo, pensando que estaba descargada; pues resulta que estaba cargada, así que cuando apretó el gatillo hizo un tremendo agujero en el techo que nos hizo salir a todos de la casa dando gritos. En otra ocasión, rompió un jarrón que significaba mucho para mi madre y lo estuvo escondiendo en el jardín para que ella no se enterase. Era un terremoto, muy bruto, pero muy buena gente.

De su etapa en el Colegio San José del Parque, lo más curioso es que cuando se pasó del balonmano al baloncesto, su profesor de Gimnasia, don Mariano, que a su vez era el entrenador del equipo de balonmano donde había estado jugando, le ponía ceros en Gimnasia. Digamos que a don Mariano no le sentó muy bien que mi hermano se cambiara de deporte. Esto le cabreaba mucho a Fernando, hasta tal punto que, en una ocasión, entre él y otro amigo provocaron una especie de pequeño incendio en la sala de profesores. Cuando comenzó a jugar al baloncesto cambió su forma de ser, por ejemplo, en el sentido de pensar mucho las cosas antes de decirlas.

G: Una vez que Fernando se hace adulto, ¿cuáles eran los rasgos más característicos de su personalidad?
R. M.: Era muy tímido, aunque la gente se piense lo contrario. Lo que pasa es que se ponía la coraza de duro. También era muy austero consigo mismo. No le gustaba ir a cenar a grandes restaurantes. Por ejemplo, los coches se los compraba de segunda mano, salvo los que le daba el Real Madrid. No le gustaban los lujos; le gustaba la discreción. Es más, la llevaba a rajatabla. Algunas veces tenía puntos hippie. Además, era extremadamente competitivo, aunque así éramos todos en nuestra familia. Te puedo contar una anécdota para que veas el extremo carácter competitivo de mi hermano. Durante el invierno de la temporada que pasó en Portland, donde en esta época hace mucho frío, resulta que había una mosca en el salón de su casa a la que no podía matar. Pues bien, ¿sabes cómo consiguió acabar con la dichosa mosca? ¡Estando siete días sin encender la calefacción! Me llamaba y me decía: “O ella o yo, a ver quién sobrevive más”. Ése era Fernando.

G: Y, ¿cómo se relacionaba con la gente? ¿Era de tener muchos o pocos amigos?
R. M.: Le costaba mucho abrirse. No se fiaba porque, cuando empezó a ser alguien en el mundo del baloncesto, se le empezó a arrimar mucha gente. Pero en absoluto era una persona fría, lo que pasa es que intentaba controlarse cuando estaba rodeado. Era súper espléndido con los demás. Recuerdo que mi hermano Antonio fue a cogerle en una ocasión cien pesetas del bolsillo cuando estaba echando la siesta. En ese momento, Fernando le agarró del cuello para darle una colleja y Antonio salió corriendo. Al final, la sangre no llegó al río y le invitó al cine. Era una bellísima persona.

G: ¿Qué era lo que menos soportaba?
R. M.: La mentira y la falsedad (contesta sin dudar).

G: Centrándonos en la faceta deportiva, ¿creo que estuviste muy presente en las negociaciones con el Real Madrid que acabarían con el fichaje de tu hermano por el club blanco en la temporada 81-82?
R. M.: Así es. Manel Comas, entrenador del Joventut por entonces, vino a nuestra casa y estuvimos hablando. Había una especie de precontrato con la Penya. Además, vino Eduardo Portela por el Barcelona, pero cuando vio la casa donde vivíamos, se dio media vuelta y no llegó ni a entrar. Cuando la cosa estaba muy avanzada con Comas y el Joventut, apareció Lolo Sainz en representación del Real Madrid con unas cantidades no muy altas. Mi padre quería que fichase por el Real Madrid, pero le pusimos las cosas un poquito difíciles en la negociación, hasta tal punto que mi padre se llegó a poner nervioso y recuerdo que me dijo: “Como no fiche por el Real Madrid, te vas a enterar”. Al final, fichó por el triple de la primera oferta. A Lolo le fastidió un poco porque le trastocamos los planes y sobre todo le fastidió conmigo que es con el que negoció. En mi casa éramos más del Real Madrid, salvo mi madre que era del Sevilla, y a mi padre no le apetecía mucho que mi hermano cambiara de ciudad, aunque Fernando se hubiera adaptado perfectamente.

G: Además de su ambición deportiva y su inconformismo innato, ¿hubo alguna otra razón de peso a la hora de marcharse a la NBA?
R. M.: Él estaba cansado de la ciudad de Madrid. Le agobiaba mucho la fama. Sabía que en Estados Unidos iba a ser un desconocido y el respeto iba a ser diferente, ya que en Madrid no le dejaban ni respirar. Le agobiaba mucho el tema de figurar. A Fernando le gustaba separar su ámbito privado del profesional, y ésa fue una de las razones de irse a la NBA, además del tema de ser un pionero y alcanzar su techo deportivo. Pero el salir fuera de Madrid le empujó mucho a probar en la NBA.

G: ¿Cómo vivisteis dentro de la familia su periplo en la NBA?
R. M.: Muy orgullosos por lo que consiguió. Aunque también sufríamos porque en Estados Unidos Fernando lo pasó muy mal. Cuando volvió a España, descartó totalmente la idea de regresar a la NBA. Se puede decir que olvidó la aventura americana. En mi opinión, su fichaje por Portland fue un error, por ser un equipo de los punteros de la liga, con las dificultades que eso conlleva para un rookie, y por tener un entrenador tan conservador como Mike Schuler que no le dio oportunidades.

G: ¿Existió la posibilidad de fichar por otro equipo que no fuera el Real Madrid cuando decidió abandonar la NBA? ¿Crees que hubiese continuado jugando al baloncesto muchas más temporadas?
R. M.: Bueno, todos sabíamos que regresaría al Real Madrid. Lo que pasa es que lo hizo firmando un contrato muy alto, incluso mayor que varios futbolistas de la primera plantilla. Si no recuerdo mal, firmó por un poco más de cien millones de pesetas por temporada. Sobre su hipotética retirada del baloncesto, yo creo que no llevaba idea de retirarse ni a los 35 años ni tampoco a los 27 años. En mi opinión, hubiese jugado dos o tres años más, por supuesto en el Real Madrid.

G: Fuera del baloncesto había otras muchas actividades que le gustaba hacer.
R. M.: Sí, ir al campo, jugar al tenis, las motos… Recuerdo que se compró una de gran cilindrada, pero le duró tres meses porque el Real Madrid se la prohibió. Además, le encantaba leer, estar con la familia y con sus amigos. Era un gran conversador, aunque se soltaba con muy poca gente. Le gustaba hablar sobre todo de relaciones humanas. Fernando, Antonio y yo teníamos una ley no escrita que consistía en que una vez terminaba un partido, a no ser que alguno de los dos (Fernando o Antonio) sacase el tema del baloncesto, no se hablaba de ello. Es decir, se hablaba de este deporte si ellos iniciaban el tema.

G: Para finalizar, ya dispones de mi libro: Fernando Martín. Instinto Ganador, y me gustaría saber si el título refleja lo que fue tu hermano.
R. M.: Sí, así es. Como bien sabes, me lo hizo llegar un amigo común y me llevé una gran alegría. Fue una gran sorpresa y te felicito por el cariño y el respeto que has puesto en tu obra. Por supuesto que el título refleja lo que fue Fernando, pero además añadiría que era un líder dentro y fuera del campo. Atraía a la gente por su forma de ser.

 

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