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Antonio Martín: «Fernando era el mejor por las veces que te hacía ganar»

Antonio Martín: «Fernando era el mejor por las veces que te hacía ganar»

Su hermano y mejor amigo. Antonio Martín responde a las preguntas de César Nanclares y hace una radiografía de Fernando Martín.

Antonio Martín se hizo mayor de golpe el 3 de diciembre de 1989. Tenía sólo 23 años cuando perdió a su hermano, su amigo, su mejor compañero de equipo, su guía vital. Hoy peina canas a los 48. Nadie conoció a Fernando Martín como él. Nadie mejor para contarnos cómo era.

Artículo publicado en la especial de Gigantes: 25 años sin Fernando Martin.

Gigantes: Antonio, 25 años. ¿Es mucho tiempo o sigue siendo muy poco?
Antonio Martín: (Tarda en contestar) Bueno, las dos cosas. Es mucho tiempo porque me noto mayor (sonríe). 25 años te han pasado a ti también y… respecto a sensaciones, a percepciones… esa cosa de que alguna manera Fernando sigue presente en nuestras cabezas… en las de la familia, no hablo de… Es muy poco tiempo. No con un tamiz negativo sino como algo positivo.

G: ¿Qué es lo que más echas de menos de Fernando?
A: Lo lógico. Al hermano y al amigo. Sí, claro. Sí.

G: ¿Cómo definirías vuestra relación?
A: Me cuesta expresarla con palabras. Es muy difícil. No es nada fácil. Fernando era mi hermano. Y aparte era mi amigo. Y yo era su amigo. Era muy bidireccional, de tenernos mucha confianza. Discutíamos… Teníamos nuestras peleas… Pero había algo… No me gustaría usar palabras de estas, de mucha piel, mucha química… esas cosas que me ponen un poco nervioso… pero había una sensación especial al tratarnos. Y teníamos nuestras diferencias. Indudablemente la relación con él ha cambiado, quiero decir, muchas veces, el faro que enfocaba hacía mí, en aquella época, yo no lo admitía. Y después de faltar él me ha servido mucho. Y lo he admitido mucho mejor.

G: ¿Quizás es una buena definición de madurez?
A: No sé lo que es. Yo digo que lo que él iluminaba, en ese momento, por los motivos que fuera, yo no estaba tan receptivo a ello. En cambio, al poco tiempo de faltar, yo busco mucho donde él había iluminado con la linterna. Me sirvió mucho.

G: ¿Se consigue de veras pasar el duelo de una pérdida tan cercana o sólo se logra dominar la tristeza?
A: No, hombre, no. Se consigue de veras. La vida no espera a nadie. Esto hay que comérselo a bocados. El duelo tiene que durar lo que tiene que durar y lo que tiene que quedar es una sensación espontánea de sonrisa en el recuerdo de él. No hay más. No puedes estar… Sería falso, además, justificar tristeza a lo largo de tantos años por la falta de un ser querido. A mí me provoca un shock, un golpe difícil de digerir. Yo tenía entonces 23 años y después entras, como dices tú, en un estado de rabia, tristeza y luego lo vas asumiendo como cualquier otra persona. Da igual que fuera Fernando Martín o quién sea, vas asumiendo una realidad y vas despertando la parte buena del recuerdo. Y la rabia se va calmando. En todos los casos es un proceso similar.

«Fernando era el mejor por las veces que te hacía
ganar un partido/campeonato»

G: ¿Cómo era Fernando Martín, como jugador y como persona?
A: La faceta como jugador, para resumirla, es que era un ganador. Fernando era lo que yo más admiro de un jugador de baloncesto o de cualquier otro deportista de equipo. Era el mejor por las veces que te hacía ganar un partido/campeonato. Esos son los jugadores que yo admiro. Después de Fernando admiro a otro que ha jugado conmigo, que es Arvydas Sabonis. ¿Por qué? Porque te ayuda. Ayuda al equipo a ganar partidos, a ganar campeonatos. Fernando era así. Y en ese sentido no tenía límite y eso era muy bueno. Como persona, en estos días que vemos tantas cosas por la tele, gente de la edad de Pablo para abajo (fotógrafo de la entrevista, 29 años) lo deben de flipar. Fernando era verdad y a mí me cuesta mucho encontrar verdad hoy en día. Pero un huevo. Pero él, sobre todo, era verdad, para lo bueno y para lo malo. Pero, coño, es que hoy en día… no sé cómo lo hubiera pasado.

G: ¿Qué sería Fernando Martín si viviera? ¿Qué haría? ¿A qué se dedicaría?
A: Esos juegos son normales desde fuera; desde dentro son más complicados, César, porque Fernando fallece con 27 años y yo tengo 48. Y si me pongo a pensar en lo que pensaba con 27 y lo traduzco a día de hoy… Es un poco hacer un guessing (conjetura). Fernando necesitaba más a la gente de lo que él decía. A lo mejor tendría un año, como diría ‘El Gran Wyoming’, de trampero de Connecticut pero luego volvería… Un año sabático de gente. Gente como Fernando que vivió una presión mediática, trascendió la figura del jugador de baloncesto a otra cosa, una serie de historias, quizás si precisaba de un año sabático de decir: ‘Dejadme respirar’, ¿no? Y hacer un viaje donde tuviera que hacerlo. Pero Fernando era un tío sociable, necesitaba cariño… Tenía sus puntos no tan positivos, como los he podido tener yo u otro. Y es que en algún momento no tuvo un comportamiento correcto, vamos a dejarnos de historias. No hacía todo bien. ¡Qué leches! Y ya está. No hay más vuelta de hoja. Sí, sí era verdad. Vamos a ver, César, con 22, 23, 25 años también se es un idiota de verdad y se hacen tonterías de verdad. Uno de los errores que quizás cometemos cuando alguien fallece joven y en una situación muy arriba, es que no vemos todo. Yo tengo contacto ahora con otro deporte, el fútbol, y veo reacciones y tal, y tengo la sensibilidad para entender que las tonterías son de verdad. Y Fernando hacía cosas bien y cosas mal. Y ya está. Y sí, era brusco en ocasiones, depende de cómo le pillara, porque llevaba mucho tragado. Él exteriorizaba poco la tensión, la presión o los problemas, y de pronto lo pagaba el chico que venía a pedir un autógrafo. España y yo somos así, señora. Y no se puede cambiar.

«Antes de jugar al baloncesto, Fernando jugaba al balonmano.
Hacía natación. Jugó al ping-pong y es que había que verle»

G: ¿Tuvo algo que ver en el carácter de Fernando, y en el tuyo, que vuestra familia fuera acomodada, que tuvierais más oportunidades que otros jugadores, o él era así y punto?
A: No condiciona tanto eso (larga pausa). La infancia de Fernando, nuestra infancia, en cuanto a los deportes… Había que hacer deporte porque a la jefa (su madre) le dijeron los médicos que había que hacer deporte y eso establece, en el caso de Fernando, no en el mío, una manera de competir, una forma de superarse. Y muy bien. Pero luego cada uno tiene sus inquietudes.

G: ¿En el caso de Fernando, entonces, es más genética que educación?
A: ¿Qué parte, la parte competitiva?

G: Sí.
A: Se despierta por una serie de cosas, entre otras por la que tú has dicho (la genética). Luego en él daba igual. Antes de jugar al baloncesto, como bien sabes, jugaba al balonmano. Hacía natación. Jugó al ping-pong y es que había que verle. El nivel de entrenamiento de ping-pong en el colegio era… gente empapada en sudor.

G: ¿Es el mejor deportista que tú has conocido nunca?
A: Hubiera sido un buen decatleta. Era un tío muy completo. Corría en 11 segundos, once y pico los 100 metros. En España no había ningún tipo así. Fernando tenía el gen ganador. George Karl decía que primero eres jugador, luego eres competidor y finalmente, ganador. Y no te puedes saltar esos pasos. Y hay gente que se queda en alguno de ellos. Cuando digo que Fernando, fundamentalmente, ayudaba a ganar a un equipo es porque lo otro, el ser competitivo, lo doy por hecho. Competía por lo que fuese. Cuando se es competitivo se sufre. En el Madrid de Corbalán y bla, bla, bla, bla, ganábamos y… deber cumplido; seguimos. No era ¡¡¡joder!!! (grita de alegría). Y a mí lo que me gusta es que sea, joder, hemos ganado. Estaba pensando en la diferencia en la relación con los medios en aquella época con respecto a la actual. Si miro esas cosas que guarda Carmela (la madre) te juro que me sonrojo de las gilipolleces que decía pero éramos mucho más valientes, decíamos muchas más barbaridades. Algunos, no todos. Fernando, desde luego, no se callaba. Fernando, con 15 años, era muy tímido, con complejos de todo tipo y que poco a poco va superando y se va haciendo, como cualquier otro adolescente, un chaval, un joven en la vida… Es algo bastante más normal de lo que a veces intentamos dibujar. Bastante más sano… Lo que sí era, era verdad. El baloncesto no es ajeno al resto de las cosas de la sociedad o culturales. Y era ‘La Movida Madrileña’, ¡eh! Otra cosa que se ve en reportajes y también ahí la desfiguran. Pero otro momento de este país, otro de explosión y de necesidad de comunicar. Fernando y yo fuimos portada de una revista que se llamaba Madrid me mata. MMM, Madrid me mata. Ahí salían McNamara… era otra historia. Y era valiente para decir no a tantas cosas que a tanta gente le importan y que a él no le importaban. Sabiendo el riesgo. No sólo el tema económico de renunciar a dinero por ir a jugar a la NBA sino sabiendo el riesgo de ir hacia lo desconocido y de ir a una competición que es distinta a la de ahora.

«Él fue el primero en la NBA y arrojó algo de luz a ese camino.
Un camino distinto, muy distinto al de ahora»

G: ¿Por qué los pioneros son siempre unos incomprendidos? ¿Le importaba esa incomprensión?
A: Hay dos cosas, respondiendo a la primera pregunta: una es la idiosincrasia de España, de la gente. No sé quién dijo que morirte es la mejor actuación de marketing que puedes hacer en este país. Y cuando alguien sube… Fernando no es un caso único. No voy a dar nombres pero ahora se admite más. De pronto, Rafa (Nadal) tiene un mal año y es increíble. Ha pasado en el Mundial de baloncesto, en el de fútbol. Somos así. Por otro lado lo que hay es una resistencia al cambio. Está todo establecido; se juega aquí, la Copa de Europa, tal y de pronto, un tío que se va y hay gente que no… Cuando debería ser al revés porque, al fin y al cabo, la NBA, en teoría, es la competición donde están las mejores estrellas de este deporte y que un español esté allí es un orgullo. Como lo es ahora. Curiosamente a nadie le molesta que ahora estén los mejores jugadores allí.

G: Volvemos a la linterna. Él alumbró ahí, donde ahora miramos todos.
A: Alguno de los españoles NBA de ahora lo ha comentado. Él fue el primero y arrojó algo de luz a ese camino. Un camino distinto, muy distinto al de ahora. Eso, Miguel Ángel Paniagua, un personaje de este tipo te puede explicar bastante mejor que yo las diferencias de la NBA de entonces a la de ahora.

G: Fernando era tremendo. Una capacidad de atracción…
A: Brutal, brutal.

G: ¿Y qué le llevó a volver a España, al Real Madrid, sólo un año después de irse? ¿Llegar a la NBA ya era suficiente o hubo otros motivos?
A: No todo es blanco o negro. Para entender mejor la situación habría que explicar que el head coach (de Portland, Mike Schuler) era rookie; que la franquicia estaba en el momento que estaba y que a Fernando le costaba no jugar minutos allí. Sobre todo cuando tú veías que en los entrenamientos… Sabes que estás con los mejores pero veo posibilidades… Fernando no era ningún idiota y sabía que estaba en una competición terriblemente difícil. Años después llega Drazen (Petrovic) y pasa un primer año muy difícil. Hoy en día las diferencias son distintas. Menores en cuanto a ritmo, a manos, a movimientos de pies laterales… Temas puramente baloncestísticos, son tan diferentes. Ahora (los dos baloncestos) son mucho más parecidos. Afortunadamente porque el nivel del baloncesto español ha crecido, digan lo que digan. Nos puede gustar o no. La gente nostálgica dice: ‘Los duelos con Norris…’. Sí, sí, pero aparte de aquellos duelos que son unas de las piezas audiovisuales más espectaculares que hay, el nivel del baloncesto español se acerca más ahora. Al menos yo lo pienso así. Joder, el nivel es muy alto. Él se vuelve por circunstancias deportivas , profesionales y personales. Fernando era muy rompe y rasga. Muy de: ‘Esta etapa se ha acabado y se acabó. Pum (chasca los dedos). Paso la página’.

«Fernando tuvo una crisis de ‘se dejaba llevar’ y justo al
final él tenía planeado no jugar mucho tiempo más»

G: ¿Eres capaz de retrotraerte, de volver al 3 de diciembre de 1989?
A: No me gusta. No quiero y no me gusta.

G: Quienes conocieron a Fernando, me cuentan que en los meses previos al accidente tenía un brillo especial en los ojos, una ilusión especial por volver a llevar al Real Madrid a lo más alto. ¿Es así o ya estaba de vuelta?
A: No. Fernando tuvo una crisis de ‘se dejaba llevar’ y justo al final él tenía planeado no jugar mucho tiempo más, aunque no lo dijera, pero quería darse dos años, estaba dispuesto a pelear. Le quedaba todavía eso que tenía de ‘¡vamos, coño, a ganar!’. Yo creo que le quedaba de esa pila, de esa energía. Sí. Sí.

G: ¿Es verdad o sólo una leyenda eso de que a Fernando Martín no le gustaba el baloncesto? Sambenito que luego se te cuelga a ti también…
A: Siempre ha habido un interés porque el jugador profesional de cualquier deporte no se desarrolle intelectualmente demasiado y lo que sí creo, y es una frase de Fernando es: ‘Yo tengo que estar concentrado las dos horas de entrenamiento por la mañana y las dos horas por la tarde. Amén de los partidos. Si luego me balanceo desarrollando inquietudes de otro tipo voy a estar más sano y voy a competir mejor’. Y eso lo creo al 100%. Al 100%. En aquella época nos íbamos a ver una película y luego al Café Belén a hacer una tertulia sobre la peli. ¡Y nos creíamos que hacíamos unos comentarios de la de Dios!

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