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Entrevista con Jerebko: Su regreso, la prueba con el Real Madrid y el cambio en la NBA…

Entrevista con Jerebko: Su regreso, la prueba con el Real Madrid y el cambio en la NBA…

José Manuel Puertas habla con el ex NBA para analizar como ha sido sido su llegada a Europa.

Una década después, Jonas Jerebko ha vuelto al Viejo Continente. A él se apegó para renunciar a la NCAA y luego fue uno de tantos jóvenes valores que vuelan a Estados Unidos sin haber dominado Europa. Encabeza la gran inversión de un Khimki que mira sin ambages a la Final Four de Colonia.

Atrás queda una montaña de rusa de sensaciones en la NBA para este admirador de Andrei Kirilenko e hijo de jugadores al que sólo el consejo de su padre impidió en su día que firmara por el Real Madrid. Por cierto, Shved en ruso significa ‘sueco’, así que el lector puede imaginar que hay algunas bromas al respecto en el vestuario del Khimki. La gran estrella de los de la región de Moscú, Alexey, ha encontrado a su gran escudero. Y Gigantes ha hablado con él.

Gigantes: En su infancia practicó muchísimos deportes. ¿Por qué se decantó por el baloncesto?
Jonas Jerebko: En Suecia no es fácil; hay muchas opciones. Pero crecí viendo a mis padres jugar. A veces iba a tirar con ellos. Mi hermana también jugaba. El baloncesto fue mi primer amor. Probé fútbol, hockey, balonmano, tenis, tenis de mesa, golf, voleibol, floorball… Creo que he jugado a casi todo lo que uno se puede imaginar y no lo hacía mal. Sobre todo, muchos años al hockey hielo, pero siempre fui mejor al baloncesto.

G: ¿Le ha ayudado esa versatilidad?
J.J.: Mucho, especialmente en mi juego de pies. Soy un jugador grande, pero crecí como base. Hasta los 18 jugaba de ‘1’. Tuve un estirón tardío, realmente empecé a crecer a los 15-16. Y me acostumbré a jugar con gente mucho mayor. Con 14 años ya jugaba en la segunda división sueca. Tener a tíos de 30 años enfrente fue un gran aprendizaje. Y haber hecho otros deportes me ayudó a tener más riqueza de movimientos y en el desarrollo de mi cuerpo. Mido 2.08, pero me considero más rápido de lo normal en esa posición y con un buen juego de pies gracias a ese recorrido.

G: ¿Cómo fue su prueba con el Real Madrid?
J.J.: Tenía 15 años. El primer club que contactó con mi padre fue el Gran Canaria. Luego llamó el Madrid. Querían que fuéramos y verme. Y claro, el Real Madrid es el club más grande de Europa: me emocioné bastante aunque mi padre me decía ‘Jonas, tómatelo con calma, no tengas prisa’. Jugué un torneo y lo hice bien. En ese equipo el mejor era Pablo Aguilar. Me ofrecieron un contrato por cinco o seis años, no recuerdo. ¡Si no hubiera sido por mi padre lo hubiera firmado sin leerlo! Pero me dijo que primero acabara el instituto y luego hiciera lo que quisiera. Es lo que hice, pero estuve muy cerca del Madrid. Hubiera sido un sueño, aunque estoy contento de lo que hice posteriormente. Quién sabe qué habría pasado. Fue una gran experiencia y cuando definitivamente me decidí por el baloncesto y dejé otros deportes.

G: Años después, decide no ir a la NCAA y hacerse profesional en Suecia. Suena arriesgado.

J.J.: Le tomé la palabra a mi padre: acabé el instituto e hice lo que quise. Estuve en West Virginia donde estaba John Beilein, actual entrenador de los Cavs y que había entrenado antes a mi tío en Le Moyne. Me gustó. También estuve en Buffalo, de donde es mi familia, lo que era un punto a favor. Volví a casa con esas dos ofertas. Y el Real Madrid volvió a llamar. Pero no me sentía preparado para irme de Suecia, donde tenía muchas ofertas. Elegí al Plannja Basket, el mejor equipo entonces. Quería probar un año fuera de casa, centrado en el basket. Sólo entrenar y jugar. Llamé a las dos universidades y las rechacé.

G: Ahí no influyó su padre.
J.J.: No, fue mi decisión. Consideré que no estaba preparado para irme. El equipo que elegí estaba a cuatro horas de avión de mi casa, al norte. En el fondo, era como irme a otro país. Era el paso correcto a dar. Allí estaban los mejores jugadores suecos y algunos americanos de buen nivel. Ganamos la liga. Me ayudó a crecer.

G: Llega en 2009 a los Pistons de Ben Wallace, Rip Hamilton y Tayshaun Prince, ya con el equipo de capa caída.

J.J.: Me vino bien. Había muchos veteranos en los que fijarme. Tíos que sabían lo que era ganar un anillo. Pero la organización iba sin rumbo. Cambiaba el entrenador casi cada año, a muchos jugadores, incluso el dueño de la franquicia… Pero yo lo que veía era que estaba en la NBA, no me preocupaba mucho lo que pasaba alrededor. Sólo quería jugar allí, trabajar duro y disfrutar. Mi mentalidad era, ‘joder, éste es mi trabajo, estar en la NBA’. Pero ahora, habiendo pasado por Boston, Utah o Golden State y viendo cómo se pueden hacer las cosas, desde luego aquello era una gran transición. Tuve suerte de compartir vestuarios con Billups o McGrady también. Me decían que era un buen jugador que tendría una larga carrera y que no mirara demasiado afuera.

G: Podía ser determinante en Europa y se pasó un lustro naufragando en aquellos Pistons (el segundo año, incluso, sin jugar por lesión).
J.J.: Como digo, fue un aprendizaje. Nunca jugamos playoffs en esos años. Cuando llegué a Boston todo cambió. Un equipo con otra mentalidad, que realmente quería ganar, supuso ese empuje extra. En Detroit lo pasé bien con la gente, pero cambiar de entrenador y jugadores cada año no tiene sentido.

G: A partir de ahí, siempre en equipos aspirantes.
J.J.: Es otra historia. Cuando estás en un mal equipo y llega el parón del All-Star, todo el mundo desconecta. Empiezan a pensar qué van a hacer en verano y dónde tienen que enviar su coche o su ropa a partir del mes de abril. Los equipos cuya mentalidad es jugar playoff son otro rollo. A partir del All-Star sabes quiénes están deseando irse a casa y quiénes de verdad aspiran a cosas.

G: ¿Cómo fue su experiencia en los Warriors la temporada pasada?
J.J.: Me lo pasé bien. Era una mezcla de personalidades pero todos enormes competidores. Uno de los equipos con más talento de la historia. No logramos el objetivo pero estuvimos cerca. Ya sabe lo que pasó con las lesiones… Durant, Thompson, Cousins. Mala suerte. Fue una decepción pero lo dimos todo y no pudo ser.

G: ¿Cómo era ese vestuario?
J.J.: Piense que en cualquier lugar del globo se escribía cada día sobre lo que pasaba allí. Todo se magnificaba porque todo el mundo nos miraba. A cualquier ciudad que íbamos, había cientos de personas esperando. Pero puertas adentro, todo era normal. Buenos tipos, buenos compañeros. Jugábamos a las cartas en los viajes o salíamos a cenar cuando podíamos. Pero con ese altavoz constante ahí. Claro que a veces pasaron cosas, pero nada fuera de lo normal. Por ejemplo, si hubiéramos tenido esa lupa en mis años en Detroit, le aseguro que las historias de vestuario daban para escribir un libro (risas). Eso no pasaba en los Warriors.

G: ¿Volveremos a ver al mejor Durant? ¿Es el Aquiles la peor lesión para él?
J.J.: Sólo hay que conocer su mentalidad y el amor que tiene por el baloncesto. Yo además lo he pasado, me rompí el Aquiles. A veces hablo con él y le digo que se tome su tiempo, pero que volverá más fuerte. Lo sé por experiencia. Es un gran tipo y ama lo que hace. Será duro estar un año sin él pero volverá. Y cuando está bien es imparable. Estoy convencido de que le veremos de nuevo al mejor nivel.

G: ¿Fue fácil encontrar su rol en un equipo así?
J.J.: Hice un buen trabajo para ello. Cuando juegas debes centrarte en lo que puedes controlar y olvidar el resto. No puedo controlar a quién pone el entrenador, sólo lo que yo hago cuando tengo la oportunidad. Creo que podría haber hecho más con más minutos.

G: ¿Fue decepcionante tener apenas siete minutos en playoffs cuando había promediado 16 en liga regular?
J.J.: Mucho. Muy decepcionante.

G: ¿Influyó en su decisión de volver a Europa?
J.J.: No demasiado. Desde luego fue un mazazo porque estaba jugando bien. Volvieron de lesiones algunos jugadores y entraron con fuerza en la rotación. Pero como le digo, eso está fuera de mi alcance, es cosa del entrenador. Yo hice lo que se suponía que tenía que hacer.

G: Mirotic, Monroe, usted… Todos en Europa. ¿Ha cambiado algo este verano?
J.J.: Sí, y más que va a cambiar. Los equipos NBA quieren tener 5, 6 o 7 tíos en los que invertir casi todo el dinero y el resto jóvenes a los que confían en convertir en buenos jugadores. Es la dirección que ha tomado la NBA y creo que en próximos años vendrán muchos nombres de alto nivel a Europa y también a China buscando ganar más dinero que en una NBA que va a invertir todo en unos pocos. No me sorprende lo que ha pasado por el nuevo convenio colectivo y va a seguir pasando.

G: Al Khimki muchos le sitúan en la Final Four y derrocando al CSKA en la VTB. ¿Siente presión?
J.J.: No, simplemente estoy contento. Cuando recibí la oferta y vi quien estaba en el equipo pensé que era una oportunidad. Mi sueño ya no es la NBA. He estado allí diez años, he jugado Finales en el Este y en el Oeste. Desde luego me hubiera gustado ganar un anillo, pero también quiero ganar la Euroliga. Cuando Khimki me ofreció este contrato, creyó en mí, y vi lo que había a mi alrededor fue fácil decidirme. Volver a Europa tras una década y jugar en Madrid, Barcelona, Berlín o Estambul me emociona. Y ahora mi familia no está a quince horas avión, está a apenas dos.

G: ¿Son posibles esos objetivos?
J.J.: Claro. Creo en este equipo y no tenemos límite. No hubiera firmado si no aspiráramos de verdad a la F4 y a ganar al CSKA.
G: ¿Se ve como uno de los líderes del equipo?
J.J.: Sí. En la NBA era un jugador de rol y aquí mi peso será mayor. Tengo capacidad técnica y mucho trabajo detrás para dar un paso más en Europa. Se trata de jugar y ganar en equipo. Estoy aquí para ganar. Quiero ganar, no tirarme veinte tiros por partido. En la NBA he aprendido eso.

G: ¿El éxito pasa por cambiar el ‘Shvedsistema’?
J.J.: He jugado contra él varias veces; antes de firmar hablamos. Es un jugador enorme y un gran tipo. Estoy contento de estar con él. Desde luego es uno de los mejores anotadores en Europa, si no el mejor. Y tenemos más jugadores de calidad. Vamos a ser muy difíciles de ganar.

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