Historión sobre el pasado NBA: ¿Son los Clippers realmente los Celtics?

Historión sobre el pasado NBA: ¿Son los Clippers realmente los Celtics?

El contenido pertenece al número 1.503 de la revista ‘Gigantes del Basket’

El pasado mes de octubre, los Lakers entraban en el club de los 17 títulos, dando así alcance en número de entorchados a sus archirrivales Celtics. Sin embargo, quienes estuvieron presentes en las redes sociales al finalizar el sexto partido de las Finales entre los angelinos y los Heat, tuvieron la oportunidad de ver cómo una parte de los aficionados de los Celtics recurrían al desgastado mantra de que Los Angeles Lakers no cuentan con tantos anillos como la franquicia de Boston, “porque los cinco primeros títulos se consiguieron cuando eran los Minneapolis Lakers”.

Lo que esos fans de Boston Celtics no dicen –seguramente por desconocimiento– es que a la orgullosa franquicia del trébol habría que computarle solamente 4 campeonatos de la NBA (1981, 1984, 1986 y 2008). Sorprendente, ¿verdad? No es para menos. Aunque lógicamente, una afirmación como esta merece tanto una explicación como un adelanto: nadie se va a llevar de Boston ni uno solo de los 17 estandartes que cuelgan del techo del TD Garden.

Hollywood entra en los Celtics

Irv Levin y Harold Lipton eran dos hombres de negocios californianos que, a la segunda intentona, habían logrado comprar los Celtics en 1975. Mientras que Lipton era un conocido abogado de las celebridades angelinas –amén de ser suegro del productor musical Quincy Jones–, Levin había amasado una fortuna como productor y distribuidor en Hollywood. No es de extrañar que en Massachusetts su llegada fuera recibida con algo más que escepticismo. Máxime cuando se conoció que la propiedad iba a dirigir la franquicia desde Los Ángeles.

Los fans de los Celtics confiaban en que a pesar de que una parte de Hollywood había caído sobre el equipo de la ciudad, el hecho de que Red Auerbach comandara las operaciones deportivas del mismo, era una garantía teniendo en cuenta su laureado historial. Y así fue en un principio, ya que el talentoso quinteto titular formado por Jo Jo White, Charlie Scott, John Havlicek, Paul Silas y Dave Cowens, con Tom Heinsohn en el banquillo, fue argumento suficiente para ganar el segundo título en tres años.

A partir de ahí, la suerte de los de Massachusetts se fue torciendo. En un traspaso a tres bandas con Detroit Pistons y Denver Nuggets, Auerbach envió a Paul Silas a Michigan para conseguir a Curtis Rowe. Un Rowe que había compartido vestuario en la exitosa UCLA de Wooden con Sidney Wicks, que también arribaba a Boston vía Portland. Se trataba de dos reputados jugadores que estaban llamados a llenar el vacío de la marcha de Silas y de la retirada de un veterano Don Nelson, cuyo concurso se había convertido en poco menos que residual a sus 35 años.

Sin embargo, los planes del viejo zorro de los despachos no salieron como había imaginado y los del trébol fueron eliminados (4-3) por los 76ers en las Semifinales de Conferencia. Los fichajes no habían ofrecido lo que se esperaba de ellos. Irv Levin, por su parte, seguía disfrutando del oropel de Hollywood mientras su equipo se batía el cobre a más de 4.000 kilómetros de distancia.

Si la campaña anterior había dejado un regusto amargo, la temporada 76/77 fue un desastre sin paliativos. Los fichajes de Don Chaney, Dave Bing, del denostado Kermit Washington, por el brutal puñetazo a Rudy Tomjanovich, y del rookie Cedric Maxwell no impidieron que los Celtics terminaran la regular season con solo 32 victorias, fuera de los puestos de playoffs.

Auerbach no compartía el estilo de dirección de Irv Levin pero se dedicaba a hacer su trabajo lo mejor posible. Y uno de los sapos más duros que tuvo que tragarse fue el del día de la despedida de John Havlicek. Hondo decía adiós a sus Celtics y al baloncesto en activo a sus 38 años, como el último superviviente de la mayor de las dinastías que el baloncesto profesional ha conocido jamás. Aquel 9 de abril de 1978, durante el descanso del Boston Celtics-Buffalo Braves, Levin hizo entrega de una autocaravana a Havlicek y el público del Boston Garden abucheó al propietario de la franquicia como pocas veces habrá ocurrido en un acto de homenaje. Auerbach, fiel a su jefe, aguantó en pie junto a él en todo momento. Quién podría imaginar lo que estaba por venir en los próximos meses. 

Levin rompe la baraja

Cansado de la situación, de monitorizar su inversión desde la otra punta del país y de tener que subir frecuentemente a aviones que lo llevaran hasta Massachusetts, Levin trazó un plan. Se propuso instalar una franquicia de la NBA en el sur de California. El lugar escogido no era otro que la ciudad de San Diego, una urbe en alza en la que se habían ido instalando profesionales liberales de la Costa Este y de ciudades del Medio Oeste como Detroit o Chicago. Su sueño inicial era el de llevarse a los Celtics a California, pero era plenamente consciente de que la liga no permitiría, bajo ningún concepto, que el mascarón de proa de la NBA abandonara Boston.

Descartada la primera opción, la pareja Levin-Lipton diseñó las líneas maestras de la que iba a ser una oferta cuyo destinatario no podría rechazar. Y Levin escogió cuál sería su pareja de baile para un movimiento mucho más realista que el primigenio. Comenzaría a ejecutarlo con sigilo, sin que apenas nadie supiera de sus pasos.

El rey del pollo frito

Recién entrado en la treintena, John Y. Brown fue capaz de demostrar al mundo su capacidad para los negocios. En 1964 compró a su fundador la cadena de restaurantes Kentucky Fried Chicken por 2 millones de dólares y la vendió siete años después por 284. Para entonces, KFC era una marca reconocida en todo el planeta y John Y. Brown solo tenía 38 años.

Originario de Lexington (Kentucky), Brown también había invertido en una franquicia de baloncesto: los Kentucky Colonels. Su paso por la franquicia de la ABA lo convirtió en un héroe en Louisville. Primero fue capaz de evitar que los Colonels se fueran a Cincinnati, para después conseguir que se alzaran con el campeonato de la ABA en 1975. Sin embargo, sus últimos meses a cargo de la organización no fueron del gusto de los locales.

Cuando tras la disputa de la 75/76 se propuso la absorción de la ABA por parte de la NBA, Brown prefirió hacer desaparecer los Colonels a cambio de recibir 3 millones de dólares, antes que pagar idéntica cantidad para que la franquicia formara parte de la expansión de la NBA. Su explicación fue tan sencilla como falsa. Según el magnate de Kentucky, el baloncesto no era la clase de negocio en la que deseara verse involucrado. Pocos meses más tarde, adquiría los Buffalo Braves de la NBA.

Al mando de los Braves su gestión fue de mal en peor. Había recibido un equipo que había terminado la temporada con un récord de 46-36 y dos años más tarde cerrarían el curso 77/78 con un balance de 27-55. Al igual que hiciera en Kentucky vendiendo a Dan Issel, la figura local, en Buffalo no se le ocurrió otra idea que traspasar a un estratosférico Bob McAdoo y a Tom McMillen a los Knicks a cambio de un incompetente John Gianelli y un fajo de billetes. Una operación más propia de un chiflado.

La penosa situación de los Braves no había pasado inadvertida para Irv Levin, que sabía que con el goloso caramelo que llevaba en la carpeta, haría las delicias de John Y. Brown. Pero antes de que los propietarios de la NBA aprobaran cualquier hipotética operación que pudiera acabar dándose entre los dos hombres de negocios, Levin quería sentarse a solas con Brown durante el tiempo que fuera necesario.

Tú a Boston y yo a California

No hizo falta que Irv Levin llamara dos veces a John Y. Brown para que se pusieran a pergeñar un escenario adecuado para ambos y creíble para el resto de la liga. Brown era el dueño de una nave que si bien hubo un tiempo en el que parecía poder ser candidata a aspirar a lo más alto, era para entonces un vehículo lleno de achaques al que habían desprovisto de Moses Malone y Jim McMillian, además de los ya citados McAdoo y McMillen. Búfalo era una ciudad en la que el equipo de baloncesto contaba con bastante menos tirón que los Bills de la NFL y los Sabres de la NHL, desde luego. Por eso, que las palabras Boston Celtics salieran de la boca de Levin resultó música celestial para un Brown que no acostumbraba a dejar pasar las buenas olas.

La propuesta era muy clara. Se intercambiaban las franquicias de manos y Levin se llevaba a los Braves a San Diego, previa aprobación de la liga. El productor hollywoodiense estaba cansado de tener parte de su rebaño en el otro extremo de los Estados Unidos. Su gente, sus negocios y el sol los tenía en California. Al carajo con Boston y sus delicadas tradiciones. A Brown le faltó tiempo para remangarse y concretar.

Peligra Red Auerbach 

A pesar de que las negociaciones se plantearon sin luces ni taquígrafos, pronto se comenzaron a conocer los detalles de la operación de intercambio. Pero entre los tiras y aflojas, había uno que afectaba directamente a una leyenda como Red Auerbach. Y el GM de Boston no tardó en acusar el golpe públicamente.

“Si hay un intercambio, cualquier tipo de intercambio, realmente me sacará de quicio. No me importa si es parte del acuerdo de propiedad, fuera del mismo o lo que sea. Si hay un intercambio de jugadores y no me consultan, me pondrá en una posición muy difícil. Tendré que preguntarme, ¿puedo trabajar para este tipo nuevo?”, confesaba a la prensa Auerbach. Y es que la condición sine qua non que se había impuesto en la mesa de negociación entre ambos magnates era que la operación se firmaría si antes llegaban a un acuerdo de traspasos de jugadores entre ambas franquicias. Para ello, analizaron desde las dos partes a todos y cada uno de los jugadores de los Celtics y los Braves.

La prensa comenzó a especular sobre la continuidad de Auerbach y la mayoría aseguraba que un humillado Red dejaría los Celtics con destino a los Knicks. Y añadían que si el alma de Boston se iba a la Gran Manzana, Dave Cowens lo acompañaría y probablemente Jo Jo White también.

Lo cierto es que en medio de esa zozobra bostoniana, Brown se sentó con Auerbach y le hizo una buena oferta que este último dijo que se pensaría muy mucho. Al mismo tiempo, el acuerdo de traspasos se cerró en los siguientes términos. Los Celtics enviaban a los Braves a Kermit Washington, Kevin Kunnert, Sidney Wicks y al recién elegido en primera ronda Freeman Williams. Mientras que los Braves pasaportaban en dirección a Boston a Tiny Archibald, Marvin Barnes, Billy Knight y dos segundas rondas (una de las cuales acabaría siendo con los años Danny Ainge).

La NBA da el OK 

El acuerdo de intercambio de jugadores solo podría llevarse a cabo si previamente los propietarios de los 22 equipos aceptaban la permuta de franquicias. Por un aplastante resultado de 21 votos a favor y solo uno en contra, la jugada de Levin y Brown se convirtió en realidad. Las franquicias permutaron literalmente sus plantillas, pero antes convirtieron en realidad el megatraspaso ya comentado anteriormente.

Irv Levin se llevó los Braves a San Diego y los rebautizó como Clippers. John Y. Brown, por su parte, aterrizó en Boston y no tuvo la oportunidad de ver jugar a Larry Bird siendo propietario por unos pocos meses de diferencia. La mala relación del público con Brown tras el traspaso de Kunnert y Washington, a los que consideraban claves para el futuro de los Celtics, y sus constantes disputas con Auerbach –que finalmente había aceptado su oferta–, le llevaron a vender su parte a su socio, Harry Mangurian.

Pero, ¿los Celtics son entonces los Clippers? 

En una entrevista en 2012, Russ Granik, asistente del consejero general de la NBA en 1978 y posteriormente adjunto a David Stern, declaraba: “En mi opinión, tal y como lo recuerdo, el actual equipo de los Celtics es el sucesor de los Buffalo Braves”. Y a la pregunta de si eso significaba que los Clippers de ese 2012 eran los sucesores de los Boston Celtics, contestó: “Sí, en un sentido estrictamente legal, sí”.

Para los aficionados de los Celtics y los Clippers, no existe esa percepción. Y, sobre todo, desde Boston niegan siempre que la histórica franquicia de Massachusetts se fuera hasta California. Sin embargo, hay un detalle que deja la duda en el aire, cuando menos. Tras el intercambio de franquicias, todos los pagos diferidos que los Celtics tenían con diversos jugadores pasaron a ser responsabilidad de Irv Levin y sus Clippers en un principio, y de Donald Sterling después, cuando este compró la franquicia a Levin en 1981.

En 1985, cuando el exjugador de los Celtics Paul Westphal se retiró de las canchas, confesó a su asesor financiero que en un contrato firmado con Boston en los años 70 estaba estipulado que se le pagaría una determinada cantidad durante los diez años siguientes a su retirada. Cuando lo investigaron, descubrieron que no se estaba satisfaciendo la deuda, por lo que fueron a hablar con Donald Sterling sobre los 50.000 dólares más intereses que se le debían a Westphal. El propietario de Los Angeles Clippers confesó sin rubor la asunción de la deuda explicando de manera nada creíble el porqué del impago: “Tenía la intención de pagarte eso, Paul. Es solo que no sabíamos dónde estabas y no pudimos encontrarte”.

¿Cómo era posible que una deuda de los Celtics de una década atrás fuera satisfecha mediante un cheque de los Clippers sin que los segundos no fueran realmente los sucesores de los primeros? Cosas de la NBA.