Los illuminati de Sant Feliu: Navarro visto por los que mejor le conocen

Los illuminati de Sant Feliu: Navarro visto por los que mejor le conocen

El entorno, tan importante para una estrella, fue clave para Navarro, fiel a sus orígenes en su exitosa carrera

Ese entorno no es otro que Sant Feliu de Llobregat, población vecina de Barcelona situado al margen izquierdo del río Llobregat con 44.198 habitantes. Algunos de ellos autodenominados ‘Los Illuminati”, el nombre que se pusieron en el grupo de whatsapp. Han sido ‘peligrosos’, sobre todo de noche, aunque con los años cada vez menos. Una cuadrilla que lidera un tal Juan Carlos Navarro Feijoo, nacido en la misma villa el 13 de junio de 1980, quien ha ido forjando este grupo uniendo diferentes facciones. Podría decirse que son la versión catalana de los Toys pero con un denominador común: el ba-lon-ces-to y sus reuniones clandestinas. Se les situó en sus inicios en el Cul de sac, bar céntrico de Sant Feliu.

Pilares esenciales

La historia se remonta años atrás, cuando el auténtico y genuino ‘comando Santfeliu’ jugaba a baloncesto. En aquellos inicios había un club, el Rosas, que después pasó a ser el Sant Llorenç -patrón del pueblo-. En este grupito había cuatro chavales: Ángel Gamero, Jesús García conocido como Pichu, Mario Lozano y Paco Ceprián. Iban a jugar en unas pistas descubiertas sustituidas por la actual piscina del pueblo. Los domingos había pachangas y en ellas iban también Justo y Ricardo Navarro, hermanos de un tal Juanki. Este chavalín era delgado, poquita cosa. Tenía buena mano pero no le dejaban jugar. Juan Carlos se había enganchado al baloncesto en casa. Su padre Ricardo llegó a coger una canasta rota del colegio para colgarla en el patio de su casa en la calle Santa Maria, en su pueblo.

Fue lo que sería un playground norteamericano pero versión Sant Feliu. Con la dificultad que el aro no tenia tablero y en lugar de poner madera o metacrilato lo construyó… de cemento Aunque ya no viven allí la canasta sigue intacta. La madre, Puri, se ganó el cielo con aquellos tres hijos que se pasaban hasta altas horas de la noche en la habitación con una canasta pequeña enganchada en el mueble y con balón tamaño tenis. Allí nació el famoso tiro de la Bomba, para evitar el tapón de sus hermanos mayores. De la unión de Juanki con el ‘comando Sanfeliu’ también nació el amor. Pichu entrenaba en el Saneliuenc donde había una tal Vanessa, con buena puntería y que le robó el corazón al mito. Desde entonces han sido inseparables, con Vane y con Pichu.

Líder silencioso

Pero los illuminati iban creciendo. Rápidamente Juan Carlos, ya como Juanki, entró a formar parte de aquellos locos del baloncesto. Igual que hizo en su carrera en el Barça; ha sido el líder silencioso. No el que más grita, no el que más habla, no el que más exterioriza pero tuvo ese don natural de unir. En aquellas reuniones clandestinas en el Cul de sac, con la míticas partidas a la pocha con trampas incluidas, se empezaron a añadir miembros. Su propietario Xuly podría escribir un libro. O dos, de todo lo que ha visto en su histórico local. Uno de los primeros en entrar a la familia de los illuminati fue su gran amigo Alfonso Alzamora, exACB. Un becado llegado desde Mallorca que entrenaba con Navarro en la selección catalana en el pabellón de la Mar Bella y al que el padre de Juanki acompañaba a la Residencia Blume donde vivía. Cosas del destino: se habían conocido 10 años antes en el campeonato de España júnior de la Coruña donde jugaban en el Granollers el hermano de Juanki (Ricardo) con el hermano de Alfonso (Albert). En aquel equipo también estaban Francesc Solana, actual director deportivo del MoraBanc, y Rafa Talaverón.

Un grupo abierto

La entrada de Alzamora, pareja de la recién retirada Nuria Martínez, fue clave. Era una época donde los jugadores del Barça B, con Chema Marcos a la cabeza, Adolfo Sada o Álex Hernández, se juntaban en el Bar Mingos, en la calle Mallorca, junto con los jugadores del Cornellà y del Santfeliuenc que dirigia un tal Xavi Pascual. Eran los equipos vinculados del Barça. Allí Juanki conoció a dos de sus mejores amigos, dos puntales: Marc Simón y Álex Formento. A los illuminati se sumaban los de Barcelona.

NAVARRO FUE FORJANDO SU CUADRILLA DE AMIGOS UNIENDO DIFERENTES FACCIONES. EN SUS INICIOS, SE LES SITUÓ EN EL CÉNTRICO BAR CUL DE SAC

Juan Carlos llegó ya al primer equipo y como si fuera Forrest Gump, su carrera iba avanzando y cada vez el grupo que le seguía iba creciendo. Se hicieron mayores y del bar Cul de sac se pasaron a las cenas, muchas en el Ateneu de Sant Just Desvern. De obligada asistencia tras partidos y sin hora de finalización. A ellas se sumaron Juanjo Chiqui, Salva Navarro Brujo, Iago Losada -cuñado de Alzamora-, Sergio Fernández Pichín -masajista de Juanki-, Sergio Franco Jepeto, Jordi Badosa -quien fue mano derecha de Pau Gasol en Estados Unidos- y en los últimos tiempos también Mario del Campo, amigo de confianza de Navarro.

Cenas, risas y hasta ‘Torneo paletilla’ de pitch and put donde la Bomba demostró que suerte que el baloncesto se le ha dado bien… ¡Qué show! Pero Juanki seguía avanzando e iba añadiendo más amigos en su cuadrilla. Se sumarían también de Galicia, donde veraneaba: los hermanos Rubén y Rober Bartolomé y después Martín y Manu. Alzamora se trajo de la Blume al tenista ex número 29 de la ATP Fernando Vicente Fer, que se convirtió en uno más. Y el último fichaje fue Iker Romero, histórico jugador de balonmano. El grupo también ha tenido ‘fichajes temporales’ como Jasikevicius, Varejao y hasta Nacho Rodríguez. Y evidentemente los hermanos Pau y Marc Gasol. Otros referentes del Baix Llobregat, igual que sus amigos los Estopa, como Navarro, fieles a su territorio. Un grupo abierto a todos.

SE HICIERON MAYORES Y PASARON A LAS CENAS, MUCHAS EN EL ATENEU DE SANT JUST DESVERN. DE OBLIGADA ASISTENCIA Y SIN HORA DE FINALIZACIÓN

Nuevo centro de reunión

El tiempo ha pasado y la vida ha cambiado. Pero Juanki fue siempre el mismo, el chaval sin twitter ni instagram, sencillo y que pone su casa como punto de reunión y fiestas al servicio de sus illuminati. Un chaval que empezó jugando en el patio de casa y que ahora tiene el pabellón que lleva su nombre en Sant Feliu de Llobregat. Un pabellón donde han jugado sus dos hijas, Lucía y Elsa. La vida evoluciona y ahora las reuniones clandestinas son en el proyecto que Vane montó: la vermutería La Vermuteca. En territorio del Baix Llobregat. Una mujer, la de Juanki, que es con la cocina lo que ha sido Navarro en el baloncesto. En esto y en cuidar a una cuadrilla que a partir de ahora ya podrá hablar de baloncesto en las cenas, cosa que hasta ahora no.

Tras los partidos podían estar cuatro horas pero -norma no escrita- no se hablaba del partido si no era para reírse de alguna acción de Navarro. Un grupo, unos amigos que se han dicho siempre las cosas a la cara, fiel, transparente y acogedor. Ahora ya no montan sus vacaciones ligadas al destino en el que jugaba Juanki, pero seguro que se lo siguen pasando bien juntos porque son y seguirán siendo unos Illuminati.

NORMA NO ESCRITA EN LAS CENAS POSTPARTIDO: NO HABLAR DE BASKET…SALVO SI ERA PARA REÍRSE DE ALGUNA JUGADA DE JUANKI

 

Puedes encontrar esta entrevista en número 1.477 de Gigantes, correspondiente a octubre de 2018, cuya edición digital puedes conseguir en nuestra tienda on-line.