Análisis: Estados Unidos busca la revancha. ¿Cómo es el Team USA y por qué puede ganar el oro?

Estados Unidos

La selección de baloncesto de Estados Unidos llega al Mundial de Filipinas, Japón, e Indonesia con un único objetivo: recuperar el orgullo perdido en la última cita mundialista. Para ello, llevarán una plantilla renovada, sin nombres extravagantes, pero con piezas suficientes para ser considerados los favoritos para levantar el título. Perder, volver a perder antes de tiempo, no se considera una opción para un equipo que ha cambiado de entrenador, director general y donde ninguno de los doce nominados ha jugado un partido oficial con la selección absoluta previamente. Empieza una nueva era en Team USA, una que confían que esté plagada de éxito.

Jalen Brunson y Josh Hart (New York Knicks), Mikal Bridges y Cam Johnson (Brooklyn Nets), Anthony Edwards (Minnesota Timberwolves), Tyrese Haliburton (Indiana Pacers), Brandon Ingram (New Orleans Pelicans), Jaren Jackson Jr (Memphis Grizzlies), Bobby Portis (Milwaukee Bucks), Austin Reaves (Los Angeles Lakers) y la lista la completan dos novatos, Paolo Banchero (Orlando Magic) y Walker Kessler (Utah Jazz). Un equipo joven, plagado de talento y que mejora ostensiblemente los doce nombres que fracasaron en China. Algunos con experiencia FIBA en categorías inferiores, como Brunson, Haliburton o un Ingram que estuvo en la pre-lista de los Juegos Olímpicos de 2016. No están las estrellas habituales en las últimas convocatorias, nombres como Devin Booker, Damian Lillard, Jayson Tatum, Bradley Beal o incluso Kevin Durant, pero siguen teniendo, pese a las ausencias, el equipo más profundo de todo el planeta.

En la lista hay cuatro jugadores que han sido All Star en los dos últimos años, Ingram, Haliburton, Edwards y Jackson Jr, quien también es el vigente ganador del premio al mejor defensor de la temporada, y el último rookie del año, Banchero.  Y salvo Bobby Portis, todos son titulares en la mejor liga del mundo, pese a ser una lista B o incluso C. Nadie, ningún otro país puede acumular nombre por nombre tanto talento en una convocatoria, ni con el equipo titular. Porque pese a estar en la edad de oro del baloncesto internacional, donde los mejores jugadores del mundo no tienen pasaporte americano y el MVP durante el último lustro se lo ha llevado siempre un jugador europeo o africano, a la espera de Luka Doncic, el baloncesto todavía lo domina Estados Unidos. O ese mensaje es el que lanzan desde allá, aunque España siga primera en el ránking FIBA.

Una nueva identidad

El balance de la selección americana en el Mundial es muy diferente a los Juegos Olímpicos, principalmente porque las ven como dos competiciones con un valor diferente. El conjunto estadounidense ha ganado 16 de los 19 torneos olímpicos que ha disputado, y nunca ha bajado del podio, con una plata y dos bronces. Desde que llevan jugadores NBA el balance es de 58 victorias y 4 derrotas. Al contrario, en el Mundial únicamente han conseguido ganar cinco veces en 18 ocasiones. Solo en este siglo han bajado dos veces del podio, la primera en 2002, cuando hicieron de organizadores, y la última en el Mundial de China en 2019. La séptima posición lograda, perdiendo ante Francia en cuartos y Serbia en la lucha por la quinta posición, fue la peor de la historia del combinado americano en cualquier torneo importante, incluyendo FIBA AmeriCup.

El equipo, liderado por Gregg Popovich, presentó un roster relativamente joven, sin muchas estrellas y con unos inexpertos Jayson Tatum, Kemba Walker, Khris Middleton y Donovan Mitchell como referencias en ataque. Sufrieron contra Turquía, ante la que necesitaron un tiempo extra para ganar, y al llegar los cruces no pudieron cantar victoria hasta el tercer partido cuando ya estaban peleando por la séptima plaza ante Polonia. Desde entonces, la selección ha cambiado de entrenador, con la retirada de Popovich como seleccionador nacional y el ascenso de Steve Kerr, ha apostado por Grant Hill como director general del equipo y han cambiado la dinámica por completo. Porque bajo el mandato de Jerry Colangelo, el anterior director de USA Basketball, si un jugador quería estar en los JJOO, tenía que comprometerse por al menos dos años; ahora ya no.

El nuevo modelo es mucho más amigable para los jugadores. La selección ya no celebra sesiones de entrenamiento de verano en los años sin torneo de selecciones, y tampoco hay training camps para elegir los 12 nombres que vestirán la camiseta de la selección cada año. Es un formato que piensa más en los jugadores y en sus prioridades. Algunos cambios vienen como consecuencia de la pandemia, aunque tres años después, siguen vigentes. Además, el nuevo calendario FIBA, con Mundial y Juegos Olímpicos en veranos consecutivos ha alterado por completo la selección de jugadores: van a venir los que quieran, puedan y estén disponibles, respetando las lesiones, el calendario NBA y el torneo que se juegue. Porque el equipo para los JJOO seguirá siendo mejor, pero Estados Unidos quiere evitar otra séptima posición y otro ridículo histórico.

Por poner un ejemplo claro sobre la diferente percepción entre Mundial y Juegos: nadie de Miami Heat o Denver Nuggets está en la lista de Estados Unidos, cuando en 2021, tras las finales, Jrue Holiday, Devin Booker y Khris Middleton decidieron viajar a Tokio en un vuelo charter especial para los tres. Ni siquiera Boston, finalista de conferencia y habitual en las últimas convocatorias con Tatum, Jaylen Brown, Marcus Smart o Derrick White manda a un jugador, y solo los Lakers, entre los cuatro equipos que más lejos llegaron, tiene un representante. Porque necesitan descansar. Muy diferente será la historia el próximo verano antes de los Juegos de París 2024, aunque primero tienen que clasificar. En el Mundial habrá dos billetes para los equipos de América, y Estados Unidos se la jugará con Brasil, México, Puerto Rico, República Dominicana, Venezuela y especialmente con Canadá, la nueva potencia mundial.

El reto de Kerr

La sede para el conjunto americano será Manila y sus alrededores. La federación de baloncesto de Filipinas eligió al equipo de Steve Kerr como el conjunto que querían acoger, por lo que todos los partidos que Estados Unidos dispute en el Mundial serán en el Mall of Asia Arena, tanto fase de grupos como la fase final. En total serán, en caso de meterse en el partido por el título, ocho encuentros, compartiendo grupo con Jordania, Grecia y Nueva Zelanda, y con Lituania en el horizonte de cara a una segunda ronda. Cuatro conjuntos completamente diferentes, y uno de los motivos por los que realizar la lista ha sido tan complicado para Grant Hill. “Hemos de crear un equipo y estar preparado para todo lo que creemos que nos podemos cruzar por el camino”, aseguraba el que fuera siete veces All Star en la NBA.

Por ahora, Steve Kerr tiene claro que Jalen Brunson, Brandon Ingram o Anthony Edwards serán referencias en ataque, o que Mikal Bridges será el encargado de frenar a la estrella rival, sea Giannis Antetokoumpo, Doncic o Shai Gilgeous-Alexander. Han cambiado nombres por roles, estrellas por perfiles muy puntuales y han elegido jugadores con capacidad de sacrificio y saber adaptarse al baloncesto FIBA. Jaren Jackson será una de las claves de la lista. Con Portis y Kessler, se les puede considerar los únicos jugadores de pintura, aunque otros puedan tener minutos como tal. A la hora de elegir sus doce hombres, Kerr tuvo claros los estilos de cada jugador: “Una de las razones para hacer el equipo fueron las múltiples opciones”, aseguraba el cuatro veces campeón con los Warriors. “Todos tienen sus habilidades y fortalezas, y tenemos que mostrarlas mientras el equipo va cogiendo forma”.

Eso ha sido agosto, desde solo tres semanas antes del Mundial en el que será la primera vez que Kerr dirija al combinado nacional, su primer reto en solitario. Desde el training camp hasta el inicio del torneo jugaron cinco amistosos: en Las Vegas ante Puerto Rico, ante Eslovenia y España en Málaga y contra Grecia y Alemania en Abu Dhabi una semana antes del debut. A partir de ahí, cada partido cuenta en el camino al título y ganar se ha convertido en una cuestión de orgullo nacional.

Artículo publicado originalmente en el número 1.535 de la revista Gigantes en la edición papel