«Corazón de luchador», así retratamos a Brad Branson en nuestras páginas en 1991
Recuperamos, tras su fallecimiento, este artículo de 1991. Un perfil de aquel jugador que enamoró en Madrid y Valencia.
Tiene planta de boxeador en el más puro estilo «Rocky», y lo cierto es que Brad Branson es un luchador incansable, tanto en las canchas de juego como en su vida privada. Lucha por conseguir la posición, lucha por controlar un rebote, lucha para que los disminuidos psíquicos tengan un presente más agradable y un futuro mejor…
Fallece Brad Branson a los 67 años, figura histórica del Valencia Basket y Real Madrid
Llegó a nuestro país hace seis años después de haber recorrido mucho y aquí se quedó de forma definitiva porque en su amplio corazón aún había un lugar para una mujer española. Es un ídolo en Valencia y tras ese aspecto de duro se esconde un ser humano querido por todos. Acaba de cumplir los 33 años y espera feliz el momento en el que le concedan la ciudadanía española. Es un hombre de amplios horizontes que no se conforma sólo con jugar al baloncesto. Hay tantas cosas por las que luchar…
Nació cerca de Chicago, se crió en Florida, estudió en Texas, debutó en la NBA en Detroit, viajó hasta Italia antes de volver al baloncesto americano (Cleveland e Indiana) y retornó a Italia para terminar asentándose, ya definitivamente, en España. Tras este viajero se esconde un hombre que atiende por Brad Branson, al que en nuestro país conocemos por jugar al baloncesto y que guarda dentro de sus 208 centímetros un corazón inmenso.
Artículo publicado en la revista 313 en noviembre de 1991: accede aquí a la edición completa
Falta le hace que sea grande porque Brad tiene que repartirlo entre su mujer, una madrileña llamada Bárbara, su recién nacida hija Natalia, sus familias de Estados Unidos, donde tiene dos, la suya natural y con la que vivió mientras estudiaba en Dallas, los amigos que dejó por todo el mundo y las 10.000 personas con discapacidad que están bajo su protección en la región valenciana.
Este hombre con apariencia de duro, fajador como pocos en la cancha de juego, es en realidad un buenazo incapaz de hacer otra cosa que no sea el bien. Lucha por aquellos a los que la fortuna no sonrió con la misma convicción, con la que pelea por un rebote. Es el presidente de ANDE en Valencia y habla con igual pasión de los Juegos Paralímpicos a los que acudirán sus muchachos, que de aquello que espera lograr con el Pamesa.
Cuando está lesionado, le cuesta comenzar un entrenamiento o le fatigan los viajes «me acuerdo de estos 10.000 chavales y pienso en la suerte que he tenido. Eso me da fuerzas para superar cualquier mal momento». Trabajar con estos chicos es para Brad «una forma de dar gracias a la vida. La felicidad con que reciben las medallas de las competiciones que preparamos vale por todos los esfuerzos que haga por ellos. Una sonrisa suya en esos momentos es algo que no tiene precio».
El trotamundos que hasta ese momento había sido Brad, se acabó cuando aterrizó en Barajas para jugar con el Real Madrid en los inicios de la temporada 86-87. Guarda un gratísimo recuerdo de aquellos dos años ligado al equipo blanco. En Madrid conoció a Bárbara y en Madrid decidió quedarse para siempre en nuestro país. Despúes vendría la aventura valenciana. A su alrededor construyó el Pamesa, el equipo que en la temporada 88-89 debutaba en la Liga ACB. Su carisma hizo que los aficionados valencianos se entusiasmaran con aquel proyecto que hoy es toda una realidad.
Para él no fue ninguna complicación adaptarse a la forma de vida de nuestro país. «Me gusta la manera de ser de los españoles, me gusta la comida.., jamás me he sentido un extraño en esta tierra».
Si todo sigue por los cauces previstos, la temporada próxima ya podrá jugar como español de pleno derecho, pues que se halla a la espera de la concesión de la ciudadanía española. Aquí ha echado raíces y aquí quiere permanecer el resto de su vida.
Brad, que es un ídolo admirado por los aficionados, también tiene su ídolo particular: John Pinone. «John es la persona más inteligente que he visto sobre una cancha de baloncesto. Además somos muy amigos y fue testigo de mi boda.» Gentelman a la hora de vestir, Brad, aunque se halle feliz en Valencia, echa un poquito de menos Madrid, sobre todo porque podía pasar más desapercibido. Caminar con él por Valencia es pararse a cada momento porque todo el mundo le quiere y Brad no puede hacer otra cosa que saludar y complacer a todos aquellos que desean estar cerca del ídolo.
Detrás del Branson que vemos jornada a jornada luchando por cada balón como un gladiador, está el hombre que prepara los biberones para Natalia, el amigo de los chavales discapacitados y el hombre de negocios que regenta dos concesionarios de automóviles. No se dejen impresionar por el aspecto de las foto grafías que ilustran este reportaje. Tras el agresivo fajador, sólo hay un corazón de oro.
Foto: Juan Carlos Hidalgo