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El viaje de Rokas Jokubaitis. Reportaje sobre los inicios de la perla del Barça

El viaje de Rokas Jokubaitis. Reportaje sobre los inicios de la perla del Barça

De recorrer 100km cada fin de semana para jugar un partido de baloncesto a soñar con debutar un día en la Meca del baloncesto

Riga, año 2018. Europeo junior de selecciones. Rusia apea a Lituania en los cuartos de final tras un ajustado partido (79-77). Rokas Jokubaitis (2000) enfila el túnel de vestuarios con las manos a la cabeza, hundido. Tarda unas horas en dirigirse a sus compañeros. Se responsabiliza de la derrota de su país. Tras unos meses de vorágine deportiva, desde aquel mediatizado amistoso a principios de enero ante el Prienai de LaMelo Ball -Jokubaitis anotó ese día 31 puntos con el filial del Zalgiris- hasta el debut en la Liga lituana en mayo, con apenas 17 años, Rokelis -así le apodaba el seleccionador junior Gediminis Petrauskas- veía frustrado su deseo de alcanzar el podio. En su primer verano con vitola de líder, junto a Dovydas Giedraitis, Jokubaitis no cumplió el objetivo.

Su vida por aquel entonces ya estaba inalienablemente vinculada al baloncesto. Un año antes, el Zalgiris Kaunas lo había fichado para las categorías inferiores. Sus actuaciones en Klaipeda no habían pasado desapercibidas.

Jokubaitis, oriundo de Mazeikiai, una pequeña localidad al noroeste de Lituania -tierra también del ex ACB Reinaldas Seibutis-, comenzó a jugar a baloncesto con 9 años. Tenía un modelo a seguir en casa. Su padre, Aivar, fue también jugador profesional de baloncesto. A los 14 años, Jokubaitis dio un paso importante en su vida, aceptando una oferta de la escuela Vladas Knasius de Klaipeda, a casi dos horas (114km) de su casa. Cada fin de semana se desplazaba hasta allí para poder jugar, quedándose a dormir con un amigo. La familia Jokubaitis no tardaría en mudarse a la ciudad portuaria.

Allí creció y evolucionó Jolubaitis, bajo las órdenes de Alfredas Kaniava, si bien solo entrenaba dos veces por semana. Era insuficiente. El salto importante, de los que dan vértigo y cambian una vida, se produjo en 2017. El Zalgiris lo incorporó a su equipo filial. Rokas viajó solo a Kaunas para emprender su camino. Pasó a vivir en Petrasiunai, un barrio a las afueras de Kaunas, junto a otros jóvenes.

Admirador de Dimitris Diamantidis, Jokubaitis demostró pronto su potencial en el histórico club báltico. El joven ganó 10kg de masa muscular en su primer año en Kaunas. Rokas vivió en primera persona la trayectoria de un equipo que acabaría jugando la Final Four de Belgrado. En el tramo final de temporada, y con el objetivo de mejorar el nivel de los entrenamientos, Tomas Masiulis, ayudante de Sarunas Jasikevicius, le llamó para venir a entrenar. Fue tal su sorpresa que prácticamente no pudo articular palabra.

En el primer entrenamiento con el primer equipo, Jokubaitis saltó a pista con los nervios típicos de un examen. Entró flojo y se llevó un aviso de Jasikevicius. “O eres más valiente o te quedas sentado todo el rato. No puedes creer que estás por debajo de nadie”, le espetó el técnico. Lejos de amedrentarse, Jokubaitis cambió su mentalidad en el siguiente ejercicio. Superó la prueba con creces.

Su debut en la Euroliga llegaría el 9 de diciembre de 2018, en Estambul ante el Darussfaka. Tardó un minuto en anotar su primera canasta. Desde entonces, su progresión ha sido constante e imparable, ganando protagonismo y generando expectación, tanto en Europa como en la NBA. En el curso 2020-21 fue el segundo mejor joven de la competición, solo por detrás de Usman Garuba.

Pese a una oferta lucrativa del Zalgiris, Jokubaitis se decantó el pasado verano (2021) por la del Barça. “Me llamó Saras y no tardó mucho en convencerme. Me dijo que me querrían mucho, me empujarían a ser mejor y crecería como jugador”, explicaba el joven lituano en una charla con Donatas Urbonas para el portal especializado BasketNews. El anuncio oficial fue el 21 de julio.

Ocho días después, en el Barclays Center de Brooklyn, tuvo lugar el Draft de la NBA.  Jokubaitis se juntó en casa con unos amigos, nervioso, consciente que su nombre iba a salir durante la noche. Fue una noche larga. Jokubaitis había apostado con sus colegas que no saldría hasta más allá del puesto 40. Cantaron bingo antes. En el puesto 34, los Thunder escogían al lituano, traspasándolo después a los New York Knicks. Kendrick Perkins, campeón de la NBA con los Celtics y actual analista en la ESPN, sufrió para pronunciar su nombre.

Tras no lograr el billete para los Juegos Olímpicos de Tokio, Jokubaitis se desquitó de la tristeza cumpliendo su sueño de jugar una la Liga de Verano. Allí compartió vestuario con RJ Barrett, la gran esperanza neoyorquina. Fue un anticipo de lo que le espera en el futuro.

Hace unas semanas, en el Palau Blaugrana, 4 años después del episodio en Riga, el lituano encaró el túnel de vestuarios vitoreado por la afición azulgrana, aceptando todas las peticiones de fotos, con la capa de héroe tras un vibrante encuentro de Euroliga ante el Anadolu Efes. Como no podía ser de otra manera, gracias a su depurada y eficaz zurda, esa que sostiene la comparación con el inolvidable Sarunas Marciulionis,

Aquel niño de Mazeikiai ya conduce, alucina con el clima mediterráneo y cuenta los días para jugar en la Meca del baloncesto. El viaje no ha hecho más que comenzar.

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