Entendiendo el Duskismo, por Piti Hurtado

Entendiendo el Duskismo, por Piti Hurtado

Para Dusko Ivanovic dormir más de tres horas es estar muerto. Ya lo pensaba cuando llegó a Vitoria. Y el sueño mengua con los años… Finales de los 70 y comienzos de los 80, todo el que fichaba por Buducnost sabía que la pretemporada más que el entrenador, la marcaban los hermanos Ivanovic: nada de pista, a subir el monte. Y a subir a Primera Yugoslava. Sigan corriendo. Ya de veterano, con más de 28 años, Duda Ivkovic le trató de convencer para ir con la Selección a los Juegos Olímpicos de Seul’88. Dusko se negó: no había ido a la Selección con continuidad, su familia necesitaba su tiempo y él debía prepararse durante el verano. Había ganado el premio a mejor jugador del país y quería ganar Copas de Europa con la Jugoplastika. Sigan corriendo.

CIUDADES PEQUEÑAS
La década negra en su país, de Yugoslavia a Montenegro, los 90, los pasó en el tránsito de jugador a entrenador y los pasó por pequeñas ciudades, donde siempre se sintió cómodo. Posteriormente no triunfó en Barcelona, en Atenas o en Moscú. Pero es que los cortos desplazamientos de Pogdorica, Split, Girona, Friburgo, Limoges y finalmente Vitoria le han permitido tener más tiempo para el acondicionamiento físico, para preparar partidos y entrenamientos, para cultivar su afición por la lectura sobre arte e historia, para saber más sobre vino.

A Dusko Ivanovic le trae a España Alfred Julbe, al Valvi Girona, y lo usa como escolta anotador (tiene que reconvertir su tiro de media a triplista) y también como base. Líder no vocal, sino con el ejemplo y la actitud ganadora en cada gesto, en cada calentamiento, en cada detalle. Con una grave lesión de espalda, poca idea de español e inglés, su primer apoyo fue el preparador físico chileno, Julio Salamanca, al que arrastraba a jornada continuas de entrenamiento, se juntaba la mañana con la tarde. Lo extra duraba más que lo obligatorio. Sigan corriendo.

En esta ciudad catalana empieza su etapa como entrenador como ayudante de Quimet Costa. No podía ser de otra forma: sin alma de segundo, cuando lo fue, su primero era un tipo de altísimo nivel de exigencia. Ya como jefe, la leyenda de aquel equipo del triplete en Limoges. Stephane Dumas, Bruno Hamm, un viejales Dacoury, Frederic Weiss y Harper Williams eran la columna vertebral del histórico equipo francés ya en caída, medio año sin cobrar. Puro Dusko, el sufrimiento es eso. Sigan corriendo.

La receta es que no hay receta. Hay cuatro principios básicos, ética personal y ejemplificar lo que pides. La absoluta corrección en las formas, la línea argumental pétrea en ruedas de prensa, el respeto helador hacia
el rival implica una ausencia de tiempo perdido ante lo que no tienes control. Dusko Ivanovic no gasta energías en considerar qué podría hacer diferente el rival. La tendencia en Europa es distinta: scouting, cambio de series de jugadas según el partido, uso de defensas alternativas… El último lustro, Ivanovic iba mostrando síntomas de decadencia, la coleta no ayudaba. Y de repente tiempos oscuros de nuevo, la pandemia, el confinamiento, motivos para madurar desde la concentración, motivos para sufrir más que los otros.

Ivanovic en el pico de su Duskismo se negó a celebrar una Copa del Rey ganada, evitó que el Forum de Valladolid les hiciera pasillo de campeones tras ganar otro título. Todo por la concentración, todo por mantener la tensión en
una mandíbula que ha marcado el camino en la pista, una forma de entender una ciudad. Su alter ego, Querejeta, en cada despedida y nuevo fichaje de Dusko estaba el sentimiento de hacer lo que tocaba.

UN BUEN AÑO
En una visita a unas bodegas, los dueños le llevan al “cementerio” donde están las botellas con más antigüedad. Y para agasajarle, buscan una joyita de su “quinta”: sacan una del 58 y se la beben entre los que estaban allí. A la pregunta de los bodegueros sobre el sabor del vino, Ivanovic les dice, muy bueno, pero yo nací en el 57
y se calla. No hubo más remedio que sacar otra botella de las más preciadas pero que fuera exacta. Sigan corriendo.

Con Ivanovic ya en el Tau como entrenador se decía que atacaba mal las zonas porque como no las usaba en defensa… Pero no sería esa crítica lo que le hiciera dudar. Su baloncesto es de defensa de bloqueo directo pasando por delante, poca ayuda. En caso extremo, cambio. Si hay mismatch, defensa por delante. La trinchera siempre… El balance defensivo le ha dado esta liga de 2020. Shengelia asfixiado y dolorido pero taponando por detrás. Sigan corriendo.

Tras batir al Maccabi en Tel-Aviv, en los micrófonos de Radio Vitoria, “la voz” del baskonismo, el mítico narrador Rafa Muntión le inquiría al técnico montenegrino:
– Dusko, buena victoria, pronto al aeropuerto, sólo podremos dormir dos o tres
horas.
Mirada del entrenador y respuesta:
– Ah, ¿pero tú duermes más de tres horas
normalmente?