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Informe: Baloncesto; regreso al futuro. ¿Cómo será lo que viene? Datos, evolución y tendencias

Informe: Baloncesto; regreso al futuro. ¿Cómo será lo que viene? Datos, evolución y tendencias

¿Son los datos el futuro del baloncesto? ¿Cómo los asimila el jugador? ¿Son tan novedosos? ¿Qué aplicaciones tienen? 

Jim Dator no es entrenador, ni director deportivo. Probablemente haya botado un balón de baloncesto muchas menos veces que tú, que estás leyendo estas líneas. Estudia el futuro. Lo clasifica en cuatro posibles escenarios; el continuista en el que nos adaptamos, el que aprendemos a base de disciplina a sobrevivir en un nuevo entorno, otro en el que colapsamos y un último en el que se produce un súper cambio. El baloncesto no es ajeno a la evolución y se debate sobre la dirección a tomar, aunque ya se han dado pequeños-grandes pasos. El talento de los jugadores cambia normas de reglamento. Su evolución física obliga a que algunas medidas de la pista hayan aumentado. La tecnología se ha introducido tanto en este deporte que ahora no solo podemos seguir las estadísticas a tiempo real, sino que las ligas cuentan con sistemas de geolocalización que miden con qué pie ha tirado un jugador y su efectividad. Analistas de datos dentro del organigrama de un club ACB y equipos de ‘big data’ al servicio de franquicias NBA con el cometido de buscar la ventaja competitiva más importante: ganar. Para descifrar esta incógnita y dibujar el camino del éxito se pasan por Gigantes del Basket protagonistas como Fran Camba, el primer analista de datos con cargo en la Liga Endesa. Ander Isusquiza y Jota Pesquera, quienes a través de Twitter y de los números se han hecho un hueco en Baxi Manresa y Houston Rockets. Desde Estados Unidos ha llegado a la FEB Lorena Torres. Trabajó en los Spurs y en los Sixers como sports scientist y directora de rendimiento, respectivamente. Un trabajo que, en nuestro país, más de una década atrás, sin anglicismos y con mucho de manual, comenzaron a desarrollar Salva Maldonado y el que fuera su ayudante, Lluís Riera. Y un técnico ACB más: Sito Alonso.    

¿Hacia dónde camina el juego? 

A ganar se llegará por la vía rápida. No por encontrar atajos, sino por jugar a un ritmo más alto de posesiones más cortas. “Los físicos se están imponiendo tanto que los primeros segundos son fundamentales”, opina Sito Alonso, entrenador del UCAM CB Murcia y uno de los equipos más anotadores esta temporada en ACB. “El músculo está perdiendo poder en detrimento del talento en el uno para uno y la velocidad debido en parte a las dimensiones de la pista”. El pase y la polivalencia son dos aspectos a tener en cuenta en un baloncesto predominantemente ofensivo. “Moncho Fernández decía antes que los ataques ganaban partidos y las defensas, campeonatos”, recuerda Fran Camba, matemático y primer analista de datos profesional de nuestro baloncesto. “Ahora opina que ocurre, al contrario. El ritmo de juego lleva cinco años aumentando. El rango de tiro ha aumentado y serán más importantes los jugadores con más capacidad anotadora que defensiva”. Los primeros segundos de posesión ya no son de transición para marcar jugadas. Se juega por grupos de sistemas con jugadores que cada vez saben hacer más cosas, con un físico más homogéneo temporada tras temporada. “Tienes un patrón y lo puedes cambiar durante el partido, pero tiene muchas variables y se las das a los jugadores. No tendemos el control de absolutamente todo, así que el ego del entrenador tiene que disminuir por la velocidad a la que suceden las cosas”, observa Sito. Entrenadores menos protagonistas en pista, más necesarios en la gestión de grupos y en el trabajo previo. Tendencias extraídas de unos y ceros, de análisis de cortes de vídeo de manera manual, de resultados de complejos logaritmos y, sobre todo, de la intuición que otorga la experiencia de años en los banquillos. 

 ¿El futuro lo marcarán los datos? 

“La estadística avanzada no está para sustituir, sino para complementar”. La opinión de Ander Isusquiza, conocido en Twitter como @Baskeroseno. Una ventana en la que su contenido como analista de baloncesto le ha catapultado a trabajar codo con codo con el cuerpo técnico de Baxi Manresa. “Los números también se utilizaban hace 20 años, solo que ahora son mejores cualitativamente y ofrecen un mayor grado de precisión”. Cifras que hace más de 40 años lleva coleccionando Salva Maldonado en cuadernos que aún tiene guardados. “Jugaba contra Mollet y apuntaba los 16 puntos que había metido y los minutos que había disputado”, recuerda el técnico. “Siempre me ha gustado ese tema y lo empezamos a introducir en nuestros equipos. Calculando la eficiencia ofensiva en base a buenos tiros que considerábamos bandejas o triples. La física de los tiros y en Fuenlabrada empezamos a lanzar más desde el perímetro”. A pesar de ser uno de los precursores de esta búsqueda del detalle numérico, advierte: “No hay que volverse loco con esto porque los equipos NBA que ganan 15 ó 20 partidos también cuentan con un gran equipo de analistas detrás. Hay que darle importancia, pero no ser esclavos”.  

La pista paga 

Lluís Riera acompañó a Salva Maldonado durante gran parte de esta aventura binaria. “No pongamos la estadística por delante de lo que son los conocimientos”. Él, matemático y entrenador, que ha desarrollado sus propias tablas de excell que hoy le acompañan hasta Estonia donde ahora entrena y que comenzó tomando datos de manera manual viendo partidos y partidos, se reafirma: “El potenciar el cambio de tiro de tres, de Maldonado en Fuenlabrada, que luego lo llevó al Juventut, no fue porque los números dijeran eso.  Él tenía la intuición de que apostando por eso tendría más éxito y luego la estadística lo refrendó”. Sin embargo, el frío dato, ayuda. “Había una estadística que usábamos de la que ya hablaba Pat Riley a principios de los 80. La estadística de esfuerzo. No era convencional, contabas la cantidad de líneas de pase que negaba un jugador por partido, los rebotes ofensivos, bloqueos de rebote, las veces que se tiraba al suelo… ya te digo yo que al día siguiente el jugador se esforzaba más”.  

El auge de las cifras 

“Soy geólogo de formación” y ahora colabora como analista de Houston Rockets. “Me contactaron por mi perfil de Twitter”, reconoce Jota Pesquera. “De pequeño me encantaba ‘rankear’ jugadores en videojuegos de baloncesto. Buscar formas dentro de las normas, del deporte y la liga, de ganar y salir con ideas innovadoras que busquen rizar el rizo para encontrar puntos que atacar como equipo, ya sea en la pista o en los despachos”. Sacar todas las ventajas competitivas que otros no tengan, como Fran Camba en Santiago donde ayuda tanto a cuerpo técnico con el análisis de los rivales y del propio equipo, como a dirección deportiva con el rastreo y clasificación de unos 4.500 jugadores. “Medimos el porcentaje de éxito de nuestras jugadas, el rendimiento de defensas, aspectos subjetivos que sacamos de los cortes de los partidos. En cuanto al rastreo de jugadores tratamos de categorizarlos con 15 etiquetas y clasificarlos en grupos como potenciales anotadores, reboteadores, generador de puntos, etc. Nos sirve para saber la configuración de la plantilla y que sea equilibrada, así como para reaccionar rápido si hay que sustituir a algún jugador”. Un cargo que ahora, en Manresa, también desempeña Ander Isusquiza. “Esta temporada llegamos a un acuerdo para externalizar una parte del trabajo de análisis de datos para que el staff técnico pueda trabajar sobre una base ya filtrada y analizada. Básicamente, les envío informes antes y después de cada partido, tanto a nivel individual como colectivo. De este modo, pueden preparar mejor cada duelo y tienen una información extra para calibrar el rendimiento. Después ya es cosa”. 

Entrenador, tú eliges  

Lorena Torres ha trabajado con técnicos de la talla de Gregg Popovich, Brett Brown o Sergio Scariolo. Recopilando información del equipo y jugadores relativos a parámetros físicos en San Antonio y como directora de rendimiento para crear y liderar una cultura de trabajo en Filadelfia. “Es muy importante que los entrenadores entiendan que nuestro trabajo no es parar a jugadores. Somos un apoyo. En la NBA, gracias a las cámaras de Optical Tracking Systems que hay en todos los pabellones, se recoge información basada en posición, distancia y tiempo. Puedes obtener velocidad de carreras aceleraciones, saltos, variables derivadas del posicionamiento, el tiempo y la distancia”. Algo que, baloncestísticamente, se traduce además en tipos de lanzamientos, mejor posicionamiento para coger un rebote, distancia del defensor que puntea un tiro y así hasta donde la imaginación alcanza. “Lo que está evolucionando mucho es cómo se relacionan esos parámetros físicos con acciones técnico, tácticas del juego. Que hagas un ‘close out’ va a ser una aceleración o una desaceleración si es un ‘euro step’. Saber cuánto corres está bien, pero cómo vas de rápido es importante. Joel Embiid no es un jugador que se caracterice por correr rápido, pero hacía muchos esfuerzos físicos de posteo. Ahí mirábamos más aceleraciones y saltos. Para Ben Simmons sí era importante correr y siempre era top3 en carreras de sprint de intensidad en toda la NBA. El contexto del baloncesto para las características de un jugador es muy determinante para la toma de decisiones de descanso, o entrenar más o menos”. Una información que trasladaba diariamente a un cuerpo técnico que tenía la última palabra. “En Filadelfia había un jugador al que le gustaba jugar cuartos enteros. Como había otros jugadores de la Liga que lo hacían, a él le gustaba. Hice un informe muy completo de toda la liga de los últimos tres años de jugadores que habían jugado los 12 minutos y qué había pasado con el tiempo a nivel de lesiones (unos resultados que desaconsejaban esta tendencia por el bien del jugador). Expliqué por qué estaba preocupada. Ojalá hubieran escuchado, aunque tampoco sabes si solo (fue mal) por eso, pero esa ha sido una de las situaciones más claras que yo he tenido en la NBA de tener la información y que no se actuara. La cosa no fue bien porque por sus características había riesgo de lesión. El coste-beneficio se puso en la balanza y hubo un pequeño coste”. Ese jugador ya no juega en los Sixers. “Lo que es el salto es el conocimiento. Entonces, para tener conocimiento necesitas información e información tratada y analizada de la forma más inteligente posible”. Ese salto lo va a dar una selección española en la que el trabajo de Lorena (y el de los preparadores físicos de la ÑBA y de los clubes) ya han evitado alguna lesión en las últimas ventanas. 

Datos vs sensaciones 

Importan tanto el qué se cuenta, cómo se analiza y de qué manera y a quién se le transmite. A pesar de que hay jugadores muy interesados, lo habitual es dar un par de ideas concretas y basta. Dejar fluir el talento porque es ahí donde entrenadores y analistas confluyen. Hay que potenciarlo y no secuestrarlo.  “Yo, que pensaba que era el número uno de los amantes de los tiros de debajo de canasta y de tres, tuve a Edwin Jackson en Estudiantes”, recuerda entre risas Maldonado. “Fue el máximo anotador de la liga y su tiro de media distancia era una de sus armas principales. ¿Le dije que no tirase? No”. Del baloncesto clásico, al pívot moderno con Lluís Riera. “Se juega mucho al poste bajo ahora, pero no como el cinco de toda la vida. Mira Shermadini, han necesitado saber pasar el balón y ya no son solo especialistas en saltar, sino que saben generar desde el poste bajo y es una tendencia”. Una situación del juego en la que esta temporada destaca uno de los semifinalistas de la Copa ACB. “Creo que fueron unos de los partidos en los que menos datos estadísticos dimos”, rememora Sito Alonso. “El equipo jugó como si fuera un Euroliga en muchos momentos. Hay que ver los momentos. Los buenos y los malos. Las sensaciones que a nivel de estadística son imposibles de controlar. Cómo me levante hoy. Lo que haga el día anterior. Creo en l estadística avanzada, pero no apuesto 100% por su uso total dentro del funcionamiento del equipo”. 

¿Qué no se puede medir? 

“El estado anímico del jugador”, rotunda y casi mayoritaria respuesta de Fran Camba. Sin embargo: “Hasta ahora se decía que los procesos mentales del jugador, pero poco a poco la tecnología va avanzando y empiezan a aparecer dispositivos que también arrojan información al respecto”, apunta Ander Isusquiza. “Diría que, con el paso del tiempo, prácticamente todo se podrá medir”. Otra cosa es lo que se esté dispuesto a invertir. “En la NBA tienen grupos o departamentos formados por varios analistas de diferentes perfiles, mientras que aquí se valora la posibilidad de introducir un analista especializado o si los entrenadores ayudantes ya son capaces de hacer ese trabajo. Por analogía, seguramente un entrenador también podría hacer un masaje a un jugador lesionado, pero el efecto será menor”. Una reivindicación que Pesquera argumenta: “Al final el ojo no puede ver todo y comete errores. Como en cualquier empresa que utiliza datos estadísticos hay que tener gente que sepa leerlos e interpretarlos en cómo aplican al baloncesto. Es importante darles contexto. Yo, como muchos, uso datos para decidir qué ver, estudio los partidos, jugadores y equipos, vuelvo a usar datos para filtrar después y aplico eso al resultado final”.  

¿Continuidad, disciplina, colapso o transformación? 

El futuro, en sus distintos escenarios, está más cerca y hay que siente que la amenaza del dato acecha sobre un deporte que se lleva midiendo y cuantificando desde sus inicios. Antes a mano, ahora en tiempo real a través de internet. Sistemas capaces de predecir dónde es más probable que se capture un rebote. Estadísticas y simulaciones que hacen al aficionado cada vez más protagonista. Números que obligan a los jugadores a reinventarse. Para algunos es el final del baloncesto, para otros una manera de democratizarlo. Lo podremos reducir a meter el balón en una canasta, pero el cómo está evolucionando y parece sostenerse en unos y ceros para encontrar su nueva dirección. Es verdad que a golpe de click encontramos todo tipo de datos en la red, pero el verdadero valor consiste en cómo traducirlos y extraer los más útiles. Lo que parece imposible es que un excell o unas gafas de realidad aumentada puedan conseguir que sintamos lo que transmite un pabellón, con los de siempre. 

 

 

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