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Gigantes charla con Zeljko Obradovic: Madrid, Euroliga, Doncic, inicios…

Gigantes charla con Zeljko Obradovic: Madrid, Euroliga, Doncic, inicios…

Obradovic habló en profundida con Gigantes para el número 1.469 de la revista, correspondiente al mes de febrero de 2018. Aquí tiene la entrevista completa

Recuperamos la entrevista íntegra que Nacho Doria y David Sardinero le hicieron a Zeljko Obradovic para el número de febrero de 2018 de la revista Gigantes (Nº 1.469), con fotos de Miguel Ángel Polo. Puedes suscribirte Gigantes a través de nuestra tienda on-line.

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Obradovic impone. Es un tipo que genera respeto. Provoca algo casi reverencial y que te sugestiona sabiendo que estás ante el mejor entrenador de baloncesto de la historia del baloncesto europeo. Todo, hasta que empieza a hablar. La imagen del Obradovic rojo, enfurecido increpando a los árbitros o a sus propios jugadores, se quiebra por completo y aparece un personaje diferente. Cercano, abierto a la conversación. Entrañable, cautivador. Da igual que lo haya ganado absolutamente todo en el basket continental. Gesticula y explica; transmite al que le escucha la sensación de estar en un clínic. Un repaso de actualidad, pasado y futuro que tuvimos la suerte de disfrutar durante tres cuartos de hora de charla con el maestro. Zeljko Obradovic, el Conquistador.

Gigantes: Pasión, hambre, ganas seguir en la élite… ¿Cómo se mantiene viva la llama tras 26 años en los banquillos y un palmarés apabullante?
Obradovic: Mi vida es esto: entrenar. Me levanto por la mañana y me voy a trabajar. Esta temporada, por ejemplo, hemos cambiado y sólo hacemos un entrenamiento al día. Antes, prácticamente siempre hacíamos dos. Y nos ha ido muy bien. En el fondo da igual porque por la mañana vienen jugadores a hacer trabajo individual. Cuando estás con gente que te encanta, estás bien. Cada día tienes la oportunidad de aprender algo. Y si no lo haces, estás muerto.

G: Nueve Euroligas con cinco clubes diferentes. Ganarla con el Fenerbahçe en Estambul, ¿es diferente a las anteriores?
O: Es diferente por el impacto que ha tenido allí. Después de ganar me enseñaron fotos y vídeos de todas partes de Turquía; niños, gente mayor? Había pantallas gigantes en todas las ciudades. En la celebración, estuvimos en el autobús tres horas parados en la calle Bagdad. Fue impresionante. Era muy importante para ellos. A día de hoy, el baloncesto en Estambul está al nivel del fútbol en repercusión.

G: ¿Cómo valoras la liga turca comparada con la Liga Endesa?
O: Está a un nivel muy parecido. Hay mucha calidad. No hay ningún partido sencillo. Si crees que vas a ganar fácil, seguro que vas a perder. Hay seis extranjeros por equipo y es un campeonato muy competitivo.

G: El Fenerbahçe de la última Final Four alcanzó un nivel de juego increíble. ¿Es el mejor equipo que has tenido nunca entre manos?
O: No sé. Jugamos a un nivel de verdad alto, acabamos la temporada ganando 22 partidos seguidos o algo así. Pero eso no es importante. Lo que valoro es que superamos muchos problemas de lesiones. La calidad estuvo ahí siempre, pero nunca pudimos entrenar todos juntos. Pero una semana antes del playoff ante el Panathinaikos tenía a todos los jugadores. En ese momento todo cambió y empecé a sentir las ganas, el deseo… algo diferente. Ajustamos la preparación y apretamos en la recta final de la temporada, donde todo se decide.

G: ¿Cómo se vive desde dentro el atosigante ritmo de partidos del calendario?
O: Mentalmente, jugadores y entrenadores hemos tenido que adaptarnos a esta nueva realidad. Un cambio importante. Pero es igual para todos, quejarse no vale para nada. Mira, en pretemporada jugamos seis partidos en seis días con rotaciones, pero buscando algo parecido al ritmo que tenemos ahora. Y les explicas: tenemos sólo un entrenamiento para preparar el próximo partido. No como antes que tenías 3 o 4 días. Los jugadores quieren competir. Menos entrenamientos, mejor para ellos. Lo que necesitas es que ellos entiendan este ritmo. Tú tienes una base en tu juego: esta es nuestra defensa y este es nuestro ataque. Cuando viene un rival puedes cambiar alguna cosita, pero a este nivel sorprender es muy difícil.

G: Háblanos de Luka Doncic. En vuestra cancha os ganó y casi firma un triple-doble. ¿Metido en el partido puedes disfrutar de un jugador así?
O: No, no, pero sigo mucho a Luka y siempre hablamos. Me alegro de que esté a este nivel. Para un niño de 18 años esto no es normal. Juega como si llevase diez años en la élite. La pregunta es hasta dónde puede llegar. El cuándo irse a la NBA es decisión suya. El otro día leí una entrevista a Ivkovic, que entrenó a Petrovic y Kukoc. Y dijo que Doncic está mejor que ellos a esa edad. Bueno… Drazen jugaba Copa Korac entonces y Luka lleva tres años jugando Euroliga. Hablamos de dos leyendas; sólo que le comparen con ellos es algo.

G: Este año se fue para allá Bogdanovic
O: Hablo con él cada dos o tres días. Está muy bien. Para mí es el mejor jugador de Sacramento, porque él juega al baloncesto. Asume responsabilidades y entiende el juego. Hablamos cuando acabó la temporada pasada. Yo le dije: «Estoy en tu lado, contigo. Si quieres irte, ahora es el momento». Y estoy orgulloso de él. Tiene una mente especial para el baloncesto. Trabaja y quiere mejorar. Lo único que le he dicho es que cuando sea All-Star se acuerde de guardar una entrada para su viejo entrenador.

G: Profunda transformación. ¿Qué ha cambiado en el Fenerbahçe, en qué se diferencia del equipo del curso pasado?
O: Para que os hagáis una idea: hace muy poco volvió a entrenar Bobby Dixon; Kalinic prácticamente no ha entrenado, Udoh y Bogdanovic se han ido. Cuatro de los cinco titulares. Solo sigue Vesely. Es otra gente, pero estoy encantado con el equipo que hemos hecho. No puedes llorar por las lesiones. Lo importante es que percibo que el club sigue decidido a repetir éxitos, a ganar otra vez. Noto esa ambición, se mantiene. Y eso me encanta.

G: ¿Todos estos problemas de lesiones tienen que ver con la sobrecarga de partidos? El calendario obliga a tener plantillas más largas…
O: No, no tienen nada que ver. Y respecto a las plantillas, yo siempre he querido trabajar con 15 en los entrenamientos, jóvenes o lo que sea. Es imposible que no tengas lesiones en una temporada y es importante tener siempre 11 o 12 en dinámica.

G: Con este ritmo y este calendario, ¿cómo regulas y dosificas a los jugadores?
O: Cambiamos el equipo en la liga turca. Allí tenemos la norma de 6 extranjeros y 6 turcos y siempre lo hago. Y las semanas con jornadas dobles de Euroliga también tienes que pensar diferente. Son humanos. En mi año sabático estuve un mes en Detroit con Joe Dumars. Hablamos mucho de los back-to-back de la NBA; es muy difícil para los entrenadores. Antes tenía una idea de lo que era la NBA, pero cuando vas allí, y ves que se juega hoy y que se juega mañana, lo valoras diferente. Piensas: ¿cómo puede ser que un jugador juegue una noche y otra vez al día siguiente? No hay muchos que puedan aguantar ese ritmo.

G: Hablemos de la evolución juego. Ha aumentado el número de triples, hay físicos de nivel NBA en Europa. ¿Cómo explicas los cambios que se están viendo?
O: El baloncesto es muy sencillo. Todo el mundo puede reconocer a un buen jugador. A mí lo que me interesa ahora es saber cómo es la persona, ver cómo puede integrarse en un grupo. Esto es muy importante. Y a la hora de estar en el mercado, alguien te puede decir «este jugador es bueno, pero ya tenemos esa posición cubierta». Yo ahí digo: «Me da igual. Quiero buenos jugadores». Mi trabajo es poner a cada uno en su sitio, repartir funciones.

G: Lo que sí ha variado sideralmente es la relación de la NBA con el basket internacional…
O: El baloncesto ha cambiado. No es casualidad que ahora tantos extranjeros vayan a la NBA. Eso quiere decir que en Europa lo estamos haciendo bien. Pero es evidente que siguen marcando la pauta. Una de las mejores cosas en las que te puedes fijar en la NBA es cómo se mueven sin balón. Yo insisto mucho en esto; es un proceso. No lo puedes cambiar de un día para otro. Tienes que trabajar mucho y no tienes mucho tiempo. También se nota mucho el trabajo individual. Aquí los jugadores tienen temporadas de 9 o 10 meses y cuando acaban se van con la Selección. Allí, si quieren, tienen cinco meses para entrenar individualmente. Bogdan me cuenta que le llama la atención que la preparación del partido también es diferente. Te dicen: «este tipo te va a defender así, cuidado con esto». Es una preparación individual.

G: ¿LeBron o Curry?
O: Si hablamos de jugadores concretos, para mí el mejor es LeBron James. El tío hace todo. Tiene un físico incomparable. Pero me encanta ver a tíos que no tiene esas condiciones y hacen cosas fascinantes, como Stephen Curry. Es imposible ser LeBron o antes Magic, pero cualquier jugador sí puede copiar lo que hacen otros; mejorar el tiro, el manejo… Y para aprender hay que fijarse en los mejores.

G: El Fenerbahçe no es uno de los que más volumen de triples lanza. ¿Matizas la utilización masiva del triple o depende de la plantilla?
O: No tengo ningún problema si mi equipo lanza 50 triples en un partido… Si son buenos tiros. Eso es lo importante. Dependes de cómo decida defender el otro equipo. Tenemos tiradores, jugadas para tiradores, jugadas en pick and roll… El baloncesto es sencillo: tienes juego interior, tienes salidas para tiradores, tienes pick and roll en el centro y en los dos lados. Ya está. Uno contra uno, aclarados. Ok. Es así. No tengo ningún problema con los triples. Lo que quiero es que sea un buen tiro. Con posibilidades de ir al rebote y ya está. Y nunca será un problema fallar cuando se está solo. Siempre les digo: si tiras un 0/10 no es tu problema, es mío porque yo confío en ti.

G: Los Rockets han abandonado por completo la media distancia. ¿Qué te hace pensar eso?
O: Es la filosofía del gran Mike (D’Antoni). En los Knicks y los Suns también metía muchos puntos, pero claro, el baloncesto son dos cosas: ataque y defensa. Su estilo invita a reflexionar. Son 8 minutos más, más posesiones, pero lo ves y dices ‘¡Qué coño pasa con esto!’. Tienen a Harden. Para él meter 50 es como meter 20 en Europa. También tiradores como Eric Gordon, Chris Paul, Ariza… Es otra cosa…

G: Has evolucionado en tu relación con la NBA; antes hablabas peor de ella. ¿Qué te aporta, en qué te fijas?
O: La verdad es que sigo todo. Popovich es una referencia. Ves a los Warriors. Tienen mucha calidad individual, sí, pero hay que fijarse en las jugadas que hacen como colectivo. Su ataque, cómo se mueven sin balón. Y dos entrenadores más que me gustan son Doc Rivers y Carlisle. A Carlisle lo conocí con Dusko Ivanovic en un clinic aquí en España. Tomamos un café y el tío sabía todo sobre la Euroliga y sobre nosotros dos. Impresionante, de verdad. O Brad Stevens [gesto de altura, de top], impresionante. También conocí en Oklahoma a Billy Donovan. Cenamos, hablamos de la NCAA. Y una última diferencia: en la NBA hay 3 o 4 favoritos de verdad, reales; en Europa es diferente, mucho más abierto.

G: Se habla mucho de los roles, las funciones. Los jugadores hacen más cosas que antes. ¿Qué prefieres, cinco tipos versátiles que hagan de todo o cinco especialistas de élite?
O: Dame los cinco versátiles. Es el sueño de todo entrenador. Meter a cinco tíos en cancha y que hagan de todo. A veces en los entrenamientos pruebas cosas y los jugadores no se enteran. Son ellos mismos los que me dan ideas, me inspiran. Insisto en la idea de aprender. Volvemos a Golden State. ¿Cuántas veces sube el balón Draymond Green? Y aquí la gente todavía dice: ‘¡coño, cómo es posible que haga eso, que la suba el base!’. Yo intento hacer cosas parecidas con mi equipo, pero necesitas tiempo. Este año es imposible innovar demasiado. Para que lo entiendas: en pretemporada tenía 9 jugadores con sus Selecciones. Cogía gente de diferentes países para que ayudaran a entrenar a tres jugadores que sí son de mi equipo. Hay que entender lo difícil que es preparar así una temporada.

G: Siendo los vigentes campeones de la Euroliga, no podéis eludir el cartel de favorito…
O: Esto no existe; es cosa de los aficionados y los periodistas. No hay 2-3 candidatos. Son más. Si preguntas a todos los equipos de la Euroliga, a día de hoy lo único que piensan es estar entre los 8 primeros para pasar el corte. Seguro. Y luego llegar a la Final Four. En esta Euroliga, hablar de favoritismo… Se puede hablar, sí. Entiendo que si eres campeón de Europa todo el mundo te va a considerar así. Bien. Vamos a luchar y ver qué pasa.

G: El año pasado ganasteis la Euroliga jugando 35 partidos. Con el Madrid lo lograste con casi la mitad (18). ¿Tiene más valor ahora?
O: Se puede comparar, pero antes también era difícil. Tanto como ahora. Pero la competición actual, jugando todos contra todos, es mucho más interesante. Se ha demostrado con datos. A los aficionados les encanta. Pabellones llenos, igualdad. Ojalá sigamos así.

G: ¿Te gustaría una Euroliga de 24 equipos?
O: Desde hace muchos años digo que la Euroliga tiene que ser como la NBA. Que se juegue sólo Euroliga y una parte de los campeonatos nacionales. Un mes o lo que sea. Y ya está. Es el futuro del baloncesto en Europa. Y perfeccionando el modelo con nuestras particularidades. Todo el mundo habla de los méritos y los resultados deportivos. Yo esto lo entiendo. Y para eso tiene que estar la Eurocup. Y que a la Euroliga no vaya solo el campeón, sino, por ejemplo, cuatro equipos. Cuatro suben y cuatro bajan.

G: Ese formato liquidaría las competiciones nacionales potentes…
O: Con la Euroliga creciendo, habrá que hacer un calendario distinto, dejando a esos equipos que jueguen sus ligas uno, dos meses… los playoffs o lo que sea. Tenemos que pensar en los jugadores, en darles más descanso. Fundamental. Como mínimo un mes sin tocar balón.

G: Con tantas lesiones y bajas, ¿cómo se integra a los que se recuperan después de mucho tiempo y cómo se cambian los roles que se han establecido en su ausencia?
O: ¿Sabes lo que digo yo? Los minutos que tienen los jugadores depende de ellos, no de mí. Es muy sencillo. Si juegas bien, seguirás jugando. Ellos deciden. Y hay muchos partidos. Si viene Llull, Pablo encantado. Pregúntale a él, seguro. Con este calendario, con tantos viajes, puedes utilizar mucho a un jugador un partido y darle 5-10 minutos en el siguiente. Por ejemplo, Vesely es muy importante para nosotros. Y yo a veces le digo: ‘vas a jugar 10 minutos, pero necesito que juegues 10 minutos buenos’.

G: ¿Cierras la puerta a volver a España en algún momento?
O: En vuestra Gala bromeaba porque me preguntaron por esto y estaba al lado Maurizio Gherardini. Y yo bromeaba: ‘hombre, no me preguntes esto ahora, que está al lado mi GM, cuidado porque tengo tres años de contrato con ellos’. Y es verdad, tengo éste y dos más. Con una vinculación así, tu mente está donde estás. Yo amo España. Tengo casa aquí, en Alella, vengo todos los veranos. Está cerca de la playa, alejada de todo y me encanta la tranquilidad, jugar con mis amigos a las cartas… Pero mi pensamiento está en el próximo partido.

G: ¿Te consideras yugonostálgico?
O: Yo tengo amigos en todos los lados. No me gustó nada lo que pasó en mi país. Fue una vergüenza de políticos que hicieron eso. Pero yo sigo siendo amigo de toda la vida de gente de todas las partes de la ex Yugoslavia. Y estoy orgulloso de eso, de las amistades que tengo.

G: La afición española siempre te ha tenido un cariño muy especial. ¿Por qué crees que dejas esa huella, ese poso, por donde pasas?
O: ¿Qué puedo responder yo a esto? Soy como soy, no puedo cambiar. Vivo esto con pasión. Soy entrenador y cuando veo a mis amigos, me alegro. Creo que soy una persona muy natural. Y la gente que no me conoce, cuando me ve en la cancha y luego tiene la oportunidad de conocerme fuera y tomarse una copa conmigo, se sorprende. Algunos preguntan, ‘¿oye, tío, qué te pasa en los partidos?’. El otro día vino a un partido la esposa del dueño de nuestro sponsor (Dogus). Cuando salimos le dije: ‘Feliz Año’. Y luego en la cena me dijo que no podía creerse que fuese la misma persona (risas). Intentas ser bueno, la vida es única.

El inicio: cómo se construye un mito

G: Viajemos en el tiempo. A 1991, cuando empezó tu carrera como entrenador. ¿Qué hubiera pasado si Zeravica hubiera dicho sí al Partizan?

O: Quién sabe, pero decidió ir a Split. Yo era jugador todavía, estaba en la concentración para el EuroBasket de Roma’91 como capitán. Ya había hablado con mi paisano de Cacak, Dragan Kikanovic, que era el director deportivo del Partizan. Me dijo que no tenía entrenador y respondí: ‘yo soy tu entrenador’. Sabía desde hace tiempo el deseo que yo tenía de entrenar. Para él era una decisión muy difícil, pero apostó por mí. Es algo que le agradeceré toda la vida. Es como un hermano para mí. Es cierto que hablaron con otros entrenadores, como Zeravica. Recuerdo estar en la habitación con Pecarski y me dice que ha oído que Zeravica va a ser el próximo entrenador del Partizan. Yo le digo que no, pero no digo mi nombre, aunque entonces ya sabía que el puesto era mío. Hicimos una apuesta. Era cuestión de días. Cuando volvimos de la primera parte de la preparación, Kikanovic me llama a su casa y cerramos el tema. Sólo le pedí que me dejara jugar el Europeo… ‘Ahora o nunca’, fue su respuesta.

G: Y cuelgas las botas…
O: Todo el mundo pensaba que estaban locos. ¿Cómo coño iban a hacer eso, poner a un jugador a entrenar? Yo tenía buenas ofertas para seguir jugando, en Serbia o en Alemania. Era un riesgo y en la vida tienes que arriesgar. Sin riesgo es imposible lograr tus metas.

G: Escuchando esto, viene a la cabeza el caso de Prigioni. Esa transformación jugador-entrenador y las dificultades que conlleva.
O: Prigioni tiene calidad para ser entrenador, no tengo ninguna duda. Ya era un entrenador en la cancha. Entiende todo. Le puede haber faltado algo de trabajar con un equipo, con un grupo. Pero si quiere volver, algún día será un gran entrenador. Te voy a dar un ejemplo: Djordjevic. Ahora es un gran entrenador. Hace cinco o seis años hice un recuento y me salían casi 50 jugadores que yo había entrenado y ahora son entrenadores.

G: Tú caso fue salvaje. Tus compañeros pasaron a ser tus jugadores.
O: Sí, pero ya llevaba tiempo preparándome para eso. Todo el mundo sabía que yo algún día iba a ser entrenador. Cuando jugaba, después de cada entrenamiento, apuntaba todo. Y cuando empecé como entrenador, no era algo nuevo para mí. Solo te digo una verdad: el primer mes prácticamente no dormí. Si tú quieres ganarte la confianza y que la gente crea en ti, cuando un jugador viene al entrenamiento y te pregunta algo sobre un ejercicio, si no le respondes bien, tienes problemas. Yo me preparaba para esto. Sabía que en este ejercicio me podían preguntar esto, esto o lo otro. Y los jugadores son cabrones. Ahora cuando me preguntan es fácil…

G: ¿Pero te ayudó o dificultó conocer a esos jugadores, haber compartido tanto con ellos?
O: A mí me ayudó. Me conocían de sobra. Como jugador era el mayor y me respetaban como veterano. Hubo momentos en los que sí tuve que decir ‘oye, ahora soy tu entrenador’. Después del entrenamiento, cuando salgamos, se puede hacer de todo, pero en la cancha yo soy el puto jefe porque me han dado este poder.

G: Tus dos maestros fueron el Profesor Aleksandar Nikolic y Duda Ivkovic…
O: No sólo de baloncesto, sino de la vida. Son personas a las que admiro mucho. El Profesor nos dejó hace años y con Ivkovic la relación ya es mucho más personal. Es padrino de mi hijo y su mujer es madrina de mi hijo. Somos más que amigos, somos familia.

G: Háblanos del Profesor Nikolic…
O: Recuerdo cuando cogí al Partizan y le llamé. Quiso ser mi ayudante. Por ejemplo, en la Sala Pionir, que ahora lleva su nombre, si el entrenamiento era a las 6, él estaba a las 3. Yo siempre llegaba después que él y allí hablábamos, charlábamos. A veces pasaba que yo llegaba antes que él. Y él se enfadaba: ‘¿De dónde vienes, qué has hecho?’, gritaba. Muchas bromas, pero era una persona a la que si a todo le decías que sí, se enfadaba mucho. Con él tenías que buscar el conflicto, la discusión. Y yo, como entrenador joven, a veces me veía apurado. Discutíamos y yo tenía que decir: ‘Profesor, yo soy joven, pero yo soy el jefe’. Aprendí muchísimo de él.

G: Moka Slavnic dice que era demasiado serio, que le faltaba tacto para las relaciones personales. Y Dino Meneghin, con el que hizo historia en Varese, que en los entrenamientos se sentía como un obrero.
O: Para aquel tiempo, a lo mejor. Pero yo le entendía. Es más que respeto lo que tengo hacia él. Por ejemplo, cuando Cosic volvió tras jugar con Brigham Young, me decía que era la primera vez que veía a un pívot defender tres cuartos por delante. Nadie sabía que existía eso. Él se fue a Estados Unidos y aprendió mucho. Parecido a Díaz Miguel aquí en España.

G: Para concluir, vamos a poner algunas pinceladas a tus etapas en nuestro baloncesto. Empezamos por aquel inolvidable Partizan de Fuenlabrada…
O: Lo recordaba anoche cenando con José Quintana. Disputamos en Belgrado una eliminatoria previa, pero después llegó la decisión de que teníamos que jugar fuera. Sabía que para nosotros el primer partido era clave, creo que fue ante el campeón belga. Teníamos que enganchar a la afición. Fue impresionante, nos adoptaron como a su propio equipo. Logramos una química fue especial. Me alegro de que este año les vaya muy bien. Sigo todo, tengo los canales de España.

G: Al Joventut le diste la Copa de Europa dos años después de quitársela con aquel triple de Djordjevic en Estambul. Victoria agónica en Tel Aviv ante el Olympiacos. Zarko Paspalj ha asegurado que el equipo griego hubiera ganado nueve de diez veces esa final.
O: Es un gran amigo, pero le dejo que gane esos nueve (risas). Nosotros ganamos el importante.

G: En la previa de la Final Four de Zaragoza’95 con el Real Madrid, declaraste a Gigantes: ‘No comparto el espíritu de Coubertain; de participar nada, hay que ganar’.
O: Es así. Creo que es bueno pensar así. Entiendes que no puedes ganar siempre, pero lo intentas. Sin ambición no llegas a ningún lado. Ambición siempre tienes. Todo está en la mente

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