Manel Comas y la Copa en la que perdió su bigote
Manel Comas escribió este texto en las páginas de Gigantes del Basket en febrero de 2013. Lo recuperamos antes de otra nueva edición de la cita copera.
Artículo publicado en la revista 1.409 de Gigantes del Basket en febrero de 2013
Profeso una devoción especial a este torneo de Copa, que permite que equipos que no pueden mantener un ritmo durante 34 jornadas ligueras si puedan ganarla después de jugar tres partidos a alto nivel. Y le profeso ese amor a pesar de que es la única competición me ha costado el bigote. Y mira que me han tentado veces, antes y después de aquella ocasión, pero no caí…. quizá porque aquella vez, más que afeitármelo, me lo arrancaron.
Ocurrió en 1986, cuando había que jugar unas eliminatorias previas para llegar a la fase final. Entonces entrenaba al Cacaolat Granollers y para ir a Tenerife -se disputó en diciembre del 86- teníamos que eliminar al Estudiantes; le ganamos en casa por 9 puntos y para la vuelta, no sé por qué extraña razón accedí a jugarme mi apreciado bigote, porque ni siquiera era por pasar; era por ganar también en el Magariños. ¡Y ganamos! Y yo, inocente de mí, pensé que estando tipos tan majos en el equipo como Chichi Creus o Javi Mendibu-ru, no iban a afeitármelo, pero sí, sí… y encima con José María García como testigo. Hasta sangre me hicieron; llevaba tanto tiempo el bigote tapando esa piel que entre eso y el ímpetu que pusieron, me salió hasta sangre. Nunca más me lo jugué, claro. El Barcelona nos eliminó en cuartos, pero la experiencia fue inolvidable.
Billetes de vuelta..y tiempo muerto por aclamación popular
Otro viaje a las Islas Canarias también tuvo su miga; este era a Las Palmas en 1990 y el equipo había pasado a llamarse Grupo IFA Gra-nollers. Ya listos para el viaje me viene el delegado, Josep Capdevilla, y me dice, «Manel, ¿tú sabes que tenemos billetes de vuelta para pasado mañana?» Resulta que la ACB, que era quien entregaba los billetes, debió pensar que perderíamos ante el Barcelona, pero… ganamos en la prórroga y fueron los azulgranas los que tuvieron que utilizar esos billetes. Fundidos, al día siguiente perdimos contra el Joventut, pero el gustazo de ganar al Barça y que nos tuvieran que emitir nuevos billetes no nos lo quitó nadie.
Uno año después, en 1992, entrenando al CAl Zaragoza disputé la primera final. Y la perdí. Fue en Granada y creo que con la anotación conjunta más baja de una final de Copa, ya que el Estudiantes se impuso por 61 a 56. Lo que más me dolió es que nos ganó el partido un jugador, Nacho Azofra, que estaba lesionado y que Miguel Ángel Martín tiró de él cuando se le torcieron las cosas. Y Nacho, sin meter un punto, nos desquició robando balones y dando asistencias.
Dos años más tarde, en 1994 en Sevilla, entrenando al Taugrés, disputé la segunda final en una Copa en la que en cada uno de los tres partidos pasó algo. El de cuartos de final lo disputamos en Córdoba contra el Joventut… con Obradovic en el banquillo. En el partido de Liga del Olimpic Zeljko pidió un tiempo muerto a falta de 9 segundos y con el partido decantado a su favor. Yo me cabree, lo reconozco, aunque nunca pensé en devolverle la acción, pero… ganando cómodamente a falta de 40 segundos todo el pabellón se pudo a gritar ¡’tiempo muerto, tiempo muerto’! Y yo, disimulando. Rivas y Laso me vinieron a decir que o pedía tiempo o me mataban. Lo pedí camuflándolo con un cambio múltiple y aunque no me dirigí a los jugadores, el pabellón estalló en una gran ovación.
Susto de Nicola y a palos en la final
Luego, en semifinales ante el Estudiantes ocurrió la desgraciada jugada en la que Marcelo Nicola se cayó de mala manera y todos pensamos que podía pasarle cualquier cosa. Lo llevaron en la ambulancia y quedamos todos consternados. En el descanso Santi Abad me preguntó: «Manel, ¿pero de verdad está bien? Que si no lo está, nosotros nos marchamos para la clínica». Menudo panorama. Afortunadamente todo quedó en un susto y pudimos disputar más o menos tranquilos la final. ¿Tranquilos? Bueno… si exceptuamos que se rompió un aro en el calentamiento, que cuatro operarios querían fijarlo ¡con cinta de embalar!, que Jon Laso, el delegado, se olvidó en el hotel los pantalones de juego de algunos jugadores y también mi pizarra… Se la pido a Paco García y me pasa una del Barcelona; le miro raro, claro, y me dice…»Pinta, pinta, que luego te explico». Ya en el partido, Massenburg y Bannister se liaron a golpes… y los dos a la calle. Al poco de reanudarse el juego Ramón Rivas, muy caliente, le dio un tarantarantán a Quique Andreu que le supuso falta y técnica. Cuarta personal… y a perder.
Un año después gané, por fin, la Copa. Fue en Granada superando a la Penya, al Real Madrid -con Radulovic desquiciando a Sabonis, como siempre que se enfrentaban-, y al CAl. Aquel triunfo reparaba de alguna manera el dolor de perder, años atrás, aquel bigote.
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