Aíto García Reneses sobre Navarro: «Veía el aro más grande que los demás»

Aíto García Reneses sobre Navarro: «Veía el aro más grande que los demás»

Aíto García Reneses conoce a la perfección a Juan Carlos Navarro, por lo que no tiene problema alguno en reconocer las virtudes de un jugador único

Era una sorpresa ver a un pequeñajo así en el Picadero, lo que luego fue el Blaugrana 2. Cuando su hermano jugaba con el junior del Barça, él salía en los descansos y al final del partido y empezaba a tirar. Las metía todas. El balón era más grande que él. Ese es el primer recuerdo que tengo de Navarro. Debutó el año anterior de regresar yo, con Joan Montes. Su mayor cualidad en esa época era que veía el aro mucho más grande que los demás. Las metía de todas las formas, con el descaro fabuloso de no estar coartado a la hora de hacer su juego. Posteriormente empezó a mejorar en el pase hasta convertirse en tan bueno tirando como pasando o buscando situaciones. Así ha llegado el éxito con el que ha encandilado a tantísimos espectadores. Es un juego muy atractivo, con una visión del juego que tienen muy pocos, sólo los privilegiados. Se mueven con el balón con muchísima facilidad y ven el pase o el aro enorme. Y pienso en Drazen Petrovic o Stephen Curry. Son jugadores que gustan a los que entienden de baloncesto… y a los que entienden menos.

No pensaba hasta dónde podía llegar, pero era indudable que tenía por delante mucho recorrido porque lo que hacía no lo hace casi nadie. A eso hay que añadirle su personalidad, de no crear problemas nunca, de estar siempre dispuesto a jugar en cualquier circunstancia. Eso es una virtud que ha tenido; ha estado siempre a disposición del equipo para hacer lo que el equipo considere oportuno.

En el reencuentro en los Juegos Olímpicos de Pekín’08 fue una gran ayuda para que el equipo rindiese bien. Había cinco o seis jugadores que habían estado conmigo, Pau, Navarro, Rudy, Mumbrú, Ricky… y fue más fácil construir el equipo porque ellos apoyaban el estilo que queríamos hacer y ayudaron muchísimo. Navarro tuvo la mala suerte de lesionarse en un muslo y jugó un poco mermado, aunque durante
el campeonato se fue rehaciendo. En la final estuvo a un nivel fantástico. Cuando quizá otro jugador hubiese estado enfadado porque no había jugado, porque claro, los jugadores se ven siempre capaces aunque estén algo disminuidos físicamente, él no tuvo ningún problema y jugó una final estupenda.

Su mejora durante todos los años fue evidente. A lo mejor no tanto en defensa, que ha sido siempre su talón de Aquiles, aunque ha habido veces, cuando estaba mejor físicamente, en las que se ha esforzado mucho ahí también. En ataque ha mejorado buscando soluciones no sólo para tirar, como hacía al principio, sino también para asistir. Eso fue muy bueno para el equipo: ya no sólo encestaba, sino que también creaba juego. Teniéndole enfrente era casi imposible pararlo. Por ejemplo, dentro de las salidas que había en bloqueos indirectos, tenía múltiples soluciones. Se podía marchar por un lado, por otro, para penetrar o para tirar La Bomba, para dar un pase… Era muy difícil defenderle. En su momento la apuesta por Navarro fue fácil. Recuerdo el último año de Pau en el Barcelona. Jugamos un partido de playoffs contra el Real Madrid y entre Juan Carlos y Pau les hicieron un traje como si fueran jugadores de treinta años, como si fuesen veteranos, aunque tuvieran 20 o 21 años. Era su forma de ser. Ahora, visto un tiempo después, creo que cuando tienes un jugador así, tienes que jugar mucho para él. A lo mejor no tantos minutos, pero sí que cuando esté en cancha destroce al equipo contrario con tiros y con pases.

En su despedida creo que no se estuvo a su altura. A lo mejor al principio no fue así, porque es cierto que en los últimos años físicamente estaba peor, pero ahora se está haciendo el balance adecuado a lo que ha sido: un jugador que ha marcado un estilo que se va a recordar con mucho cariño siempre.