[35 años de Gigantes] Cómo ha cambiado el baloncesto europeo

[35 años de Gigantes] Cómo ha cambiado el baloncesto europeo

El baloncesto que vemos hoy es producto de la evolución que ha ido sufriendo el deporte de la canasta durante años en nuestro país

De los pabellones descubiertos a la iluminación unificada, de los americanos fichados como por catálogo a plantillas casi sin jugadores nacionales, de los viajes en autobús a los tres partidos semanales, de dos árbitros y sin línea de tres puntos a tres más la tecnología. La innovación y la nostalgia se dan la mano en un número especial de quien estuvo presente en casi todo el camino: Gigantes del Basket. Hoy ocurre lo contrario. Aquellos a los que esta revista acompañó durante la profesionalización del baloncesto nacional y europeo nos dan la mano para recorrer juntos un camino de más de treinta años. Se asoman a este espacio los fundadores
de la ACB y la Euroliga, el árbitro de los mil partidos, una abonada de toda la vida y campeones de todo. Por
todos ellos también ha pasado el tiempo, pero no ha dejado de pasar el baloncesto.

Una evolución imparable

Puede parecer que las frases: “Faltan jugadores como los de antes, que, en el momento decisivo, digan ‘dame
el p**o balón que voy a ganar el partido’” y “Los ‘junior’ de hoy en día podrían jugar fácil en la ACB de los ochenta. Tienen más talento y más físico” se contradigan. Seguro que usted, aficionado al basket de toda la vida, ya ha elegido con cual está más de acuerdo. Las dos tienen razón, ¿por qué? Porque como dice Joe Arlauckas, el baloncesto de los ochenta y el de ahora se parecen sólo en que para sumar puntos hay que meter un balón en una canasta. Una ACB que nació en 1983 huérfana de línea de tres puntos (FIBA no la aprobó hasta pasados los JJ.OO. de Los Ángeles) y que gracias al que fuera presidente de la federación, Anselmo López, todas las pistas estaban cubiertas. De aquella manera. “Fuimos a Tenerife siendo yo entrenador y hacía tanto viento que al día siguiente no quedaba nada del techo”, recuerda Eduardo Portela, fundador de la ACB. “La Federación estaba acostumbrada a mandar sobre todo el baloncesto y la asociación de clubes quería tomar sus propias decisiones. Su esfuerzo y sacrificio construyó la gran ACB”, una competición inspirada en la que por aquel entonces era la mejor de Europa (la Lega italiana) y la NBA. “La idea de situar la liga en Barcelona fue para diferenciar federación y liga profesional. En Italia la establecieron en Bolonia, en lugar de en Roma, y en Estados Unidos en Nueva York, en lugar de en Washington. El primer paso fue obligar a que los pabellones fuesen de 5.000 espectadores. Una revolución porque iban entre 1.500 y 2.000 por partido”.

“Esa decisión me costó una comparecencia en el Parlamento porque había clubs que no estaban dispuestos”,
asegura el primer trabajador profesional que tuvo la ACB: Jordi Bertomeu (actual CEO de la Euroliga). “Los clubes no veían una evolución positiva en sus inversiones. No había competencia al Real Madrid [ganador de 22 de los 27 títulos disputados hasta 1983], se trataba de un cambio por una necesidad deportiva”. Un cambio que conllevó fricciones, reuniones maratonianas y un final en el despacho del Presidente de la Federación Española de Baloncesto de aquel momento. “Estuve con Jordi (Bertomeu) en el despacho de Ernesto Segura de Luna y tenía un libro encima de la mesa con el dibujo de unas olas. Me dijo que había que estar siempre en la cresta de las olas. Entendió lo que quería la asociación de clubes. Estar en la cresta de la ola”, rememora Portela. Ese ímpetu los llevó a no sólo mejorar instalaciones, también hubo varios cambios de sistema de competición. El primero fue por grupos, con tres fases que no hacían más que filtrar a los clubes por nivel para una mayor competencia. Para Bertomeu la competitividad era clave. “El presidente del Madrid me decía:‘para que a mí me vaya bien tengo que perder contra algunos equipos pequeños’, la competición pierde interés si la gente sabe de antemano que te vas a jugar el título contra el Barcelona en la
final”. Esta profesionalización conllevó a mejores contratos televisivos, lo que mejoró las posibilidades de
más clubes a parte de Madrid y Barça. Se pasó de pagar dinero a TVE por emitir partidos a firmar un contrato con Canal+ por 2.000 millones de pesetas anuales, durante cuatro temporadas. “Fue una revolución”, asegura un Portela que añade otro nombre a la lista de personas claves en este proceso: “Víctor Santamaría [realizador de Canal+] actualizó la imagen del deporte, impulsó y revolucionó el concepto ayudándonos a transmitir aquel baloncesto dinámico y a aumentar el espectáculo”. La imagen fue tan importante que, de la mano de Nike, consiguieron que Michael Jordan disputase un partido de exhibición junto a otras estrellas como presentación de la liga en 90-91. “No costó nada de dinero”, recuerda el fundador de una ACB que también introdujo los AllStar y los concursos de mates en nuestro país. El show que rodeaba al deporte. Al juego.

El juego

“Los jugadores son físicamente mucho mejores, defienden más y son mucho mejor tiradores. Ahora todos tiran”, palabra de Aíto García Reneses, entrenador desde 1972. “La aprobación de la línea de tres puntos fue muy positiva. También el paso de uno a dos extranjeros”. Incluso hubo una huelga por la posibilidad de añadir un tercer extranjero. La Sentencia Bosman abrió el abanico de jugadores a comunitarios y nacionalizados. Ahora a golpe de teclado aparecen infinidad de jugadores, antes era distinto. “Fichábamos por catálogo. Gracias a la revista Basketball Preview, de universidades americanas, nos enterábamos de estadísticas y perfiles de jugadores”, rememora el hoy entrenador del Alba Berlín. En el Joventut, Pedro
Martínez trabajaba junto a un directivo. “Tenía contactos en Estados Unidos y le enviaban revistas y algunosVHS. Era un privilegio, una fuente de información que no todo el mundo tenía. El 80% de los americanos que venían eran muy superiores al 80% de los españoles. Acertar con los americanos era clave, ahora hay más factores que influyen”. El hoy entrenador de Basket Manresa señala como clave añadida la reducción del tiempo de posesión. “Se pasó de 30 a 24 segundos. El juego era más fluido y dinámico. Los jugadores tenían menos tiempo para tomar decisiones. Se evolucionó hacia un juego más directo y menos controlado”. La profesionalización de los clubes ha ayudado a que los jugadores tengan mejores condiciones físicas y tácticas, pero no se ha perdido el estilo de jugador europeo “más preparado para jugar con pases y un mayor concepto de equipo que está influenciando a la NBA”. Aíto añade que “se han disminuido las distancias con la NBA. El nivel de la liga regular de Euroliga es superior al de la liga regular de la NBA”. Jugadores más preparados que en la época de Portela. “Recuerdo una recepción en el Consulado español en Argentina al que los internacionales acudieron en chándal y en chanclas. Hoy eso no pasaría”. En la misma línea Aíto añade que “antiguamente tenías que controlar que cumpliesen; ahora, por ejemplo, nadie llega tarde o con kilos de más”. También ha evolucionado la relación jugador-entrenador. “Antes era un ordeno y mando. Ahora eso no funciona y tienes que convencer de una manera diferente a la autoritaria”,
apunta Martínez. Convencer a jóvenes que pasaron de deportistas amateur a profesionales en un breve espacio de tiempo.

El entorno

Un cambio que no fue tan rápido para aquellos que venían de un baloncesto más desarrollado. “Entrenabas con un balón oficial, de cuero, que agarraba bien y luego ibas a Manresa y te daban un balón más hinchado de la cuenta y que se te resbalaba de las manos”, recuerda entre risas un Joe Arlauckas que llegó a la ACB de la mano del Caja Ronda en 1988 tras pasar por la NBA y la Lega. “Me encanta el baloncesto de ahora [narra partidos para Euroliga], pero de mi baloncesto, la manera de vivir era una pasada. No se pueden comparar. Yo prefiero jugar mi baloncesto hoy en día. A los jugadores actuales les digo que no se pueden quejar de todos los partidos que juegan, que entrenan mucho menos que yo. En mi época había entrenamientos más difíciles que partidos. El público tenía muchas más ganas. Ahora faltan estrellas. La gente iba a apoyar a su equipo, al Huesca, por ejemplo, pero también sabía que Arlauckas o Sabonis iban a ofrecer espectáculo. Ahora no sabes si Jaycee Carroll va a salir y meter 14 puntos en el primer cuarto o si no va a jugar hasta la segunda parte. Si hay algo negativo en las rotaciones es que falta un Jasikevicius, un Djordjevic, un Petrovic. Mirotic, que es un gran jugador, no va a llegar a nunca a los pies de Juan Carlos Navarro, el mejor jugador español de la historia. Ahora no hay jugadores que en el momento decisivo digan:‘dame el p**o balón que voy a ganar el partido’”. Todo, a pesar de que la adaptación es más fácil. “Ahora la mayoría de la gente habla inglés. Cuando llegué a Málaga tardé casi cuatro meses en tener teléfono en casa. No tenía contacto con mis padres ni mis hermanos. Tenía que llamar desde el club, que me cobraba un pastón, por llamar”. Puede que haya a quien la franqueza de Arlauckas le resulte incómoda. Los números le respaldan: nadie ha anotado más puntos que él en un partido de Copa de Europa o Euroliga (63 ante la Virtus de Bolonia). Aíto, Pedro Martínez, Arlauckas, Bertomeu y Portela coinciden. El baloncesto se ha vuelto más físico, más orientado a la defensa y quizás evitar la condensación de jugadores en defensa sea la siguiente evolución de norma y juego. Otra leyenda del baloncesto del Viejo Continente sitúa en los últimos cinco años el cambio más reciente. “El baloncesto está simplificándose y así más gente lo está siguiendo”, es la opinión de un doble campeón de la Euroliga, Theo Papaloukas, que lo argumenta así: “Lo vemos en los cambios de anotación. Un equipo puede ganar un cuarto por 15 puntos y al siguiente cuarto van 10 abajo. También podemos ver a equipos fuertes perdiendo en su cancha. Esto hace el juego más interesante, que más gente lo vea en televisión o vaya a los pabellones. Viene dándose tiempo atrás, pero el salto más grande lo he visto en los últimos cinco o seis años. Cuando yo jugaba teníamos 40 ó 50 sistemas y nos teníamos que adaptar. Ahora el juego es más libre, los ataques son más rápidos y sencillos. No digo que sea peor, sólo diferente. Antes era más difícil estar en un gran equipo. Tenías que ser un gran atleta y necesitabas entender más el juego para sobrevivir en ese entorno. Hoy es más sencillo que alguien que es muy muy atlético y entienda básicamente el juego pueda llegar ahí”.

Fórmula conocida

Mayor competencia, mejores instalaciones, cambio de reglas… una hoja de ruta que no sólo ha seguido la ACB. “Apliqué las recetas que había aplicado en la ACB”, confiesa Bertomeu. Así fue el paso de la Copa de Europa (gestionada por la FIBA) a la actual e independiente Euroliga (nacida en el 2000 impulsada por la ULEB). “En 1990 eran pabellones de 5.000 espectadores, en la Euroliga se convirtió en pabellones de 10.000 en 2008. Estamos comparando pabellones de 3.000 espectadores en Kaunas, construidos en 1938, con el Zalgirio Arena”. De la mejora de infraestructuras a los cambios de competición. “Han provocado controversias, pero han sido fundamentales. La estabilidad de los equipos es una garantía. Empezamos siendo más ‘light’ con contratos de permanencia por tres años con los clubes hasta llegar ahora donde prácticamente no hay conexión con las competiciones nacionales. Esto permite presentar una competición reconocible. Además, aumentar el número de partidos ha hecho que evolucionemos en ese sentido y nos ha permitido dar un salto en lo económico para multiplicar el valor por dos y medio”.

Lo que no va a cambiar

No va a cambiar el espíritu de Aíto. El que le llevó a coger un avión rumbo a Italia para estudiar a un rival hace más de treinta años y que ahora le ha convertido en campeón de la liga alemana. No va a cambiar que el veneno de Arlauckas sea el baloncesto y por eso ahora ha aprendido a vivirlo de otra manera narrando jugadas detrás de un micrófono. No va a cambiar la actitud de Pedro Martínez. Ya no ficha gracias a revistas oVHS, pero acaba de firmar un jugador y hablar con él por videollamada. No va a cambiar el afán de Jordi Bertomeu por hacer más grande la Euroliga. “No podemos quedarnos en ser un deporte mediterráneo. Hay que expandirse hacia Alemania, Francia y Reino Unido”. Tampoco va a dejar de ser “un hombre de baloncesto” Eduardo Portela. No puede. Por eso estuvo una hora al teléfono recordando cómo empezó todo a
pesar de estar afónico. La edad tampoco ha sido un impedimento para que Margarita Xufré siga llevando a
sus hijos y nietos al Olimpic a animar a su Joventut. Martín Beltrán no va a dejar de ser 24 horas árbitro a pesar de compaginar el silbato con su trabajo en la industria farmacéutica. La explicación a todo esto es sencilla y la firma Theo Papaloukas. “El baloncesto es una manera de vivir. Tiene que serlo si tu objetivo es convertirte en profesional. No es fácil. A mí la gente no me aceptaba porque era un base alto, sin un gran tiro y cuando pasaba el balón lo hacía saltando en el aire. Pero encontré un sitio en el baloncesto porque lo amaba. En la vida la mayor parte del tiempo obtienes rechazo. El éxito también es obtener una beca de
estudios, conocer amigos que lo serán para toda la vida y que quizás sean los padrinos de tus hijos. Si no consigues ser profesional, aprenderás una manera de vivir”.

Margarita Xufré –
Desde la grada

Empezó a ir a animar a la Penya con tres años de la mano de su padre, Andreu Xufré, socio fundador y abonado número tres del club verdinegro. Una época en la que no era habitual ver mujeres en la grada. El ambiente era más familiar por el reducido aforo de los pabellones. Se podía fumar y la entrada costaba apenas unas pesetas. Fue testigo de cómo el pabellón de La Plana (descubierto y de 200 personas) fue el primero en tener techo de toda España. De ahí al paso al Olímpic. “Espectacular. Se ha perdido un poco la esencia, pero en la Penya la gente que va, quiere al club y hay muchos grupos de jóvenes y fieles seguidores”. Ni una operación de marcapasos ha evitado el que lleve a sus nietos al pabellón, de hecho, convaleciente en el hospital, éste fue el mensaje de uno de ellos: “Gracias por inculcarme el amor al basket”. Les ha metido la pasión por el deporte de la canasta. “Es lo mío. Lo que viví desde pequeñita sin que nadie me obligase”. Muchos ambientes ya no son lo que eran. Grandes pabellones, atmósferas menos violentas. Se ha cambiado lo básico por el confort, pero la pasión sigue intacta.

José Antonio Martín Beltrán –
Detrás de las reglas

El juego ha evolucionado según lo han hecho las normas que lo delimitan y la ACB fue pionera en alguna de ellas. “Pasamos de ser dos a tres árbitros”, recuerda José Antonio Martín Beltrán, que dirige partidos en ACB desde 1988. “Fue un salto de calidad importante. La ACB, con Eduardo Portela a la cabeza, lo trajo de la NBA y la FIBA no quería aplicarlo”. El baloncesto también tomó la delantera en la aplicación de la tecnología. “Hay una comparativa con el fútbol que es odiosa. Ya la teníamos y está muy bien introducida y aplicada en el baloncesto porque no revisa interpretaciones”. Se ha profesionalizado el arbitraje, otra cosa es el gremio. En 2010 se firmó el primer convenio interprofesional con la ACB. Se cobra un fijo por grupos y unos honorarios por partido. Si hay lesión existe un seguro limitado, pero si no son designados no cobran honorarios. “No es un sueldo fijo, pero está muy bien aunque no es una profesión como tal”. Martín Beltrán
lo compagina con su trabajo en la industria farmacéutica. “Trabajo de lunes a viernes y me preparo durante la semana por las tardes y las noches porque soy árbitro las 24 horas al día. Entreno con un preparador físico, con un psicólogo deportivo, tengo una formación que me da la ACB y tengo mi prepartido estudiando a los equipos. Antes no había esa posibilidad y recuerdo que después de los 90, en casa de mi madre tenía un VHS para ver partidos que me enviaban”. Un trabajo que ha evolucionado, pero en el que el triunfo es entendido igual que hace 40 años. “Ganar es que nadie se acuerde de nosotros y eso es duro a nivel psicológico”. Algo que no es más sencillo hoy en día. “El deporte es un reflejo de la sociedad y se nota irascibilidad por momentos. Sobre todo, en las categorías de formación. Habría que trabajar en la educación
de árbitros, técnicos, jugadores y padres”.

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